Reportajes

¿Qué fue ‘lo hipster’?

Dimes y diretes sobre la modernidad y la ironía

El próximo lunes, 2 de mayo, la editorial Alpha Decay publicará la traducción al castellano de “¿Qué Fue ‘Lo Hipster’?”, el libro lanzado a finales del año pasado por la revista norteamericana n+1 que reflexionaba acerca del confuso, contradictorio y a la vez vistoso movimiento hipster tanto en Estados Unidos como a nivel planetario. Sobre este volumen, que comprende conferencias, artículos y un ameno coloquio sobre el qué, el cómo y el porqué de lo hipster, ya os hablamos hace un tiempo cuando apareció la primera edición en inglés. Ahora, aprovechando la llegada a las librerías de la versión española (Jon Bilbao es el traductor), podemos ir más allá y mostraros un nuevo ángulo de un tomo que deberá ser de cabecera para consumidores de American Apparel, fans de Wes Anderson, portadores de bigote irónico y mensajeros en bicicleta –como lo será también para los detractores de estos usos y costumbres–.

Alpha Decay nos ha autorizado gentilmente la pre-publicación de un fragmento de “¿Qué Fue ‘Lo Hipster’?”, que es lo que podrás leer a continuación. El libro nació a partir de un ciclo de ponencias coordinadas por n+1 –Mark Greif, Kathleen Ross y Dayna Tortorici– en las que participaron autores como Jace Clayton (más conocido como DJ /rupture), Christian Lorentzen y el propio Greif, y que concluyó con un animado coloquio entre diferentes sociólogos, periodistas, faces y hipsters de tomo y lomo. De ese coloquio os ofrecemos, acto seguido, un extenso fragmento.

* * *
Allison Lorentzen: Chicos, antes de que sigáis lanzándoos preguntas creo que deberíamos prestar atención al caballero con el micrófono.

Andrew Pina: Hace poco leí un artículo divertido en “Onion” con un titulo que decía algo así como: “Grupo de hipsters descubre que uno de sus amigos era en realidad un vagabundo”, y venía a decir que compraban en las mismas tiendas de ropa de segunda mano y que bebían las mismas marcas de cerveza… Era bastante bueno. Me gustaría saber cómo veis la relación de los hipsters, o de los así llamados hipsters, con la gente pobre de verdad, con la clase baja, y de qué forma los hipster están movilizándose para ayudar a ese tipo de gente.

Mark Greif: ¿Alguien tiene una opinión al respecto?

Dave Clooney: Los dos movimientos hipster (el de los años cincuenta y el de los noventa) surgieron precisamente en épocas en las que quizá no hubiera un reparto equitativo de la riqueza, pero en las que sí se produjo un incremento de la riqueza. En los cincuenta y a principios de los sesenta tenemos la posguerra. Nuestros competidores industriales habían sido destruidos y fue entonces cuando se produjo el primer gran empuje del mercado del petróleo. Tom Wolfe escribió un libro titulado “The Pump House Gang” ( “La Banda De La Casa De La Bomba”), compuesto por una serie de ensayos sobre jóvenes en la veintena y ya desengañados, jóvenes que tenían más dinero y que sufrían menos imposiciones que sus predecesores respecto a lo que debían hacer, por lo que podían dedicarse a practicar surf, ir al Noonday Underground o unirse al movimiento mod en Londres.

Y luego vuelve a haber un boom económico, y de nuevo el dinero no se distribuye de forma equitativa, pero nos encontramos con otros veinteañeros desengañados que, una vez más, no soportan graves imposiciones –no tienen que ir a trabajar a la granja ni a la fábrica– pero que disponen de una inmensa cantidad de crédito. Así que se produce un movimiento consumista. Hay dinero para gastar y a la masa de jóvenes no se le pide nada más, no se espera que haga otra cosa, así que canibaliza la cultura del pasado, más auténtica, para saciar sus ansias consumistas. Parece una actitud natural en ciertos momentos del capitalismo. Así que la opinión de los hipsters respecto a la mendicidad u otros problemas sociales, o su postura crítica ante los problemas de clase, se reduce a enfrascarse en una discusión interminable sobre gustos y estética, lo más alejada posible de una discusión sobre política y clasismo.

Samuel Dwyer: Creo que en el corazón del movimiento hipster hay cierto intelectualismo, y si es así, y si es verdad que “n+1” es una publicación hipster, ¿no es entonces lo hipster lo mejor que ha pasado al final de la era Bush?

