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Mi generación hace cosas muy raras

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Te presentamos a algunos de los veinteañeros que marcarán el futuro del arte, el periodismo o la literatura

Luna Miguel

02 Marzo 2015 06:00

—24 de febrero de 2015

18:35 (Barcelona-Valencia-Internet)

Ruben Ajaú (más conocido en redes como Muerte Horrible) declara en una conversación vía Skype que la suya es una generación de fracasados. Lo dice con orgullo. Lo dice con gracia y con algo de ironía: no le importa ser un fracasado, porque sabe que cada caída nos hará más fuertes. Rubén tiene 23 años. Vive en casa de sus padres porque dejó un trabajo que le amargaba la vida y entonces tuvo que regresar al hogar. Hace música, hace cine, hace literatura, hace dibujos, hace de todo y sin embargo se siente un fracasado.



Retrato de Chica Calamidad

Quizá lo que realmente ocurre con Ajaú y con su generación es que lo hacen todo, pero no tienen nada. Quizá lo que ocurre con ellos es que lo saben todo, pero les obligan a no saber nada. Quizá lo que pasa es que no son unos fracasados, pero son humildes. Rubén Ajaú se ríe y habla de nuevas tecnologías y de cómo no ser artista, o quizá de cómo ser artista en un mundo en el que a los jóvenes se les desprecia tanto como se les aprecia. En unos días tendrá que coger un Blablacar desde Valencia hasta Madrid para asistir al primer encuentro de 89+ en España. Todavía no sabe qué decir.

—25 de febrero de 2015

12:15 (Barcelona, redacción de PlayGround)

Los nacidos en los 90 tienen algo especial. No porque sean más especiales que el resto de nacidos en otra década, sino porque son, como dice Gerardo Grande, los niños de las cavernas de las generaciones futuras. Les caracteriza su uso de Internet, sus ganas de devorarlo todo, su fracaso auto-asumido, su brutalidad a la hora de crear… El poeta chileno Héctor Hernández Montecinos acaba de llegar a Barcelona, toca la puerta de la planta de redacción de PlayGround y saca de su mano un libro grueso en el que se encuentran antologados 19 poetas chilenos nacidos a partir de 1990. Entre sus integrantes hay algunos como Maximiliano Andrade, de 25 años, que se ha dedicado a mezclar poesía, con imagen y con música.



Montecinos está de acuerdo con que Andrade es un poeta muy especial. Me cuenta que es tímido, pero que luego se vuelve loco. Andrade es uno de los poetas del Poetry Will Be Made By All, que tiene lugar dentro del proyecto internacional 89+. Al día siguiente, en Madrid, los coordinadores de este movimiento también hablarán sorprendidos y enamorados de esa nueva corriente de autores que en adelante se encargarán de promocionar. “Esta es una generación de poetas”, dice Hans Ulrich Obrist. O quizá no lo haya dicho a él. 

—26 de febrero de 2015

16:01 (Madrid, pabellón 9 de ARCO, planta primera)

Hay unos pastelitos deliciosos. Huele a café. En esta sala los jóvenes artistas se miran temblorosos entre sí porque los dos curadores de arte más célebres del momento están a punto de interrogarles. Hans Ulrich Obrist abre la sesión explicando qué es 89+, ese proyecto internacional con el que, junto a Simon Castets, trata de investigar qué es lo que está pasando con una nueva generación de artistas nacidos a partir de 1989, para quienes Internet y el lenguaje digital han terminado por configurar nuevos códigos de comunicación y creación.


Los artistas parecen menos nerviosos porque los pastelitos están realmente buenos. Salen a la pantalla y presenta sus proyectos. Un montón de imágenes comienzan a pasar frente a los ojos de los curadores. Proyectos fotográficos, esculturas impresas en 3D, obras de teatro muy peculiares, fotos de viajes, retratos de plastilina, poemas generacionales, cortometrajes, performances hechas directamente en Instagram…

De entre todos, Rubén Ajaú hace reír a los asistentes con su peculiar visión de la relación humano-internet. También está ahí Coco Capitán, que con sólo 22 años ya es un referente de la fotografía de moda. Claudia Pages trae un mundo peculiar de teatro y música. Y Teresa Cano construye imágenes delirantes y muy coloridas, con las que no pretende mostrar ningún sentimiento, sino una armonía total. Todos hablan inglés y a veces los acentos se rompen. Nadie sabe si a Hans o a Simon les ha gustado lo que ha pasado aquí, pero alguien apunta en su cuaderno una frase que resume el encuentro:

“Mi generación hace cosas muy raras”.



