Reportajes

"En esta guerra se han parado ambulancias y ejecutado a todos sus heridos"

En mitad del conflicto de Siria ha nacido una guerra sucia y desigual en la que los hospitales se han convertido en el blanco de todas las fuerzas combatientes. Se calcula que más de 782 profesionales de la salud ya han sido asesinados en el país

El hombre herido tras caer una bomba cerca de supermercado en el barrio de Bustan Al Kasr, este de Alepo. Hospital este de Alepo Karam Almasri. MSF

En un sótano a las afueras del norte de Alepo, en el distrito de Azaz a 30 kilómetros de la ciudad cercada por el régimen sirio, se emplaza un hospital llamado Muhammad wasim maaz. Bajo su suelo, se montaron hace tres años dos salas de emergencias, quirófanos con siete camillas y consultas para atender a los enfermos. Dentro esperan niños muy delgados, mujeres con infecciones de piel, hombres con enfermedades crónicas. Mientras, se escuchan los impactos de las bombas.

Nadie en la guerra de Siria quiere permanecer demasiado tiempo en un hospital. Son un objetivo de ataques. Se buscan y se hacen volar con el escaso abastecimiento de medicinas, enfermos y con el propio personal sanitario dentro. Forman parte de la estrategia militar para cortar la asistencia a heridos y civiles. Se calcula que se han asesinado a 782 profesionales de la salud desde que comenzó un conflicto. Hace mucho que dejó de haber reglas.

A decenas de esos médicos y enfermeros los ha enterrado Yasser Darwish, un urólogo sirio de 38 años que no quiere abandonar su país, como cuenta por teléfono. Ahora trabaja en Azaz y, hasta que hace un año las tropas del Gobierno retomaron el control y tuvo que salir, se mantuvo en Alepo.

Lo hizo por deber. Por el horror. De la vida apaciguada de la preguerra pasó a ver chavales que no habían cumplido ni los quince. Llegaban –y llegan- sin un brazo, sin una pierna, sin las dos. Los barrios, las panaderías, las mezquitas y las escuelas se convierten indiscriminadamente en escombros. A los heridos se les arrastra hasta antiguos garajes, galerías o plantas subterráneas de centros comerciales donde actualmente se alojan precarios centros de salud. En el este de Alepo, al igual que muchas otras ciudades, no queda ningún hospital previo al conflicto en pie.

"Se vive como una pérdida de la inocencia", relata el doctor sirio a PlayGround. "Ves cosas inhumanas. Gente quemada, algunos sin rostro. De otros solo encuentras partes de sus cuerpos".

Nadie sabe quién los tiene que llorar

El peor ataque que Darwish recuerda pasó en noviembre de 2012. Dos misiles lanzados por la aviación gubernamental derrumbaron en el barrio de Shaar, entonces territorio rebelde, el hospital Dar al Shifa. Era el edificio principal donde se atendía a la población de la zona. A Darwish le habían llamado aquel día para que ayudara en otro centro situado apenas a cien metros de distancia. Bajo los montones de hormigón caídos murió la mitad de su equipo.

En el este de Alepo, ningún hospital de la preguerra resiste en pie. Los nuevos se crean con medios precarios en antiguos garajes, sótanos de galerías o centros comerciales

Un ataque en noviembre de 2016 dejó sin emergencias, UCI y quirófanos a 250.000 personas en el este de Alepo. MSF

A su mujer y a sus hijos los envío a Turquía. Se negó a que pudiesen engrosar las listas de muertos. Hay tantos, entre 320.000 y 450.000 en todo el país según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, que algunos cadáveres se abandonan sobre la tierra. Los cubren con un manta sin identificar quiénes son. Sin saber quién los tiene que llorar.

Los que sobreviven y no pueden o no quieren escapar del país, se han convertido en vagabundos porque el conflicto les ha arrebatado la posibilidad de vivir en sus casas. El problema es que entre esos centenares de miles de personas hay diabéticos, enfermos respiratorios, gente que necesita su tratamiento para el cáncer. Pequeños que empiezan a estar malnutridos o mujeres que dan a luz. A ellos y ellas también se les castiga impidiéndoles la ayuda.

Volaban hasta el marco de la puerta

"Venía un helicóptero volando bajo y lanzaba barriles de 200 kilos llenos de explosivos y metralla. Los tiraban a cien metros de distancia de nuestro hospital. Se te encogía el alma. Con ese impacto no es que se rompieran los cristales, es que volaban hasta los marcos de las puertas", denuncia Miriam Alía, de Médicos Sin Fronteras (MSF).

