Reportajes

2009: así lo vimos

Por Juan Pablo Forner

1. Con la muerte de Michael Jackson, ha muerto una era completa de la música popular. Cierto que Jacko no estaba en su mejor momento artístico desde “Invincible” (2001), o incluso antes, pero su figura icónica todavía servía como enlace con una época pretérita en la que ser universalmente popular y creativamente valioso no estaba tan censurado como ahora. Quizá porque ya no se puede ser universalmente popular –la cultura del consumo de música vía internet prosigue su implacable atomización de escenas, públicos y ritmos de asimilación– y porque seguimos con el prejuicio de que lo que venga de una multi ha de ser necesariamente malo. Y, sin embargo, “Loba” de Shakira es una canción audaz que si te dijeran que la han compuesto y producido Daft Punk te lo creerías, y grandes momentos del pop han venido de los laboratorios de prefabricación de estrellas. ¿Y por qué no? Una de ellas, en particular, parece haber encontrado el camino de la dominación global tirando de imagen carnavalesca, declaraciones escandalosas porque sí y un electro-pop de trazo grueso. Evidentemente, Lady Gaga es un producto en formación que se lo tendrá que jugar el todo por el todo en el segundo álbum, pero sus singles –de “Poker Face” al reciente “Bad Romance”– ya anticipan que hay un estilo marcado, una voz personal y una idea del camino a seguir.Lo interesante del fenómeno Lady Gaga, además de anticipar la jubilación de Madonna, es cómo ha conseguido ganarle la partida a sus competidoras a este lado del underground. El indie ha querido, una vez más, imitar al mainstream, y las nuevas cantautoras electropop alumbraban 2009 con la intención de crear un nuevo pop de masas con estilo y cuidado minucioso. No ha podido ser: el trazo grueso y el falso hermafroditismo, por no hablar de las gafas con diamantes y los vestidos monstruosos de la Gaga han podido con el flequillo de laca de La Roux –a pesar de que su álbum es un maravilloso homenaje al synth-pop inglés, vibrante y apasionado, de dúos como Yazoo o Eurythmics– y la sofisticación de Little Boots, que no ha acabado de recibir el calor de la masa con su reivindicación de un pop global a lo Kylie –pero de calidad–. Y, sin embargo, ha dejado por el camino un Hands con canciones de valor que tarde o temprano le relanzarán como una gran compositora. El gran error fue querer conquistar el mainstream sin dinero, que es como cuando Napoleón y Hitler quisieron conquistar Rusia en invierno: una imposibilidad. En el indie están mucho mejor, ahí las comprenderemos mucho mejor.2. En el ámbito del pop y el rock independiente, parece claro que a día de hoy Animal Collective juegan una liga propia, en solitario, y el resto de grupos juegan otra diferente, muy competida y variopinta pero evidentemente a mucha distancia de esa Champions hipotética en la que los neoyorquinos venidos de Baltimore se dedican a rivalizar contra ellos mismos. Su Merriweather Post Pavilion es una cima de la década en el circuito del pop experimental, y lo mejor es que nos da la impresión de que el grupo todavía no ha se ha vaciado del todo. Ellos, pues, han seguido a lo suyo mientras los demás intentaban ponérselo difícil de alguna manera. Los más valientes y atrevidos, también con diferencia, aquellos que han logrado esquivar la sombra alargada de Animal Collective, han sido Grizzly Bear, que han tomado buena nota de las maniobras expresivas de éstos, y The xx. Los primeros, elevando el tono y la ambición de su folk-rock imaginativo y onírico; los segundos, absorbiendo la estética y el poso emocional del pop oscuro de los 80 y reformulándolo en una suerte de pop urbano que captura con un sonido preciso y meticuloso la inquietud del presente. De esta nostalgia ochentera también extraen provecho Cold Cave, artífices del tremendo Love Comes Close; o Memory Tapes, con su brillante y contaminante reinterpretación del legado de New Order; también Bat For Lashes, fiel a una tradición que arranca en Peter Gabriel y The Cure; o Phoenix, una vez subidos en la cima del pop melódico, bailable