Cultura

20 años de ‘Airbag', la película española en la que ‘se inspiró’ ‘Resacón en Las Vegas'

Hablamos con Juanma Bajo Ulloa de su película más conocida y taquillera

Ver Airbag con 12 años es como fumar tomando café negro. Estás en la posición logística perfecta para que la película te flipe y, joder, claro: te flipa. Tiene chistes. Tetas. Pistolas. Temazos. Y un 'airbag' lleno de cocaína. Da igual que se estrenase hace unos años: aguanta, y aguanta bien. El fraseo, “el concepto es el concepto”, “profesional, muy profesional”, sigue rimando, con armonía; funciona.

Esa es la palabra: Airbag “funciona”. Aunque tengas doce años, se estrenase, entonces, cinco atrás y, quince después de verla por primera vez, tengas que escribir sobre ella. “Funciona” porque, conectes o no con su (hiper-hormonado) humor pasados las años, la gente, de generación en generación, veinte años después, sigue descubriéndola.Y flipando. Con los chistes. Las pistolas.

Todo eso, ya sabéis.

Airbag, como las máquinas tragaperras y las servilletas de papel esparcidas por el suelo de las barras, es cultura popular española. Juanma Bajo Ulloa, su director, cogió la estética del cine de Tarantino, la ética de Berlanga y Azcona, y creó una comedia de acción como nunca antes se había visto; es decir: una con acento catalán, gallego y vasco. Oh, y portugués también.

Y su sinopsis cabe en un post-it: tres amigos tienen que recuperar una alianza que uno de ellos “perdió” en el culo de una prostituta. Te acabamos de contar Airbag en-te-ri-ta. Así de sencilla, así de políticamente incorrecta, es. Lo sigue siendo, dos décadas después. La carrera de su director, Bajo Ulloa, sin embargo, parece haberse desdibujado de un tiempo a esta parte Rey Gitano, su último estreno, parecía intentar, sin éxito, funcionar a rebufo de Airbag.

Coincidiendo con el 20 aniversario de Airbag, nos ponemos en contacto con Juanma Bajo Ulloa para hablar de éste, su trabajo más popular. De una película que, con sus virtudes y sus defectos, supone una anomalía deliciosa dentro del la Historia cine español. Un improbable. Un mezclar Albert Pla con Placebo. A Karlos Arguiñano con Maria de Medeiros. “No son formas: son alardes”.

¿Cómo surge la idea de ‘Airbag’? En los créditos, apareces como co-guionista junto a dos de los actores de la cinta: Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo.

La idea original se le ocurre a Karra Elejalde. Yo, con su argumento, escribí una primera versión de guión que luego pusimos encima de la mesa y trabajamos entre los tres; sobre todo, yo y Karra. Es un tío con una creatividad enorme.

Tú venías de hacer cine muy autoral. ¿Por qué, de repente, apuestas por una peli de sexo, drogas y rock&roll como Airbag?

Enseguida me encasillaron como un autor personal y oscuro, y tenía ganas de desmarcarme. No quería convertirme en un tipo que solo hacía cine intelectual e intimista, así que intenté hacer algo que conectase con el gran público. Quería, básicamente, hacer lo contrario a lo que había hecho con mis dos primeras películas, Alas de Mariposa y La Madre Muerta.

‘Airbag’ es una road movie en la que tres amigos tienen que recuperar un anillo de compromiso que el novio “perdió” dentro del culo de una prostituta. La película arroja una visión algo frívola sobre un tema tan sensible como es la prostitución. ¿Podría estrenarse hoy en día?

Sería impensable. Si alguien rodase Airbag hoy, no podría exhibirla. No llegaría a cines. Y es porque la ‘corrección política’, un eufemismo para hablar de una censura encubierta por parte del estado y de sus grupos mediáticos, ha sido asumida y aceptada por el pueblo. El puritanismo, que antes se asociaba a la derecha, ahora es un mal que padece la izquierda. Es un nivel de censura mucho más inquietante que el que se vivía en la época de Franco, cuando eliminaban escenas de ésta o aquella película mediante ‘el tijeretazo’.

Al margen de elucubraciones, ¿qué reacciones suscitaba ‘Airbag’ en la época?

Las críticas fueron demoledoras y despectivas. O lo contrario: el vacío; el no aparecer en las revistas; no entrevistarnos. El sistema reaccionó muy en contra de la película, porque la hicimos al margen de los grandes grupos mediáticos. Airbag la habían producido Karlos Arguiñano y sus socios. El ninguneo de la prensa fue tal, que ahora, cuando algún periodista quiere buscar información al respecto, se da cuenta de que no hay; de que no existe prácticamente documentación sobre Airbag, porque no se publicó casi nada en la época. Había un boicot encubierto. Y, desde luego, a los boicoteadores no les gustó nada que la película funcionase en taquilla.

Porque funcionó muy bien, ¿no? Se acabó convirtiendo en la película de cine español más taquillera de la Historia. ¿Os lo esperabais?

