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Robots, ondas y biosensores: el futuro de la música está en tu cuerpo

Music Hack Day: la fiesta de los 'makers' y sus locos cacharros

Desenfreno físico y excitación aural. Placer dionisíaco y pan de orden intelectual. Ritmos de hoy y tecnologías que miran al mañana.

Sónar es ya un gigante de dos cabezas bien diferenciadas. En paralelo a la vertiente más lúdica y hedonista del evento, el congreso sobre tecnología e ideas Sónar+D sigue creciendo en dimensión e importancia, postulándose como el mejor destino dentro del festival para los cerebros con ganas de dejarse sorprender.

Por eso, mientras tú te preparabas para perder líquidos bailando en el Village, otros preferían pasar el día sentados, rodeados de aparatos, programando nuevas reglas para sus locos cacharros.

Parafraseando al teórico Suhail Malik, podría decirse que Sónar representa 'el escape', la evasión, mientras que Sónar+D es 'la salida', el espacio dedicado a imaginar de forma creativa nuevos escenarios que puedan cambiar nuestra condición actual. "Queremos prestar la misma atención al proceso que al resultado", explica el comisario Jose Luis de Vicente. "Más que un escaparate, queremos ser una incubadora de tecnologías, lenguajes y comunidades".

Esa declaración de intenciones quedaba plasmada, mejor que en ningún otro sitio, en el área dedicada al Music Hack Day, el hackathon organizado por el Music Technology Group de la Universitat Pompeu Fabra en el marco de Sónar.

Nosotros mismos seremos el Internet de las cosas; nosotros mismos seremos la música del mañana

La dinámica del evento es simple: una serie de empresas abren sus tecnologías a cien hackers seleccionados mediante una convocatoria internacional. A partir de esas herramientas, tienen 24 horas para conceptualizar, crear y presentar algo —las restricciones no existen, los límites los pone la imaginación y la pericia técnica de los participantes— alrededor de la generación de tecnologías que aspiran a configurar el futuro de la creación, la interpretación, la distribución y el consumo musical.

La cosa este año iba de "wearables y performance musical". El centenar de hackers convocados se pasó dos días experimentando con sensores corporales, bandas medidoras de constantes vitales, tintas conductivas aplicadas sobre el cuerpo, cascos para capturar las ondas cerebrales...

"Nosotros mismos seremos el Internet de las cosas", decía el biohacker Tim Cannon hace unos meses a su paso por FiturTech. Paseándose entre las mesas del Music Hack Day, uno tenía una intuición similar: nosotros mismos seremos la música del mañana.

Hackers vs. Makers

"Siempre existe esa confusión, al menos en el mundo angloparlante. Cuando a veces llego a mi Airbnb y digo 'vengo al Music Hack Day', la gente a veces reacciona como, 'ok, puedes quedarte en mi casa, pero, por favor, no hackees mi ordenador'".

Robert Kaye, fundador de MusicBrainz y veterano participante de los Music Hack Day, caracteriza así la confusión que suele reinar en relación a términos como 'hacker' o 'hacking'. "En mi caso concreto, me gusta pensar en mí más como un 'maker", aclara Rob. "Me gusta crear cosas en sentido tridimensional. Hacker es una palabra terrible. A nivel político prefiero caminar la vía del DIY".

Rob Kaye, con pelo de colores, presentando su Wine Harpsichord en Music Hack Day

Los medios parecen empeñados en reflejar exclusivamente el reverso oscuro del asunto, ese que alude a colectivos sin cara atacando webs corporativas, rompiendo sistemas de seguridad o perpetrando fraudes millonarios. Pero el hacking es mucho más que eso. Es, como decía Steven Levy en Hackers: Heroes of the Computer Revolution, una forma de vida con una filosofía, una ética y un sueño que giran alrededor de principios como la colaboración, el libre acceso a la información, la optimización de recursos y el conocimiento abierto y descentralizado.

Cuando conectas la tecnología con un impacto social, las mujeres se interesan automáticamente

El hacker busca, mayormente, generar un impacto positivo en el mundo a través del uso creativo de la tecnología. Music Hack Day va exactamente de eso.

"La filosofía es colaboración abierta, herramientas libres, no queremos nada cerrado", nos explica Alba B. Rosado, coordinadora del evento en España. "Los derechos de todos los resultados pertenecen a los hackers, y luego, si hay alguna empresa interesada en seguir desarrollando las ideas, se pone en contacto con el autor y llegan o no a un acuerdo. Nosotros simplemente fomentamos el punto de encuentro".

La tecnología como reducto sexista

"Empecé a ir a hackdays y eventos de startups cuando llegué a Londres. Me resultó una experiencia muy interesante porque veía que era posible aprender cosas en 24 horas. Pero como mujer siempre éramos minoría. Cuando empecé, a lo mejor éramos tres mujeres entre cien personas".

