Reportajes

Las comidas "sanas" también te están matando

El dulce te alegra la vida. Y, de paso, te la quita.

Dicen los más agoreros que el azúcar es la pandemia silenciosa del siglo XXI, la droga más publicitada del planeta. Y lo cierto es que cuesta renunciar a su presencia, a su toque mágico en el café, o a esa pieza de bollería que nos aporta ese 'sugar rush' tan necesario para empezar o acabar bien la jornada. Pero incluso si lográramos esquivar todo lo dulce...

... seguiríamos teniendo el mismo problema.

Porque el azúcar es un enemigo oculto que está por todas partes, donde lo esperas y donde no lo esperas.

O en otras palabras: el peligro real no está en el azucarero. Está en todo lo que queda fuera de él.

Damon Gameau puede decir orgulloso que él consiguió dejarlo. Hace tres años, este actor australiano decidió excluir de su dieta todo producto que incluyera en su composición cualquier tipo de azúcar refinado. La experiencia fue tan satisfactoria para él que pronto se vio buscando maneras de compartir su "gospel anti-azúcar" con el mundo.

Gameau sabía el mensaje que quería transmitir, pero le faltaba la forma. ¿Solución? Copiar descaradamente del libro de estilo de Super Size Me, el muy sonado documental de Morgan Spurlock.

O sea, situarse a sí mismo como conejillo de indias de un filme documental en el que se dedica a comer y a explorar las alteraciones que esa dieta controlada va causando en su cuerpo.

Diversos estudios sugieren que el exceso de azúcar no solo contribuye a que engordemos, sino que también afecta al hígado, trastorna el metabolismo, deteriora el funcionamiento cerebral y puede hacernos más vulnerables a las enfermedades cardíacas, la diabetes e incluso al cáncer

That Sugar Film tiene un objetivo muy claro: denunciar la presencia de azúcares añadidos en el 80 por ciento de los productos alimentarios y demostrar su relación directa con la obesidad y otros problemas de salud muy típicos de nuestro tiempo.

Hasta ahí, nada nuevo. Pero el esfuerzo de Gameau encierra un interesante matiz: el australiano circunscribió la dieta de su experimento a productos empaquetados que son percibidos como "sanos".

Nada de comida basura, ni chocolate a deshoras, ni bebidas carbonatadas, ni bollería industrial, ni helados, ni nada parecido.

Gameau se pasó 60 días manteniendo su aporte calórico habitual a base yogures bajos en grasa, cereales, smoothies, zumos de fruta, barras de granola... Ese tipo de productos que la publicidad presenta como "saludables", "ligeros", "sin azúcares añadidos", o para "cuidar la línea". Ese tipo de cosas que a menudo buscamos en el súper cuando tomamos la resolución de cuidar lo que comemos.

El resultado del experimento... Ya te lo puedes imaginar.

La amenaza de los alimentos "saludables"

El marzo del año pasado, la Organización Mundial de la Salud emitía nuevas directrices en relación al consumo recomendado de azúcar, rebajando su recomendación previa —que databa de hace una década— a la mitad.

Según la OMS, sólo el 5% de la ingesta calórica total diaria de una persona debería provenir de azúcares libres o agregados, distintos a los que contienen naturalmente frutas y verduras.

Eso significa que para cumplir con la nueva recomendación, el ciudadano medio occidental debería reducir su consumo de azúcar en dos terceras partes. Sin embargo, la realidad alimenticia de millones de hogares avanza en el sentido contrario.

En España, se consumen unos 120 gramos de azúcar por persona y día (entre 15 y 20 cucharitas de postre al día), una cantidad muy superior a la recomendada por la Organización Mundial de la Salud

El consumo de azúcar se ha triplicado en los últimos 50 años. El consumo mundial per capita en 2012 subió a 24,6 kilos, casi un kilo más que en 2011 (23,7 kilos). Según algunos estudios, esa cifra se ha disparado hoy hasta superar los 50 kilogramos de azúcar por persona y año en ciertos países del primer mundo.

" La recomendación de la OMS es muy poco realista, ya que la población en general no es consciente de la cantidad de azúcar que ingiere con ciertos alimentos", opina Patricia Nevot, dietista-nutricionista de Alimmenta. "Por ejemplo, con beber medio litro al día de una de las bebidas de cola más consumidas ya superamos el 10%".

Esa amenaza oculta a la que alude Nevot es la que trata de poner de relieve Gameau en That Sugar Film.

En busca de referencias, el director se fijó en datos de ABARE (Australian Bureau of Agriculture Resource Economics) y de la Oficina Nacional de Estadísticas de Australia. Datos que sitúan el consumo agregado de azúcares en el país en el equivalente a 40 cucharillas de té por cabeza y día.

Ese fue su rasero. Con iguales calorías cada día, el protagonista australiano pasó de comer alimentos frescos a llevar una dieta a base de alimentos procesados considerados "sanos" que le aportaban el equivalente a 40 cucharillas de azúcar al día. Para que puedas comparar, te diremos que ese 5% recomendado por la OMS equivale a unas 6 cucharillas.

