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“Cuando no vives con tu amante, el flirteo de instituto es eterno”

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La infidelidad, como nunca antes te la habían contado

Kiko Amat

24 Febrero 2015 06:00

(Recientemente nos propusimos llevar a cabo un estudio sobre la infidelidad. El objetivo era analizar y comprender las complejas aristas que envuelven este proceso. Lo que sigue es el testimonio que Sujeto #1, mujer de 35 años, le transmitió a Kiko Amat)

«Solo he tenido una relación adúltera en toda mi vida. Los dos estamos casados. Tres años y medio hasta hoy, y todavía dura. Montañas rusas, idas y venidas...

»Al principio te haces amiguito de las otras madres y padres del colegio, empiezan las barbacoas, la granja, y tenemos tan buen rollo las cuatro parejas que al final organizamos Él y yo una salida a una casa rural para principios del curso siguiente. Luego, durante el verano, su mujer se va fuera del país con los niños y Él se queda aquí trabajando. Al poco recibo una solicitud suya de amistad en Facebook. Me digo: “anda, mira qué gracia”.

»Empezamos a charlar. Todo esto pre-whatsapps, claro. A la cuarta noche seguida en que quedamos para hablar, le pregunto si le ha dicho a su mujer que estamos hablando, y Él a su vez me lo pregunta a mí. Resulta que no: no hemos dicho nada ninguno de los dos. Él me dice que esto ya parecen unos cuernos light [ríe].


Nos relacionamos con los ojos todo el rato. He aprendido a descifrar lo que me dice con los ojos



»Él regresa finalmente de vacaciones, y conforme baja de avión me manda un sms para ver qué hago. Y tal como recibo ese mensaje, me da un vuelco el corazón y me digo: “Dios mío, dónde me estoy metiendo”.

»En la casa rural, ya empezado el curso, tratamos de quedarnos solos para intentar averiguar por qué mierdas estamos chateando todas las noches. Contacto físico nada de nada, aún. Solo amiguitos, Él y yo.



»Hasta que un día se pelea con su mujer, me cuenta que está fatal y yo voy a verle al parque, a las cinco y media, con todos los churumbeles a cuestas. Los suyos y los míos. Por aquel entonces Él tenía dos hijos y yo una hija. Aquella tarde empieza a beber, yo diciéndole que aguante, Él que va a dejar a su mujer... De sopetón me suelta que “en todo esto también estás tú”. Y me da todos los detalles. Él de whiskies, yo con mi cortadito, y los niños por allí en medio, que vale que eran pequeños pero ya se podían enterar de todo. Al final, lo acompaño a casa. En mitad de la escalera, todo borracho, me pide un beso y se lo doy.


¿Es esto beneficioso para un matrimonio? No lo es nunca



»Lo nuestro está basado en algo extra-físico. De afecto. De aventura. “Será nuestro secreto” y tal. Los dos estamos en el mismo nivel, más o menos. Él llevaba con su mujer 10 años, cuando empezamos todo esto. Desde entonces hemos quedado nueve veces (solos, quiero decir), en tres años y medio. Son muy pocas. Otras veces hemos enchufado Lacasitos a los niños y les hemos tapado los ojos, y en el bar hemos hecho lo que hemos podido. Los niños se han comido muchos bares. Muchos. Piececitos por debajo la mesa, manitas, algún beso, nada más. Nuestra relación es de masoquismo absoluto. Y Él peor, porque tiene muchos remordimientos. Yo no siento ninguno. Ninguno. A mí solo me afecta cuando pasa de mí.

»¿Quién está al tanto de lo que sucede? Solo lo saben un amigo suyo y una amiga mía. Lo supieron al año de empezar. Mi amiga me acosó para saberlo. Un día llegaba eufórica al trabajo y al siguiente había llorado toda la noche.

»Mira, hablemos claro: mi marido no sale. Sale por la noche, si sale, con los amigos y punto. A mi marido le encanta limpiar la casa, ver televisión, esas cosas... Lo hemos tenido la mar de fácil, en el fondo, Él y yo, para lo nuestro. Un sábado por la tarde nos podíamos ir juntos a un museo con los churumbeles, o al parque. Esto lo sabían nuestras parejas, quiero decir. Mi marido ha llegado a decirme “parecéis novios”. Incluso que “si él estuviese separado, no quedas con él ni loco, porque está claro que os atraéis”. Él incluso ha llegado a venir a mi casa, con mis padres, en el pueblo. Y mi madre me preguntó: “sí que os habéis sentado raro hoy, para comer” [ríe]. Pero nunca han sospechado nada.


Mi marido ha llegado a decirme ‘parecéis novios



»Hace unos meses fuimos al cine con los niños, Él y yo. Mi marido no quiere ir nunca, y no voy a dejar de hacer mi vida porque prefiera quedarse en casa viendo la tele. Así que fuimos al cine con Él, y yo acabé volviendo a casa a las 21h, con una borrachera... ¡Del cine! Bueno, no era para tanto, pero sí llevábamos cuatro o cinco cervezas cada uno. Él solo bebe conmigo. Lleva una doble vida total. Con la mujer bebe agua.



»La verdad es que solo me he peleado con Él por cosas que tienen que ver con su mujer. Por haber quedado conmigo para hacer botellón en el parque y que de repente se plante allí con ella. Imagina mi cara de culo. Y entonces es cuando me dice que no soy justa, pero es que ella lo abraza y todo, joder. Bueno, claro, eso es lo normal si eres su mujer [ríe]. Cuando en días así me pregunta por qué me he ido, le digo que no tengo por qué aguantar su familia feliz. Y a Él le pasa igual. Organizar la de Dios en su casa y que luego yo no pueda ir.

