Reportajes

Empleados de Vueling explican la crisis de los retrasos de la aerolínea

La crisis contada desde dentro

“Querer ser la aerolínea número uno reduciendo los costes al máximo”. Un pensamiento así resumiría lo que pasó por la cabeza de los directivos de Vueling hace unos meses, a decir por lo que ahora cuentan sus empleados. Ahora, tan solo en los primeros días del verano, 8.000 pasajeros han pagado este exceso de ambición quedándose en tierra, sin maletas y llegando tarde a sus destinos. La casuística y los dramas vacacionales que salen todos los días por televisión parecen infinitos.

No es para menos: gente que se levanta a las 4 de la mañana y coge un avión a las 9 de la noche, gente que se presenta en la puerta de embarque y le dicen que el avión está lleno, padres con bebés que se quedan en el aeropuerto de madrugada...

En la otra cara de la moneda están miles de empleados que no corren con una suerte mucho mejor que los pasajeros. A ellos se les echa la culpa. La gente descarga su rabia contra los trabajadores de la aerolínea. Sin embargo, ellos no solo han sufrido los retrasos en un momento puntual, sino también una serie de dinámicas que ahora pasan factura. Todo para cumplir con una cuenta de resultados cada vez más desorbitada. Este verano, sin embargo, la máquina podría deshacerse.  

¿Trabajarías en Vueling?

Cuenta Sofía (nombre ficticio), una azafata de cabina de 23 años, que entró a trabajar hace un tiempo en la compañía. La ilusión inicial por el trabajo y por ver mundo se convirtió pronto en otra cosa. Ella tiene un límite de 100 horas de vuelo al mes, las únicas que le pagan. Sin embargo dice que está trabajando entre 110 y 120. Esto sin contar las horas que pasa en la terminal, que no son pagadas: “Son unas 190 horas reales al mes”, dice. La azafata explica que en las últimas semanas se pasa 5 horas más al día en El Prat, por los retrasos.

El sueldo no parece malo, entre 1.500 y 2.000 euros al mes en verano (en invierno, va de 1.100 a 1.200). Pero como Sofía, son muchos los que dicen que no compensa. El problema principal, como afirman los sindicatos, es que falta personal para hacer frente a un número de operaciones creciente.

La compañía prometió que para cubrir este verano contratarían a 600 personas más (400 azafatas y 200 pilotos). La selección se hizo en primavera, pero todavía hay una parte necesaria del personal que no ha terminado la instrucción. Solo estará disponible a partir de agosto, cuando los viajes comienzan a decrecer.

Cuando cumples dos años en Vueling te echan y te dejan en el paro unos meses. Luego te vuelven a contratar para cobrar las ayudas públicas a la contratación. No tiene mucho sentido que echen a gente cuando hace falta más que nunca, pero ellos cuentan con las subvenciones en el presupuesto —Sofía, azafata

Mientras el nuevo personal tarda en llegar, el que está disponible trabaja en condiciones precarias. A algunos de ellos, por incomprensible que parezca, les están echando.

“Cuando cumples dos años en Vueling te echan y te dejan en el paro unos meses. Luego te vuelven a contratar para cobrar las ayudas públicas a la contratación. No tiene mucho sentido que echen a gente cuando hace falta más que nunca, pero ellos cuentan con las subvenciones en el presupuesto”, dice Sofía.

A los despidos en medio de la falta de personal y a las horas extra se une el caos organizativo: “Aterrizamos de un vuelo y en lugar de ir a casa como teníamos programado, nos meten en otro. Tengo compañeras a las que las han avisado por SMS que vuelan al día siguiente cuando el plan tiene que estar diseñado a un mes vista”, asegura Sofía.

Marc (nombre ficticio), piloto, dice: “El caos que está habiendo nos afecta a las horas que podemos volar cada día. Todo está regulado por normativa y no podemos exceder nuestras horas de trabajo, no se pueden cubrir tantos vuelos. Cuando hay un imprevisto no hay gente para suplirnos, por lo que el vuelo tiene que retrasarse sí o sí. Esto provoca también que nunca podamos decir a nuestras familias cuando llegaremos a casa, porque no sabemos a qué hora volvemos”.

