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La nostalgia es peligrosa: crónica del concierto de reunión de Blur en Margate

Antes de clausurar los Juegos Olímpicos de Londres el 12 de agosto, la banda ha iniciado una mini-gira de calentamiento. Estuvimos en el primer concierto y están en forma

Blur ha vuelto a tocar juntos y han iniciado una mini-gira que culminará el 12 de agosto en la clausura de los Juegos Olímpicos de Londres. El primer concierto de calentamiento fue en Margate, en una localidad rural, y estuvimos ahí para comprobar si los héroes del brit-pop siguen en forma o no.

Para ser claros ya desde el principio: Blur ocupan un lugar muy especial en mi corazón. Cuando tenía 13 años destrocé una cinta mía de “The Great Escape” después de escucharla infinitas veces en un viaje escolar a Gales. El primer bolo al que fui, con 14, fue Blur con los Super Furrys como teloneros, y con 15 aprendí a tocar el bajo a través de concienzudas recreaciones de “Parklife”. Estos chicos-convertidos-en-hombres tenían que estar a la altura de las expectativas. “Este es nuestro primer bolo en tres años…”, Damon profirió en varias canciones, “… y obviamente estamos un poco asustados”, antes de lanzarse en su estridente interpretación de “Country House”, llena de furiosos saltos que disiparon todos los temores en ambos lados de la barrera. La nostalgia es algo peligroso; pero por Dios, vaya si consiguieron sortear este desafío.

La actuación de Blur en Margate, en el primero de sus conciertos de calentamiento antes del que darán como cierre de los Juegos Olímpicos de Londres, se centró en la relación entre Damon Albarn y Graham Coxon. El setlist esquivó “Leisure” –que ya se sabe que a Coxon no le gusta (con “Sing” como su único corte representativo)– y evitó la mayoría del material post-Graham. Por el contrario, se favoreció una serie de canciones que deleitaron a los fans de sus celebrados años dorados: “Parklife”, “The Great Escape”, “13” y “Blur”.

La dinámica se puso a prueba hacia el inicio del concierto, cuando la guitarra de Coxon le falló en el solo de “Trimm Trabb”. Había una tensión palpable tanto sobre el escenario como fuera de él, que llegó a su clímax cuando Coxon destrozó su guitarra y vació una pinta de cerveza de manera petulante sobre ella. Damon le preguntó tímidamente si estaba bien y le abrazó calurosamente, mientras el público coreaba “Graham , Graham…. Afortunadamente, la pataleta duró poco y a Damon se le veía ciertamente contento cuando el humor de Graham se suavizó y empezó a hacer pogos en al más puro estilo Brit-pop.

Había más de una posibilidad de que una reformación de este calibre pudiera fallar en uno o dos aspectos concretos, o que fuera como ir a ver una escultura al museo o un intento de seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro. De hecho, tenían todas las probabilidades en contra: a Dave Rowntree siempre lo asociaré con ropas de abogado, Alex James se dedica al comercio del queso, se alinea políticamente con David Cameron y escribe para The Sun, Graham Coxon es un gruñón pesado con tendencia al ombliguismo y Damon Albarn hasta hace poco se divertía con Gorillaz. Pero esta noche han alcanzado la excelencia.

“Tender”, “No Distance Left To Run” y, sí, “Song 2” fueron los momentos cumbre más obvios, pero la cúspide emocional de la velada estuvo en “End Of A Century”. Damon se tomó con humor el paso del tiempo y el avance de su edad; en la letra en la que dice “a medida que te acercas a los 30” la reemplazó con la cifra de 50 (acompañándola de un golpecito de mano en la sien), a la vez que mantuvo el buen rollo entre sus fans de más edad salpicándoles con chorritos de agua mineral. En cierto momento, un tipo que tenía al lado me dice “lo siento, ya estoy muy mayor, les he visto 15 veces”, antes de limpiarse el sudor de la frente con un golpe de cuello, como si fuera un perro que se agitara tras un baño en el mar frío.

La nostalgia es una cosa peligrosa, sí, pero aquí Blur han sabido manejarla con destreza. Nadie puede negar que el tiempo ha pasado por ellos –muchos llevaban alianzas de matrimonio en sus dedos, y en vez de mecheros ahora la gente ondea sus teléfonos móviles–, pero pudimos celebrar el largo tramo que hemos recorrido todos juntos. Esta sensación acabó subrayada por mi experiencia final de la velada. Mientras el público se retorcía y chillaba, pidiendo otro bis, Damon se golpeó el pecho, a modo de gesto de respeto y agradecimiento, y un fan se giró hacia otro y, con un acento puramente británico, le confesó su sensación: “creo que lo han hecho muy bien”.

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