Para nada. Y mucho menos la trascendencia que ha tomado con el tiempo, convirtiéndose en cultura popular. Eso sí me superó. Aunque, en el rodaje, se dejaba entrever ese potencial: veías que todo el equipo repetía ciertas frases de la película; veías a eléctricos diciendo “muy profesional” o “el concepto es el concepto” (risas). Habíamos hecho apuestas sobre si iba o no a ir bien, pero la realidad superó, por mucho, a la ficción.

Si alguien rodase Airbag hoy, no podría exhibirla

Hablando de apuestas, cuenta la leyenda que te apostaste con Santiago Segura, que por aquella época estrenaba ‘Torrente’, quién de los dos haría más taquilla; perdiste la apuesta y te tocó cumplir tu parte del trato: hacerte un tatuaje con el título de su película. ¿Me puedes confirmar si esto es verdad?

Yo cumplo mis apuestas –Juanma desabrocha su bota, se baja el calcetín, y allí, rodeando su tobillo, se lee claramente: To-rren-te. Airbag se había estrenado antes que Torrente, por lo que yo jugaba con ventaja. Me decía a mí mismo: “Es imposible que Santiago supere lo que ha ocurrido con Airbag”. Pero terminó pasando, y tuve que hacerme yo el tatuaje. Él va diciendo por ahí que me lo hice en el culo (risas). Ha sido él el que alimentó esta leyenda; yo no habría aireado esto. Pero ya sabes cómo es Santiago: de todo hace promoción.

Tengo la sensación de que ‘Airbag’, de algún modo, le abrió la puerta a ‘Torrente’. Pero, sobre todo, a películas como ‘Año Mariano’ o ‘Torapia’, dirigidas por Karra Elejalde, que se promocionaron como si fueran, directamente, continuaciones de ‘Airbag’.

Sí, el marketing de Año Mariano era: “No es Airbag 2, son 2 de Airbag” (risas). Yo creo que ese tipo de promoción no ayudó a que las películas de Karra se vieran con buenos ojos, la verdad. Se sustentaron demasiado en el éxito de Airbag.

Porque tú, una secuela propiamente dicha, siempre has dicho que no la harías. ¿Hay algo que te haría cambiar de opinión?

Una buena cantidad de dinero quizás (risas). Hago cine de forma libre, pero también anuncios, videoclips; encargos. Yo he dirigido hasta zarzuelas. Más que hacer una segunda parte, de lo que sí han habido propuestas en firme es de comprar los derechos para hacer un remake americano, pero ninguna ha llegado a cuajar. Además, está todo aquel conflicto con Resacón en Las Vegas

¿Qué conflicto?

Airbag y Resacón en Las Vegas tienen muchos paralelismos; escenas parecidas; un concepto de película muy similar. Si cambias la prostituta por una stripper, es básicamente lo mismo: noche de juerga; tres amigos; etc. Sospecho que los que hicieron Resacón… vieron Airbag y cogieron los elementos que más les gustaron.

¿No se puede hacer nada, a nivel legal?

Hubo intención de demandarles por plagio: la productora de Airbag me llamó para interponer una demanda. Al final quedó en nada, porque era un terreno muy complicado el intentar enfrentarse a una major americana. Además, a mí me parecía que iba a ser un proceso muy largo y que no iba a prosperar: ellos, en todo caso, se habrían acogida a que la película estaba ‘inspirada en’.

Entiendo. Volviendo a ‘Airbag’, y aunque parezca una locura, esta semana la película cumple 20 años. ¿Cómo es hacer cine en 1997 comparado con hacerlo ahora, en 2017?

Antes, en España, había unos grupos mediáticos poderosos, pero todavía tenías posibilidades de llegar a levantar tu película al margen de ellos. Ahora mismo, Atresmedia y Mediapro, no solo tienen secuestrado todo el cine nacional, sino toda la cultura del país –teatro, literatura. Solo se permite respirar y salir a la luz a aquellos productos que comulguen con la ideología de esos dos grupos mediáticos. Todo lo que se hace desde la libertad, por tanto, es censurado. Ellos se encargan de poner a sus actores y sus directores; hacen historias de corte familiar, que no ofendan ni hagan pensar a nadie; luego, las autopromocionan de una manera brutal, para asegurarse que todo el mundo sabe de la existencia de sus productos. Es una situación muy inquietante. ¿Es diferente hacer cine en 1997 comparado con hacerlo en 2017? Es mucho peor, sí.

Hablar en estos términos, ¿crees que puede cerrarte alguna puerta en la industria?

Las puertas están cerradas. Y, desde luego, lo que no te abre puertas es el miedo. Yo miedo no tengo. Si los demás se censuran por el miedo al qué dirán o por miedo a lo que les puedan hacer, están viviendo en una dictadura. Yo no quiero vivir en una dictadura, por eso digo lo que pienso. Nunca he tenido miedo, ni lo voy a empezar a tener ahora. Yo no he venido a este mundo a hacer películas: he venido a ser feliz.

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