Reportajes

De gira en un lugar llamado mundo: un día en la carretera con Dulce Pájara de Juventud

La joven banda del sello BCore nos explica cómo es estar de gira, pocas semanas antes de su participación en San Miguel Primavera Club

Antes de su participación en la próxima edición de San Miguel Primavera Club –la rama de Barcelona–, la nueva banda del sello Bcore, Dulce Pájara de Juventud, nos relata los secretos de su vida en la carretera: berberechos, Primal Scream y apuntes.

Dulce Pájara de Juventud es una banda joven, tanto que su álbum de debut, “Dulce Pájara de Juventud” (Bcore, 2012), se puso a la venta hace apenas un mes. Ellos son, o deberían ser, el futuro de la escena independiente española: practican un pop enérgico con ramalazos de hardcore y psicodelia, y su crecimiento constante y tenaz les ha llevado a donde están ahora, a comenzar a armar mucho ruido en festivales y giras. Pero, ¿cómo es un día en la carretera para una banda como la de estos barceloneses (del extrarradio) que justo ahora ha salido del cascarón. No imaginéis grandes suites de hotel ni lujos, por supuesto, todo es mucho más modesto y a la vez más divertido. Antes de su participación en San Miguel Primavera Club –únicamente en Barcelona, el 7 de diciembre, en el showcase de Bcore que tendrá lugar en La [2] de Apolo junto a Jupiter Lion y Salvaje Montoya–, ellos mismos nos cuentan cómo es su vida cuando están tocando de aquí para allá.

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Una gira comienza por buscar los cuatro hostales de mala muerte. Las habitaciones no suelen sobrepasar los 15€, con lo que eso conlleva: hacer el hippie y dormitorios compartidos donde las literas se aguantan con pinzas.

Segundo punto: es el momento de plantearnos qué comida llevar. Como norma ha de ser algo que aguante en neveritas de playa. Y nuestro producto estrella son los embutidos con pan Bimbo, lo que llamamos “comer chicles de jamón y queso”. Si ese día ha habido suerte, se puede improvisar sobre la marcha y concedernos algunos pequeños lujos. Por ejemplo, los berberechos y aceitunas verdes que compramos en un supermercado de Bilbao, de vuelta a casa. Poco más que decir. Una gira nuestra significa llegar a casa desnutrido.

Muchos otros son los aspectos a envidiar. Especial mención merece la carga y descarga de los trastos y el “Tetris” que ello supone. Pasa el tiempo y te vas haciendo más experto, te emocionas y quieres compartirlo con el resto. Estamos estudiando la idea de instalar un marcador encima de la puerta trasera para que recoja la puntuación de cada participante. Os animamos a concursar.

En este sentido, conseguir una furgoneta como dios manda es algo primordial. Nosotros somos de alquilar y ya hemos probado unos cuantos modelos. Cuanto más vieja, más problemas da. Y cuánto más moderna, más deshumanizada. La última que utilizamos fue Vito, en la que los asientos traseros y delanteros estaban como muy distantes; no se podía abrir las ventanillas traseras y encima los cristales eran tintados. Y aunque tenía una buena cilindrada, pocas cosas llenan el alma como una buena rama de laurel.

Y ahora sí: la gestión del tiempo en la carretera. Libros, el smartphone a tope de batería e incluso los apuntes en época de examen son buenas alternativas. Una mala selección musical, sin embargo, puede acabar por arruinar un viaje. Las radios en según que carreteras funcionan fatal y algunas gasolineras venden discos míticos, pero casi todos nos los sabemos de memoria, por lo que llevar cantidad y variedad es primordial si no quieres que falte una perla idónea para cada ocasión. De no preverlo, ahora no podríamos evocar nostálgicos aquella gira, un trayecto de Madrid a Bilbao sin haber dormido apenas pero con la certeza de estar viviendo el mejor after de nuestras vidas a cargo de Primal Scream y su “Screamadelica”. Combina algunos hits como “John, I’m Only Dancing”, “Fame” o “Young Americans” de Bowie y ya tienes el cóctel perfecto. Aquel mismo día estaríamos de vuelta en casa, Madrid-Bilbao-Barcelona, en poco más de 15 horas. Y durante todo el trayecto nocturno –el mismo de los berberechos– sólo sonó Pink Floyd ( “The Dark Side Of The Moon”). Lo que vendrían a ser… siete u ocho vueltas del CD. Cada vez que Xavi se despertaba, preguntaba lo que todos estáis pensando: “¿qué mierda es esto?”

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