Siempre y cuando la persona esté sana, el consumo de azúcar de manera ocasional y en pequeñas cantidades no tiene por qué ser perjudicial. El problema está en abusar de su uso. Por ello es fundamental leer el etiquetado de los productos y saber que el azúcar también está presente cuando leemos ingredientes como jarabe de malta, jarabe de maíz, fructosa, miel, melaza, dextrosa o dextrina, explica Patricia Nevot

Después de pocas semanas, paso lo inevitable: Gameau vio aumentar su perímetro de cintura, ganó peso —3 kilos en los primeros 12 días—, desarrolló hiperglucemia e incluso hígado graso. Lo que nos lleva a la cuestión de siempre: ¿podemos fiarnos de los envases de los productos que compramos?

"En general, las etiquetas cumplen con la legislación vigente sobre el etiquetado", explica Nevot. "Pero sí, la información que se da en ciertos etiquetados puede confundir al consumidor. Es importante leer y comprender el etiquetado de los productos que vayamos a consumir".

La nutricionista Ana Checa coincide en señalar que existe un problema de percepción. "Tradicionalmente, y aún hoy en día, se ha demonizado a la grasa como elemento 'malo' a evitar en nuestra dieta. Todos esos productos 0,0 suelen ofrecer bajos niveles de grasa y en el mejor de los casos 'sin azúcares añadidos'. Y ahí es donde radica el problema, ya que el hecho de que un producto no lleve azúcares añadidos no quiere decir que no contenga elevados niveles de azúcar".

Debemos de dejar de mirar tan mal al contenido graso de los alimentos, ya que existe gran variedad de productos grasos con múltiples beneficios para el organismo, como el aceite del oliva o el pescado azul, y sí que deberíamos de preocuparnos más por mirar las etiquetas de los alimentos en lo que a los hidratos de carbono se refiere

¿Menos rendimiento?

Que uno gana peso cuando se excede en su consumo de azúcar es de cajón. Más difíciles de encajar son las conclusiones de That Sugar Film que van más allá de lo estrictamente físico. Porque Gameau también achaca a su dieta efectos en sus capacidades cognitivas, su humor y su capacidad de concentración.

"Me sentía bien cuando tomaba mi dosis de alimento, pero después de 45 minutos me empezaba a sentir difuso y como falto de interés", explica el director. ¿Existe una base científica para esas afirmaciones?

Según un estudio realizado por la Universidad de California en Los Ángeles hace un par de años, el exceso de azúcar afecta a la comunicación entre las neuronas. De acuerdo al doctor Fernando Gómez-Pinilla, autor del estudio, esto puede minar nuestra capacidad para recordar instrucciones, procesar ideas y controlar nuestros estados de ánimo.

El lobby de la industria alimentaria ha conseguido que el azúcar sea la única sustancia que no ha de aparecer obligatoriamente en la lista de componentes de los alimentos en Estados Unidos, explica el neuroendocrinólogo Robert Lustig, director del Institute for Responsible Nutrition de San Francisco

No es casual que muchos autores afirmen que el azúcar es la "droga" del siglo XXI. Según un artículo publicado en la revista Nature en 2012, estaríamos ante una sustancia tóxica que debería regularse como el tabaco y el alcohol, aunque ese es un asunto que no se presta al consenso.

"Sí se ha detectado una respuesta hedonista en el consumo de alimentos dulces, pero los estudios concluyen que 'el azúcar y los dulces parecen no cumplir los criterios actuales para la dependencia de sustancias', tal y como se formula en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV)", explica Nevot.

Para Checa, esos mecanismos de adicción sí son evidentes, más allá de su catalogación DSM. "Al ingerir azúcares refinados y alimentos ricos en hidrato de carbono, el organismo sufre una hiperglucemia sanguínea. El cuerpo ve esta gran cantidad de azúcar como un elemento tóxico y responde mediante la activación en el páncreas de la segregación de la insulina, que permite reducir esos niveles de azúcar, llevándonos por lo tanto a una hipoglucemia, que se traducirá de inmediato en una sensación intensa de hambre y una apetencia de alimentos dulces. Así se inicia de nuevo un círculo vicioso en el que efectivamente la adicción es patente".

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales recoge que el azúcar y los dulces parecen no cumplir los criterios actuales para la dependencia de sustancias. Sin embargo, diferentes estudios han demostrado que el azúcar influye en el sistema de recompensa del cerebro, de una forma muy similar a como lo hacen las drogas

Desde algunos frentes se ha criticado That Sugar Filme por efectista, sesgado, manipulador y poco riguroso en lo científico, y no sin razón. No hay más que atender a las oscuras credenciales de algunos de los supuestos especialistas que pasean por la película. Pero sirve para recordarnos las claves de un problema que es más que real y que nos afecta a todos.

"Si observamos los valores de obesidad y de patología relacionada como la hipercolesterolemia, la hipertensión y los accidentes cardiovasculares, observamos que guardan una estrecha relación en el tiempo con el desarrollo de la industria relacionada con los azúcares", explica Checa.

Como dicen en el filme: " El azúcar no es el diablo, pero la vida es mucho mejor cuando te deshaces de ella".

Que un producto no lleve azúcares añadidos no quiere decir que no contenga elevados niveles de azúcar

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