Reportajes

El día que me colé en una peli porno

La semana pasada Erika Lust me invitó al rodaje de uno de los cortos de X Confessions con Amarna Miller y Ryan James como protagonistas, era mi primera vez en un rodaje porno, y espero que no sea la última.

Amarna está en bañador, y James se ha metido en la piscina. Se supone que todo lo que vamos a ver a continuación es una fantasía que ocurre en la cabeza de la escritora de Romantic Bullshit antes de tener su falso orgasmo. Amarna es una rica heredera que seduce a un extranjero que ha visto en la playa con sus prismáticos. Todo es rabiosamente setentero.

Cuando te levantas a las seis de la mañana de un viernes para ir como espectadora al rodaje de una película porno, sospechas que la vida puede ser maravillosa. O al menos eso es lo que pensaba el pasado 11 de julio mientras me quitaba las legañas en la ducha y me preparaba para ir a lo que sería una larga jornada de sexo en directo y risas.

Semanas antes de aquel momento, la guionista Almudena Monzú me había invitado al rodaje de uno de los cortos que Erika Lust grabaría en Barcelona para dar forma a su tercera entrega de XConfessions, un conjunto de cortos eróticos basados en las confesiones anónimas que los usuarios de su web mandan a lo largo del año. Monzú no lo tenía difícil para convencerme. La suma de los factores Pornografía en vivo + Erika Lust era irresistible, pero cuando el nombre de la actriz Amarna Miller salió a la luz, entonces sí que no pude decir que no.

El trabajo de las dos siempre me había entusiasmado: Lust como líder de una nueva generación de directores de películas eróticas con mucho gusto estético y tintes feministas, y Miller como nueva estrella del porno español, célebre, además, por escribir un blog finísimo sobre género, sexo, literatura y curiosidades. El hecho de enfrentarme a ellas en un terreno tan escurridizo y desconocido para mí como el de un rodaje lleno de cámaras, maquilladores y actores profesionales me excitaba y me aterrorizaba a partes iguales.

Toda esa gente sabrá mucho más de sexo que yo, pensaba.

Toda esa gente habrá visto más pollas de las que yo veré en toda mi vida.

Toda esa gente estará harta de que aficionados como yo lleguen a su lugar de trabajo y les cosan a preguntas estúpidas sobre tipos de posturas, técnicas de excitación, manías alimenticias de los protagonistas o anécdotas delirantes de grabaciones pasadas.

Mi propósito se convirtió entonces en ir allí con los ojos muy abiertos, con tal de encontrar respuesta a buena parte de los interrogantes que a la mayoría de los mortales se nos pasan por la cabeza cuando vemos vídeos X en la caliente y solitaria oscuridad de nuestra existencia. Cuestiones a priori sencillas, que al final resultarían tener respuestas bien jugosas.

¿Qué se desayuna en un rodaje porno?

"En aquel momento la pornografía me dio muchísima pereza. ¿Follar a las ocho de la mañana? Aquello, sin duda, era un trabajo de verdad"

Son casi las ocho de la mañana y voy subida en un taxi que me dejará en una de esas esquinas del barrio de la Barceloneta que desde bien temprano huelen a almeja, a chopito y a chancla de turista. La playa está casi vacía, algo inédito para los que paseamos por allí un domingo por la tarde y a menudo debemos poner toda nuestra atención en esquivar a los bañistas chamuscados. El coche me deja en la puerta de un edificio en el que hay un señor mayor con perro y dos chicas que me preguntan si es que vengo para el rodaje. Yo digo que sí y me doy cuenta de que una de ellas es Erika Lust. Aunque llevan una hora más que yo en aquel lugar, Erika y su equipo aún siguen subiendo cajas llenas de ropa, libros eróticos y juguetes para adultos de un color demasiado rosa.

El punto de encuentro es la planta número seis de ese edificio. Por lo visto, me cuenta una de las chicas de producción al llegar a nuestra planta, el lugar pertenece a unos alemanes loquísimos que decidieron venirse a trabajar a Barcelona porque aquí hace mejor tiempo y porque como su empresa pertenece al ámbito de Internet, podían permitirse el lujo de trabajar en la distancia.

—¿De qué es la empresa? — pregunto.

—De contactos. Pero no para ligar, sino para follar. Por lo visto acaban de comprar el domino fuck-punto-com. Será que la empresa les va bien. Follar vende.

La piscina de la azotea donde se supone que iban a rodar el polvo estaba comida de mierda. “Normalmente empezamos con las escenas de sexo para que los actores estén menos cansados”, me dijo Almudena Monzú, “pero hoy será excepcional y comenzaremos con los diálogos, ya que tenemos que esperar a que los alemanes limpien el agua”. En aquel momento la pornografía me dio muchísima pereza. ¿Follar a las ocho de la mañana? Aquello, sin duda, era un trabajo de verdad.

