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La corrección política cambia de color: bienvenidos a la Nueva Derecha Cool

Justin Trudeau, Emmanuel Macron o Albert Rivera: la misma persona con distinto pasaporte.

Acaban de cumplirse los primeros 6 meses del mandato de Justin Trudeau en Canadá. En este tiempo, el primer ministro ha ocupado los titulares con posturas a favor del feminismo o a la acogida a los refugiados, ha nombrado a un sikh como ministro de Defensa y ha hablado del reconocimiento de los derechos históricos de los pueblos indígenas.

The Guardian preguntó a algunos canadienses cómo valoraban estos primeros meses. La mayoría de testimonios alababan aquellos gestos, o la atención internacional que Trudeau había ganado para el país. La mayoría también coincidía en el “buen rollo” político que se percibía en Canadá.

Algunos, sin embargo, tenían “peros”.

Un ciudadano anónimo de 46 años se quejaba de que Trudeau no había mostrado interés en cambiar la ley C-51 contra el terrorismo. Esta ley la aprobó el Gobierno conservador anterior en la primavera pasada. ¿Problema? La ley dejaba una puerta abierta a que la protesta ciudadana pudiera ser clasificada como terrorismo.

Guillaume Gervais, de 32 años, tampoco aprobaba que Trudeau hubiese mantenido los tratos comerciales con Arabia Saudí para la venta de armamento, aceptando 15.000 millones de dólares.

Cuando ganó las elecciones, sus críticos por la izquierda también le afearon sus declaraciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero: "Lo que necesitamos políticamente no son cifras ambiciosas", dijo Trudeau.

A Justin Trudeau se le ha señalado como un nuevo icono de la política moderna y su perfil es compartido por otros líderes contemporáneos que rondan los 40 años, transmiten buenas vibraciones, pertenecen a la clase privilegiada, tienen dinero y carreras exitosas y manejan un imaginario asociado a la izquierda como el multiculturalismo, la igualdad de género y LGTB o el animalismo. Al mismo tiempo, defienden la libertad de mercado y el statu quo económico dictado por el neoliberalismo.

Bienvenidos a la derecha políticamente correcta.

¿Quién es esa derecha cool?

Con diferente pasaporte, otros personajes de la política internacional están replicando de forma parecida la fórmula del éxito de Trudeau.

1. En Francia, Emmanuel Macron. El ministro del gobierno de François Hollande fundó recientemente el movimiento En Marche! Con origen en el Partido Socialista francés, Macron se perfila como el líder político del centro. Reivindica, al igual que Trudeau, el consenso de las grandes mayorías y superar las diferencias de izquierda y derecha para construir un proyecto que interese a los franceses.

Macron ha ocupado titulares por oponerse a la ley que pretendía despojar de pasaporte francés a los condenados por terrorismo. En oposición al primer ministro Manuel Valls, reconocía que el Estado francés tenía una parte de culpa en el problema yihadista por abandonar a una parte de la sociedad francesa.

Al mismo tiempo, su movimiento fue bendecido por la patronal francesa. Pierre Gattaz, su presidente, hablaba de En Marche! como “una idea refrescante”.

Cuando Hollande planteó el impuesto del 75% a los super-ricos frances, Macron dijo que aquello era "como Cuba pero sin el sol". Rémi Lefebvre afirmó de él lo siguiente: "Macron tiene una ventaja. Viene de la izquierda y le gusta a la derecha".

2. Aunque no lidera ninguna fuerza política, en Dinamaca la derecha cool ha aparecido a través de la representante de las juventudes de Alianza Liberal, Nikita Klaestrup. La política fue criticada por una cuenta de Instagram en la que mostraba también su día a día como modelo de ropa interior. En ese momento se erigió feminista:

“Siempre se ha visto al movimiento feminista como que ha defendido que la belleza convierte a la mujer en un objeto. Ahora que las mujeres tenemos más libertades, si decimos que queremos ser modelos u operarnos los pechos, hay mucha gente que nos insulta y nos llama putas”.

Analistas daneses como Kresten Schultz-Jørgensen señalaron que su actitud la potenciaba como un referente fresco de la derecha europea.

3. La derecha políticamente correcta también está presente en España: el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se ha declarado representante del centro político, ha apelado a la superación de las ideologías y se ha definido de centroderecha o de centroizquierda en diferentes momentos.

Rivera ha hablado a favor del aborto, del reconocimiento de los derechos de los homosexuales e incluso de los refugiados. Recientemente, el líder de Ciudadanos criticaba el acuerdo de la UE para deportar a los refugiados a Turquía. “No respeta los convenios internacionales ni garantiza la protección de derechos humanos”, dijo.

Con todo, Rivera es igualmente conocido por contar con el favor de los grandes empresarios del IBEX 35. Uno de sus mayores representantes, Josep Oliu, habló en su día de la necesidad de crear “una especie de Podemos de derechas”. Los analistas políticos no tardaron en vincular esta propuesta con la subida de Albert Rivera.

Extrema derecha y derecha cool

Frente a las posturas anti-inmigración sin ambages de personajes o partidos como Donald Trump, el Frente Nacional o Amanecer Dorado, nombres como Trudeau, Macron o Rivera se han manifestado a favor de los refugiados o migrantes, exhibiendo unas opiniones que tradicionalmente han sido más familiares para la izquierda.

