Reportajes

Cómo hacer política en la prensa de tendencias

La revista Ajoblanco cumple 40 años y vuelve a la actualidad gracias a la exposición retrospectiva titulada La revista Ajoblanco. Ruptura, contestación y vitalismo (1974-1999) que el Centro Cultural Conde Duque de Madrid le dedica hasta septiembre.

La mítica revista contracultural surgida en los últimos tiempos del franquismo irritó a la gestación del establishment de la democracia española. Muchos no la llegamos a tener en nuestras manos, pero los que sí afirman que recuperarla es necesario en tiempos de agitación social. ¿Nostalgia de una prensa rebelde, o el Ajo aún puede enseñar a picar?

A raíz de una exposición de poesía en la Facultad de Derecho de Barcelona el año 1974, el estudiante Pepe Ribas y su pandilla de amigos artistas y ácratas Fernando Mir y Toni Puig decidieron dar vida a publicación que entroncara con su espíritu libertario: a estos jóvenes del tardofranquismo no les interesaba una democracia surgida de las tripas de la dictadura y tampoco comulgaban con la izquierda autoritaria. Nadie les representaba. “Teníamos la necesidad de descubrir por nosotros mismos la cultura, la vida. Hicimos llamadas a la participación y la gente respondió, Ajoblanco la hicieron los lectores. Llegamos a vender más de 100.000 ejemplares”, cuenta Ribas.

Ajoblanco se convirtió en la biblia disidente de dos generaciones de españoles, en una ventana incendiada al mundo: en sus páginas convivía la alta cultura, las tendencias y el periodismo más político y disruptivo. Su primera etapa (1974-1980), la más explosiva y utópica giraba en torno al rock, el antimilitarismo, las comunas, las drogas psicodélicas, el Mayo del 68 y Buenaventura Durruti, el sexo y el amor libre, la homosexualidad, el feminismo, el arte pobre y el teatro de guerrilla. Todo lo que oliera a underground era potencialmente publicable en aquella pequeña redacción humeante de Barcelona.

Hay quien piensa que esa mezcla de contenidos fue hija de una época. Otros, como Ribas, están convencidos de la necesidad de una publicación similar en estos tiempos de agitación social, en la que muchos ciudadanos dicen no sentirse representados por nadie. ¿Se trata de nostalgia, o el Ajo podría seguir picando?

Regreso al futuro

Lo interesante es que Ajoblanco es una revista vigente y distante al mismo tiempo. En la autobiografía de Pepe Ribas Los 70 a destajo, los parecidos con la actualidad no parecen mera coincidencia, y no son pocas las veces que el fundador de la publicación ha manifestado las conexiones que observa entre aquellos años y el movimiento 15M, que presenció en las plazas de varias ciudades españolas: “En su transcurso, Ajoblanco ha recopilado muchos antídotos para que no vuelva a ocurrir lo de siempre: en momentos muy brillantes de participación política de la ciudadanía, que se organiza desde la base como en Can Vies, el poder aniquila. No hay que permitirlo otra vez. Con el 15M, con la irrupción de Podemos en las europeas, estamos en un momento apasionante”. Para Ribas lo que distancia el momento actual con su época no es un asunto generacional: “Yo también estoy harto de la gerontocracia. Esto no va de generaciones; va de mafias”.

Sin embargo, Ribas no es el único que ve coincidencias. El escritor y ensayista Eloy Fernández Porta, que colaboró en la revista en su última época (1995-1996), habla del regreso de los referentes culturales de la época: “Hay un arco que enlaza la contracultura versión años setenta con las propuestas contemporáneas de disenso y crítica cultural. Un aspecto es la popularidad de los pensadores de la diferencia y la heterodoxia, desde Foucault hasta Hebdige, que ahora mismo están tan presentes en el panorama intelectual y en las librerías como hace cuarenta años”.

Aquella maravillosa dinamita

Después de cuarenta años, ninguna publicación española parece haber heredado la receta que convertía a Ajoblanco en un artefacto periodístico imprescindible para un futuro más libre. A Lucía Lijtmaer, periodista y escritora, la revista le pilló muy joven, pero en su opinión no tenía antecedentes: “Había revistas similares en el mundo anglosajón, donde se podía hablar tanto de temas de alta cultura como de cultura pop. No sentían que los lectores de una y otra cosa vinieran de mundos sociológicos diferentes. Si te gusta la cumbia, también te puede interesar la política”.

