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Los poetas salvajes de México son el futuro de la literatura

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Algo pasa en México: sus nuevos poetas son verdaderos animales devoradores de libros y constructores de diamantes literarios

Luna Miguel

19 Septiembre 2014 17:02

Algo enorme está pasando en México: una especie de torbellino literario generacional en el que el poeta es el nuevo rockero, o el nuevo rapero, o la nueva estrella de cine que brilla así en el cielo como en la tierra. Si el mundo fuera equiparable a la anatomía humana, no cabría duda de que en la actualidad este país latinoamericano es el órgano que todo lo bombea, el que todo lo centraliza, el que puede levantar un estandarte y autoproclamarse, sin reparos, el corazón de la poesía del presente.

Algo está pasando en México, y ese algo, además, está empezando a contagiar todo cuanto toca: sin ir más lejos este 2014 el panorama literario español está viendo cómo algunas de sus voces más afiladas han llegado a nuestro país para quedarse. Jóvenes autores de un talento desbordante que rompen por completo nuestros códigos. Hablamos de Eduardo Ruiz Sosa y su novela poética Anatomía de la memoria (Candaya), de David Meza y su cohete El sueño de Visnu (El Gaviero), y también de Gerardo Grande y su rítmico poemario La edad atómica (La Bella Varsovia). Hablamos de la punta de un iceberg que poco a poco descubriremos pero que sin embargo nunca podrá derretirse: está hecho de oro.

Los poetas son humanos salvajes

Cuando preguntamos a Gerardo Grande qué es lo que hace tan grande e ilusionante aquello que está ocurriendo con el género poético en su país, él se muestra un poco más escéptico. Gerardo tiene 23 años, y el sello independiente español La Bella Varsovia acaba de publicar una selección de la poesía que viene escribiendo desde los 19. Su antología se titula La edad atómica, y es un volumen lleno de poemas extensos, llenos de imágenes que recuerdan a cuchillos, de invitaciones a asumir la literatura como una especie de fiesta interminable, y de pequeños homenajes a la generación a la que pertenece, aquella que durante un tiempo se hizo llamar La red de los poetas salvajes

Hablamos con él vía Skype, y aunque la conexión falla, al final conseguimos escuchar su potente voz y también intuir sus delgados dedos sosteniendo un cigarrillo liado que de vez en cuando sube y baja llenando la pantalla de humo. Entre calada y calada, Gerardo habla muy seguro de aquello que le apasiona y de aquello que le hace dudar de la literatura hecha en su país y en su tiempo. Reconoce que tiene miedo de que todo este entusiasmo por la nueva ola de autores acabe entregándonos a una generación vacía, o quizá a un grupo de aspirantes a escritor que en realidad sólo quieren vivir del cuento, sin un trabajo y sin una propuesta única que respalde su obra. Lo que es innegable, sin embargo, es la frescura y la efervescencia creativas que desde otras naciones hemos de resignarnos a mirar con envidia.

Editoriales cartoneras, sellos independientes que publican ebooks gratuitos, festivales de poesía alrededor del país organizados precariamente por los propios autores o quizá subvencionados por el Gobierno, “porque aunque no estoy de acuerdo con muchas cosas de nuestros políticos”, dice Gerardo, “no hay que olvidar que ciertas instituciones asociadas a este están verdaderamente comprometidas con el fomento a la lectura y a la escritura”, páginas web dedicadas a la difusión cultural y sobre todo muchas, muchísimas acciones callejeras. “El poeta no debe quedarse detrás de su escritorio”, dice Grande. El poeta tiene que actuar, gritar, mezclarse con las personas porque la poesía es precisamente eso: humanidad.

¿Bisontes y emoticonos?

Como Meza y Ruiz Sosa, Gerardo Grande viene del D.F. A él le gusta pensar que su poesía, sin embargo, no tiene ningún tipo de marca geográfica. No quiere ser un poeta mexicano, él quiere ser un poeta latinoamericano, universal o alienígena si hace falta. Para referirse a su poética y también a la de buena parte de las corrientes de su país, Grande habla de la influencia en de la música rock, de la influencia de los grandes autores mexicanos, chilenos o argentinos, de la influencia de los Estados Unidos —ejercida sobre todo entre los autores de Baja California, herederos algunos de la Alt Lit más pura—, y sobre todo, habla de la influencia de Internet y de las facilidades que las nuevas tecnologías nos han otorgado en nuestro camino hacia convertirnos en una generación con una identidad verdaderamente reconocible.

“Creo que los poetas que hemos nacido en los 90 somos como los niños del paleolítico de la poesía del futuro. Tenemos unas herramientas y una voluntad completamente nuevas, y la utilizamos como cavernícolas. Lo que estamos haciendo es sólo la primera piedra de cuanto vendrá”. Tumblr, Instagram y Facebook como lugares ya no sólo de promoción sino también de escritura. Youtube como una casa en la que almacenar nuestros gritos de guerra. Twitter como una versión afilada y rápida del que crea aforismos. La red, en general, como una biblioteca infinita que nos permite conocerlo todo, descubrirlo todo, e investigar la manera de convertir este entusiasmo generalizado en algo global.

Dibujamos nuestros sentimientos y metáforas sobre un HTML, al igual que los antiguos hombres dibujaban bisontes en las paredes de sus cuevas. Si algo emociona de este momento, es esa sensación de que todo está por hacer y de que, sin embargo, hay tantas firmas y voces ya formadas, preparadas para desembarcar poco a poco en nuestro país y llenar nuestras estanterías con un idioma que sabemos leer pero que nunca habíamos imaginado tan puro: David Meza, Gerardo Grande, Yaxkin Melchy, Sara Uribe, Daniela Camacho, Jesús Carmona Robles, Xel-Ha López, Ana Carrete, Aleida Belem Salazar, Martín Rangel, y todos esos nombres que no conocemos pero que pronto estarán aquí, muy dentro de nuestra memoria.

Un revólver en medio del dolor del mundo

Porque lo que aquí hemos podido ver es eso, la punta de un iceberg dorado. Sólo gracias a aportaciones como la del documental El poeta es un revólver en medio del dolor del mundo llegamos a comprender que es imposible abarcar todo lo que esta nueva ola viene a darnos. En el vídeo dirigido por el Colectivo Poesía y Trayecto, y publicado a finales de 2013, vemos a algunos de los autores citados y aprendemos de otra cantidad de autores, colectivos y escenas que se extienden por todo el país mexicano. Aquí lo que se anuncia es una poesía reivindicativa, una poesía social que sale de los márgenes del papel en blanco y se retuerce en el cielo como un rayo.

Ahora, lo único que pedimos es que no dejen de apuntarnos con ese revólver.

Estamos esperando sus disparos con el pecho al descubierto.

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