Sofía, por su parte, también conoce situaciones en las que se han cancelado vuelos que tienen todas las condiciones para volar. Ocurrió en un vuelo en el que la azafata de cola no tenía la experiencia suficiente para operar el vuelo. Sin embargo, otras azafatas con la experiencia requerida y de la misma tripulación podrían haber ocupado su puesto. El departamento de operaciones decidió cancelar el vuelo para no complicarse.

En la torre de Operaciones

Si hay un lugar que es el núcleo de toda la problemática, ese es el departamento de Operaciones de Vueling. No es de extrañar que pase todo esto: el departamento apenas cuenta con 4 personas en invierno, según empleados que están en contacto con esa sección. Tienen que gestionar más de 400 rutas y 107 aviones.

A esto se unen las salidas de pilotos: copilotos que se han gastado alrededor de 90.000 euros en su formación están cobrando 2.000 euros. “La desbandada es constante”, asegura Sofía.

De esta delicada situación ya alertó la ex Responsable de Planificación de Pilotos, Georgina Laura Marasá. Las operaciones de este verano estaban calculadas contando con el personal mínimo para ejecutarlas. Pero el cálculo no tenía en cuenta ni los pilotos que se iban, ni los imprevistos en el día a día de una aerolínea. Un simple contratiempo meteorológico que retrasase un vuelo significaba la ruptura de un eslabón que rompía una cadena gigantesca. Los avisos de Marasá fueron ignorados hasta el punto de que fue despedida en abril de este año.

La responsable de operaciones alertó del caos que se produciría en verano. Fue despedida en abril

Intentamos contactar con Vueling para responder a estas acusaciones. No obstante, su departamento de prensa se limitó a remitirnos un comunicado. La empresa no se ha pronunciado a afirmaciones como que se despida a gente para volverla a contratar con subvenciones, ni que se contratase tarde al personal de refuerzo o que se despidiese a Marasá por oponerse al plan de operaciones.

En el comunicado, Vueling asegura que “tanto los empleados como los miembros del Comité de Dirección están centrando todos los esfuerzos en resolver los problemas ocurridos”. También señala que “la operativa está teniendo una mejora” y que los nuevos retrasos pueden deberse a la huelga de controladores que afecta a Francia. Vueling también dice que se han puesto “medidas adicionales en marcha”. Sin embargo, no detalla cuáles y, según el relato de los empleados, la situación está lejos de mejorar.  

Errores en la calculadora

¿Por qué sabiendo de estas limitaciones se tiró adelante un plan desorbitado? Es lo que muchos empleados y jefes como Marasá se preguntaron. La respuesta no puede ser otra que la decisión de la compañía liderada por Álex Cruz para redondear la cifra: si el año anterior habían cubierto 360 rutas, este quisieron llegar a las 400.  

Los directivos no querían frenar un crecimiento que, en los últimos años, había resultado brutal: desde la compra de la compañía por parte de IAG en 2013, Vueling había incorporado 37 aeronaves más, había contratado a 1.200 personas más y había triplicado en dos años sus beneficios respecto a lo previsto, superando las ganancias que IAG tenía planeado lograr en seis años.

Álex Cruz, CEO de Vueling

El reto, sin embargo, era arriesgado. En verano de 2015 la aerolínea ya había tenido problemas similares a los de ahora. Solo en el aeropuerto de Barcelona-El Prat se llegaron a bloquear 2.000 maletas y hubo centenares de retrasos.

Para evitar este infierno probable en época de vacaciones, la directiva lanzó en septiembre una estrategia prioritaria: se llamaba “Destino: satisfacción del cliente”. Su objetivo era evitar el caos y quitarse la etiqueta que la sitúan, verano tras verano, en una de las aerolíneas más impuntuales. Pero en lugar de limitarse a tapar los agujeros que existían, decidieron aumentar las operaciones.  

Creyeron que podrían con todo. No fue así.  

