Reportajes

Cosas inspiradoras que aprendí en un curso de prostitución (y II)

"Ellos no saben lo que es tener que comerse una polla por dinero”

Esta es la segunda y última entrega de esta crónica.

Para leer la primera, pulsa aquí.

Imágenes de Xconfessions, Megan Doherty, y Jane Hilton

Salimos de la cafetería y cruzamos la calle para volver al aula. Algunos nos miran, y por un momento me pregunto si sabrán que somos las alumnas de un curso de prostitución.

No es eso. Es que vamos por la calle como las amas. Lo que se siente andando junto a estas mujeres es poderío, como si supiéramos algo que los demás están a años luz de comprender.

Mientras dejamos los abrigos en una silla, Elsa, escort novata, lanza otra de sus preguntas prácticas.

—A ver Conxa, si un tío me llama para contratar un servicio y no para de hacerme preguntas, ¿qué hago?

—Hay una norma. Si tardas más de 4 minutos en concretar algo cuelga, porque se está pajeando. De estos hay muchos, te preguntan qué llevas puesto, te piden información cuando todo está en tu web… lo hacen para masturbarse gratis. Yo no os recomiendo el Whatsapp, que se acostumbren al SMS. Nosotras no damos nada gratis.

Las alumnas nos sentamos en corro y Conxa vuelve a elegir el suelo. Cruza sus largas piernas sobre la esterilla y saca el temario del bolso. Aún va a ofrecerme más sorpresas.

El placer de la puta, el placer de todos

Las profesionales del sexo de pago tienen una función didáctica apenas reconocida: enseñan a hacer sexo a los hombres que les pagan, aunque ellos no lo pidan. Además, lo llevan a cabo como estrategia de fidelización: se trata de un acto interesado que se convierte en una obra para la humanidad.

A ellas, corregir no les da ningún apuro.

Conxa: “Las mujeres tenemos la fea costumbre de no decirle a nuestros compañeros lo que nos gusta. Un día un cliente empezó a tocarme el clítoris como si fuera un botón al que hay que darle muy rápido. ‘¿Qué haces?’, ‘masturbarte’. Me dolió, así que le hice lo mismo en el glande y gritó. ‘Tú ahí tienes 4.000 terminaciones nerviosas, yo tengo 8.000, así que a mí me ha dolido el doble’. ‘Pues se lo hago a mi novia y le encanta!’, dijo. ‘Tu novia finge que le encanta’. Le enseñé y cuando volvió me dijo: ‘Tenías razón, a mi novia no le molaba. Vaya diferencia’. Una de nuestras grandes habilidades es aprender a hacer de ellos mejores amantes”.

Lucía: “Lo que más me piden es hacerme cunnilingus, darme placer a mí. Después hacerlo desde atrás y felación, pero mucho menos. Yo casi no tengo que hacer nada”.

Conxa: “Todo ese amor que no pueden dar en su casa, porque son solteros o están infelizmente casados, nos lo dan a nosotras. Les gusta mucho ofrecer placer a la puta, y aunque suene paradójico es por esto por lo que querrán volver con vosotras. Enseñadles a satisfaceros. Para no tener que fingir, lo mejor es provocar que salgamos de ahí contentas. Al cliente no se le engancha follando sin condón, sino dándole un buen servicio”.

Un alter ego de novela

Las prostitutas tienen que construirse un personaje para que su trabajo no se mezcle con su vida personal. Como si fueran auténticas novelistas, procuran que su alter ego evolucione en el tiempo y crezca con ellas.

Conxa: “Tenéis que elegir cuál va a ser vuestro personaje. Debe tener una vida paralela a la vuestra, parecida a vosotras pero sin ser vosotras. Si es demasiado distinta, pareceréis gilipollas. Podemos estar solteras, casadas, viudas, con hijos, sin hijos, vivir solas, con nuestros padres….”

Conxa: “Si algo molesta a los clientes es cuando preguntan algo en un ambiente íntimo y descubren que no dices la verdad, o que no quieres contar nada. Si siente eso, no volverá. Por ejemplo: si tienes una hija, no puede tener siempre dos años. El personaje debe evolucionar, debe hacer cosas, estudiar, lo que sea. Tenéis que ir escribiendo lo que le pasa a vuestro alter ego, tratarlo con cariño. Y debéis querer al personaje, os debéis gustar vosotras, vuestra profesión”.

Conxa: “Los personajes sirven para proteger nuestra salud y equilibrio psicológico. Lo que nos pasa o nos cuentan en el trabajo no puede afectar a nuestra vida. Como las enfermeras, hay un momento en el que cuelgas tu uniforme y desconectas, en el que dejas de ser puta y vuelves a ser tú”.

El aislamiento

Ha llegado ese punto del curso en el que las técnicas, la profesionalidad y empoderamiento dejan paso a los inconvenientes, las advertencias, al sufrimiento. Conxa se dispone a explicar la cara más difícil de este trabajo.

Las risas y los chismes se apagan, y son sustituidas por carraspeos y miradas atentas.

Conxa: “En este mundo se toca dinero, se puede llegar a tener una gran calidad de vida, pero no es oro todo lo que reluce. Os encontraréis con servicios que os harán sentir peor, y no porque os hayan hecho algo malo, sino porque os ignoran, o porque no os han sabido tocar… Recuerdo cuando un cliente cerró los ojos, estaba inmóvil, creí que se había muerto. Cuando me asusté, me dijo: ‘¿Por qué paras?’. Me sentí fatal, no pude seguir y me fui”.

Conxa: “Lo más traumático es tener que estar escondiéndote, es estresante. Tienes que mentir a la cara a la gente que quieres, mirándoles a los ojos. Dices que te vas a estudiar o a un trabajo y en realidad llevas una lencería preciosa y unas bolas chinas”.

