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Más allá de los explosivos: el cineasta que retrató la lucha minera

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"La prensa franquista decía que los mineros tenían cuernos y cola"

Sergio C. Fanjul

12 Diciembre 2014 06:00

Retrato de Liliana López

Hay algo de belleza en una pila de neumáticos ardiendo en medio de una carretera asturiana: las llamas que aparecen son muy rojas y, a partir de ellas, nace un humo negro como el carbón que hace extrañas convoluciones y crea un telón completamente opaco en el cielo. La ceremonia es siempre la misma: los conductores se resignan y esperan pacientemente, llega la Guardia Civil o la Policía Nacional pertrechada con material antidisturbios, comienzan las escaramuzas. Los mineros encapuchados, que han cortado la carretera, utilizan tácticas de guerrilla, escudos metálicos y lanzan voladores con unos tubos a modo de bazoka. Están muy preparados. Resulta emocionante verlo por la tele, desde el sofá de casa: esos tíos sí que tienen agallas. Es lo que tiene trabajar a 600 metros bajo tierra, en completa oscuridad, arrancando carbón de las paredes.

La lucha, muchas veces violenta, está en la genética del minero. Los padres y abuelos de los pocos que quedan hoy hicieron la Revolución del 34, dos semanas de Comuna asturiana que fueron el preludio de la Guerra Civil, o las huelgas de los años 60, las primeras protestas de trabajadores contra Franco (cuando la huelga era ilegal) que abrieron el camino a los primeros cambios en la dictadura. Entre medias, muchos de ellos se echaron al monte y resistieron en la montaña formando parte de la guerrilla antifranquista del maquis. Fueron algo así como la vanguardia del proletariado, para unos, o animales con ropa, para otros. 

Pero ahora las cuencas mineras asturianas se mueren. Si bien el carbón asturiano (poco energético y difícil de extraer) nunca fue un gran negocio excepto en tiempos de guerra y autarquía, la minería no rentable (en término económicos) está abocada al cierre en los próximos años. De los cerca de 60.000 mineros que llegó a haber en las cuencas (cuando eran un ejército temible capaz de enfrentarse a un gobierno) ya quedan apenas 2.000. La paz social en la zona se compró con prejubilaciones que los sindicatos acabaron aceptando, pero sin una reconversión industrial efectiva, lo que ha dejado a estas comarcas sin ningún futuro para nadie. “Todo sale de la mina”, se solía decir. Y pronto de la mina no saldrá nada. 

Marcos M. Merino (Gijón, 1973) quería filmar una película sobre estos mineros crepusculares, como ejemplo de los últimos movimientos obreros de Europa. Después de trabajar 15 años como periodista económico en los informativos de Telecinco lo dejó todo y se trasladó de Madrid al valle minero de Turón con su compañera y madre de sus hijos, Marta F. Crestelo, productora de la película a la sazón. Allí, casualmente, les pilló la última gran huelga minera, en verano de 2012. Durante dos meses y medio los trabajadores pararon para reivindicar que se cumpliesen los acuerdos para el fin de la minería, en protesta a los recortes a las ayudas al carbón. A la huelga se le unieron manifestaciones, cortes de carreteras, enfrentamientos con la policía, activismo de las mujeres del carbón, un encierro de 50 días en un pozo y una heroica marcha a pie hasta Madrid de la que los mineros volvieron con las manos vacías. Merino estuvo allí y lo grabó todo. El resultado es el documental Remine, el último movimiento obrero, una película que apela a lo emocional y donde se ve que los temibles y recios mineros en las distancias cortas incluso despiertan ternura. Y dan ejemplo.

En la película estás por todas partes: cortes de carreteras, asambleas, la marcha hasta Madrid… ¿Cómo te metiste en el mundo minero? 

Primero tuve que ganarme su confianza, claro. Al principio pensaron que era policía, con la cámara, y hasta me metieron en un furgón para interrogarme. Pero me gané su confianza. La suerte siempre estuvo del lado del proyecto: me vine a Madrid a una manifestación que no me interesaba mucho, pero que me serviría para probar la cámara. Hubo algunos disturbios y filmé, de casualidad, la detención irregular de un minero. Mandé el video a la prensa y el minero fue liberado. Así gané algo de confianza. Recibía mensajes a las tres de la mañana con las coordenadas del corte de tráfico y me iba para allá corriendo. Cuando estaba en la marcha minera hacia Madrid volvía en el mismo día a Asturias con el coche para grabar alguna protesta y luego regresaba a la marcha. Al final ya era uno más y los mineros me camuflaban la cámara para que pudiese entrar en las asambleas, cuando la empresa no quería dejar entrar a medios de comunicación. Cuando los de seguridad venían a echarme la bronca, ellos me defendían. Ni siquiera me preguntaban qué estaba grabando, debían pensar que estaba colgado, todo el rato con la cámara. Y al ver el resultado nadie se ha quejado, y eso que probablemente haya cosas que no le gusten a los sindicatos.

