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We?re Back

Heartbreak “Ya lo han escuchado todo. Hemos vuelto de la disco a la radio” canta sumido en el éxtasis el siempre excéntrico (y argentino, ojo) Sebastián Muravchix –junto al británico (que en realidad parece francés) Ali Renault -, en plan himno italo disco, pero escuchada (algunos años después) desde ¿una oscura orgía entre chicos gays y chicas synth-pop? Da igual, el mensaje queda claro. O eso creemos. Para aceptar que te gusta la música de estos tíos hay que tener cojones. Como heterosexual, digo. Heartbreak es un nombre contundente, sin vuelta atrás. Es como hacerse un mal tatuaje: primero hay que estar borracho, luego duele y lo que queda es algo indeleble. Si intentas borrarlo, te dejará su cicatriz. Dolerá una vez más. Así como el amor mismo al que aluden, su música es un zarpazo que pone de inmediato para que luego nada vuelva a ser lo mismo. “We’re Back” es un tema impregnado de eso, una canción que busca escalar muy alto pero con guantes blancos, gafas Prada, zapatos Clarks en los pies, y algo no tan rosa al cuello; que quede muy, muy claro. Heartbreak es todo lo que Scissor Sisters, Soft Cell, Wham! y los Pet Shop Boys no consiguieron hacer funcionar. Esto es metro-synth pop, tíos. Ese jodido must have de la temporada que ningún indie delgaducho con flequillo y hermosa novia se anima a escuchar. Como bien dijeron en The Guardian, Heartbreak son para escucharlos “dentro de una bañera de mármol esculpida a mano llena de cocaína boliviana sin cortar y champán Veuve Clicquot”.

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