Reportajes

Los mejores discos de la década. 2ª Parte

Del 100 al 51

100- Eluvium: Copia (Temporary Residence, 2007) Apuesta arriesgada y polémica, “Copia” es el álbum en el que Eluvium abandona el drone y el feedback de guitarras para meterse de lleno en una redefinición épica y casi apocalíptica del ambient. Rodeado de instrumentos de viento y cuerda, pianos y arreglos orquestales, Matthew Cooper juega a ser el hijo bastardo de Brian Eno, Michael Nyman y Hans Zimmer, y de su empeño surge el mejor y más conmovedor disco de su vida.

70- Four Tet: Rounds (Domino, 2003)Se habló, por entonces, de folktrónica. Antes había existido la indietrónica, que era como ponerle suciedad digital al pop frágil y a las canciones de raíz indie-rock, pero si en vez de cantantes apocados y glitches había glitches –eso siempre– y sonidos como de madera, de la naturaleza, el zumbido de los mosquitos y una sensación forestal entre tanta lluvia electrónica, entonces la folktrónica parecía una etiqueta útil. Y en la cumbre del estilo, confirmándose como genio de nuestro tiempo, el ensortijado Kieran Hebden, el hombre que renovó la psicodelia orgánica en el contexto de la IDM. 69- DJ /rupture: Minesweeper Suite (Tigerbeat6, 2002)La primera premisa de DJ /rupture es que el auténtico folk del mundo moderno no es un tipo con barba y camisa de leñador, sino una canción de Britney Spears. La segunda premisa es que el tercer mundo también es el primer mundo, al menos en lo musical, pues cierta música africana, asiática o brasileña puede ser más vibrante que la nuestra. Tercera premisa: pinchar con fuerza. Cuarta premisa: mezclar electrónica, hip hop, dancehall y third world beats en el mismo batido post-colonial, transoceánico y post-dance. Resultado: un megamix, como éste, que apuntalaba una nueva ética. 68- The Strokes: Is This It? (RCA, 2001)Por suerte, la edición europea –la del culo y el guante en la portada– acabó incluyendo “New York City Cops”, que en USA prefirieron ignorarla por no ofender a nadie tras el 11/S. Pero no es esa la canción por la que se mide el poder del debut de estos cinco pijos aburridos y con canciones eternas en el coco que despertaron una de las corrientes de más éxito de la década, la del fashion rock que, en lugar de vestir antañoso y de chaqueta con coderas, lo hacía de Converse All Stars, corbata y camiseta de marca. Ah, y además de eso, canciones perennes como “Last Nite”, “Take Or Leave It” o “Hard To Explain” (sin la voz de Christina Aguilera encima).

67- DM & Jemini: Ghetto Pop Life (Lex, 2003)Meses antes de convertirse en uno de los productores más decisivos del enclave urbano, Danger Mouse ya había forjado su leyenda con “Ghetto Pop Life”, inolvidable relectura de la estética boom bap con aderezos melódicos y la dirección lírica del gran Jemini, leyenda desaparecida del underground neoyorquino de mediados de los 90 que sacó la cabeza de las alcantarillas para reconciliarse, aunque fugazmente, con el género, la fama y los fans.

66- The Postal Service: Give Up (Sub Pop, 2003)Uno estaba en Seattle, y por aquel entonces no estaba haciendo nada con Death Cab For Cutie. El otro estaba en Los Ángeles, y quería hacer pop de verdad, no indietrónica en clave instrumental. Y se intercambiaban las canciones por correo. Ben Gibbard y Dntel le dieron forma, así, a una de la colección de melodías más desbordante de este decenio, un derretirse todo el rato no sólo por la perfección de los tiempos, sino por la dulzura de la voz de él y por los sonidos electrónicos preciosos, los bombos tímidos y las cuerdas electrónicas de Jimmy Tamborello(o sea, Dntel, el otro), que aquí alcanzó su techo. Luego se pegó la hostia, pero ya había cumplido con la historia.

