PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

La Amazonía brasileña: el retrato de una tierra que sangra

H

 

En la selva más grande del mundo las armas de los deforestadores son la ley. 37 personas han sido asesinadas este año por defender el pulmón verde que el Gobierno brasileño se empeña en maltratar

astrid otal

27 Julio 2017 06:00

Les amenazan con que las balas agujerearán sus cuerpos. Un disparo en la frente y se acabó. En las amplias regiones del Amazonas, muchas comunidades rurales viven con el miedo a salir de casa y nunca regresar. Los madereros y latifundistas voraces de más tierra no se lo piensan demasiado. Son zonas en las que sus armas imponen la ley.

A la reserva de Praialta-Piranheira, ubicada al norte de Brasil en el Estado de Pará, entran para arrasan sin miramientos desde el año 2000. Los 400 habitantes se han acostumbrado al ruido de las motosierras. Ahora en vez de selva y viejos castaños, abundan carbonerías, explotaciones ganaderas e inmensas haciendas.

Pocos alzan la voz. Aquí tuvieron que enterrar a dos amigos activistas: José Claudio Ribeiro da Silva, al que llamaban Zé, y a su mujer Maria do Espírito Santo. Dos sicarios a sueldo descargaron sus cartuchos mientras la pareja cruzaba un puente en su moto hace seis años. Para dejar más claro el mensaje, a Zé le cortaron una oreja.

"Se da carta blanca para matar", nos dice Claudelice Silva dos Santos, hermana de Zé Claudio. "Los pistoleros solo son los que aprietan el gatillo pero quienes los mandan saben que están respaldados por las políticas del Gobierno".

Sentada en una silla de mimbre, acumulando llamadas que piden su cabeza, cuenta que la situación para todo el Amazonas ahora está mucho peor.

I. "Nada nos destruirá ni a mí ni a mis ministros"

En el Congreso del país, se sientan en 230 de los 513 escaños miembros de la bancada ruralista. Se conoce así al frente parlamentario que representa al lobby agropecuario. Después del impeachment en el que hicieron caer a Dilma Rousseff y del que salió Michel Temer como presidente, su influencia creció mucho más. Temer, salpicado por denuncias de casos de corrupción, necesita su apoyo para librarse de un posible proceso de destitución.

"Este gobierno está dispuesto a hacer lo que haga falta para mantenerse en el poder. Es un intercambio de favores: la presidencia a cambio de los deseos de quienes quieren arrasar el Amazonas", analiza Cristiane Mazzetti, gestora ambiental de Greenpeace en Brasil.

Después del impeachment a Dilma Rousseff, el poder del lobby agropecuario creció mucho más

Claudelice recae en que el presidente brasileño buen respaldo debe de sentir cuando se atrevió a pronunciar su "nada nos destruirá ni a mí ni a nuestros ministros". Como su ministro de Agricultura, Blairo Maggi, al que Greenpeace concedió el premio Motosierra de Oro en 2005.


A diecisiete horas en coche desde donde asesinaron a Zé y a su mujer, el área amazónica de la Floresta Nacional de Jamanxim dio alas a los que devastan. El presidente brasileño propuso que 305.000 hectáreas del parque tuvieran un rango de protección inferior. Cuando la medida se discutió en el Congreso el pasado mayo, se amplió a 600.000 hectáreas. Lo que viene a ser que se permitía deforestar un tamaño cuatro veces la ciudad de São Paulo. O dejar que los que ya lo hubieran hecho, salieran impunes.

"Todos los habían ocupado ilegalmente ahora podían ser dueños legales de esas tierras. Es un buen negocio. Invades, deforestas y nada te sucede. Encima te dan el título y la propiedad de las tierras", explica Mazzetti, de Greenpeace.

Entre las seis familias de terratenientes beneficiadas se encuentra la de Ubiraci Soares da Silva, alcalde de la localidad de Novo Progresso. "No son pobres diablos los que deforestan", nos cuenta Jeane Bellini, de la Comisión Pastoral de la Tierra, una organización en defensa del medio ambiente vinculada a la Iglesia católica. "Pobres son las comunidades a las que no se les reconoce su tierra".