Todas nos reímos, pero sabemos que en realidad no tiene gracia.

Conxa: “La gente se siente mal porque la apartas de tu vida para no mentirles, o porque notan que no les estás diciendo la verdad. Entras en un círculo vicioso y te vas aislando”.

Lucía: “Yo aún no estoy preparada para contárselo a mis hijos, voy sondeando el terreno. Un día estábamos en la playa y al mayor, que es adolescente, le dije: ‘¿Qué pasaría si yo fuera actriz porno?’. Su respuesta me dejó muda: ‘Si ganas mucha pasta, adelante’. Pero sé que sería un chasco para él, están sus amigos…”.

Conxa: “Cuando fui a decírselo a mi hijo, resultó que ya lo sabía. No me había dicho nada porque esperaba que yo encontrara mi momento para contárselo. ‘Mamá, vivo aquí. Te veo hablando por teléfono en la terraza, te dejas el ordenador abierto’. Lo sabía prácticamente desde el principio.

Para mucha gente es un disgusto. Tienes que estar muy convencida de lo que haces, y decirlo sólo si va para largo. La gente que te quiere se queda a tu vera, solo tienen que ver que estás bien. Yo no soy quien soy por mi trabajo”.

Sobre el dinero y el mercado

Más allá del aislamiento, el otro gran inconventiente para el desarrollo del trabajo sexual de forma libre, justa y satisfactoria es, según Conxa, el mercado. Y no solo por la elevada competencia, sino por los los dueños de la industria y los empresarios que se benefician de ella.

Conxa: "Se gana mucho dinero al principio, cuando eres una novedad. Pero luego todo cambia. Pensad que los puteros saben quién es nueva, tenga la edad que tenga, se estudian todas las mujeres que se anuncian en internet. No es como cuando empecé, ahora mismo hay más oferta que demanda".

Conxa: "En un día ganas 3.000 euros y te crees la reina del mambo. Pero puede que sean los únicos 3.000 que vas a ganar ese mes. Hay que saber administrarse y publicitarse. Además de las webs, los foros, un buen currículum”.

Foros de puteros como SexoMercadoBCN están gestionados por hombres, y en ellos solamente los clientes de las prostitutas pueden opinar sobre las experiencias. Una buena opinión puede suponer un aumento importante de clientes y de ganancias, pero una mala tiene más peso que 10 buenas: “Pueden pasar muchos días sin que suene el teléfono”.

En estos portales las prostitutas no pueden postear, no tienen derecho a réplica ni a opinar sobre los clientes: “Son como foros sobre mecánica de coches que impiden el acceso a los mecánicos profesionales”. Conxa fue moderadora de uno de estos foros, hasta que la expulsaron “por feminista, todo un honor”.

Conxa: “Les dio por llamarnos guarras y no lo permití. A una profesional no se le falta al respeto de esa manera. Las mujeres no son guarras, ya sean panaderas o putas. Porque guarra es sucia. Y si yo quiero decirlo, puedo. Tú no. Estoy hasta el coño de la tiranía que hay dentro del mundo ejecutivo y empresarial de las putas. Ellos no saben lo que es tener que comerse una polla por dinero”.

El sindicato de las putas

Aquella experiencia marcó un antes y un después en la vida de Conxa. Además de seguir activa como profesional del sexo de pago, decidió trabajar para ofrecer alternativas y nuevos derechos a las trabajadoras sexuales de Barcelona.

Por ello fundó Aprosex, la Asociación de Profesionales del Sexo, junto a una psicóloga clínica Cristina Garaizábal, donde ofrecen servicios gratuitos de asistencia psicológica y jurídica: "Si en algún momento os sentís mal y vuestra autoestima se viene abajo, nos teneis a nosotras. Llamadnos".

Conxa hizo una inversión y creó Guia Geisha, un foro controlado por las mismas profesionales del sexo donde pueden anunciarse y participar.

Conxa: "Soy muy anti empresarios tal y como están montados ahora, pero quiero que existan porque muchas prostitutas prefieren trabajar para terceros, no todas queremos ser empresarias. Eso sí, que las agencias se queden con el 50% de las ganancias sin ofrecer nada a cambio no lo veo nada bien. Yo os recomiendo el trabajo independiente, hasta que los empresarios paguen Seguridad Social, impuestos y os den la baja si os ponéis enfermas".

Sobre todo, lo que Conxa pretende es romper la soledad con la que se encuentran la mayoría de las mujeres que empiezan a prostituirse: "Me da apuro formar a mujeres tan jóvenes porque es mas difícil conocerse. Yo lo que no quiero es que no os sintáis solas, perdidas, como yo me sentí. Quise hacer estos cursos porque cuando empecé me dije: ¿quién me va a enseñar a ser puta?".

Conxa Borrell, Paula Vip, lleva una década disfrutando y ganando mucho dinero como escort. Podría haberse quedado en su torre de marfil, en el anonimato. En vez de ello decidió compartir su poder con las demás prostitutas de la ciudad, con sus recursos económicos, con su propia imagen y su tiempo.

Ella, que no tiene que hacer la calle, quiere fortalecer el colectivo de las putas. Sabe que es el apoyo entre mujeres lo que ha garantizado su supervivencia en lugares hostiles, y lo que puede llevar el trabajo sexual a otro nivel.

Conxa: "No dejéis nunca que una veterana os diga que le habéis robado el cliente, porque no son de nadie. Las que nos tenemos que querer somos nosotras, nos necesitamos. Los clientes vienen y van, nosotras permanecemos".

*Puedes leer aquí la primera parte de este reportaje

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