Reportajes

Hablamos con las mujeres que han declarado la guerra a Donald Trump

Así son seis de las participantes de la Women's March, la manifestación masiva convocada para este sábado 21, un día después de que Trump jure el cargo como presidente de los EEUU

Casi todas las mujeres que hablan en este reportaje lloraron de rabia durante la entrevista. Sus vidas no son las mismas desde la victoria electoral de Donald Trump el pasado noviembre, a pesar de que faltan algunos días para que jure el cargo y empiece a gobernar.

Trump ha trastocado la vida de millones de estadounidenses, pero podría decirse que ha atravesado los cuerpos de miles de mujeres por la espalda. Las entrevistadas han empezado a sufrir ansiedad, a percibir cambios en su entorno, a temer por profesión y por su familia. No solo sienten decepción por los resultados electorales: se saben amenazadas y se creen traicionadas por su propio país.

Anna, Ebony, Jessica, Pam, Julie y Lilith son mujeres anónimas elegidas al azar entre las decenas de miles que viajarán desde toda la geografía norteamericana para asistir a la Women’s March. Se trata de una manifestación convocada en Washington el próximo sábado 21 de enero, un día después de la toma de posesión de Trump en el Capitolio.

La protesta será masiva e insólita. La organización prevé que 200.000 personas marchen por la capital, hay otras 300 marchas convocadas en ciudades de 50 estados, y protestas de apoyo internacional en 30 países. Estos son los datos oficiales. Otros indicadores, como el número de permisos de aparcamiento de autocares solicitados para ambos eventos en la capital, dejan en acto presidencial en ridículo frente a la Women's March: 200 autocares contra 1.200.

Nunca antes un presidente de los Estados Unidos había sido contestado con menos de 24 horas en el cargo, y menos por un movimiento espontáneo y liderado por mujeres. Oficialmente, la Women’s March es una manifestación a favor de la justicia social y la igualdad de derechos, pero sobre todo se trata de una declaración de guerra al próximo gobierno de Trump.

“Todo parecía mucho más frágil”

“La noche de las elecciones tuve un ataque de pánico. Sólo pensé en mis hijos. Todo parecía mucho más frágil, muy frágil”. Anna Kelso, de 37 años, es un claro ejemplo de las consecuencias psicológicas y emocionales que la victoria de Trump supuso para muchas personas. “Aún no ha ocurrido nada, pero ha cambiado mi sensación de seguridad y de paz”.

Como la inmensa mayoría de las participantes en la Women’s March, Anna se sintió llamada a través de Facebook mientras las redes bullían con los resultados definitivos. Fue una abogada jubilada de Hawaii, Teresa Shook, quien escribió el post que originó la protesta: “Creo que deberíamos manifestarnos”. Su sugerencia terminó en el grupo de Facebook Pantsuit Nation, conocido por su apoyo a Hillary Clinton durante la campaña. Al día siguiente, 10.000 personas querían participar.

Primero surgió un grupo de Facebook caótico, después se estableció un comité de organización liderado por las activistas Carmen Perez, Tamika Mallory, Linda Sarsour y la artesana Bob Bland. Un grupo de voluntarias online empezó a organizar un sistema solidario de financiación de billetes de autocar y de couchsurfing. También arrancó una recaudación de fondos que ya supera el millón de dólares.

Anna lleva días empapelando su barrio de Denver con carteles de la Women’s March a temperaturas bajo cero: “Me siento muy afortunada de las mujeres que me rodean en mi barrio”, dice entre lágrimas. “Ese es el lado bueno, las mujeres se están uniendo mucho más”.  

“De repente se acepta el odio”

Jessica Baucco deberá recorrer más de 8.000 kilómetros durante dos días para llegar a tiempo a la protesta de Washington, puesto que su reside en un pueblecito remoto de Alaska. También ha tenido que pagar a una niñera que cuide de sus hijos durante su ausencia, pero tanto esfuerzo le vale la pena: “Lloré en mi colchón cuando vi que Trump había vencido. Decidí ir a la manifestación porque no sabía qué más hacer”.

El futuro presidente de EEUU ha dado a conocer la dirección de algunas de sus políticas nacionales, entre ellas el desmantelamiento del plan de salud Obamacare, que actualmente da cobertura a más de 22 millones de personas. También planea retirar la financiación a un puntal de la salud reproductiva en Estados Unidos, Planned Parenthood, cuya historia se remonta a 1916, cuando abrió la primera clínica de anticoncepción en Nueva York.