El hacker busca generar un impacto positivo en el mundo a través del uso creativo de la tecnología

La española Sara Gonzalo, desarrolladora de software e ingeniera en innovación para BBC Music, alude a una realidad también visible en Music Hack Day: de los 100 participantes en el evento barcelonés, sólo 17 eran mujeres.

"Hemos estado hablando de eso, porque no nos parece suficiente", nos cuenta Alba. "El año que viene nos gustaría colaborar con iniciativas como las PyLadies y las Berlin Geekettes, proyectos que tienen el objetivo de acercar a las féminas al mundo tecnológico. Vamos a invertir esfuerzos de manera activa para intentar cambiar la situación en próximas ediciones".

Para Sara, el problema de la escasez de mujeres en el ámbito tecnológico tiene mucho que ver con los entornos. "Hay un esterotipo de persona que trabaja en estos entornos, que tenemos que ir eliminando. Yo trabajo en la BBC, dentro de un equipo de 40 personas, y soy la única mujer. Muchos de mis compañeros son adorables, pero hay otros con los que resulta difícil trabajar. Hay veces en las que yo misma me pregunto qué hago allí, siento como si no encajara en ese ambiente. Así que yo creo que lo primero que tenemos que cambiar es el entorno. Y creo que la única forma de cambiarlo es creando este tipo de eventos en los que hay creatividad".

                Alba B. Rosado durante la presentación de proyectos del Music Hack Day

"Creo que desde pequeñas somos educadas de manera que no nos parezca atractivo este ámbito", añade Alba. "Pero luego también hay un segundo aspecto: hay estudios que muestran que cuando conectas la tecnología con un impacto social, con el hecho de poder realizar un cambio contextual, automáticamente las mujeres se interesan".

El hacking como empoderamiento político

En un mundo cada vez más conectado, cada vez más dominado por las grandes corporaciones tecnológicas, ¿es el conocimiento tecnológico una condición necesaria para asegurar nuestra libertad individual?

"La tecnología es simplemente una herramienta", opina Sara. " Programar es lo mismo que escribir o que hablar. Por ahora, tenemos esa visión de la tecnología como algo distante, algo a lo que sólo una parte de la población tiene acceso. Yo creo que en el futuro todo el mundo va a saber programar. Unos serán mucho mejor que otros, y se dedicarán sólo a eso, igual que un escritor se dedica a escribir, pero todo el mundo sabrá programar. Todo el mundo va a ser capaz de crear las cosas que quiera en casa".

Por naturaleza, el mundo del hacking encierra un componente libertario

Para Alba, no se trata sólo de ser capaz de crear, sino de modificar lo existente, reutilizar lo que tenemos de maneras más óptimas.

"Hasta ahora, y desde la revolución industrial, ha sido un poco construir por construir. Estamos construyendo más cosas de las que podemos consumir desde un punto realista, y ahora, gracias a los makers y a la capacidad de reutilización de materiales que tenemos, ojalá lleguemos a la época de la destrucción: destruir cosas ya existentes para construir cosas nuevas con una utilidad determinada, y que las cosas puedan ser más particularizadas para nosotros".

Programar es lo mismo que escribir o que hablar

Aunque una encuesta rápida entre algunos de los participantes arroja respuestas de todo tipo —desde quienes se sienten únicamente atraídos por el aspecto técnico de los retos que se les plantean, a quienes prefieren verse como artistas, o quienes ni siquiera se han parado a pensar sobre las connotaciones políticas de lo que hacen—, el mundo del hacking encierra, por naturaleza, un componente libertario.   

"Gracias a actividades como las que desarrollamos, se está logrando un empoderamiento del usuario final, del ciudadano, y esto va a repercutir en muchas cosas", sostiene Alba. "Va a quitar control a las grandes corporaciones, e incluso se puede generar una actividad más local, más de intercambio, o de profesionalización en áreas más concretas. Y si se puede mantener este ambiente de colaboración, podremos hacer cosas sin tener que pasar por el peaje de las grandes empresas".

Al final del Music Hack Day se presentaron una treintena de proyectos de lo más dispares. Un clavecín mecánico controlado a través de Raspberry Pi, entornos audiovisuales generados por los movimientos de una tabla de skate, software orientado a reinventar la idea del álbum musical como un cuerpo sonoro mutante e infinito, robots que respondían a las constantes vitales de un humano, zapatos que disparaban samples... incluso hubo quien hackeó la pulsera Cashless del Sónar para convertirla en instrumento musical. La lista de los proyectos premiados la tienes aquí.

Los márgenes de Sónar también son excitantes. Aunque no se pueda bailar.

Gracias a actividades como las que desarrollamos, se logra un empoderamiento del usuario; quitamos control a las grandes corporaciones, generamos intercambios más locales

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