65- Leyland Kirby: Sadly, The Future Is No Longer What It Was (History Always Favours The Winners, 2009)Cumbre, por ahora, de la hauntología –o espectrología, o como se quiera llamar a esta música actual que conjura fantasmas del pasado en un contexto moderno–, este triple álbum de Leyland Kirby, antes conocido como V/Vm o The Caretaker, es un esfuerzo superior, una obra maestra que convence por acumulación de minutos soberbios. Con un fondo neoclásico –más según la escuela Brian Eno/Harold Budd que en la línea Nyman–, con otra parte noise y otro tercio ambient purificador con un desolador mensaje de decepción, de decrepitud, “Sadly…”es una obra maestra que no merece permanecer oculta.

64- El-P: Fantastic Damage (Definitive Jux, 2002) Tras su agitada andadura al frente de Company Flow, icono independiente del rap neoyorquino de los 90, El-P tuvo los arrestos y el atrevimiento de iniciar su andadura en solitario con un disco de hip hop ultrabarroco, estética post-industrial, beats machacones y ráfagas inagotables de letras obsesionadas con el fin del mundo. Máxima exigencia; total sometimiento al oyente. El sonido del Apocalipsis post-The Bomb Squad.

63- Wilco: Yankee Hotel Foxtrot (Nonesuch, 2002)Vilipendiado por el sector más clasicista de su parroquia y venerado por la post-modernidad alérgica a la ortodoxia rock, “Yankee Hotel Foxtrot” es el disco que le cambió la vida a Wilco. Además de propiciar su llegada a un nuevo público y facilitar su entrada en círculos alternativos de la crítica, el álbum nos descubrió la cara más experimental, incómoda y vanguardista de una banda que alteró por completo su destino, su equilibrio interno y su salud para materializar la pirueta más radical de su carrera.

62- Deathprod: Morals And Dogma (Rune Grammophon, 2004)Este es un disco que golpea las paredes del cráneo, pero no a martillazos –con bombos de techno furioso–, sino con ondas silenciosas de ambient a toda presión. Como si se entrara en una cámara anecoica, donde todo lo que te rodea es el vacío, escuchar este “Morals And Dogma” es como prestar atención al ruido de la circulación de la sangre, a las descargas eléctricas de la red neuronal. Cumbre del death-ambient, el último disco por ahora del hombre de Supersilent –desde 2004, el silencio, como si no se atreviera a asumir elreto de superarse– es tensión irrespirable, una suite de cuatro piezas para tronar a todo volumen y escuchar, asombrado, el ritmo de tus entrañas.

61- Raekwon: Only Built For Cuban Lynx… Pt. II (Ice H2o, 2009)El mejor disco de hip hop de 2009 nos ha devuelto aquel brote de furia, pasión y brillantez de la factoría Wu-Tang Clan de mediados de los 90. Catorce años después de la primera parte, Raekwon cumple su eterna promesa de regalarle una segunda entrega de la saga a los headz con un álbum desbordante, convulso, emocionante y visceral que reúne a algunos de los productores más relevantes de la historia del género. 60- Franz Ferdinand: Franz Ferdinand (Domino, 2004) En pleno revival de los 80, los escoceses Franz Ferdinand tuvieron la lucidez de conducir la febril retrospectiva musical y estética que se estaba cociendo en los primeros pasos de la década a los grandes estadios, a los clubes de todo el mundo, a los iPods de todas las edades y, sobre todo, a la conciencia general de toda una generación necesitada de nuevos referentes capaces de darle lustre y empaque al pop de guitarras con proyección bailable y actitud desenfadada. 59- Q-Tip: The Renaissance (Universal Motown, 2008) “The Renaissance” encontró respuesta a la eterna pregunta: ¿cómo sonarían A Tribe Called Quest en pleno siglo XXI? Como si no hubieran pasado más de quince años desde la separación de su grupo madre, Q-Tip rescató del trastero la MPC, los samples de jazz y soul y el groove perdido y viajó a los años en que el hip hop tenía alma, calidez y misterio. El álbum más moderno y contemporáneo de 2008 fue, a su vez, el más retro y vintage. Obra de arte. 58- Jesu: Conqueror (Hydra Head, 2007)Artífice de una brumosa revisión del post-metal en clave shoegazer, Justin K. Broadrick vislumbró en “Conqueror”, segundo largo de su proyecto Jesu, la luz del slowcore melódico y nostálgico, guía estética y estilística con la que consiguió rebautizar por completo su discurso musical y protagonizar una catarsis de ritmo agónico, ruido ensoñador y voces fantasmagóricas. El sueño húmedo de cualquier fan de Godflesh, Codeine y My Bloody Valentine.