Al principio del documental también hay imágenes de la mina. ¿Cómo es bajar ahí abajo?

La mina es acojonante. Lo único parecido debe ser el mar, el trabajo de los pescadores: enfrentare así a la naturaleza, a la inmensidad… Porque te crea una sensación de pequeñez increíble. Nunca había sentido un silencio así, ni una oscuridad tal. Luego se genera un ruido constante y ensordecedor, se están desprendiendo piedras… El polvo esta por todas partes. Yo iba súper protegido, con un mono, botas altas, y al final da lo mismo, acabas lleno de polvo de carbón por todos los pliegues de tu cuerpo. Escupes polvillo durante cinco o seis días. Imagínate trabajar allí más de 20 años, como están ellos. Por eso, las prejubilaciones tienen un sentido medico. La exposición a eso a partir de los 40 años, cuando la degradación celular es mucho mayor y el impacto sobre tu salud también lo es... serían muertos prematuros, con 50 años y un nivel de vida de mierda. Aquí hay justificación para prejubilarse, no en Telefónica, las eléctricas o la banca, como se ha hecho en miles de casos.

Con las prejubilaciones se consiguió la paz social en las cuencas, pero no se encontró ningún modelo de futuro…


"Había miedo a seguir peleando y llegar a la desintegración total"



Es la vida. Las votaciones en las que los mineros en asamblea aprobaron el plan de las prejubilaciones se ganaron por unas decenas de votos, el 51 contra el 49%. Hay que recordar que estaba reciente la Thatcher, que aplastó a los sindicatos ingleses brutalmente y desmanteló toda la minería. Había miedo a eso, a seguir peleando y llegar a la desintegración total. Además, es difícil juzgar a estos trabajadores que trabajan en estas condiciones. Si a ti o a mí nos ofrecen una prejubilación a los 40 años del 100% y luego mantener el máximo de jubilación, ¿qué diríamos? Imagínate eso trabajando a 600 metros bajo tierra. 

¿Fue un triunfo?

Entonces se vio como un triunfo para los sindicatos porque era la reconversión más ventajosa para los trabajadores que se había hecho en Europa, pero también la más perversa, porque los efectos a largo plazo han sido terribles. Ellos vertebraban la sociedad, eran la elite moral de las cuencas y ahora son la elite económica. Al final con los discursos que se han trasladado, ha provocado un éxodo de muchos de ellos a Gijón o a Oviedo por soportar el coñazo de que todos los días te estén dando por culo en el bar cuando vas a tomar una sidra: “mira ese como vive...”  

Siempre se ha hablado del minero prejubilado que pasa el día en la barra del bar, aunque ahora se ve que también hay mucho adicto al deporte…


 


"Los discursos que se han dado en medios han ido orientados a crear un estereotipo injusto"



Los discursos que se ha dado desde medios e instituciones han ido muy orientados a eso, a crear un estereotipo que es muy injusto porque no ocurre con otros sectores. No se ha prejubilado más gente en las minas que en la banca, ni en las eléctricas, cuando las privatizaciones de Aznar. 


Cuando los mineros llegaron a Madrid a pie, tras cruzar la meseta, recuerdo escuchar la admiración entre la gente que fue a recibirles. Llegaron de noche, con la linterna encendida, cantando, y parecía que venían a salvarnos a todos y a derrocar al Gobierno. Es la épica del minero. ¿Hay nostalgia de tiempos más heroicos?

Sí, y es muy duro, porque se siente la necesidad de estar a la altura de sus antepasados y de las circunstancias históricas actuales, que son muy injustas con ellos. La sociedad les juzga mucho con esto, porque resulta que los mineros de ahora tienen que estar a la altura de los mineros de los años 60, que eran la hostia, pero el resto de la sociedad no estamos a la altura de nada. Cuando rompieron la huelga, después de tres meses, había gente que todavía se lo reprochaba. Además todos provienen de familia minera y abunda esa idea de que “si nuestro abuelo levantara la cabeza nos corría a gorrazos”. Pero en realidad su comportamiento ha sido igual o más épico que el de las huelgas de los 60.

¿Cómo viviste los altercados violentos durante la huelga?


Una lectura que tiene la película es la utilización de la violencia como método de protesta, porque nos parecía muy interesante este debate en el momento en el que estamos ahora. Cuando el que protesta tiene capacidad, digamos, armamentista, como así sucede con los mineros, hay una negociación y las cosas son diferentes. Se evita el enfrentamiento directo y la Guardia Civil es más tolerante. Al fin y al cabo, son sus vecinos, y se permiten los cortes de carretera durante un rato... Durante la huelga hubo cortes a diario. 


¿Hay transmisión oral de las tácticas de guerrilla?