Agresiones en el avión

La falta de organización no solo afecta a los empleados en los horarios, sino también a su integridad física. Sofía cuenta que la han increpado en varias ocasiones en la Terminal 1 de El Prat. A una compañera suya, un cliente exaltado por el retraso la golpeó cuando el avión esperaba para entrar en la pista de despegue. La azafata ha puesto una denuncia.

Lo que puede parecer anecdótico en pleno vuelo es una constante en los mostradores de facturación. Alba (nombre ficticio) forma parte de personal de tierra. Está en plantilla de una empresa de personal que distribuye a trabajadores de handling para diferentes compañías. Ahora mismo trabaja para American Airlines, en los mostradores contiguos a Vueling: “Mis compañeros que ahora están con Vueling tienen orden de quitarse la corbata y ponerse la de Iberia”, asegura.

Los nervios en la terminal están desbordados. Alba ha llegado a ver a gente golpeando a sus compañeros y dando manotazos en el mostrador de venta de billetes de Vueling, el único espacio físico que tiene la compañía en todo el aeropuerto, y que además es subcontratado.

La situación se ha traducido, por el momento, en dos sentencias de un juez que ha multado a dos mujeres con posibilidad de cárcel por agresiones físicas al personal en El Prat.

Iberia se está viendo perjudicada por todo el caos. Los vuelos europeos y nacionales de Iberia que salen desde Barcelona son operados por Vueling y eso está destrozando la imagen de la compañía, según fuentes de Iberia.

Por su parte, Bea (nombre ficticio), una de las responsables de equipajes de Iberia en El Prat, cuenta que la ha tenido que escoltar la Guardia Civil. “Cada día me digo que llego a casa entera”, dice.

A pesar de trabajar para Iberia, su compañía tiene acuerdos comerciales con Vueling. Uno de los acuerdos es la gestión de los equipajes. El retraso de los aviones y la audacia de Vueling de lanzarse a vuelos con tránsito ha provocado que solo en los primeros días del verano se hayan acumulado unas 1.000 maletas de pasajeros de Vueling en el aeropuerto. En todo el período estival anterior la acumulación llegó a las 2.000.

“Las maletas no se cargan en destino o llegan tarde, o no son cargadas en los siguientes vuelos, o los vuelos de tránsito se van sin que hayan llegado los anteriores... El caos es total y la gente lo paga con nosotros. Somos como el saco de boxeo de la gente”, dice Bea.

Iberia -según fuentes de la compañía- se está viendo perjudicada por todo el caos. No solo por las maletas. Los vuelos europeos y nacionales de Iberia que salen desde Barcelona son operados por Vueling y eso está destrozando la imagen de la empresa.

Lo que pasa ahora será nada si hay huelga”

La situación ha llegado a un punto en el que son varios los empleados que se plantean hacer huelga. En el departamento de equipajes del aeropuerto, los compañeros de Bea, de Iberia, dicen que si no se arregla la situación, cualquier día dejan de ir a trabajar.

Por su lado, Sofía dice que a la situación se suma el hecho de que los trabajadores no tienen convenio. “Se está negociando pero si no se llega a un acuerdo, podría haber una huelga y lo de ahora será nada”, asegura. “Nosotros no queremos hacerla pero estamos en una situación lamentable”.

Por el momento, los sindicatos no se han pronunciado sobre esto. Sí que han dicho que el caos de comienzo del verano no se debe en ningún caso a una huelga encubierta, como también han confirmado los empleados.

Vueling es solo lo mismo que RyanAir, con logos y frases divertidas. En Ryan Air al menos son honestos con lo que ofrecen —Alba, empleada de handling

Alba, la azafata de handling, concluye que Vueling se vendió con una imagen fresca, como una low cost de calidad, mejor que Ryan Air. Sin embargo, para ella “Vueling es solo lo mismo que RyanAir, con logos y frases divertidas”. “En Ryan Air al menos son honestos con lo que ofrecen”, añade.

En el aeropuerto de Barcelona, la única alternativa para evitar Ryan Air es Vueling. La situación ha terminado con miles de pasajeros enfrentados a miles de empleados que tampoco son responsables de nada. Mientras, la directiva trata de esquivar las posibles sanciones que la Generalitat y el Ministerio de Fomento quieren imponer.

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