y emocionante con ese Wolfgang Amadeus Mozart que, para más inri, venía con homenaje directo a “El Club De Los Cinco” meses antes de la trágica perdida de John Hughes. Seguimos: The Pains Of Being Pure At Heart y su revival shoegaze nada disimulado; o The Horrors y su reinvención new wave; o Passion Pit y su imparable pop electrónico, sólo por citar algunos ejemplos. Claro que en el indie no es ochentas todo lo que reluce. También hay espacio para la cara más ruidosa y tensa del momento –ahí queda el éxito inesperado de Health, Om o Japandroids–, para la versión más experimental del indie-rock –de Wild Beasts a Dirty Projectors–, y para el post-rock de nuevo cuño, de The Antlers a Russian Circles, pasando por Atlas Sound. También ha habido luar para las torch-songs eternas (ahí tenemos a Soap & Skin para atestiguarlo), para el indie-pop de trazo clásico con inquietudes electrónicas en los casos de jj o Loney Dear, para el indie-pop más retro, con Girls y su pasión por el surf-pop de los 60 como máximo exponente; y, por supuesto, para el folk en sus múltiples variaciones: Bill Callahan, Cass McCombs, Cortney Tidwell y un largo etcétera. Ah, claro, y también ha habido sitio, y muy grande, para el gran retorno de 2009: Let’s Change The World With Music, la última obra maestra de Prefab Sprout.3. A pesar de los negros augurios de algunos críticos internacionales, sea el caso de Simon Reynolds o Sasha Frere-Jones, que han diagnosticado, por enésima vez en dos décadas, el desvanecimiento total del género, el hip hop en 2009 ha ofrecido una cara más interesante y productiva que en los últimos dos años, por ejemplo, y aunque es cierto que no ha sorprendido con referencias de impacto y proyección rupturista, han sido muchos los argumentos que nos ha ofrecido para aplazar, una vez más –y ya van…– ese vaticinio fúnebre de un estilo que, curiosamente, a día de hoy parece más decidido que nunca a propagarse por otros contextos expresivos y ámbitos populares.Guste más a o menos a los headz y a los aficionados más conservadores, el presente, y con toda probabilidad el futuro, del hip hop recae en manos de una nueva hornada de artistas caracterizados por una similar o pareja concepción del género: Kid Cudi, Drake, Gucci Mane y Wale han sido los grandes protagonistas de esta temporada, todos ellos relacionados entre sí por una idiosincrasia que se escapa de los patrones más clásicos y que aspira a todo, y no sólo nos referimos al territorio comercial y popular. También musical. Sus debuts (en el caso de Mane referido al universo multinacional) han confirmado la vigencia de la revolución orquestada anteriormente por Kanye West, que no es otra que la de llegar a un público masivo y adentrarse en el turbulento mundo de las tendencias y la post-modernidad blanca, pero no mediante un rap domesticado o edulcorado, es decir, la vía Nelly, sino mediante un hip hop que traza alianzas con el pop, la electrónica, el electro o incluso el rock como punto de partida creativo y expresivo. Si antes eran los grupos de electrónica o rock los que acudían a rappers o productores, ahora el proceso es a la inversa: Kid Cudi llama a Ratatat o MGMT, Wale contacta con Lady Gaga, y así sucesivamente. Y en cierto modo esa intención aperturista y de colisión con el mundo blanco trendy es lo que también persiguen K-Os o K’naan, aunque ellos en otro orden de cosas y estilos: el reggae, el afrobeat, el funk o el folk. Ambos han publicado álbumes de gran proyección comercial en un marco de integración pop de múltiples variaciones negras.El underground, a pesar del dibujo catastrofista de cada temporada, ha entregado debuts prometedores que auguran renovación de nombres y caras. Fashawn, Finale, Trife Diesel y Skyzoo son cuatro sonoros ejemplos de rappers debutantes, aunque algunos de ellos trotan desde hace tiempo y habían publicado alguna mixtape previamente, que en su puesta de largo se han reivindicado como grandes futuribles de la escena. Añadamos también a Blame One, Marco Polo & Torae o Tanya Morgan, cuatro representantes del segmento de figuras con