Christian Lorentzen: Yo negaría eso de que en el corazón de lo hipster hay intelectualismo. Lo digo después de haber vivido en Williamsburg dos años. Cuando vivía en otros sitios y me encontraba con alguien que parecía hipster, resultaba ser alguien que había leído mucho; mientras que en Williamsburg, donde todo el mundo parece hipster, la mayoría de la gente, o mucha gente, no tiene ni idea de nada.

A. Lorentzen: ¿Podrías decirnos en qué sitios has vivido donde la gente fuera culta?

C. Lorentzen: Park Slope, Windsor Terrace, Fort Greene, Clinton Hill, Cambridge, Somerville, Hopkinton (aunque aquí sólo a medias), Massachusetts.

Dwyer: ¿Pero la gente de esos sitios no se parecía mucho?

C. Lorentzen: No… A menudo era gente que trabajaba en la industria de la moda.

[…]

Maureen «Moe» Tkacik: Quisiera dejar más clara la relación entre la situación económica actual y el movimiento hipster. En mi opinión, el movimiento hipster –su proliferación y, posteriormente, la proliferación de la antipatía hacia el mismo– surgió en esencia para hacer partícipe a nuestra generación de la falacia y los defectos de la desregulación. Se produjo una desregulación de la cultura.

Creo que todos los que estamos aquí –la mayoría somos de la misma generación– crecimos en una época en que nuestra mayor necesidad, nuestra carencia, lo que echábamos en falta, no era comida, ni energía, ni minerales. Todo eso lo teníamos. Lo que de veras echábamos de menos –en especial en el ámbito suburbano– era la cultura.

En aquel momento, los años noventa, había muchas complicaciones y barreras a la hora de entrar a formar parte de una subcultura. Era un proceso lento, burocratizado. Tenías que empezar por los fanzines y algunas revistas, y luego llegabas a “The Face” –lo que era un gran paso–. Pero si no tenías acceso a ese tipo de material, todo era misterioso y había un montón de cosas que debías descubrir por ti mismo.

Entonces llegó 1999 e Internet desregularizó la cultura, y al principio aquello pareció genial, ¿verdad? Antes, si querías entrar en alguna subcultura, dígase punk o rockabilly o twee o cualquier otra, había todo tipo de controles de acceso, había limitaciones, pero de pronto teníamos esta cosa enorme y vibrante, y también un poco nebulosa, y ya no sabías realmente cómo identificar a la gente, salvo porque llevaban ropa de American Apparel; y esto fue otra forma de desregulación, porque un fácil acceso a fuentes de crédito permitió a American Apparel abrir algo así como doscientas tiendas en dos años, un fenómeno sin precedentes en el comercio al por menor.

Pero a medida que nuestra generación crecía, fuimos testigos de la cada vez mayor diferencia de ingresos con la generación anterior, lo que ha sucedido porque nosotros pensábamos: “¿Quién coño necesita bonos por valor de tres millones de dólares? Esto es gratis”.

Así que aunque salir adelante ha sido siempre difícil, en el intervalo entre 2001 y 2007 o 2008, en Nueva York o Filadelfia o Chicago o donde fuera, era perfectamente factible. En Filadelfia, por ejemplo, todo el mundo empezó a comprar casas y a usarlas como si fueran cajeros automáticos, como supongo que también hicisteis aquí. En Nueva York siempre ha habido trabajos para los que sólo quieren a gente cool, donde se hacen tareas completamente banales, como la redacción publicitaria. Y nada de esto era visto como una fuerza maléfica. Permitimos que la diferencia de ingresos entre generaciones aumentara y aumentara, un fenómeno respaldado financieramente por los chinos, y no fue buena idea.

Ahora somos conscientes, de una forma visceral, de lo que hemos perdido, y lo somos porque los hipsters han pasado de ser personas que quizá nos intimidaban un poco porque eran más cool que nosotros, a ser unos simples niñatos subnormales.

[…]

Josh Stanley: Mi pregunta es especulativa. Ser un hipster implica ser tratado como un fenómeno concreto, incluso como una respuesta concreta al capitalismo o a la era que vivimos. Lo que me gustaría saber es si el movimiento hipster no tiene nada de interesante, si no es más que una imposición del capitalismo, una consecuencia del impulso homogenizador generado por la expansión capitalista. Creo que el capitalismo no podría haber seguido otros caminos en pasado, sino que el seguido es el único posible, el que el propio capitalismo impone, y que negar las diferencias sociales y la conciencia nacional y la conciencia de clase –que no son lo mismo– constituye lo más negativo del capitalismo. Podría ser interesante hablar un poco de esto.

