Reportajes

Venezuela: "Los pacientes mueren esperando porque no tenemos con qué tratarles"

Suicidios, inseguridad y hambre en los centros psiquiátricos, muertes de neonatos y un dramático ascenso de pacientes fallecidos tras dejar los hospitales: así es como la escasez de medicamentos mata en Venezuela

Tenía 16 años, era epiléptico y la escasez de medicamentos en la que vive inmersa Venezuela le mató seis meses atrás.

Simon – nombre ficticio – consiguió salir de la humilde barriada del estado de Miranda que le había visto crecer gracias a una beca con la que entró en uno de los institutos privados más reconocidos de la región.

Pero cuando se detuvo la importación del anticonvulsionante que le ayudaba a lidiar con la epilepsia, todo cambió. Sus estudios quedaron en segundo plano al convertir su vida en una odisea que consistía en recorrer farmacias y calles a diario con la intención de hacerse con las pocas dosis del fármaco que quedaban en el país.

Un día dejó de encontrarlas.

La única opción para detener las convulsiones que cada día sufría con más frecuencia pasó a ser una inminente cirugía en el nervio vago demasiado costosa para el bolsillo de sus padres. Así que denunciaron al gobierno venezolano el alarmante estado de Simon esperando que la financiaran.

Nunca respondieron.

Después de dos meses sin el medicamento y llegando a sufrir hasta 16 crisis epilépticas al día, su cuerpo dijo basta. "Dicen que es el gobierno del pueblo, pero no es verdad. La tragedia de Simon es parte del drama que acecha al país", explica a PlayGround la que en su día fue su psicóloga, Rosi Martínes. También ha sido ella quien nos ha hablado de su historia.

                                                                                                                                                                                             EFE

I. El principio del deterioro de la industria farmacéutica venezolana

Durante años Venezuela produjo la mayor parte de los fármacos que se vendían en el país a través del Servicio Autónomo de Elaboraciones Farmacéuticas (SEFAR), institución que se creó para fabricarlos a un coste más bajo. Aunque había algunos que seguían importándose de compañías extranjeras como Pfizer y Eli Lilly.

Sin embargo, con la caída de los precios del petróleo que desencadenó el colapso económico de 2014, todo cambió. El gobierno se quedó sin divisas para fabricar fármacos y las crecientes deudas que había acumulado con las compañías extranjeras provocaron que éstas detuvieran la producción. Dos fatídicas consecuencias que anunciaron el inicio de un deterioro de la industria farmacéutica sin precedentes.

Aunque como explican Milagros Ramírez, presidenta de la fundación Sanando, que dona medicamentos y recursos sanitarios en Venezuela, y el doctor Alberto Zambrano, otro de los factores que han desencadenado el mortífero estado en el que vive el país es la corrupción que habita en las entrañas de SEFAR, que se agudizó cuando el difunto expresidente Hugo Chávez cedió a los militares su control en 2007. 

La distribución de los fármacos era inferior a la demanda de la población, su efectividad era menor a la habitual y el control de divisas impuesto por el gobierno acabó ahogando a los laboratorios extranjeros al provocar que los costes de producción sobrepasaran los beneficios. Así que Ramírez y Zambrano sostienen que la crisis farmacéutica empezó años atrás, pero que se intensificó de forma alarmante con la llegada del colapso económico.

Los padres de Simon denunciaron al gobierno venezolano el alarmante estado de su hijo esperando que la financiaran. Nunca respondieron

El resultado de la suma de todos estos factores es una escasez actual del 85% de los medicamentos, según indicó el 27 de enero el presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela (Fefarven), Freddy Ceballos, que afecta directamente a las vidas de un número incalculable de venezolanos.

II. Hospitales que ya no pueden salvar vidas

Las mismas carencias que sufren las farmacias se han trasladado a los hospitales, donde "los pacientes mueren esperando ser atendidos porque no hay recursos con los que tratarles", lamenta a PlayGround Zambrano, que imparte clases en hospitales públicos después de dejar de trabajar en ellos hace 3 años. "Es un drama para ellos y para los médicos", sentencia.