El equipo de Lust había colocado todas sus cosas en el otro lado de la azotea, desde donde un mar azul infinito lo inundaba todo. Allí estaba Amarna Miller, por fin, rodeada de vestuario y de maquillaje, y siendo peinada por una maquilladora muy guapa que me sonaba de alguna fiesta loca en el Raval. Amarna, delgadísima y blanca. Amarna, con ese pelo rojizo teñido pero tan bien llevado. Amarna, riendo constantemente y hablando muy rápido de todo tipo de cosas. Amarna, demostrando su simpatía en todo momento y eclipsándolo todo.

“¡Por fin nos conocemos!”, me dijo. Aunque nunca nos habíamos visto en persona ya habíamos colaborado en algún proyecto poético-pornográfico e intercambiado algún que otro like en Facebook e Instagram. Me preguntó por PlayGround, me preguntó si escribiría algo sobre ella y también me preguntó si yo sabía quién era ese tal Tito Pullo en el alguna ocasión se había metido con su trabajo. Seguimos charlando un rato mientras la maquilladora guapa le pintaba los ojos y mientras mordisqueábamos algunos cronuts de colores imposibles que la empresa de catering había dejado allí para nosotros.

Pasteles, uvas, zumos de melocotón, un montón de plátanos, una caja con nubes de colores, galletitas saladas, café de máquina y una gigantesca tabla de quesos de la que Ryan James, el fornido actor australiano al que unas horas más tardes veríamos el pito, cogía pequeños trozos, uno tras otro, mientras miraba expectante al nervioso equipo de rodaje. Así que esto es lo que se come en un rodaje de porno, me dije satisfecha. De mi lista mental de curiosidades pornográficas ya podía borrar el primer punto.

¿Qué inspira el guión de una peli porno?

"Alguien me señala con el dedo y entonces sé que voy a cumplir un sueño que ni siquiera sabía que era mi sueño"

—La historia es la siguiente —me cuenta Erika Lust—. Una usuaria nos envió un mensaje sobre su adicción a las novelas eróticas de toda la vida. Nos decía que se pasa la mañana leyendo esas historias y que cuando su marido llega del trabajo está tan cachonda que ella no puede evitar querer hacer el amor. Pero no exactamente por su marido, sino por lo que acaba de leer.

Así que allí estamos todos. Los alemanes locos nos han cedido una sala con vistas a la playa desde la que recrearemos una empresa ficticia de escritura creativa dedicada a las novelas de amor para mujeres. La empresa se llama Romantic Bullshit, y en ella trabajan un montón de chicas atendiendo a las necesidades de las amas de casa que, como el equipo de monos del Señor Burns en Los Simpson, escriben novelas eróticas de todo tipo, tecleando fuertemente sobre sus cacharros Apple.

—¿Quién va a salir en esta escena? —pregunta Erika—. Venga: tú, tú, tú y tú. —Alguien me señala con el dedo y entonces sé que voy a cumplir un sueño que ni siquiera sabía que era mi sueño. Claire, de vestuario, nos pone a todas una camisa distinta y el cámara barbudo nos indica dónde debemos sentarnos—. Ahora vais a hacer que tecleáis vuestras novelas, pero de pronto Amarna, a la que parecía no venirle la inspiración, se sentirá muy segura y empezará a escribir con fuerza, hasta llegar al orgasmo. ¿De acuerdo, Amarna? ¿Lo habéis entendido todos?

Hasta tres orgasmos tuvo que fingir la actriz, mientras los extras tecleábamos y la mirábamos de reojo cuando sus gemidos comenzaban a ser escandalosos. Todos allí, entre botes de gominolas, biblias del erotismo europeo marca Lust, orgasmos demasiado bien fingidos y la directora sueca diciendo “¡más alto! ¡Más alto!” hasta el final acalorado de la escena.

—Muy buen trabajo, chicos, ha quedado genial —señaló Erika con su acento extranjero. Tocaba volver a cambiarse y regresar a la azotea, donde Ryan James esperaba un poco aburrido. Entonces taché tres cosas más de mi lista imaginaria sobre curiosidades pornográficas: de modo que así se eligen a los extras, me dije. De modo que así se eligen las historias para una peli erótica. De modo que así se finge un orgasmo.

¿Se pone uno cachondo en un rodaje porno?

Amarna: “Por ejemplo yo no hago anal, que entre las chicas es lo mejor pagado. Yo nunca lo he hecho, y las productoras, cuando me llaman, han aprendido que no acabaré cediendo.”

Había que hacer tiempo antes de que la piscina terminara de limpiarse, así que comimos pronto y pospusimos la escena de sexo hasta las dos de la tarde. Reconozco que me estaba exasperando, pero la compañía de Amarna era agradable. Hablamos de nuestros amigos comunes en Madrid, de nuestro pasado como asistentes al Zombie Club, en aquellos años en los que Madrid aún parecía algo deslumbrante. Hablamos de sus rodajes por todo el mundo, y de cómo comenzó a meterse en el mundo del sexo después de haber sido modelo y después de haberse dedicado a vender sus bragas usadas por la red. Hablamos de Fotolog, de Myspace y de nuestra generación. Hablamos de sexo, claro, y yo sentía que la lengua se me atropellaba con la cantidad de cosas que quería decirle.