Greif: Hay dos temas destacables en todas estas preguntas y también en las charlas de presentación. Uno: el movimiento hipster como mecanismo de aserción de la distinción. Mientras que todo el mundo intenta diferenciarse de los demás mediante formas cada vez más triviales, deja de prestar atención a los problemas de verdad. Dos: los hipsters como fuerza homogenizadora, creadora de una cultura global y «rebelde» a la que uno puede sumarse con sólo decir: «Prefiero no hacerlo», cuando en realidad lo estás haciendo.

[…]

Miembro del público: Bueno… ¿Tiene algo que ver con la diferencia entre la bohemia y la neo-boemia? Todo el mundo habla de 1999, pero yo no recuerdo qué pasó entonces, salvo que me gradué en el instituto…

Greif: Eso fue lo que pasó, que tú te graduaste en el instituto.

A. Lorentzen: No. El hecho importante fue que yo me gradué en el instituto. miembro del público: ( A Johnson) ¿Tu pregunta se refiere a cuándo la ironía deja de serlo para convertirse en nostalgia?

Greif: ¿Es ésa tu pregunta? La nostalgia es en realidad ese estado prolongado, permanente…

Johnson: Sí, creo que eso se aproxima a lo que yo quería decir.

Greif: No sé si esto puede considerarse una respuesta, pero mucha gente se ha percatado de que el movimiento hipster, en su etapa inicial, si aceptamos que hubo una etapa inicial, se centró en una recuperación de los años setenta, incluyendo la moda que nuestros padres seguían cuando nacimos. Así que si suponemos que todo empezó en 1999 y retrocedemos desde ahí unos veinticinco años, llegamos a 1974, momento en que vinimos al mundo y nos encontramos con unas personas admirables que vestían trajes de sport o lo que fuera. Ese momento es el que parece haber proporcionado el estilo y la conciencia a los hipsters de la etapa inicial.

El movimiento hipster de hoy, al menos como yo lo aprecio, prefiere la recuperación de los años ochenta, momento en que nuestro padres llevaban leggins, o calentadores, creo que se llamaban así, y camisetas enormes y ese tipo de cosas.

[…]

Greif: Antes hemos hablado de que a las personas que a finales de los noventa se interesaban en política les atraía una subcultura desarrollada simultáneamente a la hipster: el movimiento anticapitalista y antiglobalización que todos recordamos. ¿En qué año se celebró la conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio, cuándo fue la batalla de Seattle? [ Olvidando lo que él había dicho en la presentación]

Varias personas: 1999

Greif: ¡1999! ¿Lo veis? ¡Todo sucedió en 1999! Una pregunta difícil de evitar, en especial cuando se habla de los hipsters vegetarianos o veganos, es si existe alguna relación entre el movimiento hipster y los movimientos medioambiental y anticapitalista como subculturas de la juventud. Sin duda el tema ha estado siempre presente en la música de las subculturas, como el riot grrrl y los ahora denominados «crust punks». O eso es lo que me cuentan los jóvenes. El otro día Jace me explicaba la relación entre los crusts y los teknivals europeos. ¿Qué opináis? ¿Sigue habiendo una conexión, una conexión genuina, entre la cultura hipster y el movimiento anticapitalista y el medioambiental?

A. Lorentezen: Y el feminista…

Greif: Gracias… El movimiento feminista, la cultura progresista…

Jace Clayton: Y eso lo preguntas cuando este debate tiene lugar en la New School, donde todos esos estudiantes fueron arrestados ayer por manifestarse y ocupar el número 65 de la Quinta Avenida.

Miembro del público: Una de las razones por las que pienso que no hay una relación clara es… Lo que me ha gustado de vuestra charla es que estudiáis la estética del movimiento hipster para intentar comprenderla en sus propios términos. Tratáis de averiguar si hay algún significado profundo en los significantes particulares de este movimiento. Pero quizá fuera interesante dar un paso atrás y partir de la premisa de que no hay significado, de que todo es arbitrario. Un grupo de personas se reunieron y seleccionaron una serie de rasgos que compartir con los que crear un lenguaje de grupo. Si fue así como pasó, entonces pretender que existen las conexiones de las que hablas no tiene sentido, porque en realidad no hay nada de político en este movimiento, no es más que un conjunto de personas que viven en el mismo lugar.