Argumenta que no es casual que se quiera disminuir la protección de ese área de Jamanxim.


II. Se prende fuego, luego se especula con la tierra

A la gran zona amazónica de Jamanxim la atraviesa una carretera. De norte a sur, la BR-163 asfalta casi totalmente la ruta de 1.700 kilómetros. A ambos lados, avanzando en la frondosidad, todos saben que se perpetran los mayores crímenes ambientales porque la infraestructura posibilita luego el transporte fácil de mercancías.

La carretera BR-163 cruza de norte a sur el Amazonas

Al que bautizaron como rey de la deforestación operaba allí. Ezequiel Antônio Castanha, el tipo de camisas excesivamente alto propietario de un hotel, un concesionario de coches y una cadena de supermercado con su apellido en la localidad de Novo Progresso, lo arrestaron hace dos años. El Instituto Brasileño del Medio Ambiente (Ibama) calculó que había sido el responsable del 10% de la devastación del Amazonas en ese último año. Su maquinaria tumbaba los árboles para vender la madera. En otras zonas, directamente prendía fuego para crear pastos y lucrarse vendiendo las hectáreas a ganaderos o agricultores.

A los lados de la carretera BR-163 se perpetran los mayores crímenes ambientales

Al Ministerio de Medio Ambiente, al que pertenece el Instituto Ibama, le pegaron un tijeretazo en el presupuesto del 43% en 2017. Había conseguido que la deforestación amazónica disminuyera dos tercios entre 2006 y 2015 gracias a las imágenes satélites. Fue después, en un solo año, cuando se perdieron 800.000 km² de golpe. Sus trabajadores siguen conociendo dónde se descampa pero dicen que a muchos lugares no acuden porque "no les da para gasolina".

III. Matones en la puerta de casa

El Ministerio Público Federal, la fiscalía independiente de Brasil, ya advirtió el pasado agosto que quitarle la protección a la Floresta de Jamanxim aumentaría la violencia. Acertó. Según un informe de Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), 37 personas han sido asesinadas en los primeros cinco meses de 2017. Cadáveres que se suman a los 500 muertos que deja el conflicto en los últimos 20 años.

Pero los amenazados que no han muerto dicen que tampoco viven. Adilson Alves Machado teme que la camioneta de los matones regrese. Durante noches, se colocaban delante de su puerta y encendían y apagaban los faros del vehículo. Su forma de decir que estaban ahí.

Vive en el asentamiento de Aguas Claras, situado en el Estado de Rondônia. Le eligieron representante para defender sus tierras, porque el problema es el mismo aunque no estés en Jamanxim. Una vez le llamaron, le dijeron que le pegarían un tiro en la cabeza y colgaron. Desde entonces no sale a horas imprudentes, ni visita ciertos lugares, ni repite un mismo camino dos días seguidos. El resto, "contar con suerte".

"No opté por escolta porque no confiaba en quien me querían poner. Muchos policías están comprados", señala.

Los sobornos ahora no son el único problema. Mighty Earth, una organización internacional en defensa de la causa medioambiental, resalta que el clima político frena que las propias corporaciones internacionales establecidas decidan tomar acciones para reducir su deforestación. Dos gigantes agrícolas estadounidenses que comercializan soja, Cargill y Bunge, se asientan en la inmensa región de Cerrado, la sabana tropical de Brasil, mucho menos conocida que el Amazonas.

Un informe de 2015 de la organización reveló que Bunge había asolado 561 mil hectáreas en cuatro años. Cargill, 130 mil. "Hemos contacto con ellos pero se niegan a cambiar su actitud. Ahora se sienten con fuerza", nos dice Anahita Yousefi, directora de campaña de Mighty Earth.

"Lo que todos deberíamos saber es que con esa soja hacen negocio en todas las partes del mundo. La envían para cebar a pollos, cerdos y vacas que luego se convierten en sándwiches de pollo, tocino y hamburguesas", recuerda Yousefi.

La presión desde dentro la dan casi por perdida. A la selva tropical más grande del planeta y al resto de ecosistemas brasileños confían en que la salven la conciencia del resto de países y consumidores del mundo.

share