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“El objetivo de la medicina llega a ser el de curar a la mujer de ser mujer”

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Los doctores Juan Gervás y Mercedes Pérez-Fernández denuncian la tiranía de la medicina patriarcal en contra de la mujer

Margaryta Yakovenko

25 Julio 2016 06:00

Mariola está de campamento con los de su clase cuando deciden llevarla a urgencias. Tiene 10 años y desde hace días se queja de que le duele a horrores la barriga. En el hospital la examina un médico que la manda directamente al quirófano.

En unas horas la operan mientras sus padres esperan afuera angustiados. Después de anestesiarla y operarla, el médico sale de la sala de operaciones e informa a los padres que el apéndice de su hija era normal y que la operación ha sido inútil.

Ese mismo día, a Mariola le baja su primera regla.

El caso de Mariola no es aislado. A pesar de que el riesgo de tener apendicitis es mayor en los hombres (9%) que en las mujeres (7%), las apendicectomías se producen dos veces más en las mujeres (24%) que en los hombres (12%).

¿A qué se debe esto? Los médicos Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández lo tienen claro: lo que le ha pasado a Mariola es un caso más de encarnizamiento médico con las mujeres.

En su libro El encarnizamiento médico con las mujeres. 50 intervenciones sanitarias excesivas y cómo evitarlas, al caso de Maroila le sigue el de Pilar, al que su médico no le escucha, el de Farieha, que no puede elegir que la atienda una ginecóloga en vez de un hombre, o el de Lara, a la que su médico obliga a tomar un suplemento de yodo durante el embarazo sin que lo necesite.

El ensañamiento tiene como objetivo a las ancianas, discapacitadas, lesbianas, adolescentes, embarazadas, menopáusicas, obesas, lactantes. A todas, sin falta, simplemente por el hecho de ser lo que somos: mujeres.


El ensañamiento tiene como objetivo a las ancianas, discapacitadas, lesbianas, adolescentes, embarazadas, menopáusicas, obesas, lactantes. A todas, sin falta, simplemente por el hecho de ser lo que somos: mujeres.


Según los autores, durante años hemos sido víctimas no solo de la mala praxis médica sino de algo más global: un sistema sanitario que no está construido para nosotras. Hemos sentido en nuestra piel el maltrato médico cada vez que acudíamos a consulta, desde que nos recetan parches hormonales para controlar los altibajos emocionales propios de la menopausia y el climaterio, hasta que nos operan de apendicitis cuando lo que nos duelen son lo ovarios.

Gervás y Pérez-Fernández, que decidieron escribir el libro después de contemplar durante años el daño que a menudo ocasionaba la atención médica en las mujeres, revelan durante nuestra conversación por qué la medicina ha encontrado en nosotras el objetivo a ser martirizadas.

Sus respuestas son en muchos casos polémicas, alejadas de lo establecido en las esferas médicas, pero dan un nuevo enfoque a lo que asumimos como verdad absoluta y no es más que una mezcla extraña entre ciencia y tradición.


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¿Por qué trata la medicina peor a la mujer que al hombre?

Mercedes Pérez-Fernández: La medicina se encarniza especialmente con la mujer a la que considera una especie de "varón enfermo". El problema de fondo es que la medicina se construye sobre la imagen de un varón joven, heterosexual y de clase media de forma que todo lo demás es una "desviación del diseño", sea niño, anciano o mujer.

"El problema de fondo es que la medicina se construye sobre la imagen de un varón joven , heterosexual y de clase media de forma que todo lo demás es una "desviación del diseño", sea niño, anciano o mujer".

No hay mejor ejemplo que la salud mental, pues la medicina siempre ha considerado a la mujer como débil y alterada, una "histérica" o "lunática" sin más, en lugar de admitir sus peculiaridades y singularidades.

En cierta forma, el objetivo de la medicina llega a ser el de curar a la mujer de ser mujer, el lograr acercarla a esa imagen de varón joven, heterosexual y de clase media.

¿Recordáis algún caso de encarnizamiento que os haya marcado?