Amarna me contó un poco sus inicios, y también me habló de cómo sobrevivir en un mundo tan fascinante pero difícil como es el de la pornografía. Me aseguró que normalmente las grabaciones no eran como las de Erika, y que la directora sueca aún se preocupaba por sus actores y por su equipo. “Normalmente el porno es otra cosa, más técnica y más al grano”.

Amarna me dijo que había tenido mucha suerte de cruzarse en su camino a directores como Lust, porque eso le había permitido poder elegir con más facilidad sus trabajos. En un mundo movido principalmente por el dinero, la joven actriz pelirroja asegura que sólo son unos pocos los que lo hacen por verdadero placer. Ella es selectiva, y le da igual no hacerse millonaria rodando cosas que no quiere. “Por ejemplo yo no hago anal, que entre las chicas es lo mejor pagado. En el porno, si quieres ganar premios tienes que hacer anal. Si quieres ganar mucha pasta, tienes que hacer anal. Si quieres ser reconocida, tienes que hacer anal. Yo nunca lo he hecho, y las productoras, cuando me llaman, han aprendido que no acabaré cediendo.”

Follar como un arte. O follar como una forma de vida absolutamente apasionante. Con sólo 24 años Amarna ya ha recorrido todo el mundo con su pequeña maleta llena de ropa bien planchada, cámaras Polaroid y libros de poesía. Ha trabajado en Australia, en toda Europa y sobre todo en el este, donde se encuentra el verdadero imperio de la pornografía mundial. “Allí todo es más barato, y los autóctonos pueden permitirse niveles de vida que aparentemente les son inalcanzables gracias al sexo”.

Hombres a los que no se les levanta ni con toda la paciencia del mundo. Actores que toman tantas pastillas que en vez de pollas acaban teniendo barras de hierro que hacen daño y les dan un aire de Robocop. Escenas en las que se cuelan insectos y todos tienen que parar el rodaje hasta cazar a la maldita mosca. Casas y edificios alucinantes de celebridades de la industria en las que hay avionetas, helicópteros, mini motos y hasta rocódromos. Actrices que son unas petardas. Productoras que quieren que te rasures mucho el chichi. Seguidores locos que te mandan emails de amor. Periodistas sin neuronas que quieren saberlo todo a propósito de tus posturas favoritas… Amarna me habla de esto entre risas y chucherías. Mientras hablamos lleva un pezón fuera y yo no puedo evitar mirárselo todo el rato. Pero eso es hasta que la charla termina porque la piscina ya está limpia. ¡Todos a sus puestos! ¡Ha llegado la hora del ñaca ñaca!

Amarna está en bañador, y James se ha metido en la piscina. Se supone que todo lo que vamos a ver a continuación es una fantasía que ocurre en la cabeza de la escritora de Romantic Bullshit antes de tener su falso orgasmo. Amarna es una rica heredera que seduce a un extranjero que ha visto en la playa con sus prismáticos. Todo es rabiosamente setentero, como de videoclip pop, y eso es precisamente lo que Erika Lust buscaba. Ahora Amarna entra a la piscina y tontea con James, y entonces empiezan a follar suavemente. Tetas y cuellos chupados. Genitales chapoteando en el cloro. Un poco de por aquí y un poco de por allá. Mamada alucinante de Amarna que mira con sus ojos azules a los ojos azules de James. Pah, pah, pah. Shof, shof, shof. El equipo está tan ocupado enfocando y desenfocando o buscando nuevos ángulos que parece que a nadie le importe que allí dos tíos están haciendo guarradas.

“Intento buscar actores que congenien entre ellos, para que el sexo sea creíble y ellos estén a gusto”, me cuenta Erika

Ahora se corre ella, ahora él la pone a cuatro patas, ahora ella saca la tripa como si de una pista de aterrizaje se tratara y entonces él se corre en todo el ombligo. Mucho besuqueo y todo parece, para mi sorpresa, absolutamente romántico. “Intento buscar actores que congenien entre ellos, para que el sexo sea creíble y ellos estén a gusto”, me cuenta Erika. Desde luego parecen una pareja de toda la vida, haciendo las cosas de toda la vida en la piscina de su casa de verano. La maquilladora guapa les limpia con toallitas. Amarna y James se secan, celebran que Erika está feliz con la escena y piensan en lo mucho que van a descansar cuando por fin lleguen a casa después de un duro día de rodaje. Se pegan un baño más para tener imágenes recurso. El equipo recoge la cámara, la comida y las cajas llenas de juguetes rosa. Les esperan unas cuantas jornadas de rodaje y no pueden detenerse ni un minuto más. Todos nos despedimos, y un taxi nos lleva de vuelta al centro de la ciudad.

Ahora son las siete de la tarde y estoy con Amarna y James bebiendo cerveza en una terraza de mi barrio. Mientras hablan en inglés caigo en la cuenta de que entre las prisas, la euforia y tanta tensión, a mí ni siquiera me ha dado tiempo a excitarme un poquito.

Se puede soportar, pienso mientras hacemos chin chin con nuestras jarras.

Me puedo colar en una peli porno, y no ponerme cachonda, me digo, por fin, tachando el último punto de la lista.

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