Me gustaría señalar que, si ésta es vuestra interpretación, he visto pocas pruebas de ello. Hay que tener presentes otras cosas que están sucediendo en Estados Unidos en estos momentos. No puedo probarlo, sólo decir lo que he visto en mi propia familia. En el centro del país, en las décadas de los setenta y ochenta, la gente perdió su identidad blanca, que quedó destruida. Hay libros de cocina de Betty Crocker por todas partes, ¿verdad? Eso no es más que un producto procesado. Pero después, en los noventa y en especial a principios de la década de 2000, nos encontramos con este revival de la generación de nuestros padres. “Mis abuelos vinieron aquí, y yo soy irlandés, y tengo adornos irlandeses en mi casa y en mi coche”. No puedo afirmar que eso no sucediera antes de nacer yo, pero no creo que nadie reconociera al irlandés que llevaba en su interior hasta cierto momento a mediados de los noventa.

Si vuestra interpretación es sólo estructural –personas en busca de un lenguaje que les dote de unidad como grupo–, entonces quizá los significantes concretos no importen.

Michelle Angel Martínez: A mí me interesa saber qué pensáis sobre los niños como accesorios hipster. Puesto que hemos hablado mucho sobre la afinidad que los hipsters sienten por la infancia y de su deseo por conservar cierto carácter naíf, me pregunto por los hipsters que tienen niños, y carritos diseñados por la nasa, y que los llevan a conciertos y bares. ¿Qué papel juegan los niños en el desarrollo de estas personas como hipsters?

C. Lorentzen: Te refieres a que algunos hipsters usan a sus hijos como si fueran un complemento para mostrar sus propios gustos, ¿no es así? Me parece una crítica pertinente. Eso pasa una y otra vez.

Es horrible. Por completo repugnante. Es muy molesto cuando traen a sus críos a las fiestas y esperan que te gusten de la misma forma que te gustan sus perros. Es un impedimento a la hora de pasarlo bien, pero también es una de esas cosas que hacen que la gente se sienta mejor consigo misma, que las hace sentirse reales.

En “n+1”, Mark ha escrito mucho sobre Eggers y “McSweeney´s”, esos temas recurrentes. Si echáis un vistazo al primer número de “McSweeney´s” veréis que dice: “Para los niños”. Y en ese contexto es obviamente una broma, pero unos años después la plantilla de “McSweeney´s” empezó a tener hijos –o muchos de ellos, probablemente–, y crearon una organización caritativa llamada 826 que realiza una gran labor, no voy a negarlo, pero una vez yo paseaba por la calle con un amigo que, por fortuna, ahora es un exitoso novelista que vive en Francia, pero que entonces se dedicaba al voluntariado o había recibido una subvención y trabajaba en algún proyecto literario en Harlem, y pasamos frente al 826 de Park Slope y él dice: “Estupendo, un centro para la atención de los niños en el barrio más blanco de toda la ciudad. Va ser de lo más útil”.

Creo que esto tiene que ver con la pregunta acerca de si los hipsters son progresistas. Siempre que presencio una muestra de visible progresismo o buenrrollismo por parte de los hipsters, mi reacción instintiva es de sospecha.

[…]

Charles Petersen: Estoy tan contento de que Christian nos acompañe esta tarde, así disponemos aquí mismo de un ejemplo de hipster.

C. Lorentzen: Un hipster de segunda clase. Creo que, de acuerdo a tu libro [ dirigiéndose a Robert Lanham], yo sería un pol-lit.

A. Lorentzen: ¿Qué significa eso?

Lanham: Un hipster obsesionado con la política, la literatura y el mundo académico. Generalmente llevan barba.

C. Lorentzen: [ Acariciándose la barba] Creo que en la foto de tu libro tienen la barba más larga, pero por desgracia he empezado a perder pelo.

Petersen: Me gustaría proponer una visión alternativa de los hipsters. Hay un problema en que este debate parta de la premisa de la muerte del movimiento hipster, cosa que «sucedió» en 2003. Creo que en realidad el movimiento hipster está continuamente muriendo y volviendo a nacer. Propongo una visión trotskysta, aunque superficial, del hipster como ejemplo de revolución permanente.