Juan Gervás: En mi práctica clínica nada como la solicitud de aborto voluntario de una mujer, que había conseguido un embarazo muy deseado, asustada por la pandemia de la gripe A en 2009. Se extendió una alarma injustificada, en contra de las mujeres embarazadas.

Destacáis en el libro que los procesos más medicados son los tratamientos hormonales durante la menstruación y la menopausia y el constante hostigamiento durante el embarazo, ¿a qué se debe?

"En cierta forma el objetivo de la medicina llega a ser el de curar a la mujer de ser mujer, el lograr acercarla a esa imagen de varón joven, heterosexual y de clase media".

JG: La condición femenina es incómoda. En el embarazo, el hostigamiento es brutal, pues convierte el hecho en una enfermedad al provocar en la embarazada la conducta de enferma con esas pruebas constantes, las citas y re-citas con profesionales sanitarios y la toma de medicamentos y complementos innecesarios que provocan más daños que beneficios.

MPF: El aspecto del negocio es clave. Hay una industria alrededor de la mujer y su fisiología que va mucho más allá de la medicina. La mujer es carne de cañón y víctima del sistema sanitario.


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Aquí es donde empieza todo

Los autores han expresado varias veces que ese hostigamiento contra la mujer comienza desde la primera vez que pisamos la consulta del ginecólogo. La creencia popular de la necesidad de ir al ginecólogo en cuanto tenemos nuestras primeras relaciones sexuales o nos baja la regla convierte nuestra vida en una constante espiral de pruebas, análisis, mediciones y recomendaciones de una persona ajena a nuestra vida a la que acabamos llamando "mi ginecólogo".


"El aspecto del negocio es clave. Hay una industria alrededor de la mujer y su fisiología que va mucho más allá de la medicina. La mujer es carne de cañón y víctima del sistema sanitario".


En el libro explicáis que las visitas frecuentes al ginecólogo y las continuas citologías a las que nos sometemos no tienen ninguna eficacia, entonces ¿por qué se hacen tantas?

JG: En España no ha habido nunca ninguna duda acerca de la falta de utilidad de las citologías. Los estudios clásicos que lo demostraban, de Andreu Segura, se publicaron en 1984, y en ello coincidieron después los datos de Gonzalo López Abente. De hecho, las citologías en España no se justifican dada la baja frecuencia del cáncer de cuello de útero. Este es un caso clásico en que la actividad es un puro negocio.

Intervenciones innecesaria y peligrosas

A pesar de que los estudios demuestran que las citologías no tienen ningún sentido, los autores advierten de que un exceso de citologías puede ser incluso perjudicial. Después de tres citologías normales seguidas, lo que se producen son casi en exclusiva falsos positivos. 

Sin embargo, ahí queda la sensación de seguridad que nos da visitar una vez cada dos años al ginecólogo. El hecho de que alguien experto en el tema te analice y te haga las pruebas protocolarias hace que sientas que está todo bajo control, que es imposible que te pase nada.

Compartir con el ginecólogo dudas sexuales personales ayuda a que al final tengas una relación de confianza que no llegas adquirir con ningún otro médico. Pero para los autores, esa confianza es falsa y no solo ocurre cuando nos hacemos citologías, sino también cuando parimos un bebé o cuando decidimos abortar.

Estáis a favor del parto en casa. Con los avances que tenemos, ¿no es mejor acudir a un hospital?

MPF: El hospital es un concentrado de tecnología y si se usa apropiadamente es un recurso imprescindible. Pero tal concentrado tecnológico es peligroso si se utiliza innecesariamente. Es como utilizar cañones para matar moscas. Los estudios demuestran reiteradamente que el parto en casa es más seguro que en el hospital, pues en el hospital el exceso de intervenciones conlleva daños sin beneficios, lo que llamamos violencia obstétrica.

"Los estudios demuestran reiteradamente que el parto en casa es más seguro que en el hospital, pues en el hospital el exceso de intervenciones conlleva daños sin beneficios, lo que llamamos violencia obstétrica"

¿En casa y con doulas? ¿Consideráis oportuno dejar el parto en manos de personal no especializado?

