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Subvenciones, deudas y estrategias poco claras: así es el teatro de la moda española

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Porque la moda nacional es eso: profundamente española

Paula Benjamín

17 Octubre 2014 13:00

*en la imagen, Modesto Lomba, presidente de ACME

La moda es cultura, pero también es industria. París, Milán, Nueva York y Londres lo tienen claro. Marcas y diseñadores cuentan con el respaldo de las instituciones, pero también con un tejido empresarial que respalda la producción de los diseños y su expansión comercial. Apoyo público y dinero privado, inversores y subvenciones, fomento del branding y preservación del patrimonio. En este y otros equilibrios, haciendo hincapié en uno de los dos lados de la balanza, se juega el éxito de la moda.

Spain is different. Salvo contadas y honrosas excepciones (y dejando de lado a Inditex), las marcas nacionales no triunfan ni dentro ni fuera de nuestras fronteras. Algunos hablan de crisis y otros de la juventud de nuestra industria (la moda empezó a ser tenida en cuenta en los ochenta), pero la mayoría de expertos coinciden en algo: se trata de un ámbito mal definido y mucho peor organizado. Hay ayudas del Ministerio de cultura pero muy pocas de empresas e industrias, hay planteamientos obsoletos y un sistema de privilegios que fomenta el estatismo. No es una cuestión de mal diseño o falta de talento creativo, sino de lobbies y poca visión de negocio. Para muestra, he aquí algunos de su momentos cumbre (léase con toda la ironía del mundo):

1. Sistema de castas: En la pasarela anteriormente conocida como Cibeles desfilan las firmas pertenecientes a la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME). Presidida por el diseñador Modesto Lomba, sus miembros se eligen por votación. Ellos aseguran que se trata de una votación directa y democrática, y puede que sea así, pero no se trata únicamente de los modos de elección, sino de los periodos con los que se llevan a cabo.

Pese a que en los últimos años se han sumado nombre nuevos, un buen puñado de miembros de la ACME llevan ahí desde su fundación. Dicho de otro modo: siempre desfilan los mismos, al margen de que otras marcas que se quedan fuera vendan más o tengan una amplia base de seguidores. No hay rotación, no hay novedad, no hay relevo generacional. “Rotar a los diseñadores significa destruir el sistema de la moda”, afirmaba Lomba en una esclarecedora entrevista concedida al Diario Público en 2008. Resulta curioso que una industria consagrada a la innovación se aferre de esa forma al estatismo. O no tanto.

2. Cuentas poco claras: si no eres miembro de la ACME, te montas (y costeas) tu desfile fuera del circuito oficial. Tampoco recibes subvenciones estatales. La oscuridad respecto a la financiación de sus miembros fue, es y sigue siendo un tema polémico.

“Yo no tengo acceso a las subvenciones que tienen otras asociaciones, de este modo, si no eres asociado de Acme, no tienes acceso a algunas ayudas que se otorgan desde nuestra asociación. Hay subvenciones, como las que otorga el Icex, que nosotros gestionamos a nuestros asociados, pero que pueden ser solicitadas por otros diseñadores que no formen parte de nuestra asociación”, contaba Lomba en la revista Modaes.

En julio de 2013, el gobierno regional dio a la asociación 334. 229 euros para apoyar la internacionalización de la moda madrileña. Esta es sólo una de las muchas ayudas que recibe. Ese mismo año, su anterior directora ejecutiva, Lucía Cordeiro, afirmaba en Efe que recibían del ICEX “ayudas a la internacionalización de 55.000 euros a la participación total”. En el mismo texto se informa de que, el año anterior, la Comunidad de Madrid les dio 500.000 euros y el Ministerio de Cultura 100.000, cifras alrededor de las cuales se mantienen las ayudas anuales. Son, por tanto, muchos los organismos públicos implicados en las subvenciones.

Por su parte, un diseñador que desfila en Cibeles sólo tiene que invertir seis mil euros en su desfile (si lo pagara todo de su bolsillo, la cifra se multiplicaría varias veces), dado que IFEMA y los patrocinadores del evento se encargan de la mayor parte de la logística necesaria.

Son muchos euros anuales para un grupo cuyos miembros no llegan a cincuenta (y sólo unos veinte llegan a desfilar). Ellos afirman que el cine y cualquier otra industria cultural recibe más dinero, y es cierto. El problema es que las productoras suelen terminar sus películas, sean buenas o malas. Muchos de estos diseñadores no producen lo que exhiben sobre una pasarela.