La primera vez que oí hablar de los hipsters –porque yo provengo de mitad de ninguna parte– fue en 2002 o 2003, cuando empecé a leer Pitchfork, en la época en que parecía un gran fenómeno. Atacaban a los emos, que en 2003 eran algo que merecía ser destruido, o la música twee, todas esas cosas que no me gustaban nada. Así que la primera vez que escuché “Losing My Edge”, que me parece el principal episodio realmente hipster del comienzo de esta década, me pareció algo muy grande. Y aunque en 1991 yo sólo tenía siete años, “Slanted And Enchanted” [álbum de Pavement] tuvo un efecto parecido, de la misma forma que en 1966 o 1967 lo tuvo la Velvet Underground. Los hipsters siempre están destruyendo algo. Hemos hablado del movimiento hipster de forma muy general, como lo hace la revista “New York”, y no deberíamos caer en eso. Muchas personas catalogadas como hipsters en realidad no lo son. El rasgo principal de los hipsters es –como Mark ha señalado, aunque no recuerdo en qué definición, creo que en la tercera– esa forma a priori e irreprochable de estar por encima de lo cool, que es lo que vimos mientras Christian nos daba su charla. Es algo a lo que no te puedes oponer.

C. Lorentzen: No te molestes en intentarlo.

Petersen: Por lo tanto, el momento en que proclamamos la muerte del movimiento hipster es en realidad un momento hipster. Tiene que ver con lo que hablábamos antes sobre las acusaciones de que “n+1” es una publicación hipster, cosa que es cierta, pero no en el sentido que «hipster» ha llegado a tener. Es hipster porque destruye el momento actual, de la misma forma que los hipsters lo eran porque destruían cosas en 2003 y en 1991. Antes nos preguntábamos por qué el término “hipster” surgió en 1999. ¿Por qué retroceder a las décadas de los cuarenta y los cincuenta? La mayoría de los que usaban el término en 1999 o 2001 no tenían ni idea de sus connotaciones históricas. Para entonces la palabra había sido vaciada de significado e historia. Ahora “hipster” sólo sirve para referirse a alguien que está por encima de lo cool, alguien con quien no puedes competir. Así que supongo que este debate ha sido útil en el sentido de determinar cuál es la principal subcultura de la juventud a día de hoy, o cuál es nuestro papel en el fenómeno de la gentrificación, pero en realidad ésas no son las cuestiones que nos han traído aquí.

La cuestión principal sobre el movimiento hipster es: ¿cómo haces la revolución desde la subcultura? Creo que, en relación a las subculturas, la gente piensa que lo malo y lo bueno están igualados. Y eso sucede en especial en Nueva York, donde la subcultura y el capitalismo se encuentran tan interrelacionados. En Minneapolis, o incluso en un sitio como Seattle, puedes vivir a diez minutos del centro por trescientos dólares al mes. Eso es imposible en Nueva York. Esto denota cierto provincialismo en la discusión, porque vivir de forma bohemia en el resto del país, o al menos en gran parte del mismo, es todavía fácil. No tienes que matarte a trabajar para lograrlo. No necesitas tener chinches. Las chinches son un fenómeno muy neoyorquino. No oyes hablar de ellas en otros sitios. Puedes vivir con casi nada. Y creo que eso también sucede en la mayor parte del resto del mundo. En Europa occidental tienes que vivir en Berlín, pero al menos tienes esa opción.

Así que a la hora de hablar del movimiento hipster me parece útil preguntarnos cuál es la mejor forma de destruir algo para crear una cosa nueva. Pensemos en los Pavement. Ellos acaban con cosas para producir otras nuevas. Está “Slanted And Enchanted”, que es un álbum destructivo que me encanta, y dos o tres años después publicaron “Crooked Rain”, que es completamente distinto y que también me gusta. Sucede lo mismo con la revolución; hay que preguntarse cómo destruir cosas para empezar de nuevo.

[…]

Greif: [ Tras darse cuenta de que ya han transcurrido dos horas de coloquio] Creo que, como sucede en todas las mesas redondas, nos acercamos al punto en que todos nos sentimos agotados, lo que no debería obligarnos a parar, aunque tendría sentido hacerlo y la cortesía invita a ello. Tenemos preparado un refrigerio. ¿Queréis que continuemos? ¿Cuánto tiempo nos queda todavía?

