Reportajes

Una noche como la de aquel día (nevado)

Crónica de la sesión de Theo Parrish @ MicroMutek.es en Apolo (Barcelona)

Tremenda noche la que vivimos el sábado en Nitsa por cortesía de Theo Parrish y MicroMutek.es. El maestro de Detroit transformó el glacial frío que acechaba las calles de Barcelona (nieve incluida de camino al local) en un tórrido torrente de emociones como hacía tiempo que no se vivía entre las cuatro paredes de un club de la ciudad. Y es que, goce personal aparte, cuando cada amigo y amiga que te encuentras te hace comentarios del tipo “hace tiempo que esperaba una noche así” o “ya ni recordaba un ambiente así en el Apolo”, corroboras que estás viviendo algo grande.

Para un servidor la noche empezó con el siempre atractivo directo de los alemanes Brandt Brauer Frick, esta vez en formato trío. Aunque su apuesta por la organicidad dota de sentido al tantas veces discutido concepto de “directo electrónico”, en esta ocasión acabó resultando algo monótono. Cabe decir que esta percepción probablemente esté influenciada tanto por el deseo general de que apareciese el americano en escena como por, a nivel personal, no poder quitarme de la cabeza la sudorosa actuación que los alemanes ofrecieron en Discos Paradiso durante el Sónar del pasado año, en el que, también en formato trío, se desquitaron de los problemas de sonido de su directo en el festival con un intensísimo set.

A las tres de la mañana Parrish se puso a los mandos y pronto quedó claro que estábamos ante un DJ que juega en otra liga. Para muestra, un detalle: pasaron casi 15 minutos hasta que sonó el primer bombo a negras y a nadie pareció importarle. El americano abrió su sesión con el “Portrait Of Tracy” de Jaco Pastorius para dar paso a una serie de experimentaciones electrónicas y digresiones percusivas que le sirvieron de introducción. Tras eso llegó el primer momento de asombro con la extrema fluidez con la que mezcló un corte de aires experimentales, sin bombo y con ritmo intricado, con el track de house que puso en marcha el festín bailable.

La primera parte de la sesión estuvo marcada por los contrastes. Permutando entre el house crudo y descarnado, muchas veces con tracks que eran puros esqueletos de cajas de rimo desbocadas, y las canciones de música disco infusionada en soul (incluyendo diversas de sus magistrales edits), Theo empezó a repartir brazos en alto y sonrisas en la pista. Sacándole el máximo partido al rotary mixer, Parrish moldeaba su selección a su antojo, con ecualizaciones extremas y aplicando sus característicos juegos con los filtros, un recurso que aunque para algunos podía resultar excesivo, le permite sublimar la idea de la sesión como trayecto escarpado, en la que la subida de cuestas siempre tiene la recompensa de un descenso placentero. Si a esta destreza como mezclador le sumas su magnética presencia, siempre entre la expresión arisca y la sonrisa cómplice, no es de extrañar que el público caiga rendido sin necesidad de guiños populistas ni trucos efectistas. A medida que avanzaba la noche el componente funk fue ganando terreno, lo que no hizo más que aumentar la temperatura de la pista, hecho que se tradujo en diversas personas subiendo al escenario a bailar sin poder reprimir su efusividad. La segunda parte de la sesión incluyó muestras de música de aires latinos con predominio de encendidas secciones de vientos y un segmento hip hop en el que no se olvidó de homenajear a Dilla en la semana de su cumpleaños. A medida que se acercaba la hora del cierre, Parrish volvió a demostrar su enciclopédico dominio de la música negra de pulsión bailable, fluctuando entre el soul y las evoluciones disco, esta vez contrastados con acercamientos al techno. Y es que a lo largo de toda la sesión, Parrish volvió a demostrar que entiende sus mixes como una extensión de su propia obra como productor, una particularidad que normalmente suele ir asociada a los artistas de discurso sólido, personal y siempre coherente. En otras palabras; a los grandes. Y él lo es; de los que más.

A 20 minutos para finalizar, abandonamos el club exhaustos, pero con el reconfortante sentimiento de haber asistido a una de esas actuaciones que te reconcilian con la idea del poner discos como arte. Y es que en tiempos de sobrexplotación y excesiva perversión de la actividad, figuras como Theo Parrish se antojan esenciales para servir de faro y modelo para todo lo que debería significar ser un buen DJ; conocimiento, visión y pasión. Y esto es, a grandes rasgos, el resumen de lo que vivimos esa fría noche de febrero.

“Theo Parrish live @ Palace, St. Gallen”

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