PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

"En mi primera rave me monté dos tríos"

H

 

Las free parties de Mallorca son mucho más que un maletero lleno de drogas

Guiem Alba

21 Febrero 2015 14:47

«Si voy drogada de algo, necesito estar en contacto con la naturaleza. O eso, que me calma mucho, o follar. Y si son las dos cosas ya ni te cuento».

Quien habla no es una yonki ni una loca, sino una universitaria de veintipocos a quien llamaremos Girasol. Ella frecuenta el fenómeno free party de Mallorca, que surge como contestación a una isla invadida por el turismo y a un ocio mercantilizado.

Quizá una fiesta así pueda darte miedo o incluso asco, pero ¿qué pasa cuando es tu única opción para pasártelo bien?


Foto: Jaime J. Sastre

«Hay quien se queda de fiesta toda su vida, pero lo suyo es saber parar y regular un poco. Yo no voy a una free party desde verano. Y no es que lo eche de menos, porque lo he vivido, y con eso ya me basta. He ganado mil historias que contar».

Como ella, muchos otros jóvenes se visten y actúan como les da la gana. Porque ellos no se van de fiesta, ellos son la fiesta.

En una free party hay todo tipo de drogas, pero ese no es el motivo por el que existen estas fiestas


Pregunta: ¿qué tienen en común una tía con un disfraz amarillo, varios funcionarios, una crupier de black jack y un pintor de yates jubilado? La respuesta es 'free party'. Ellos son la clase de asistentes que uno puede encontrar en una de estas fiestas.

Les llaman 'free' porque son fiestas gratuitas, pero también porque son libres. Libres de vestimentas, normativas municipales, prejuicios y, sobre todo, abiertas a todos.

Ellos montan el equipo en el coche y se juegan el tubo de escape atravesando caminos pedregosos hasta llegar al punto de encuentro. Luego se pasan toda la noche y parte del día siguiente de fiesta. Pinchan hardtek, trance, hardcore, frenchcore y otros estilos de electrónica.

Ahora bien, ¿por qué lo hacen?

Foto: Jaime J. Sastre

«No quiero pagar para entrar a un sitio en que tengo que ir vestida de cierta manera, la música sé que va a ser una mierda, la fiesta va a ser una mierda y el ambiente más de lo mismo. Salir de fiesta en Mallorca es una mierda».

Claro que hay drogas en una free party. Además de las drogas legales, encontrarás hierba, tripis, anfetas o speed, entre otras. Pero, ¿es ese el motivo por el que la gente va a estas fiestas? En absoluto. No.

Para entender la fiesta alternativa de Mallorca, basta un vistazo rápido a la fiesta oficial, que se resume así de rápido: ingleses y alemanes beben alcohol barato a precio de oro mientras bailan música comercial en las discotecas más degradantes que imagines.


¿Qué tienen en común una tía con un disfraz amarillo, varios funcionarios, una crupier de black jack y un pintor de yates jubilado?




La policía se ha esmerado en clausurar los pocos locales que se salían del circuito turístico, así que, si te toca descubrir la juventud en una isla vendida al guiri, simplemente no puedes divertirte.

O desistes y te quedas en casa, como han acabado haciendo muchos; o bien te rebelas y creas una isla dentro de otra isla. Una fiesta hecha a tu medida que será ilegal, pero será tuya.

«Hay como la idea de que si vas a la rave, por fuerza te drogas, y no es verdad. Tampoco se muere nadie ni es peligroso; de hecho, creo que es más seguro que la ciudad. La gente está muy preparada. Si te pasa algo, quien no se preocupa es que está peor que tú.».

Aunque parezca mentira, sus principales aliados no son las pastillas y el MDMA, sino más bien la fruta y el agua. Se toman la hidratación muy en serio, especialmente en verano, cuando las temperaturas pueden alcanzar los 40 grados.


Cuando la fiesta oficial es tu enemiga, creas la fiesta a tu medida




A la hora de montar la fiesta, lo principal es la mente colmena. Las comunidades autogestionadas invierten colectivamente en todo el material, desde carpas y altavoces hasta la comida.

Dado que la colaboración es indispensable, tanto organizadores como asistentes han desarrollado un sentimiento de hermandad casi religioso.

Así lo describe Girasol:

«Lo que realmente me gusta es ver salir el sol, ahí es cuando hago la fotosíntesis y revivo. Es casi poético ver las caras de la gente después de toda la noche. No he visto nada más respetuoso y organizado que una free party. En mi primera rave me monté dos tríos, pero en realidad a nadie le importa lo que hagas. Estar en un grupo de gente y tener esa confianza... es bonito, tío».




Una isla dentro de otra isla






share