A. Lorentzen: Chad nos indica que es hora de terminar. Podríamos hacer otro par de preguntas más.

Greif: Quien guste puede empezar con las galletas o lo que haya de refrigerio. Crack, cocaína…

Lanham: Se ha hablado mucho de la muerte del movimiento hipster, que supuestamente se produjo en 2003 o 2004. Pero recuerdo que cuando estaba documentándome para mi libro, en 2000 y 2001, me encontré repetidas veces con que los hipsters experimentan un sentimiento de autodesprecio. Así que una de las cosas divertidas que figuran en el libro es que cada vez que le pregunto a alguien si es hipster, la respuesta inmediata es “no”. Y creo que esto sigue ocurriendo, porque continuamente oigo que los hipsters son un fenómeno de finales de los noventa y del cambio de siglo, pero luego pongo la televisión y me encuentro con “Flight Of The Conchords”, que para mí tiene una estética quintaesencialmente hipster, además del humor y la ironía hipster. Demetri Martin es otro ejemplo de lo mismo. Y en el ámbito musical, Sufjan Stevens, a quien acompaña una banda de chicas disfrazadas de girl scouts. Y ahora mismo me basta mirar a mi alrededor para decir que esa persona parece hipster, y ésa otra también; la ropa, los complementos, están ahí. Creo que el espíritu irónico no ha desaparecido. Así que mi pregunta es: ¿ha llegado la muerte del movimiento hipster? Creo que existe una oposición al mismo, una reacción en contra, pero que, sin duda, lo hipster continúa prosperando.

[…]

Kyle Sturgeon: Yo tengo una hipótesis sobre una futura variedad de hipster, hipótesis basada en mis observaciones tras haber llegado hace poco a Nueva York desde Louisville, Kentucky. Podría considerarse una continuación de lo dicho por Jace y Mark. Mark, tu tercera definición del hipster incluye lo que William Gibson denomina “reconocimiento de pautas”, que es la habilidad para detectar tendencias. Una de esas tendencias ha sido el nuevo filósofo político de los hipsters: Slavoj Žižek. Estoy seguro de que Jace me apoya en esto porque sé que uno de los mayores clubs de cumbia se llama Žižek. Un precepto de este filósofo es no hacer nada para afrontar la tragedia económica, ni ninguna otra cosa. Así que quizá el motivo por el que el reconocimiento de pautas nos lleva a Žižek sea la forma en que éste trata los medios de comunicación y las películas de hoy en día, pero también porque nos dice, literalmente, que no hagamos nada, que no tenemos que hacer nada. Lo que parece lo opuesto a lo que defendía Rorty: “No hay nada que hacer”.

Pero puede haber un riesgo para “n+1”. Hace poco, William Deresiewicz escribió en “Nation” que erais una publicación hipster. No fue sorprendente, sobre todo viniendo de él. Pero aun así podría existir un peligro. Tengo la impresión de que a la mayoría de redactores de “n+1” no les interesa mucho Slajov Žižek, ¿pero no existe el riesgo de que, puesto que los hipsters apoyan ese extraño marxismo o post-marxismo, vosotros seáis identificados erróneamente con esa filosofía política que nos dice que no hagamos nada, que no parece lo que vosotros esperáis de la gente? Quizá por eso fuisteis clasificados como una publicación hipster.

James Pogue: Brevemente, creo que entiendo lo que quieres decir, pero si quieres hablar de activismo político à la hipster, como el desarrollado especialmente en Nueva York y San Francisco, me parece más acertado referirnos a CrimethInc., material que mucha gente creció leyendo, al igual que los libros de Akhasic y cosas por el estilo, aunque ahora hayan perdido su vigencia. Creo que lo que nos pide Žižek no es “no hacer nada”, sino “ser activistas mediante la no participación”. Me parece que este aspecto del movimiento hipster es más difícilmente criticable que otros. Ha dado lugar a algunas cosas positivas, aunque inviten a reírse de ellas.

Sturgeon: Yo me he encontrado con un montón de seguidores de Žižek en Barnes and Noble, donde compran sus libros.

Tkacik: Yo trabajaba en American Apparel y os aseguro que era el único intelectual del que habían oído hablar los empleados.

Pogue: ¿Pensáis que los hipsters se han ido despojando de sus inclinaciones políticas?

Sturgeon: ¡Claro que no! Ya se ha mencionado que el mayor club de cumbia, que es un fenómeno global, se llama Žižek.

Pogue: Lo sé, ¿pero qué importa eso?

Sturgeon: Eso es lo que quiero decir. Se trata de algo completamente vacuo. Están adoptando una filosofía política vacía.

C. Lorentzen: Creo que ni siquiera saben qué es la filosofía política.

Pogue: Eso estoy diciendo. Avanzamos una pre-publicación del libro “¿Qué fue ‘lo hipster’?, que edita el sello Alpha Decay la próxima semana. Una reflexión amena y profunda sobre el movimiento contracultural más polémico e irónico de los últimos 15 años.

“¿Qué fue ‘lo hipster’?” está disponible a partir del lunes 2 de mayo a través de Alpha Decay. 219 páginas. Precio de venta: 19 euros.

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