Y, mientras la extrema derecha apenas suele contar con gran representación parlamentaria, la derecha políticamente correcta está siendo la gran beneficiada en los últimos tiempos. 

Que la extrema derecha haya crecido en Francia o en Alemania no significa que vaya a gobernar. En ningún país de la UE, salvo excepciones de miembros recién incorporados como Hungría o Polonia, ha gobernado un partido de extrema derecha desde el final de las dictaduras fascistas del siglo

La derecha que va al choque con una ideología que no deja espacios para la duda parece condenada al ostracismo. La derechacool, sin embargo, tiene la enorme capacidad de gobernar y de atraer a un gran número de votantes, como han demostrado sus líderes políticos.

El origen de los nuevos derechistas

Año 1983. Charles Peter publicaba un texto titulado Manifiesto de un neoliberalcuyo comienzo dice así:  

"Seguimos creyendo en la libertad y en la justicia y en las justas oportunidades para todos […] Pero ya no apoyamos de forma automática a los sindicatos y al gran estado ni nos oponemos al ejército y a las grandes empresas. Además, en nuestra búsqueda de soluciones que funcionen, desconfiamos de todo tipo de respuestas automáticas, así sean liberales o conservadoras".

Aquella era la filosofía que seguirían Tony Blair o Bill Clinton, primeros líderes de la derecha políticamente correcta y continuadores de las políticas económicas iniciadas por Reagan y Thatcher. Su receta era simple: promover las libertades individuales y no meterse en la moral de la gente. A cambio, la economía se quedaba como estaba.

La derecha políticamente correcta integra la lucha feminista o la acogida de los refugiados para servir a sus propios intereses económicos, sin molestar con declaraciones innecesarias a la manera de la extrema derecha

Algunos ejemplos recientes de esa receta se han visto en Silicon Valley o incluso en la crisis de los refugiados.

El feminismo de Silicon Valley defiende la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo con las mismas oportunidades que los hombres. En esta línea, para no negar su derecho a la maternidad, Apple y Facebook propusieron pagar a sus empleadas la congelación de óvulos para que tuvieran hijos una vez hubiesen desarrollado sus carreras profesionales. Por supuesto, se trata de una medida al alcance de una élite privilegiada.

Luego está el tema de los refugiados. Uno de los grandes argumentos para acoger a los refugiados que dio la prensa alemana al inicio de su llegada al país, y que dio la propia Angela Merkel, es que serían un impulso para la economía. Der Spiegel titulaba: "Los refugiados son una oportunidad para la economía alemana”. La derecha cool había cambiado la razón real —puramente humanitaria— por la cual había que acoger a los refugiados por una productiva y adaptada al statu quo.

En ambos casos, la derecha políticamente correcta integra la lucha feminista o la acogida de los refugiados para servir a sus propios intereses económicos, sin molestar con declaraciones innecesarias a la manera de la extrema derecha.

Así se reinventa la derecha después de la crisis

Decía hace pocos días George Monbiot que “el neoliberalismo es tan ubicuo que ni siquiera lo reconocemos como ideología. Aparentemente, hemos asumido el ideal de su fe milenaria como si fuera una fuerza natural; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero nació con la intención deliberada de remodelar la vida humana y cambiar el centro del poder”.

La derecha políticamente correcta ha conseguido que el eje derecha-izquierda en el diagrama de Nolan se diluyan. Sus nuevos líderes oscilan entre la derecha y la izquierda clásicas, para terminar definiéndose de centro. Es la desaparición de las ideologías, pero como dice Monbiot, eso es falso: solo se ha impuesto la ideología única, la neoliberal.

Sus nuevos líderes oscilan entre la derecha y la izquierda clásicas, para terminar definiéndose de centro. Es la desaparición de las ideologías, eso es falso: solo se ha impuesto la ideología única, la neoliberal.

Así, aunque el neoliberalismo fuera el causante de la crisis económica de 2007, en menos de 10 años, ha vuelto a ser la moda política.

* * *

Al final de la película Tiempo de matar, basada en la primera novela de John Grisham, un joven abogado activista progresista (Matthew McCounaughey) tiene una conversación con su defendido (Samuel L Jackson) en la celda: un negro acusado de asesinar a los violadores de su hija pequeña.

La conversación es más o menos así:

—Tú eres blanco y yo soy negro. ¿Lo ves Jack? Tú solo piensas como ellos, eres como ellos.

—No, yo soy tu amigo.

—No, tú no eres mi amigo. Estamos en los lados opuestos de la línea. Nunca te he visto en mi casa con tu hija para que juegue con la mía (…) América es una guerra y tú estás en el bando de los blancos. Mi vida está en manos de un jurado de blancos. Da igual como me veas, negro, afroamericano, etc... Da igual. Solo me ves diferente. Tú me ves negro, ese jurado me ve negro. Tú eres ellos.

Lo que el preso negro trataba de decirle al entusiasta abogado blanco autodefinido progresista es que sus valores antirracistas eran solo de postín. Porque realmente él seguía perteneciendo al grupo privilegiado que no iba a renunciar al statu quo racial de la sociedad estadounidense, en lo que a él le afectara.

Con la derecha políticamente correcta pasa algo parecido: defiende valores progresistas solo cuando están adaptados a sus fines, en este caso, el neoliberalismo económico. Y por esto, aunque no va de frente como la derecha de Trump y por ello cae mejor, sea posiblemente una opción política mucho más temible.

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