“Planned Parenthood lo tiene jodido, y es vital. Yo la usé para controlar mi reproducción cuando era universitaria. Es donde van las mujeres sin recursos, o las jóvenes que no quieren hablar de ello con sus padres”.

Además de la cobertura sanitaria y los derechos reproductivos, a Jessica le preocupa lo que está ocurriendo en las calles: “De repente en mi país se acepta el odio. Negros, musulmanes, gente no blanca recibe insultos en los campus universitarios, o gente que recibe un puñetazo por mostrar su opinión sobre Trump. Esto no va a parar”.

“Está bien tener miedo. Yo tengo miedo”

Este fin de semana Lilith King saldrá “de su zona de confort”. Esta joven madre de 28 años sufrió una agresión sexual y fue diagnosticada con estrés post traumático severo. Desde entonces cuida de sus hijos en casa. Paradójicamente, Trump, a quien considera un depredador sexual, ha conseguido que Lilith se atreva a salir de casa: será una de las organizadoras del autocar de mujeres de Nashville. 

Para personas como ella, el machismo y la violencia de Donald Trump hacia el género opuesto suponen un golpe devastador: si el máximo representante de su país desprecia a las mujeres y se jacta de ello —por no hablar de las denuncias por acoso sexual que acumula—  “¿cómo van a comportarse los chicos jóvenes?”. Es más, ¿cómo se vive con un trauma por acoso sexual en un país presidido por Trump? Para Lilith no es un asunto menor: es personal y es político.

Si bien Gloria Steinem, icono del feminismo en Norteamérica, y el músico y activista Harry Belafonte serán los miembros de honor de la marcha, la presencia de celebrities da tranquilidad a quien, como Lilith, tienen ciertos reparos a estar en el espacio público el día después de que la ciudad se llenara de votantes de Trump.

Katy Perry, Scarlett Johansson, Amy Schumer, Padma Lakshmi, Patricia Arquette, Julianne Moore, Cher, Danielle Brooks, Hari Nef, Yara Shahidi u Olivia Wilde son algunas han confirmado su asistencia. Se rumorea que Madonna podría aparecer.

“Está bien tener miedo. Yo tengo miedo, soy una mujer con un trastorno psicológico. Pero creo que será seguro, porque estaremos todas juntas”. Lilith nunca ha participado en un acontecimiento similar, pero es consciente de su potencial, como si recordara que muchos vulnerables también votan y que solo necesitan unirse: “Tenemos derecho a votar porque las mujeres se unieron y lo demandaron. Solo quiero que la gente nos tome con seriedad. No tendrán más opción que escucharnos”.

“Soy veterana del ejército y siendo mis derechos amenazados”

“Entré en el ejército a los 19 años y no fue hasta los 23 cuando comprendí que no es normal ser acosada. Sé que hay mucha gente que piensa que esto parte de la vida: '¿vas a elegir esta minucia, o vas a elegir la estabilidad económica de tu familia y luchar contra ISIS?', me decían”.

Pam Campos nació en Boston y su madre es inmigrante hondureña. Tras 10 años de carrera en el ejército de Estados Unidos, esta veterana de las fuerzas aéreas lleva pocos meses reincorporándose en la vida civil. Se define como latina, feminista y progresista. Forma parte de la organización de la manifestación, a la que también asistirá a su madre.

Pam cuenta que el ejército es uno de los sectores más racialmente diversos de un país muy segregado. Desde dentro, ella lucha por las mujeres militares, pero también por los soldados musulmanes, homosexuales o queer: “Trump representa ansiedad para muchos de nosotros. Sentimos amenazadas nuestras libertades y derechos”.

Es más que eso: la nueva administración supone un peligroso dilema para una parte del cuerpo militar. “Como miembro del ejército, abandoné mis derechos para defender los valores de los Estados Unidos. Para mí es algo personal que estén amenazados. ¿Cómo voy a apoyar y a servir a mi país? Da miedo, ha cambiado mi vida”.

Según Pam, la Women’s March será el inicio de muchos movimientos sociales: "Creo que la Womens March es una llamada a la acción, y que veremos más. Hay una ola de apoyo, es emocionante".

“He vertido muchas lágrimas”

Si la manifestación se hubiera organizado en otra ciudad, Ebony no podría haber asistido porque no puede pagar un billete de avión. Pero esta activista social de 28 años es de Baltimore, a 40 minutos de la capital. Buscará la manera de llegar.

Ebony siente la necesidad física de hacerse oír en la manifestación, y como afroamericana, encarna uno de los debates internos más potentes de la convocatoria: el del racismo dentro del movimiento feminista.