57- Alva Noto + Ryuichi Sakamoto: Insen (Raster-Noton, 2005)Lo que apuntaló “Vrioon” –electrónica post-digital, minimalista y de tonos cristalinos acompañada de las notas de un piano aéreo e impresionista–, lo perfeccionó “Insen”. La dupla Noto/Sakamoto dio lo mejor de sí en un trabajo puro y blanco como su portada, un argumento en contra de quien, por si quedara alguno, niegue el poder sugestivo de la música electrónica. Cada sonido está pulido como un diamante, y cada línea armónica o melódica es una navaja de notas que rebana el corazón.

56- D’Angelo: Voodoo (EMI, 2000)¿El último gran álbum de soul masculino? El silencio discográfico de D’Angelo desde su publicación, ya a punto de celebrar la década en la sombra, refuerza la teoría: “Voodoo”, compleja, adulta y arriesgada reinterpretación del soul y el R&B –e incluso el hip hop, con aportaciones de DJ Premier o Q-Tip– a cargo de la gran promesa de la música negra contemporánea (dos grabaciones desde 1995), prevalece todavía como la gran obra maestra del género no superada de estos últimos diez años.

55- Isolée: Rest (Playhouse, 2000)Las máquinas que se tocaban con las manos comenzaban a ser cosa pasada: se estaba ya imponiendo la electrónica que se componía con ratón, con la pantalla del ordenador a modo de partitura. Todo se volvía digital, y el house se ramificó en microhouse por usar pequeños sonidos sacados de la papelera de las sobras, pequeños sonidos que creaban un ambiente crepitante de detalles microscópicos. Rajko Müller estaba en esa primera vanguardia que renovaría la música de baile para esta década –el dichoso minimal– con un “Rest” que era ciencia y emoción, miniatura y grandeza.

54- Delia Gonzalez & Gavin Russom: The Days Of Mars (DFA, 2005)Nadie en su sano juicio hubiese aventurado, un año antes, que un revival de Tangerine Dream –y con adhesiones incondicionales, para más inri– pudiera alcanzar tan alto prestigio. Pero es que antes de “The Days Of Mars” no se conocía su poder hipnótico, su magnética atracción al lado oscuro del cosmos. Como una suite de música disco espacial sin el beat metronómico de Moroder, el debut de la pareja yippie de DFA consiste en cuatro movimientos, a más de diez minutos por barba, de oleadas constantes y ennegrecidas contra la quilla de un buque sideral. Destino, las estrellas. El efecto, indescriptible.

53- Common: Be (Geffen, 2005)La recuperación artística más rotunda y admirable de la década. En apenas dos años el rapper de Chicago Common pasó de la condena unánime de la escena hip hop, tras el fiasco y el delirio de “Electric Circus”, al encumbramiento incondicional y fervoroso. Kanye West y J Dilla, responsables de la producción, fueron los grandes culpables de una reinvención en clave de soulful rap a la que se sumó el propio artista con un emotivo ejercicio lírico de memory lane.

52- Fennesz: Venice (Touch, 2004)Fennesz nunca ha querido hablar del sol, sino de cuando se pone el sol. Así, “Endless Summer” se nos antoja un proyecto de aproximación al estado de ánimo que realmente estaba proyectado: una música aplastántemente triste dibujada con una guitarra y un ordenador portátil. Así, “Venice”, que es la impresión emocional y postal de la ciudad decadante, antaño próspera y victoriosa, que se hunde sin remedio, es Fennesz al cubo, una sábana de electrónica que pretende ser desasosegante, pero que lo que consigue de verdad es agujerear elcorazón e instalar en él una pena que no se irá nunca. Hijoputa.

51- The White Stripes: Elephant (XL, 2003) “Elephant” simboliza el gran momento de gloria de The White Stripes antes de parar máquinas y de que Jack White se enfrascara en dudosos proyectos paralelos. Aquí la fórmula estilística del dúo, ese garage-rock retro con coqueteos blues y pinceladas acústicas, se conserva prácticamente exacta, sin cambios ni variaciones, pero con un mayor grado de confianza y de seguridad en las composiciones y en la manera de materializarlas.

TERCERA PARTE de la lista, del número 50 al 21. CUARTA PARTE de la lista, del 20 al 1. PRIMERA PARTE de la lista, del 200 al 100.

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