De acuerdo a Zambrano, faltan fármacos para tratar enfermedades como la hipertensión, el cáncer, la epilepsia, el párkinson o la artritis, las vacunas ni siquiera se producen para menores y los pacientes se marchan de los hospitales sin recibir el alta porque la única dieta diaria que les ofrecen es un plátano hervido o porque no tienen con qué curarles.

Este conjunto de problemáticas han desencadenado un dramático ascenso del número de personas fallecidas tras dejar el hospital. Según el último informe del Ministerio de Salud de Venezuela publicado en 2015, en 2012 morían 2,96 pacientes por cada 100 altas, mientras que tres años después 31 de cada 100. Durante el mismo periodo, la tasa de mortalidad entre neonatos se multiplicó por 100 al ascender del 0,02% al 2%, de acuerdo con el mismo informe. Ahora, después de tres años más de deterioro, las cifras podrían ser mucho más alarmantes.

                                                                                                                                                                    El Correo del Orinoco

"Me gustaría pensar que el ministerio se equivocó y que en realidad quería decir 3,1 de cada 100. ¡Pero nadie se ha molestado en rectificarlo! Esta es una de las razones por las que ya no trabajo en el sector público, ya que es imposible ayudar a la gente como me gustaría", sentencia el doctor.

III. La peor de las consecuencias de la carencia de antidepresivos

Las enfermedades mentales son algunas de las más golpeadas por esta crisis sanitaria. Así lo explica a PlayGround la presidenta de la fundación Mentes Brillantes, María Alejandra Echenique, quien fue testigo de como varias de las personas bipolares a las que ayudaba desde su fundación con charlas y actividades se suicidaron por no tener acceso a los antidepresivos que antes les ayudaban a lidiar con el trastorno.

El caso de un joven que terminó ahorcándose llevó a Echenique, que también es bipolar, a tocar fondo. Pensó que podría haber compartido con él sus medicamentos, pero el miedo a que se le agotaran le impidió tenderle una mano. La culpa se arraigó en su interior con tanta persistencia que dos meses después ella también perpetró un intento de suicidio atiborrándose de ansiolíticos y antidepresivos. Se salvó gracias a un lavado de estómago.

El caso de un joven que terminó ahorcándose llevó a Echenique, que también es bipolar, a tocar fondo. Pensó que podría haber compartido con él sus medicamentos, pero el miedo a que se le agotaran le impidió tenderle una mano.

"No me atrevo a decir cuántas personas se suicidaron, pero conozco sus casos porque eran cercanas. Yo soy una superviviente. Los médicos dicen que imité lo que había visto en los demás", recuerda un año después de la fatídica caída que la llevó a ser internada en el centro psiquiátrico público que, sin esperarlo, se convertiría en su infierno particular. Aunque reconoce que tuvo la suerte de acabar en el que considera que estaba en mejores condiciones del país.

IV. La irrupción del peligro en los psiquiátricos

La familia de Echenique le enviaba comida que a veces nunca llegaba. En su dormitorio reinaba un olor a excrementos que procedía del cubo en el que ella y sus compañeras tenían que hacer sus necesidades cuando las enfermeras no las acompañaban al baño. Compartía habitación con cuatro internas que padecían enfermedades como trastornos de personalidad y esquizofrenia y a las que, al igual que a ella, solían cambiarles el fármaco y la dosis regularmente.  

 

                                                                                                                                                                        Andrea Hernández

Ninguna recibía el tratamiento adecuado, por lo que la sensación de peligro y de paranoia eran estados constantes entre esas paredes. Echenique, durante su estancia en el psiquiátrico, nunca recibió terapia para superar el intento de suicidio.

