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La carta de una madre al director de la escuela que castigó a su hija por una "ropa inadecuada"

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Resulta que sus shorts son muy cortos. O sus dedos muy largos

A.P.G.

22 Mayo 2017 14:17

“Querido director: gracias por enviarme por segundo día consecutivo una nota a casa diciendo que mi hija va vestida de forma inapropiada a la escuela”. Así empieza la carta viral de una madre al director de la escuela de su hija. La niña, de 13 años, al parecer no iba vestida de la forma adecuada. O adecuada para la normativa del centro.

Captura de los pantalones

El problema: sus shorts, demasiado cortos. ¿O tal vez sus dedos? ¿Que no eran demasiado largos? La absurda justificación del centro es que la tela de los pantalones “no toca a la punta de sus dedos”.

Te invito a que vayas de compras con mi hija”, le sugiere, con indignación, la madre en la carta. La madre argumenta que no es nada fácil ajustarse a las absurdas condiciones que le impone el centro. Mucho menos, cuando lo esencial es satisfacer las exigencias de su hija. Las únicas exigencias legítimas, en realidad.

A su hija, por ejemplo, “no le gusta llevar vestido, ni falda y le encanta llevar camisetas de superhéroes o de Green Day”, deja claro la madre en la carta. Por lo que la niña, de entrada, ya nos cae mucho mejor que el director de su centro.

“Gracias por dejar claro que el cuerpo de mi hija es una distracción, tanto para ti como para el resto de chicos. Pensé que quizás se habría olvidado de esto cuando el año pasado el profesor de gimnasia le dijo que no podía vestir mallas de yoga porque los chicos no podrían controlarse”, relata, irónicamente, la madre. También agrega, en tono de humor, que esos dedos "demasiado largos" —para el colegio— son vistos como un don para su profesor de piano.

La carta de esta madre se ha hecho viral porque, en realidad, pone en relieve algo que desde hace un tiempo se está visibilizando más: las restricciones de vestimenta en centros escolares son mucho más duras con las niñas que con los niños. De hecho, rara vez vemos noticias en las que un niño sea expulsado porque lleva un pantalón muy corto, muy corto, demasiado ajustado, excesivamente provocativo.

En cambio, a la inversa, hay mil ejemplos: como la niña de 12 años que fue rechazada de un torneo de ajedrez porque su vestido se consideraba “seductor”; o esta otra estudiante, expulsada por llevar la falda demasiado negra y larga; o esta otra,expulsada de un gimnasio por pasarse de seductora.

Detrás de estas restricciones está, en realidad, lo de siempre: la hipersexualización de nuestros cuerpos.

El patriarcado, bajo el pretexto de no perturbar el orden público o de no distraer a los hombres, en realidad, está imponiendo sus normas y perpetuando la idea de que el cuerpo de la mujer es bien público. La sociedad machista asume como propios una serie de derechos que nunca les han estado asignados, como es, la regulación de nuestros cuerpos a partir del control de nuestras vestimentas. Ellos dicen cuando vestimos apropiadas y cuando no, cuando somos sexys y cuando no, cuando tenemos que ser recatadas y cuando no. La idea que se desprende es que nunca somos un cuerpo y ya está, desposeído de cualquier connotación política. Desde la infancia, nuestro cuerpo se 'erotiza' para ser controlado.

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