En sus primeros momentos como evento de Facebook, la marcha fue criticada por ser un acto organizado por y para mujeres blancas. La cúpula reaccionó y eligió al plantel de activistas más representativos para encabezarla: una musulmana, una latina, una negra y una blanca.

Pero algunas activistas negras denunciaron que el primer nombre elegido para la manifestación, Million Women March, era el mismo que el de una de las grandes movilizaciones que las mujeres afroamericana celebró en Estados Unidos en 1997. Recordaron que la histórica Marcha por el Trabajo y la Libertades en Washington, liderada por Martin Luther King en 1963, fue negra.

Las activistas afroamericanas venían a decir que ellas eran quienes más sabían de manifestarse por los derechos básicos, y que ese legado debía de ser representado, más aún si el racismo promete coger fuerza con Trump. Alertaban de que el feminismo blanco se especializa en erosionar la historia negra cuando le conviene.

Manifestantes en la Milion Women March, celebrada en Filadelfia en 1997.

Ante las críticas, la Women’s March eligió politizarse. Para muchas mujeres blancas, resultó impactante que en el grupo de Facebook se debatiera sobre asumir los privilegios de los blancos; para muchas negras, los valores de la marcha no son suficientes ante tanto dolor acumulado. Aun así, la marcha ha conseguido el apoyo del movimiento Black Lives Matter, así como Occuppy Wall Street, entre muchos otros.

En una declaración de cuatro páginas, la organización defiende los derechos humanos con independencia de la raza, etnia, religión, estatus migratorio, condición económica, edad o discapacidad. Se reivindican desde la desmilitarización de la policía y la justicia racial, hasta derechos laborales y el aborto libre y gratuito.

“Me gustaría decir que he vertido muchas lágrimas. No quiero ver a mi país retrocediendo, nos quiero ver progresar. Ruego a los políticos y a los líderes que escuchen las voces de mi generación, incluso de aquellos que quizás no estén en la marcha y están tristes”. 

Ebony reconoce que no pudo sintonizar la CNN el día de las elecciones, y que aún se mantiene lejos de los medios de comunicación. Sabe que muchos pobres e indocumentados no podrán alzar su voz en la marcha: “Nadie quiere sentir que por quien es, no es importante".

“Nos temen, esa es la verdad”

"Trump es un promotor de la destrucción y la negatividad. Cuanta más gente haya con dudas y miedos, más base tendrán sus acciones". Julie Pacheco, de orígenes europeos y puertoriqueños, no duda en tildar de régimen fascista la que será la próxima legislatura de su país.

Esta comercial de propiedades, ahora dedicada por completo a la escritura, estará en Washington para defender a sus amigos homosexuales y para decir a los jóvenes que las mujeres lucharán por su futuro. "Siento que es el momento de poner acción a mis creencias".

En menos de 48 horas, Washington será escenario de un enfrentamiento simbólico en Estados Unidos, una verdadera guerra de civilizaciones que se deja sentir en buena parte del mundo: la del patriarcado neoliberal contra el feminismo y los colectivos minoritarios y más desfavorecidos, que luchan por ciertas garantías sociales.

La Women's March no solo es la reacción iracunda de aquellos que votaron a Hillary. Tampoco es la mera búsqueda del consuelo político, de un horizonte desesperado. Esta manifestación puede suponer la gestación de un nuevo feminismo politizado, diverso y conflictivo en Estados Unidos. Un movimiento vivo, en definitiva, y con una clara misión: destruir al líder que más infravalora a las mujeres, que no las respeta. Terminar con la pesadilla y construir un nuevo poder.

"Creo que esta unión supone darnos cuenta de nuestro propio poder. Ellos deberían estar asustados, porque no lo vamos a permitir este comportamiento vil contra las mujeres ni el uso de la raza como arma. Habrá muchas voces, pero estarán todas diciendo lo mismo: basta ya. No creo que los hombres nos teman, pero el patriarcado teme al poder de las mujeres. Esa es la verdad".

La clave de esta manifestación quizá sea que no se trata solamente de una resistencia ideológica, sino también física: no solo es una batalla política, sino de género. Mientras la sociedad estadounidense se polariza ante al show del nuevo presidente, hay gente que empieza a organizarse para sobrevivir al frío mandato que les espera. Estas mujeres han sentido que el sistema democrático les "agarraba por el coño", parafraseando a Trump. Han sentido cómo su país se ha girado contra ellas.

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