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Tras la llegada de Trump, ¿le queda algún amigo a Palestina?

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Netanyahu y las élites israelíes reciben la "nueva era" expandiendo los asentamientos, mientras la ANP de Abbas se ve más sola que nunca

Germán Aranda

27 Enero 2017 06:00

Las élites israelíes están a punto de descorchar botellas de champán por la reciente toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Sus motivos tienen, de cara a lo que el propio primer ministro israelí Benyamin Netanyahu describe como “una nueva era”. Porque:

1. Trump ha anunciado que quiere mover la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, con todo lo que tendría de simbólico reconocer como plenamente israelí a la capital de Palestina, aún con fuerte presencia demográfica en la parte Este de la ciudad.

2. Ha nombrado Embajador a David Friedman, un férreo defensor de los asentamientos judíos en el territorio palestino de Cisjordania.

3. Ha puesto a su yerno Jared Kushner, judío al igual que Friedman, como asesor presidencial y principal encargado de mediar en Israel. Su familia es dueña de la inmobiliaria Kushner Companies, cuya fundación ha donado fondos para promover asentamientos en Cisjordania.

Los primeros movimientos de Trump son diametralmente opuestos a los gestos pro-palestinos de Obama antes de terminar mandato

O sea, que los primeros movimientos de Trump son diametralmente opuestos a los últimos de Obama: en diciembre pasado, EEUU no se opuso, por primera vez, a la resolución de la ONU de calificar de ilegales los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este.

Obama también tuvo un gesto con la Autoridad Nacional Palestina donando 221 millones de euros, horas antes de la investidura de Trump.

El cambio de sede de la Embajada significaría reconocer a Jerusalén como capital de Israel y, por tanto plenamente israelí, minimizando su histórica presencia palestina. Trump parece estar aplazando la decisión. Sabe que podría estar reavivando la mecha de una violencia que en los últimos meses parece haber amainado.


Mientras tanto, Israel aprobó el pasado domingo la expansión de los asentamientos en Jerusalén Este y el martes 2.500 nuevas viviendas en Cisjordania. Y Trump, claro, no lo ha criticado.   

Un presidente “imprevisible” también en Israel

A pesar de la clara línea pro-gobierno y a favor de las élites derechistas israelíes que parece adoptar Trump, el intelectual judío francés Bernard Henri Levi aseguró en un reciente artículo que el nuevo presidente “va a traicionar” al pueblo de Israel.

Según Henri Levi, Trump responderá con desprecio a las élites empresariales judías, "como un mecanismo anticipado de defensa contra el presunto desprecio del otro". El filósofo cree que "para él (Trump), los judíos son la caricatura de esa élite neoyorquina que siempre le consideró un titiritero vulgar y sin alma".

Y recuerda una frase que les dedicó en el transcurso de una reunión de donantes judíos: "¡Sé por qué no vais a apoyarme! Porque no procedo de vuestro dinero".

Este punto de vista es excepcional dentro del predominante optimismo de la derecha israelí con respecto al nuevo hombre más poderoso del mundo.

Luego está el carácter “imprevisible” de Trump, que señala el analista y abogado Eli Cohen, como posibilidad de que el panorama sea diferente. “Trump ha dicho que quiere llegar a la paz. A lo mejor puede hacer algo imaginativo por los palestinos”, añade Cohen.

Al margen de estos matices, lo cierto es que, como apunta un reciente artículo de Foreign Policy, Israel anda extasiado con el horizonte que se le presenta y Palestina desesperada en busca de apoyos internacionales en el resto del mundo. Porque, ¿quiénes son los amigos fuertes de Palestina? 

Los aliados de Palestina, “en el mundo de los gestos”

La declaración de la Asamblea de la ONU en contra de los asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este puede parecer un gesto de complicidad internacional hacia Palestina, pero estos apoyos viven más “en el mundo de los gestos que en el de los hechos”, advierte el historiador Jorge Ramos Tolosa, experto en Palestina y simpatizante de la causa.

