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“Violó a una niña de 2 años y afirmó que era ella quien se ponía muñecas en la vagina”

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La desgarradora historia de Carol, ignorada en unos juzgados que dieron la razón al padre y agresor sexual de su nieta

Rafa Martí

27 Mayo 2016 06:00

Imágenes de Elizabeth Weinberg y Holly Andres

Este es el primero de una serie de tres impactantes testimonios documentados de víctimas de abusos sexuales cuando eran menores, o de personas relacionadas con niños que han sufrido abuso sexual. Ellos relatan el calvario que han vivido con la justicia en España, donde nadie quiere reconocer la desagradable realidad de los abusos. Y esto se traduce en médicos y jueces que terminan por despreciar a quienes denuncian.

Mientras madres denuncian que las agresiones a sus hijas terminan siendo juzgadas injustamente por querer quitar las custodias a sus exparejas. Víctimas de abusos brutales terminan siendo culpabilizadas. Este gran tabú social sigue provocando que en España haya centenares de niños víctimas de abusos sexuales viviendo con sus agresores; en muchos casos, sus propios padres.

La que sigue es la historia que cuenta Carol, abuela de Andreína:

Andreína tenía 2 años cuando ocurrió. Mi hija Andrea ya se había separado de su pareja, pero cuando la niña volvía de las visitas con su padre tenía los genitales enrojecidos. No era normal.

Con dos años, la niña apenas sabía hablar y no decía nada. Su madre y yo comenzamos a preocuparnos, aunque al principio no quisimos hacer exámenes médicos. Teníamos miedo de darnos cuenta de que a Andreína le hubiera pasado lo peor que nos podíamos temer: que fuera abusada sexualmente por su padre.

Con 4 años, Andreína ya podía hablar. Cuando su padre venía a recogerla para cumplir con su régimen de visitas le decía: “Papá, no me toques”. Ella se resistía a ir con su padre y cada vez que regresaba de estar con él, llegaba fatal. Un día me acerqué a casa de mi hija y al entrar en una habitación me encontré al tipo tocando a la niña. A partir de ese momento, decidimos actuar.

Fuimos a médicos forenses para que hicieran los informes médicos pertinentes. Allí establecieron que había abuso sexual. Los propios médicos fueron quienes hicieron la denuncia.

Lo que ocurre es que la juez no vio indicios de que su padre la violara. En su defensa, el padre decía que la niña se hacía eso ella misma y que se introducía muñecas en la vagina. Llegó incluso a denunciarme a mí. Me acusaba de que yo era la que hacía esas cosas a la niña para que le dieran la patria potestad completa a mi hija.

Evidentemente, fui declarada inocente. No había ninguna prueba de eso.

El padre decía que la niña se hacía eso ella misma, y que se introducía muñecas en la vagina. Llegó a denunciarme a mí. Me acusaba de que yo le hacía esas cosas a la niña para que le quitaran la custodia

Pedimos una orden de alejamiento temporal, pero la juez no nos hizo ni caso. Entonces, acudimos al consulado colombiano. Tanto yo como mi hija somos colombianas. Andreína, sin embargo, es española. No obstante, el consulado inició los trámites para nacionalizar a la niña y poder defenderla.

El consulado pidió entonces explicaciones al juzgado. Pero el juzgado solo remitió la misma respuesta: “No hay indicios de que se estén cometiendo abusos sexuales contra la niña”.

Todo esto estaba pasando cuando habíamos presentado los informes médicos, las denuncias se tramitaron a través de los propios médicos y el padre tenía antecedentes por maltrato. El tipo había recibido 8 denuncias de su madre por agredirla. Una vez incluso llegó a colgarla del cable de un teléfono. Sin embargo, la juez decía que eso era un tema que había que separar de los abusos sexuales. Los antecedentes parecía que no contaban.

Desesperada, mi hija decidió jugársela. Con el pasaporte colombiano de Andreína consiguieron salir del país. Si las hubieran detenido, le habrían quitado a la hija para siempre para dársela a su padre agresor. Pero consiguieron llegar a Colombia. En Colombia, la fiscalía pidió la documentación a los juzgados españoles.



Después de estudiar el caso, un juzgado colombiano determinó que sí que había habido abuso sexual por parte del padre y que la niña no podía regresar a España. Quedaba entonces bajo la protección del Estado colombiano.

El padre denunció que Andrea había secuestrado a su hija llevándosela a Colombia y los juzgados españoles reclamaron que tenía que volver. Incluso llegaron a emitir una orden de búsqueda y captura internacional y la Interpol organizó un dispositivo en Colombia para traer a la niña de vuelta con el agresor. No lo consiguieron.

El juicio contra el padre siguió desarrollándose. Todo lo llevé a cabo yo, que era la que estaba en España. Presenté los informes de los médicos forenses, otro informe médico realizado en el hospital niños Jesús y mi testimonio. Sabía que rechazarían mi testimonio y que me llamarían loca, por eso aporté esas pruebas.

Sin embargo, el juez dijo que debían presentarse a declarar los médicos autores del informe. Dos médicos rechazaron declarar y la tercera médico estaba viviendo en Canadá.


Hay niñas con el himen roto y los jueces siguen diciendo que son invenciones de las madres para quedarse con la custodia de los hijos



El juez también dijo que la niña tenía que declarar. Pero estaba en Colombia con el riesgo de que si volvía a España tuviera que quedarse con el agresor. Dijimos al juez que existía la posibilidad de tomar las declaraciones por videoconferencia, como amparan los acuerdos de cooperación judicial internacional. Pero dijo que no, que la niña tenía que venir.

Al final, por falta de testimonios que respaldaran las pruebas, absolvieron a ese cabrón.

Nos hemos gastado 20.000 euros en abogados, Andreína ha estado 8 meses con terapia psicológica y el agresor de Andreína está libre en las calles de Madrid.

Hay niñas con el himen roto y los jueces siguen diciendo que son invenciones de las madres para quedarse con la custodia de los hijos.

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