3. ¿Dónde va el dinero? El 2011, el BOE publicó la lista de beneficiarios de las ayudas para fomentar los contenidos culturales en Internet y la adapatación tecnológica de dichas industria. Entre los beneficiarios para lanzar o rediseñar su tienda online se encontraban tres diseñadores: Amaya Arzuaga (60.000 euros), Modesto Lomba (65.000) y Juanjo Oliva (49.000)

La revista Trendencias se hizo eco de la noticia y se mostró crítica ante ella. Las webs de estas firmas no estaban sufriendo mejoras, y no les iba mucho mejor en la venta física. ACME se apresuró a emitir un comunicado conjunto: “la diseñadora Amaya Arzuaga, dispone de una tienda de más de 400 metros cuadrados en el Barrio de Salamanca de Madrid, que fue inaugurada hace más de 10 años, así como un showroom de más de 200 metros en la capital. Por otro lado en la actualidad dispone de más de cien puntos de venta repartidos por todo el mundo (…) Los diseñadores Juanjo Oliva y Modesto Lomba poseen sus propios showroom en puntos estratégicos y comerciales de la ciudad, numerosas licencias otorgadas de sus diseños comercializadas en toda España, y producción comercial y distribución a través de puntos de venta”

Meses después, Amaya Arzuaga no sólo cierra esa tienda de 400 metros. Tras recibir una ayuda estatal, traslada la producción de sus colecciones fuera de España y la lleva a un país emergente y más barato.

Juanjo Oliva sí ha visto cómo su influencia crecía, pero gracias a esta ayuda, sino a su asociación con la marca Elogy del Corte Inglés, que le aporta el desarrollo logístico para ello.

Modesto Lomba, por su parte, ha sido el peor parado. “En 2007 cerramos el año con casi 10.000.000 de euros de facturación con la marca Devota & Lomba. Le aseguro que mi orgullo y mi objetivo empresarial es cruzarme por la calle con una señora que no conozco de nada, con un bolso o un reloj de mi firma, no vivir de las subvenciones”, declaraba un año después a Público. No se entiende entonces por qué, cuatro años después, en 2012, solicita un concurso de acreedores.

Su agujero se cifra en 239.504 euros. Despidió a cuatro de los cinco empleados que tenía. No consta si ha pagado o no sus deudas, pero en aquel momento les debía dinero a todos. A su secretaria, por ejemplo, llegó a deber más de 50.000 euros.

“Lo que más nos molestó es que del 2 al 4 de octubre montó un mercadillo de prendas de temporadas anteriores y, en lugar de pagarnos parte de los atrasos con los 14.000 euros que facturó, se quedó con todo el dinero porque dijo que tenía muchas deudas”. “Recibió también este mes 10.000 euros por un viaje de trabajo a Mexico, pero nosotros no hemos visto nada. Nos ha engañado hasta que nos ha echado”, aseguraron entonces sus ex empleados al Diario Montañés.

Por otro lado, y tres años después de las ayudas, ninguna de las tres páginas web de estas marcas ha sufrido mejoras considerables.

4. La moda española es moda efímera. Pese a estar metido en semejante entuerto, Devota & Lomba no ha dejado de desfilar dos veces al año en Cibeles. No sabemos cómo ha podido costeárselo. Tampoco si estas prendas tienen salida real, porque en España apenas cuenta con puntos de venta, ni físicos ni digitales.

La historia no pinta mucho mejor para el resto: en 2012, Vittorio & Lucchino presentaron un concurso de acreedores, con unas deudas cifradas en 1,2 millones de euros. Algunos de sus empleados les denunciaron por impago, y aunque la ley les dio la razón, muchas de estas deudas continúan sin ser saldadas. Curiosamente, y tras aquel concurso, la marca centró sus esfuerzos en una enorme tienda situada en Madrid: a principios de este año, tuvieron que cerrar. Al menos han dejado de desfilar, aunque las denuncias se les acumulan.

David Delfín sigue desfilando, esta vez sin ninguna de las dos tiendas que tenía en la capital (pero sin incidentes de por medio). No es el caso de Hannibal Laguna, cuyas creaciones se exhibían en el marco de la pasarela madrileña mientras siete de sus empleados se concentraban para reclamar sus nóminas.

Cada edición de Cibeles cuenta con un presupuesto aproximado de tres millones de euros. El 35% del total viene de Ifema, el 60% patrocinadores y el 5% los diseñadores. Quizá estos deberían destinar sus fondos a causas más justas, y tanto esponsors como organizadores podrían plantearse si les compensa invertir en un producto que llega al mercado en muy contadas ocasiones.

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