“El armario de la esperanza Palestina está rebosante de símbolos y vacío de hechos”, lamenta.

“La Unión Europea tiene un acuerdo con Israel, al que considera semimiembro, que dice que rompería si una de las dos partes viola el derecho internacional. Israel lo está haciendo, con lo que la UE está violando parte de su mismo tratado. No sólo con la ayuda de los Estados, sino con empresas o policías que van a entrenarse a Israel y otros muchos gestos".

En cuanto a Estados Unidos, más allá de los últimos gestos de Obama, “va a ser un aliado importante de Israel como lleva siendo desde 1967”. Ningún gobierno estadounidense ha dejado de ser el principal aliado del estado judío y el propio Obama aprobó el mayor plan de ayuda militar de la historia en mayo del pasado año, que estará vigente en los próximos diez.

¿Y el resto de países? Parece claro que más allá de la presión de las instituciones y de la sociedad civil alertando incluso del "apartheid’ israelí" (así lo vienen calificando cada vez más voces autorizadas, como el Nobel de la Paz Desmond Tutu), Palestina está geoestratégicamente más sola que nunca.


Aunque la Unión Europea y muchos otros países tengan gestos de reconocimiento hacia Palestina y condenen los asentamientos en Cisjordania, la mayoría son aliados geoestratégicos de Israel



Muchos de los países vecinos bastante tienen con reconstruirse a sí mismos después de las convulsas Primaveras Árabes, que han sembrado más desorden que esperanza.

El Egipto de Al Sisi no sólo se ha mostrado reacio a dar apoyo militar a los palestinos, sino que también ha construido un muro entre su ciudad de Rafah y Gaza que dificulta la llegada de refugiados.

La Siria de al-Assad, en guerra, no es tampoco un aliado fuerte.

Irán, tradicional socio fuerte de Palestina, está más tibio en su apoyo después del acuerdo nuclear con EEUU.

Muy lejos de los países árabes, en Brasil, la presidenta Dilma Rousseff sufrió un ‘impeachment’ el año pasado y ya no puede defender vehementemente la creación del estado palestino en las cumbres de la ONU como venía haciendo tradicionalmente.

Putin, con reservas

¿Y Rusia? Su presidente Vladimir Putin ha tenido gestos hacia Palestina, como cuando en noviembre del pasado año felicitó a Abbas en el Día Internacional de la Solidaridad con Palestina y le dijo que la solución “debe ser la creación de un Estado palestino viable dentro de las fronteras de 1967 con su capital en Jerusalén Este”.

Pero Putin también tiene relaciones con Israel. Y, aunque alerta el analista Eli Cohen que “en una lógica de Guerra Fría, Rusia podría apostar por Palestina”, no parece el escenario ideal para mostrar músculo en el panorama internacional, como ha venido haciendo últimamente con Siria.

A diferencia de al-Assad, la Autoridad Nacional Palestina no es precisamente un caballo ganador.

Y en el caso de Rusia y su posición en tableros globales dependerá también de si Putin y Trump mejoran o empeoran las relaciones bilaterales entre ambos países, algo que parece depender también de cómo se levante cada uno por la mañana.

Palestina e Israel viven en un conflicto de intensidad variable desde aproximadamente 1950, cuando tras la Segunda Guerra Mundial se multiplicó la llegada de judíos al estado de Israel creado en Palestina en 1917 gracias a la declaración Balfour del gobierno británico.

Desde 1987 hasta 2014, según el Centro de Información isaraelí por los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados citado por Europa Press, murieron en el conflicto más de 12.000 palestinos y más de 1.500 israelíes.

Ahora, Israel se hace fuerte y Palestina se queda sola a nivel geoestratégico. Por mucho que el primero se expanda colonialmente de manera ilegal y que el segundo tenga su estado reconocido por 138 de los 193 estados miembros de la ONU.

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