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Un día en el delirante mundo de la feria de esoterismo

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Las industrias esotéricas mueven miles de millones de euros al año en España

Sergio C. Fanjul

21 Octubre 2014 06:00

Fotos de Liliana López

Cada vez que se celebra una feria de esoterismo, el universo empieza a echar humo y colapsa. Los funcionarios cósmicos dedicados a hacer realidad los deseos de los humanos no deben de dar abasto, porque en una feria de esoterismo todo se pide al universo y el universo, como dice el refrán, proveerá. (A Dios, los esotéricos lo identifican con el universo, un poco al estilo del filósofo Baruch Spinoza, que identificaba a Dios con la propia naturaleza).

La semana pasada fue uno de esos duros momentos para los trabajadores del cosmos: los esotéricos llegaron con sus stands y sus poderes sobrenaturales al jardín tropical de la estación de Atocha, ese que tanto sobrecoge a los recién llegados, y montaron allí su estrambótico chiringuito, que visitamos con una mezcla de curiosidad, risa y, en varias ocasiones, espanto.

Esta es una feria de ocultismo hardcore y chabacano. Olvídense de terapias pseudopsicológicas o técnicas de relajación o control mental, de cualquier atisbo de elegancia: aquí no hay reiki o mindfulness, lo que se estila es la quiromancia de toda la vida, el tarotista estrafalario, la magia blanca a base de inciensos y amuletos. Las piedras maravillosas o las pirámides energéticas. La peripecia de las ciencias ocultas, con sus cábalas y sus alquimias, con su Hermes Trimesgisto y su Aleister Crowley, es bien interesante para el lector curioso (sino véase la Historia de la filosofía oculta de Alexandrian, publicada por Valdemar en 2003), pero, joder, aquí hay hadas de la amistad, dragones de la suerte y filtros de amor.

Aunque uno pueda pensar que el target de estas paparruchas es la clase trabajadora menos formada y más desfavorecida, aquí se ve de todo: ejecutivos que tratan de extraer ventaja comparativa de la bola de cristal, señoras bien en busca de protección para su familia o estudiantes de instituto en persecución de la magia y el misterio. Y hay quien pasaba por ahí, cargando con la maleta hacia el AVE, y se para a curiosear con cara de sorpresa. Hay una abrumadora mayoría de público femenino.

Mola. Aquí todo tiene un sentido oculto:

—Uy, creo que me estoy mareando con tanto incienso en esta feria —dice una paseante.

—No, lo que a ti te marea es la concentración de energías que hay aquí —se asoma la profesora Celia, una vidente.

Los físicos definen la energía como la capacidad para realizar un trabajo, es decir, la capacidad para 'mover' (en realidad es acelerar) algo. Así la energía cinética está relacionada con el movimiento de los cuerpos, mientras que la energía calorífica, el calor, está relacionada con el movimiento de las partículas que forman los cuerpos, es decir, con su temperatura. Los esotéricos no se quitan de la boca la palabra energía, energías por aquí, energías por allá, pero ni siquiera saben explicar lo que es (es 'algo') y, por supuesto, no tienen modo (ni ganas) de medirla. Es un término comodín que sirve para hablar de aquello que ignoran. "Yo creo en todo eso de las energías", dicen por aquí los aficionados al sector de lo místico.

Una tarotista ofrece sus cartas, muy nerviosa, a un reportero televisivo mientras la cámara registra la operación. Se le caen al suelo. Al agacharse a recoger los arcanos, ella dice: "Esto quiere decir algo". Porque, como ven, los esotéricos son especialistas a sacarle sentido a todo, a ver por doquier significados ocultos y causalidad en la casualidad, sobre todo si es en su propio beneficio. No son tontos. Una tirada de cartas puede salir por 36 euros. Una sola pregunta a la baraja, 10 eurillos de nada.

Tal vez la parte más inquietante de la feria es la sección de charlas y conferencias, con títulos como Mensajes recibidos desde los niveles más altos de los registros akásicos a través de la mujer cristal (al parecer los Seres de Luz ha decidido que la información contenida en esos registros ya sea transmitidos a la humanidad).

O la Presentación de la pirámide Atlante.

O el Taller dirigido por ángeles.

O Rituales y hechizos en nuestra vida cotidiana.

Asistimos espectantes a la charla El despertar del espíritu, impartida por los reverendos Aurelio Patricio e Ingrid Solé, de la Escuela de Estudios Intuitivos y Psíquicos. Ahí nos informan de las verdaderas leyes del Universo, que resulta que no son las que han ido descubriendo durante décadas de investigación los científicos (los esotéricos no se molestan demasiado en investigar, sino que prefieren reproducir una y otra vez viejas creencias sin justificación ni evidencia). Y todo ello mientras dicen la palabra "cuántico" sin ton ni son, como quien echa arroz a las palomas.

Una de las más conocidas es la Ley de Atracción, popularizada por infinidad de libros de autoayuda (sobre todo por el infame best seller El Secreto, de Rhonda Byrne): viene a decir que podemos conseguir lo que queramos si sabemos visualizarlo y lo deseamos con todas nuestras fuerzas. Si quiero un descapotable, una pareja perfecta o unos millones de euros, basta con quererlo de la manera adecuada. Es hermoso, sin duda, pero manifiestamente falso.