"Era de noche y una agredía a otra porque pensaba que la quería matar y a la madrugada siguiente otra perpetraba un ataque por la misma razón. Una me dijo que vigilara porque querían cortarme el pelo y otra que guardara mis cosas porque tenían pensado robarme". Hasta que no dejó esas instalaciones a los 10 días no fue capaz de rehacerse.

Echenique y el resto de pacientes que la acompañaron en el psiquiátrico vivieron inmersas en una peligrosa rutina para cualquier enfermo mental. Porque interrumpir de forma abrupta un tratamiento puede desencadenar un trastorno aún más fuerte que el que ya sufre el paciente y efectos secundarios como ansiedad, alucinaciones, insomnio, náuseas, dolores de cabeza y temblores, según explica a PlayGround la psiquiatra del consultorio privado Psicovivir, Lynier Tobia.

"La falta de medicamentos está llevando a pacientes de los centros psiquiátricos a un estado alarmante que les hace sufrir crisis psicóticas. La situación no es grave, es terrible. No es una mentira ni una guerra económica en la que se están escondiendo las medicinas como dice el gobierno", señala la misma doctora, que fue testigo de esta decadencia en 2015 cuando trabajaba en el Hospital Psiquiátrico de Valencia, y en 2016 al utilizar sus instalaciones para impartir clases a estudiantes de Psicología.

Ni Echenica ni sus compañeras recibían el tratamiento adecuado, por lo que la sensación de peligro y de paranoia eran estados constantes entre esas paredes

V. La búsqueda de medicamentos

En estos momentos, es común que muchos venezolanos recorran calles y farmacias a diario en busca de fármacos que no saben si encontraran. Aunque según Tobia, los que acaban dando con ellos tampoco están a salvo. Una prueba de ello es que el actual cambio de divisas ha fijado un importe de 10.000 bolívares – 13,84 dólares – para una caja de 10 pastillas de antidepresivos que la mayoría no puede permitirse con un sueldo mínimo de alrededor de 65.000 bolívares – 90 dólares –. Y con una inflación galopante que, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de año ascenderá al 720,5%, aún es más inalcanzable.

Otros recurren al mercado negro, donde el precio de las mismas píldoras puede ascender a 30.000 bolívares – 55,36 dólares –, o a trueques en los que se intercambian productos de primera necesidad por medicamentos que salvan vidas. "¡Estamos viviendo una época de trueques! Cuando Chávez nos dijo en 2010 que podría haber un día en el que ocurriría, no nos lo creímos. ¡Quién podía imaginarlo!", exclama Tobia.

Ramírez se percató de la escasez de medicamentos antes que se intensificara en 2014. Así que en 2012 se animó a fundar Sanando, la fundación con la que ahora ayuda a miles de personas donando los medicamentos que otros no necesitaban.

                                                                                                                                                                               Getty Images

La duda de no saber si la gente fallecía por no tener el fármaco o por la propia enfermedad la acompañó durante tiempo. Pero no fue hasta que se dio cuenta de que el gobierno no hacía nada para remediarlo cuando empezó a denunciarlo por las redes sin cesar. Un valiente gesto que la llevó a recibir aluviones de críticas de personas que la acusaban de exagerar y amenazas de chavistas que decían que faltaba al respeto al comandante. Pero no le importó. Ramírez se comprometió a combatir la impasividad de su Gobierno costara lo que costase.

El trabajo de Sanando en Venezuela empezó a tener los días contados en octubre de 2014, cuando la creadora recibió una paliza de chavistas entre frases que amenazaban matar a su hija.  

"Sabían donde vivía y donde estudiaba mi hija. Así que no me quedó otra opción que marcharme a EEUU", explica ahora a PlayGround mientras sigue mandando medicamentos y otros recursos económicos a los venezolanos desde EEUU. Y asegura que, a pesar de la indiferencia del Gobierno del presidente Nicolás Maduro, no se detendrá hasta que Venezuela vuelva a asemejarse a lo que era.

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