Diseño de Teresa Cano

—19: 45 (aún en el recinto de ARCO)

Coco Capitán y otros chicos del encuentro se cuelan en la sala VIP de ARCO. Esa misma en la que uno se da cuenta de que un Bombay Sapphire gratuito importa más que mil obras incomprensibles. Coco no se considera una artista. Ella hace lo que hace, porque sí. Trabaja en el mundo de la moda para poder pagar sus verdaderas ambiciones, que no son otras que viajar. Muestra un aspecto distinto y cómico de lo que es este mundo, e incluso cree que las cosas están cambiando. También cree que la moda, al ser todo, al significarlo todo en nuestras vidas, también se tiene que empapar de lo político, de lo social, de los intereses del momento, para avanzar hacia algún lado y seguir importando a la gente.  



Autorretrato de Coco Capitán

Coco no sabe exactamente qué le une a su generación, pero sí lamenta no haber podido discutir más con el resto de sus compañeros que han expuesto en el meeting de 89+. Si nuestra generación se caracteriza por la continua puesta en común de opiniones, impresiones y proyectos, ¿por qué no propiciarlo? ¿Por qué no aprovechar el momento?

—27 de febrero de 2015

19:55 (Madrid, exterior del Café Moderno)




Lorenzo y Leticia están fumándose un cigarrillo en el exterior del bar. Han salido fuera porque faltan cinco minutos para que empiece la primera lectura de Los perros románticos (un grupo de escritores que no tienen en común otra cosa más que haberse conocido a través de Internet). Lorenzo y Leticia están fumando un cigarrillo y hablan ilusionados de un proyecto que acaban de comenzar. Juntos trabajan en La grieta, una revista apartidista de creación y pensamiento, en donde la literatura, la política, el arte y la economía pueden convivir.

 Hace unas semanas El País publicó un perfil sobre estos chavales cuyo grupo de redactores y creadores no supera los treinta años. Lorenzo sabe que en Madrid y en España en general están pasando muchas cosas interesantes, pero teme que los proyectos más potentes se queden en la nada precisamente porque aquí cada uno va por libre. Porque no hay unión. Y nada hay peor para la cultura que quedarse en su cueva. Que desaparecer cada uno en el rincón egoísta que se construyó.

—21:20 (dentro del Café Moderno)




El recital ha durado más o menos una hora, algo que resulta llamativo si pensamos que normalmente los poetas se eternizan leyendo sus propios textos, que los recitales son un rollazo, y que a nadie le importa nada después del tercer poema. Aquí, Los perros románticos leen uno o dos textos por cabeza. Se pasan el micrófono de mano en mano como si se tratara de un porro. Sin embargo, esto sabe, huele y coloca mejor.



María Mercromina

Hay mucho público, más de 100 personas. Tal vez sea el primer evento de Facebook en el que la gente no miente al pulsar el botón de “asistiré”. Hay personas que han venido sólo para ver a María Mercromina, con 2.000 seguidores en Twitter y un montón de chicas que declaran que quieren ser como ella al ver sus fotos en Instagram. Hay personas que han venido sólo para escuchar a Enrique Zamorano, una pequeña estrella rock que lee poemas generacionales. Hay personas que han venido sólo para ver a María Yuste o a Vicente Monroy, o a Óscar García Sierra, los representantes de la Alt Lit Made In Spain que se llevaron los aplausos más grandes con sus voces frescas. Hay personas que aplauden porque Ernesto Castro, Camino Román, Alejandra Marquerie, Miguel Rual o cualquiera de los autores han leído poemas excelentes, breves y unificadores.



Óscar G. Sierra, María Yuste y Vicente Monroy

Aquí todos tienen un rostro feliz, incluso el dueño del bar que hace de portero porque no da crédito a que su espacio haya podido llenarse por culpa de un sencillo evento poético. Hay gente esperando fuera. Alguien bromea con que Internet ha debido quedarse vacío. Puede que sean una generación de fracasados, pero al menos, poco a poco, están saliendo de sus cuevas. Aquí ha pasado algo. Todos lo saben y se nota en el ambiente.



I'm excited to be here, de Claudia Pages

—28 de febrero de 2015

20:00 (Los Hueros, Alcalá de Henares, pensamientos durante el 18 cumpleaños de mi prima Irina)

“Mi generación hace cosas muy raras”.

Cosas como escribir poemas en Tumblr y recibir un montón de favoritos.

Cosas como crear fanzines a mano y venderlos en bolsitas llenas de tierra.

Cosas como sacar la lengua a la moda viejuna y marcharse a China a hacer fotografía.

Cosas como fingir vidas excelentes en Instagram y debatir así sobre la intimidad o la realidad.

Cosas como escribir cuentos a niñas muertas.

Cosas como hablar de Shakira en un poema.

Cosas como redactar instrucciones para un suicidio prematuro.

Cosas como querer salvar el periodismo.

Como querer salvar la literatura.


Mi generación hace cosas como querer salvar el arte mucho antes de salvarse a sí mismos






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