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¿Deberíamos llevar mascarilla por la polución?

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Queríamos respuestas y las hemos encontrado

Alba Muñoz

14 Abril 2015 06:00

La mascarilla es cosa de los ciudadanos de Oriente, de un paisaje apocalíptico. Hasta hace poco veíamos este tipo de protección facial como algo lejano y distópico, algo propio de Darth Vader.

Sin embargo, cada vez hay más gente llevándolas en nuestras ciudades: están apareciendo diseños fashion y nuevas marcas. Ante este nuevo escenario surge la pregunta: ¿están exagerando o son los más precavidos?

El pasado 9 de enero el Gobierno catalán decretó la alerta en Barcelona y en los 40 municipios que la rodean. La contaminación del aire rozó un umbral prohibido: 200 microgramos/m3 de óxido de nitrógeno.

El protocolo que se puso en marcha fue parecido al que aplican las capitales europeas, pero menos estricto: se limitó a reducir la velocidad de circulación a 90 km/h y a hacer recomendaciones a los ciudadanos y a las industrias.

Ahora que todo ha vuelto a la normalidad, queremos saber si deberíamos estar preocupados. Para ello hemos hablado con tres expertos en la materia: Jordi Sunyer, investigador y vicedirector de CREAL, Barend L van Drooge, ambientólogo e investigador en IDAEA y Maria García, miembro de Ecologistas en Acción.

Por supuesto, les hemos preguntado si deberíamos ponernos mascarilla para salir a la calle.

1. Las claves. Para valorar la calidad del aire de una ciudad, hay que conocer los niveles de óxido de nitrógeno (NOx) y de partículas en suspensión (PM). De estas últimas hay dos tipos: las que tienen una masa inferior a 10 micras (PM10) y las más finas (PM2,5).

2. El tamaño importa. Las partículas finas son las más peligrosas, ya que son las que viajan más allá de nuestros pulmones: llegan a las sangre y a los órganos internos. De todos modos, lo más determinante para nuestra salud no es su tamaño, sino su toxicidad o contenido químico.

3. El origen. El tráfico urbano es el principal causante de contaminación. En Barcelona, por ejemplo, genera el 61% de partículas en suspensión. El puerto es el segundo mayor contribuyente y la industria es el tercero. Según Ecologistas en Acción, un crucero estacionado consume un combustible equivalente a 12.000 vehículos o una central eléctrica mediana. 

4. El estado actual: Algunos gobiernos occidentales presumen de que el nivel de partículas en suspensión se ha reducido en los últimos años. Por ejemplo, en Barcelona ha disminuido debido a la crisis económica y a la ventilación natural, y se sitúa por debajo de los criterios de calidad marcados por la UE. Sin embargo estos datos suelen tener en cuenta solamente las partículas PM10, las menos dañinas: "Hace pocos años que estudiamos las partículas finas, las más peligrosas. Y parece que el nivel se mantiene", dice Barend L van Drooge.

5. Los rankings. Aunque cada cierto tiempo se publican rankings sobre los lugares con peor calidad del aire, compararlos tiene poco sentido, ya que un territorio no puede cambiar su clima ni su orografía. En el norte llueve más y hace más viento, eso limpia el cielo. En el caso de Barcelona, vivimos muchos días con anticiclón, aires estancos y mucha luz solar, eso ayuda a formar nuevas partículas a partir de reacciones foto-químicas. El último ranking de la Oficina Europea de Medio Ambiente deja a Madrid y Barcelona a la cola de las ciudades europeas en cuanto a la lucha contra la contaminación del aire.


La contaminación del aire reduce 6 meses la vida de los europeos, y causa 3.500 muertes prematuras en el área metropolitana de Barcelona



6. Mapa de humos. En general, los habitantes de zonas industriales y urbanas de América Central y del Sur, o las de Asia, respiran peor que en la mayor parte de capitales europeas. Según la OMS, la mitad de las ciudades más contaminadas del mundo están en la India, y encabezan la lista Nueva Delhi y Patna. Le siguen ciudades de Pakistán y Bangladesh. Ninguna ciudad china está en este top 20 de la polución.

7. Los efectos en la salud. La contaminación del aire es uno de los principales factores cancerígenos. CREAL relaciona la polución con la reducción del peso de los recién nacidos y asegura que perjudica el desarrollo mental de los niños. El aumento de partículas en suspensión también provoca muertes prematuras: en el área metropolitana de Barcelona, cada año mueren 3.500 personas antes de tiempo. Otros estudios cifran la mortalidad en Europa en alrededor de 6.000 por año, y conlleva una reducción de 6 meses de vida.


8. Lo "aceptable". "Es importante recordar que el nivel de contaminación aceptable es una decisión política, de la sociedad. Siempre será un conflicto entre la salud y los benéficos económicos", explica Barend L van Drooge. Según The Lancet, la polución mata incluso por debajo de los límites de calidad del aire marcados por la Unión Europea.


Ninguna ciudad china está en este top 20 de la polución



9. No huyas, es crónico. La polución no es un problema que se solucione con las condiciones meteorológicas: no hay que esperar a la lluvia como hacían los pueblos antaño. Y cuando alcanza niveles peligrosos, reducir la velocidad máxima y recomendar el uso del transporte público sirve de poco. "El problema es crónico y las medidas deben ser a largo plazo para prevenir estos episodios", explica Jordi Sunyer.

10. También es político. Para María García, de Ecologistas en Acción, el problema es político: "El protocolo que impulsó el gobierno catalán fue puntual y de carácter voluntario, ni siquiera redujo el tráfico en las zonas mas críticas ni limitó la actividad industrial. Se siguen retrasando medidas como el abaratamiento del transporte público mientras Cataluña, y también Madrid, se enfrenta multas millonarias de la Comisión Europea. Esto, claro, también lo pagaremos los ciudadanos".


Las mascarillas más útiles son las de filtro de carbono, pero no tiene sentido llevarlas siempre



11. Mascarilla, ¿sí o no? Para Jordi Sunyer su uso diario es poco razonable: "Solo sirven modelos especiales y su colocación fácilmente se torna ineficiente. Su uso solo sería razonable en ocupaciones expuestas y tras una formación". Según María García, las mascarillas útiles son las de filtro de carbono: "Pueden proteger en determinados episodios a la población más vulnerable, pero el problema es la contaminación de base que respiramos cada día".

12. La solución. Barend L van Drooge opina que las mascarillas engañan: "Es verdad que las partículas grandes quedan atrapadas en el filtro, pero no lo hacen las partículas más finas, que son las más abundantes y perjudiciales. Para absorberlas se necesitaría una máscara con la que sería difícil respirar". Para este científico, la solución es detectar los compuestos químicos dañinos eliminarlos: "Podríamos haber creado una mascarilla para no respirar el plomo que antes había en el aire de las grandes ciudades. En vez de eso, eliminamos este gran neurotóxico de la gasolina. Taparse la nariz o las prohibiciones sirven de poco".

Contra la contaminación del aire no te tapes la nariz, abre la boca y grita



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