»Al final ya no sabes si estás bien o no, o lo haces todo para forzar que sigáis viéndoos. Es un embolado. Tenemos ese chat secreto donde solo puede decirme “hola”, hasta que yo contesto, luego me pregunta si soy yo de verdad, etc. Un lío. A veces Él me manda un mensaje para que yo le proponga quedar a su mujer, a sabiendas de que ella no quiere hacer nada. Claro, ella me dice que ese día nada, que los niños los tiene Él. Por supuesto yo ya sé que los tiene Él, ¿entiendes? Pero para que no quede raro, escribo primero buscando la autorización de ella. Imagina.


Tenemos ese chat secreto donde solo puede decirme ‘hola’ hasta que yo contesto, luego me pregunta si soy yo de verdad



»No siento ninguna culpa, no. Porque yo lo quiero a Él, y punto. La única razón por la que no dejo a mi marido es por los niños. Lo que estoy haciendo yo, sin niños de por medio no se lo excusaría a nadie. ¿Tres años así? ¿Con alguien que no quieres? Antes le dejas, colega. Dicho esto, en una relación tan irregular (mails, parque, mensajes...), el enamoramiento inicial se alarga mucho más. Porque no vives con tu amante. El flirteo de instituto es eterno. Venga, todo el día enamorados. Las despedidas en la puerta, los mensajes nocturnos... Parecemos gilipollas. Parecemos niñas con lo de “¿quién te besó primero?”.

»No sé si no quiero a mi marido. Sé que sin mi hija de por medio ya lo habría dejado; eso lo tengo claro. Pero la costumbre es muy fuerte, y la aventura es para las películas. Durante una época, antes de conocerle a Él, yo iba a todas partes sola (barbacoas, cine...) y la gente creía que estaba separada. “No, es que mi marido no sale”. Me pasaba el santo día repitiendo eso. Un día alguien incluso me preguntó: “¿A ti quién te cuida?”. “Yo me cuido a mí misma”, le contesté (por no decirle que me cuidaba mi amante, que estaba sentado a su lado) [ríe]. Y de repente aparece alguien que te hace caso. Caso de verdad. Y que me anima a estudiar, que está por mí, que me cuida...

»Me he demostrado que esto puede ser longevo. Aquí estoy, sufriendo. Porque ahora está embarazado del cuarto. Y se ha casado, en medio. Toma ya. Y yo aquí, aguantando [carcajada]. Pero esta vez sí le dije que me piraba. Durante dos semanas hubo silencio, hasta que en un nuevo whatsapp me volvió a preguntar qué hacía. Y vuelta a empezar. Otra vez. Y otra. Y otra más. Y es que esto no es lo mismo que ir a una discoteca a follarte a un tío. A todo el mundo se le puede ir la olla en una discoteca. Esto es distinto. La pregunta que Él se hace siempre es si puede quererse a dos personas a la vez. Me dice que su mujer es solo es su compañera de piso, pero entonces va y la preña. Es que es tonto, este pavo.


El flirteo de instituto es eterno. Las despedidas en la puerta, los mensajes nocturnos… Parecemos gilipollas



»A ver, ¿esto, beneficioso para un matrimonio? No lo es nunca. Porque su relación es muy complicada (me lo ha dicho incluso su mujer), los hijos fueron accidentes los dos últimos, en este último embarazo Él la quiso denunciar, cuando ella le dijo que no abortaba... Ella no trabaja, y Él no la puede dejar. Y tampoco sabe si la dejaría. No se fía de ella para criar a los hijos, los niños están malcriados, ella los lleva de cualquier manera... Una situación  imposible.

»Nos relacionamos con los ojos todo el rato, Él y yo. En el parque, en público... Y cuando me miente yo creo que lo sé. He aprendido a descifrar lo que me dice con los ojos. A menudo nos vemos solo media hora, en la puerta del trabajo, y de repente, ¿ocho horas seguidas, juntos en una barbacoa? Es lo más, no jodas. Me vuelvo loca, aunque esté rodeada de gente. A mí algo así me merece la pena aún. Me vale la pena verle de este modo. Y Él prefiere verme en estas circunstancias que no volver a verme más.



»No tengo claro si haríamos buena pareja en un ambiente normalizado, Él y yo. Hemos estado a punto de separarnos de nuestras parejas mil veces, pero es dejarlo todo, todas las amistades... ¿Qué coño puedes hacer? ¿Me voy de repente a vivir con Él? Y es que nosotros somos el hilo conductor de todo el grupo de amigos, todos los hijos se llevan bien, somos amigos recientes... Sería una catástrofe.

»A mí esto solo me ha pasado con Él. Bueno, yo soy muy enamoradiza, pero este follón no lo aguanto por nadie más. Yo no me meto otra vez en algo así, vamos. Alguna noche loca, vale. Pero si se acaba, se acabó. No lo vuelvo a ver. Claro que lo seguiría viendo igualmente todo el día por el barrio y en el colegio [ríe]. Los ataques de cortar le dan a Él, que conste. A mí todo esto ya me va bien. Él tiene remordimientos, me dice que no quiere llamarme más, pero que no es tan fácil. Que está enamorado de mí. Yo solo le digo: “pues déjala ya, coño”. Él cree que nos han puesto aquí para que estemos juntos. Que algún día nos casaremos. El amor en los tiempos del cólera. Vale, colega, pero tendremos 70 años, tío. Tú no estás bien de la cabeza.

(Según se lo contaron a Kiko Amat)


De repente aparece alguien que te hace caso. Caso de verdad





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