La organización había habilitado un pequeño hospital en Ciudad Industrial de Alepo, a 15 minutos del centro de la ciudad. Era 2013 y en esa zona se había formando un campamento de 40.000 personas. A los pocos meses de instalar el centro que ofrecía servicios de pediatría y asistencia a enfermedades crónicas, empezó la lluvia de bombas. Los bombardeos sirven para aterrorizar a la población y forzar que mueva a otro lugar antes de iniciar una estrategia por tierra. Dañar a los hospitales, es una manera de lograr lo mismo.

"La gente venía pero se iba súper rápido. Éramos los únicos que teníamos un programa de insulina en kilómetros. Desmantelamos en diciembre de ese mismo año. El día que decidimos cerrar cayó un barril a 80 metros", dice Alía.

Cerca de la frontera con Turquía alojan un centro de salud que está protegido como un búnker. Pero la enfermera Alía dice que las mujeres embarazadas paren y a las cuatro horas agarran al niño y se marchan. A las que les practican cesárea, que tendrían que reposar durante tres días, no aguatan allí ni 24 horas. El área reservada a las hospitalizaciones para que los pacientes se recuperen suele ser pequeña, de no más de diez camas. Si tienen opción, todos se largan, exhaustos y en agonía, por miedo a que caigan bombas.

Lanzaban las bombas a cien metros del hospital. Con este impacto no es que se rompieran los cristales, es que volaban los marcos de las puertas

Hopital en el norte de Siria. Un hombre recibe asistencia después de la explosión de una mina. MSF

Todos matan

En Bosnia esto no ocurría. Ni siquiera en Irak. Había lo que Manuela Cabero, anestesista de la Cruz Roja que estuvo en ambos conflictos, describe más como humillaciones. Recuerda que en los check points, los grupos armados les paraban las ambulancias, les hacían bajar a los pacientes, esperar horas y luego darles paso. Trabas. Aunque también existían los ataques directos a personal sanitario o heridos, jamás fueron la cruel arma de guerra en la que se han convertido en Siria.

A Bashar al Assad se le acusa sobre todo de estar detrás de la destrucción de hospitales debido a que dispone de una potente aviación aérea. "Pero no hay ningún grupo armado involucrado en esta guerra que no haya hecho de la atención médica su objetivo", manifiesta Miriam Alías, de MSF. "Parar ambulancias y ejecutar a los heridos que se transportaban lo han hecho grupos rebeldes".

Un informe de la Comisión de Investigación Internacional Independiente sobre la Situación en la República Árabe Siria, presentado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, recogió una letanía de abusos y violaciones de ambas partes.

Saqueos a centros de salud, amenazas a los médicos, secuestros. A cinco cooperantes de MSF los raptó un grupo rebelde durante varios meses en 2014. La oenegé ya no envía a trabajadores internacionales al país. El sirio Yasser Darwish vivió su propio calvario cuando el régimen les arrestó a él y a otros 15 compañeros en 2011, al inicio de las protestas pacíficas. Con palos de bambú y descargas eléctricas le interrogaron durante seis meses para saber si estaba cuidando de los rebeldes.

"Fueron los peores de vida. Muchos perdieron su mente, sus pies, manos o su vida allí, y por desgracia fui testigo de numerosos crímenes", nos dice.

Hospital en el este de Alepo tras un ataque aéreo en noviembre de 2016. Era el principal para realizar cirugías

Al sentirse en peligro, 15.000 médicos sirios han huido del país. La mitad antes de que empezara la guerra, según recoge el informe de The Lancet. Con el puñado de doctores que les queda, el país intenta sobrevivir.

"Jamás en una guerra se han incumplido tanto los Convenios de Ginebra, esas líneas rojas que los países acordaron no traspasar en los conflictos", expresa Miriam Alías, de MSF. "Lo peor es crea tendencia y propias naciones que forman el Consejo de Seguridad están implicadas en casos de bombardeos a hospitales".

Estados Unidos bombardeó un hospital de Médicos Sin Fronteras en Afganistán en 2015. Durante treinta minutos. Murieron 22 personas pero no se ha realizado ninguna investigación.

"No se ha condenado a ningún país o grupo armado y estas violaciones del derecho internacional están prohibidas. La impunidad debería terminar y que fueran a un tribunal", expresa Cabero, de Cruz Roja.

Bajo la tierra de Azaz, Yasser Darwish se acuesta en el hospital en el que vive. En pocas horas se levantará y seguirá cosiendo, intubando, amputando. Diciéndole a la gente que ya no quedan medicamentos que alivien su cáncer. "No creo que haya una solución que esté cerca", dice. "Es como si el mundo nos hubiera abandonado".

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