JG: En el parto normal de un embarazo sano la verdad es que sobramos todos los profesionales y basta con la ayuda de alguien que tenga práctica y serenidad. El papel de la doula es importante en una sociedad cada vez menos "familiar" y colectiva, en que la mujer vive su embarazo en una soledad terrible, sin casi posibilidades de comentar cosas tan triviales como el mantenimiento de la actividad sexual, por ejemplo.

¿Y qué hay del aborto en casa como proponéis en el libro?

MPF: El aborto voluntario, en las primeras doce semanas debería ser un asunto privado, en el domicilio, de la mano de la propia mujer y del médico de cabecera, como se hace en Portugal, una regulación de la regla con medicamentos que no exige clínicas ni ginecólogos.

En el libro también tocáis el tema de la congelación de óvulos. Sobre todo en los casos financiados por empresas, ¿no es una evidencia más de la esclavitud empresarial capitalista?

MPF: Es una cuestión que consideramos relevante pues es un avance científico que ayuda en casos específicos como en la mujer a la que hay que extirpar los ovarios por cáncer. El problema es cuando se vende, en el sentido literal de negocio, como una solución fácil al problema de la maternidad "castigada", o imposible a determinadas edades por su repercusión en la vida de estudiante, laboral, científica, personal o profesional.

En el libro decís que es una forma de "comprar tiempo"...

MPF: Detiene el reloj de la regresión ya que los óvulos congelados permanecen tal cual fueron extraídos por muchos años. Lamentablemente, solo permanecen igual los óvulos pues el tiempo pasa para la propia mujer, de forma que si se embaraza son esperables más complicaciones.

¿No es el "reloj biológico" una idea en sí misma machista?

JG: El "reloj biológico" afecta a mujeres y a varones. En el hombre los espermatozoides se producen de continuo en los testículos, eso sí, disminuye su vitalidad y potencia y también aumentan los defectos genéticos.

Entonces, ¿por qué nuestras diferencias biológicas con el hombre hacen que seamos discriminadas en vez de recibir un trato especial y personalizado?

MPF: Las mujeres aprendemos a ser mujeres dentro de estructuras sociales dirigidas hacia el control y sometimiento de nuestros cuerpos, lo que se llama biopolítica, y el sistema sanitario es parte de esa "policía social" que ejerce el poder sobre nosotras.

"Las mujeres aprendemos a ser mujeres dentro de estructuras sociales dirigidas hacia el control y sometimiento de nuestros cuerpos, lo que se llama biopolítica, y el sistema sanitario es parte de esa "policía social" que ejerce el poder sobre nosotras".

En una sociedad patriarcal la estructura social ejerce dicho poder de manera directa y brutal (la violencia obstétrica, por ejemplo) pero también de forma sutil, con miradas reprobatorias, censura de temas y cuestiones, maneras aceptables de comportamiento, etc, como bien expresa lo que he comentado de "asunción de heterosexualidad", ese dar por supuesto la heterosexualidad en todas las mujeres en la práctica clínica.

Además, se suma la ignorancia científica sobre las peculiaridades biológicas femeninas, que se refieren a sus órganos y hormonas sexuales pero también a, por ejemplo, el procesamiento bioquímico de medicamentos y drogas

El colmo es el caso de la flibanserina, la erróneamente llamada "viagra femenina", cuya interacción con el alcohol se estudió antes de la comercialización sólo en 23 varones y 2 mujeres, a pesar de esperar su uso por millones de mujeres.

¿Hay alguna esperanza para combatir esto?

MPF: El movimiento feminista es múltiple, y junto a quienes reclaman "más y más (mamografías, revisiones ginecológicas, atención en la menopausia, etc)", como si más fuera mejor, hay un sector que reclama "menos, y más apropiado".

A Less is More se le suma otra iniciativa llamada Choosing Wisely (elija cuidadosamente). Nuestro libro es, en cierta forma, un homenaje a las feministas que se han interesado positivamente por la salud.

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