trayectoria en el ámbito indie que este año han estallado cualitativamente y han confirmado todas nuestras buenas sospechas iniciales. Y en esa misma esfera, algunos referentes veteranos, con mucho recorrido, también se han reivindicado en tiempos de crisis: Souls Of Mischief, con un retorno sorprendente, Grand Puba, MF Doom, OC & AG y, por supuesto, dos monstruos con plena vigencia: J Dilla, con su, dicen, último álbum póstumo, y Raekwon, autor del mejor disco de hip hop de 2009 con mucha diferencia. Por no hablar de los comebacks más brillantes e inesperados de esta cosecha: Mos Def, ya recuperado de su incomprensible viaje artístico; DJ Quick & Kurupt, autores del mejor instante west coast de estos doce meses; Method Man & Redman, cuyo “Blackout 2” les ha rejuvenecido una década; y Jadakiss, que firmaba en “The Last Kiss” no sólo el disco favorito del año de Nas, sino también un fascinante punto de encuentro entre el mainstream y el gangsta neoyorquino de la vieja escuela.También llegaron sonadas o matizadas decepciones (de Eminem a Jay-Z, pasando por Ghostface Killah, 50 Cent, Asher Roth o incluso Rakim), pero en este momento de reflexión festiva y nostalgia agradable, eso ya es otra historia. Como diría un ex presidente, esto no toca.4. Quizá haya sido éste el primer año en que las dos fuerzas principales de la música de baile, el techno y el house, hayan ejercidido pleno dominio de la temporada sin un ápice de autoridad. En el espectro clubbing, sigue mandando un house fláccido, atmosférico, aparentemente profundo, pero sin ningún brillo o sorpresa. El techno ha perdido parte de su carga de futuro y su misterio, y raros son los casos en los que la experimentación está por encima de su funcionalidad: habría que buscar el grandísimo debut en largo de Redshape, The Dance Paradox, en ese caso. De este modo, ya no existe un eje principal que haga girar el vinilo: el que unía Berlín y Detroit hace tiempo que está oxidado, y eso obliga a buscar otro. ¿Bristol-Berlín? ¿Miami-Glasgow? ¿Londres-Nueva York? Lo que un día conocimos como dubstep es ahora un cúmulo de variedades a partir del ritmo roto y los bajos espesos que está dando vida a la idea primigenia de la música electrónica como probeta en la que sintetizar el futuro del sonido. Pero ya no es una cosa de Londres: su expansión global le ha llevado a empaparse de nuevo de garage norteamericano y deep house europeo, de grime y dancehall, de techno profundo: Joy Orbison, Hudson Mohawke ( Butter es un álbum que seguirá creciendo con el paso de los meses), Joker y todos los nuevos cachorros del sello Hyperdub, que ha condensado su pasado y su futuro en 5: Five Years Of Hyperdub –el recopilatorio del año– son los nombres que marcan el camino que hay que seguir en 2010: fuerza bruta, expansión urbana y delicadeza resplandeciente.De la atomización del dubstep –ya sea tendiendo hacia la música étnica, la recodificación drum’n’bass o el reggae del lado oscuro: Shackleton, Silkie, King Midas Sound– nacen obras individuales de altísima calidad. Falta por ver cómo se reordena la escena y a qué nuevas sorpresas nos lleva. De mientras, y descontando el objeto insólito y extraterrestre que es el Tarot Sport de Fuck Buttons –mezcla de space rock, trance, ambient y actitud progresiva–, donde se mantiene fuerte la electrónica es en sus cavernas oscuras y sus actitutes experimentales. 2009 ha traído consigo una amplia ristra de discos de dark ambient y drones hipnóticos de la que Tim Hecker, Anduin y Black To Comm con la punta del iceberg, y sobre todo ha propiciado el estallido y la maduración de lo que conocemos como hauntology, la evocación nostálgica, romántica o gótica –al gusto de cada cual– de pasados olvidados, perdidos y encantados. Mordant Music, con el intoxicador SyMptoMs, y Leyland Kirby con el inagotable Sadly, The Future Is No Longer What It Was, han firmado cada uno por su parte dos de las páginas más emocionales e inolvidables de un año que, una vez más, se despide con los deberes hechos. En 2010, seguimos.

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