Al final resulta que las leyes del universo que aquí se enseñan, además de no ser tales, no dicen nada del universo, de su origen o su funcionamiento, más allá de aquello que se refiere a conseguir nuestros propios objetivos. En ciencia diríamos que tienen un margen de validez ridículo sobre todo cuando vienen precedidas de tan rimbombante título.

Pero la enseñanza más peligrosa de los esotéricos, también piedra angular de la filosofía de la autoayuda, es una que haría  las delicias de Margaret Thatcher y de los ultraliberales más recalcitrantes: "Todo lo que nos pasa depende exclusivamente de nosotros mismos", adoctrina al respetable el reverendo Aurelio Patricio. Sobre estos asuntos, la periodista Barbara Ehrenreich escribió el ensayo Sonríe o muere (Turner), en el que explicaba cómo estas filosofías positivas acababan haciendo responsable a cada individuo de su situación, aunque fuera producida por el azar, la crisis económica o la mutación genética. Al comienzo del texto relata cómo, en ciertos ambientes, las enfermas de cáncer de mama que morían consumidas por la enfermedad eran estigmatizadas como "perdedoras" sin el coraje suficiente para luchar y sobreponerse de las “vencedoras”. Siguiendo esto, todo lo malo que nos pasa es culpa exclusivamente nuestra. Y, ¿les suena?, ser despedido no es más que una buena oportunidad para reinventarse e intentar cosas nuevas. Lo que mola es emprender.

La sesión finaliza con el conjuro de un Círculo de Protección que trazamos en el aire con nuestras manos. Después, mientras permanecemos con los ojos cerrados y respirando profundamente, los reverendos pasan por cada uno de nosotros haciendo no sé qué viguerías con nuestros chakras. Antes, el reverendo Aurelio Patricio había transferido el dolor de riñones de una mujer a una botella de agua mineral de 33 cl.

Continuamos:

 —Y esto ¿qué es? —preguntamos en un stand lleno de piedras negras.

—Es el Shungite, el mineral más antiguo que conocemos y contiene todos los elementos de la tabla periódica —responde una joven—. Todo el que existe procede de un meteorito que cayó en la región de Karelia, Rusia. Tiene energía beneficiosa para la salud y el bienestar, combate la fatiga, purifica el agua.

Por ahí pulula Pedro Gutiérrez, un hombre con una túnica llamativa (por decirlo de alguna manera) y que se publicita como "el vidente de Sálvame DeLuxe y Campamento de Verano".

No muy lejos vemos como las nuevas tecnologías llegan al mundo de las mancias: este adusto quiromántico, de gesto serio y respetable calva, te lee la mano con un dispositivo electrónico y luego imprime el veredicto.

Un hombre ofrece recargar nuestros hipotéticos amuletos, porque resulta que los amuletos, como los móviles, también se recargan.

Otro es capaz de fotografiar tu aura. Los mercaderes del orgonite nos explican sus beneficiosas propiedades si lo colocamos en diferentes partes de la casa: equilibra las energías. Además nos enseñan el cañón rompe nubes que ideó el célebre psicoanalista marxista Wilhem Reich.

—¿Y esto funciona de verdad? ¿Rompe las nubes?

—Pues claro —responde la tendera de aspecto jipi—, a un hombre en Phoenix se lo llevó el gobierno por manejar el tiempo a su antojo —a su espalda otros adeptos se reenergetizan debajo de unas pirámides de orgonite.

La vidente Doris Alza, de vistoso pelo rojo, que al final de la feria cerró los fastos con una una ceremonia ritual Agnihotra (fuego védico), es preguntada por alguien que porta una foto del seleccionador nacional de fútbol Vicente del Bosque.

—Tiene que dejarlo, como buen piscis tiene una energía muy negativa tanto para los demás como para él mismo —afirma—, tendría que retirarse a meditar. Aunque no sé si es piscis. 

Nos encontramos a un joven conocido que parece sorprendido de vernos en aquel sarao:

—¿Que tal la feria? —pregunta.

—Pues hemos vistos cosas muy locas....

—Bueno —responde visiblemente ofendido—, todos tenemos nuestras locuras, ¿no?, ¿NO? 

¿Son estos esotéricos unos charlatanes? Rotundamente sí. ¿Son unos estafadores? Solo en la medida en la que crean en los delirantes productos e ideas que venden. Como decía una señora escéptica que abandonaba el recinto: "Aquí, al final, lo que venden es ilusión". ¿O juegan con ella?

Las industrias esotéricas, por llamarlas de alguna manera, mueven al menos 3.000 millones de euros al año en España, una estimación inexacta, que se queda corta porque muchas de las operaciones de videntes, curanderos y pitonisas se hacen en dinero negro. Que todavía tengan cierta aceptación entre la población hace a uno preguntarse cuál es el nivel de cultura o de analfabetismo científico de nuestra sociedad.

Porque enseñar ciencia no es solo enseñar las leyes de la física, las rocas metamórficas o la zoología, sino, sobre todo, cómo el método científico, a base de hipótesis, experimento, falsación, conocimiento compartido, etc, nos da una visión relativamente fiable del mundo (o al menos útil) y nos permite disfrutar de las últimas las terapias médicas cuando estamos enfermos, de un verdadero conocimiento del universo (no la Ley de Atracción) o de un potente smartphone, seamos esotéricos o no.

Y sobre todo nos enseña a ser críticos con los que tratan de engañarnos ya sean pitonisas, magufos o políticos.



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