"Hay imágenes donde los policías se refugian y no se atreven a moverse, piensan que les van a tirar dinamita"



Están muy organizados. Cada uno tiene su responsabilidad en el corte: unos se encargan del material, otros de prenderle fuego, otros vigilan. Reproducen en la superficie el trabajo en cadena de la mina. Al principio participan los veteranos, enseñan a los más jóvenes desde la distancia. Hay una transmisión cultural en eso, es parte de su historia. Luego escapan por la montaña, donde los policías, con su equipamiento y sin conocer el terreno, no pueden seguirlos, tal y como hacían los guerrilleros del maquis. Llegamos a ver en La Felguera a un grupo de niños jugando a cortes de carreteras, unos eran mineros y otros policías. 


¿Son peligrosos los voladores que lanzan?

Pueden serlo, pero difícilmente con la protección que lleva la policía. Durante la huelga hubo muchas bajas en la Policía y la Guardia Civil, por estrés y demás, y tuvieron que venir otros efectivos, sobre todo de academias de Valladolid y Canarias. Aquí funcionaba el mito del minero, porque venían muy asustados. Hay imágenes donde los policías se refugian y no se atreven a moverse, piensan que les van a tirar dinamita. Por lo demás, los mineros trabajan en tales condiciones, con tal peligro diario, que no tienen miedo. Que la policía les de dos hostias les da igual. 


¿Debería continuar la minería?

"Un minero paga el triple de seguridad social, por eso se pueden prejubilar en esas condiciones"


Una cosa es el tema medioambiental o de que haya gente que trabaje en estas condiciones, esto es debatible, pero solo se habla sobre el dinero. Pero no es solo cuestión de rentabilidad económica, también importa la rentabilidad social.  La economía es muy compleja. Aunque el Estado tenga que subvencionar el carbón para competir con carbones extranjeros más baratos, eso también genera mucho dinero para las arcas del Estado. Un minero, por ejemplo, paga el triple en Seguridad Social, eso nunca se dice, por eso se pueden prejubilar en esas condiciones. Luego está el reanimar la economía de las cuencas, el IVA, el consumo, otros impuestos, y eso es dinero que se queda aquí. Si se le entrega a las eléctricas buena partes se va a ir a paraísos fiscales o inversiones en otros lugares.


También es un debate moral, porque muchas veces el carbón extranjero no se extrae en las mejores condiciones laborales. 

Hay trabajo infantil en muchos casos. El año pasado hubo una protesta en Sudáfrica y la policía disparó a los manifestantes que solo pedían letrinas. Murieron muchos. Pero esto no solo el carbón, sino con gran parte de la industria. Esta es la sociedad que tenemos. 


¿Cómo ha sentado que el líder histórico de la minería, el todopoderoso José Ángel Fernández Villa, se acogiera a la amnistía fiscal para blanquear 1,4 millones de euros?

Hay un plano en la película en el que salen los encerrados y uno le da un codazo a Villa al abrazar a su hija. El codazo no es voluntario, pero un símbolo del cambio de los tiempos, en Asturias fue muy comentado. Lo de Villa era un secreto a voces, no el tema del blanqueo, pero si la acumulación de poder, la mala gestión. Él vive en Oviedo y yo creo que no puede regresar por las cuencas. Respecto a la amnistía fiscal: es sorprendente que se estén filtrando los casos uno a uno cuando hay una lista de 22.000 personas que se acogieron. Los medios ni siquiera han pedido que se publique la lista, deberíamos conocerlos a todos inmediatamente. Pero, claro, supongo que un buen porcentaje de ellos serán políticos. 


¿Cuál es el futuro de las cuencas?



"La prensa franquista decía que los mineros tenían cuernos y cola"



Supongo que desertizarse, como todo Asturias. La reconversión industrial ha sido un fracaso de toda la sociedad, hubo Fondos Mineros pero ningún plan para gastarlos. No se reindustrializó, se gastó todo en farolas, polideportivos y cosas así. Tendremos que perder la mitad de la población y volver al medio millón de antes de la industrialización. Hubo mucha inmigración entonces de otras partes de España. Parte de mi familia vino de Ronda, Málaga, y, por cierto, venían también asustados, porque la prensa franquista decía que los mineros tenían cuernos y cola, que comían niños, que en las carnicerías de Mieres se vendía carne de cura. Lo de Asturias es una pena, porque toda la riqueza que se generó aquí se fue a otras partes, como País Vasco y Cataluña, nada se quedó en las cuencas. El país entero, que se modernizó a base de carbón, tiene una deuda histórica con esta zona. 


Creciste en un barrio obrero de Gijón. ¿Cómo te afectó esto?


La Calzada es el barrio obrero por excelencia de Asturias, poblado a través de la siderurgia y los astilleros. Cuando yo era pequeño había cortes en los astilleros todos los martes y jueves. Mi familia me enseñó algunas cosas, no ideología, sino valores colectivos: no te chives de un compañero, no delates a nadie, si alguien protesta intenta respaldarlo, no seas esquirol.






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