En todas sus etapas, Ajoblanco convivió con un magma de publicaciones contraculturales de relativo éxito, como Star, Sal Común, La Luna de Madrid, Viejo Topo, Nueva Lente u Ozono: “Su última época coincide con la Revista Arrabal, que sacó cuatro números a principios de los noventa y tenía varios aspectos en común. Más adelante aparece s abor a Ajo en algunos aspectos al fanzine Mondo Brutto (en el tratamiento de las drogas y las comunidades alternativas) y a la sección de cultura del periódico Diagonal”, explica Eloy Fernández Porta.

'Trendencias'

"Hay que hacer el activismo como si fuera ocio. No leer por obligación, sino porque te gusta, crear la motivación: eso es lo que conseguimos con el Ajo"

Fue en los noventa cuando la receta del Ajo quedó definitivamente descatalogada y resistieron los sucedáneos, las cenizas del boom editorial: “Hubo una división muy grande en el periodismo de tendencias asociado a las marcas, que triunfó en papel con la cultura del pelotazo económico. Se desvinculó de la crítica al poder”, explica Lijtmaer. Ribas culpa a los grandes grupos mediáticos de copar las redes de distribución y de “derribar” el periodismo independiente.

En la actualidad es posible encontrar puntos en común en Mongolia, LaDinamo, La Marea, fanzines y folletos como los Pressentiments de Espai en Blanc. Pero la fórmula de Ajoblanco, con su maravilloso desequilibro para la mezcla de clases y la libertad creativa de sus redactores, no parece haberse reinterpretado: lo satírico no suele contener grandes dosis de periodismo o cultura, y las publicaciones de crítica cultural o las de periodismo alternativo no acostumbran a contener humor subversivo o cultura pop.

Ajoblanco no separaba unas cosas de otras porque todo está relacionado. Tu vida se relaciona con la economía, el arte, la política: facilitábamos al lector una visión global”, cuenta Ribas, que añade que la mayoría de las publicaciones culturales de hoy confunden la alta cultura con el entretenimiento vinculado a fines comerciales: “El periodismo cultural bien hecho es el que te da motivos para ir a ver una peli; si no te están colando un producto. El entretenimiento está muy bien, pero no hay que confundirlo con la alta cultura”. Ajoblanco entendía las tendencias como algo que recorre el cuerpo colectivo, un habla que surge desde abajo y se conforma: “Hay que hacer el activismo como si fuera ocio. No leer por obligación, sino porque te gusta, crear la motivación: eso es lo que conseguimos con el Ajo”.

Pepe Ribas no está viviendo la retrospectiva en el Centro Cultural Conde Duque sólo como un homenaje a un legado exánime, sino como una prueba para saber si Ajoblanco aún late. Ribas no ha abandonado la lucha que empezó cuando estudiaba Derecho en Barcelona: “contra la dormidera, el hedonismo y consumismo” que sepultó la revista en 1999.

¿Cómo seria la portada de Ajoblanco del mes que viene?, preguntamos a Pepe Ribas. “Sería Podemos. Sin rostro, con unas caligrafías que sedujeran, que tuvieran dureza y sensualidad, ternura y decisión. Sería un trabajo en equipo, con varios diseñadores y gente que no es diseñadora. Podemos es sentido común, no marketing”.

El Damocles digital

“El periodismo online permite picotear de muchos sitios, es muy difícil a día de hoy que un solo medio sea tu fuente de información. Ajoblanco es hija de su tiempo y del papel. Le pasó también a la revista inglesa The Face, que cerró en 2004 porque ya no tenía razón de ser”, explica Lucía Lijtmaer, que al mismo tiempo cree que se están dando mucho ejemplos de periodismo en los que hablar de lo político no suena “a tostón”. En Internet.

El futuro de Ajoblanco ya ha empezado su camino en la red y también mediante las Jornadas Ajoblanquistas. Han iniciado “la llamada” para que la gente colabore en su refundación: “No lo vamos a hacer tres iluminados. En todo caso coordinaremos y aportaremos materiales que puedan ser reutilizados. ¿Cómo lo vamos a hacer? No lo sé, el camino empieza ahora y está abierto”, explica Ribas.

Empieza, pues, una etapa en la que las nuevas generaciones de lectores y redactores tomarán el pulso a todas esas llamativas portadas y estudiarán la vigencia del eslogan “el Ajo pica y repite”. Mientras tanto, Ribas confía en una desaceleración de la era digital: “Cuando ves un coche por primera vez, te obsesionas. Ahora empezamos a relajarnos un poco con Internet, el exceso de ego conduce a la locura y al onanismo. Es importante la distancia, la reflexión sin pantallas ni móviles. No puedes estar concentrado en mil cosas a la vez durante todo el día, tu cabeza no está hecha para eso”. Aunque también puede que las nuevas cabezas sí estén hechas para eso, y que aun así puedan oler el aliento del Ajo.

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