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Un viaje repulsivo a la comida de tu mascota

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Un recorrido por la alimentación industrial para animales domésticos y sus nuevos dilemas (I)

Alba Muñoz

25 Febrero 2016 06:00

“Si soy vegetariano, ¿por qué compro comida con carne para mis gatos?”, se preguntó un amigo hace semanas. Luego se hizo la siguiente pregunta: “Mientras me dedico a cuidar a mis mascotas, ¿estoy matando a más animales?”.

Este dilema moral de nuevo cuño me llevó a investigar el asunto, y me topé con que la alimentación industrial para animales domésticos es un asunto más peliagudo, y político, de lo que parece.

Bajo la apariencia de los cuidados hacia otras especies, del amor a los animales en las grandes ciudades, crece sin control una industria plagada de zonas oscuras.

Mascotas envenenadas

2007 marcó un antes y un después en el sector de la comida para animales domésticos: se estima que ese año murieron envenenados unos 8.000 perros y gatos de Estados Unidos. La causa fue contaminación de numerosos productos para mascotas a la venta en supermercados y tiendas comunes.

Se hallaron restos de melanina, un derivado del plástico utilizado como fertilizante que se mezcló por error con gluten de trigo importado de China.

En 2007 unos 8.000 perros y gatos murieron envenenados en Estados Unidos

150 marcas se vieron afectadas y unos 5.000 productos de pienso y comida en lata fueron retirados del mercado.

La alerta alimentaria no afectó a Europa ni los humanos, pero sembró la duda entre los dueños de animales y alarmó a la misma Agencia Estatal de Alimentación y Medicamentos estadounidense (FDA):

¿De qué se compone la comida que damos a nuestras mascotas?

Ellos no lo comerían

“Ya sabemos que el instinto de los gatos les impulsa a sumergirse en grandes océanos para conseguir alimento. ¿Quién no ha visto a un gato luchando contra un gran atún?”.



La veterinaria María Sola utiliza el sarcasmo para dejar claro que los gatos y perros, por naturaleza, no comen atún, pollo, cerdos ni ternera.

“Tanto perros como gatos en libertad cazarían animales mucho más pequeños de los que hay en su dieta. Comerían en el momento y hasta reventar, porque podría pasar mucho tiempo hasta que volvieran a comer”.

En Estados Unidos y Canadá se utiliza la harina de carne o 'meat meal', que se consigue tras hervir y triturar animales del zoológico, atropellados, o ganado moribundo, muerto o enfermo

Nuestras mascotas tienen horarios, comen varias veces al día y su alimento viene en forma de pienso seco o paté, habitualmente elaborados a partir de piensos cárnicos. 

Estos piensos no solamente incluyen especies animales que jamás comerían perros o gatos, sino que llevan lo que se llama “subproductos” o “derivados de la carne”.

La gran trituradora 



Los piensos cárnicos se elaboran a partir de alimentos no aptos para el consumo humano: esto incluye las partes del animal que quedan cuando la carne ha sido despojada del hueso: cabeza, pies, entrañas, pulmones, huesos, sangre, etc.

En Estados Unidos y Canadá se utiliza también la harina de carne, o meat meal, que se consigue tras hervir y triturar animales del zoológico, atropellados, o ganado moribundo, muerto o enfermo. Sorprendentemente, en esta harina también puede haber perros y gatos.

Millones de mascotas se habrían convertido en caníbales por obra de sus amos

En 2002, la FDA alertó de que un centro veterinario había hallado restos de pentobarbital sódico en 43 piensos elegidos al azar, que es la sustancia que se utiliza para sacrificar a perros y gatos en las perreras y refugios.

La noticia generó alarma, puesto que daba a entender que millones de mascotas se habrían convertido en caníbales por obra de sus amos.

Como detalló Eric Schlosser en Fast Food Nation, la compañía canadiense Sanimal Inc estuvo utilizando 18.000 kilos semanales de gatos y perros muertos en la cadena de producción de sus alimentos para mascotas, hasta 2001.

Si la FDA no es capaz de inspeccionar a los productores de comida para humanos en Estados Unidos, ¿cómo va a hacerlo con proveedores externos o con comida para mascotas?

Ese año la FDA suavizó la acusación hacia el lobby de las empresas de comida, el Pet Food Institute: si bien no niega que el pentobarbital se sigue encontrando en esos productos, asegura que las dosis son inocuas y que procederían de ganado o caballos, no de perros o gatos.

No hay forma de saberlo

El asunto no queda zanjado ahí.

Si la FDA no es capaz de inspeccionar a los productores de comida para humanos en Estados Unidos, ¿cómo va a hacerlo con proveedores externos o con una pasta de carne donde cabe todo?



Si bien el Congreso estadounidense amplió los poderes de la FDA para garantizar la salubridad de la comida para mascotas y obligar a cumplir ciertos estándares sanitarios con una nueva regulación (la retirada de productos en 2007 fue una acción voluntaria de las empresas ligada al marketing), lo cierto es que a día de hoy no existen controles efectivos sobre estos productos en EEUU y Canadá.

Muchos dueños empiezan a apostar por la preparación casera de las comidas, volver a los restos de comida y hasta por alternativas veganas y vegetarianas

Aunque la nueva regulación entre en vigor, la agencia débil ante la industria alimentaria y delega parte de su trabajo a organizaciones no gubernamentales como la Asociación Americana de Oficiales de Control de Alimentación (AAFCO).

¿Y en Europa?

Según la regulación europea, el catálogo de ingredientes que se pueden utilizar para la alimentación de animales incluye subproductos cárnicos: partes enteras de ganado y caballo, derivados de sus grasas y un subproducto obtenido por una cocción, secado y molido total o parcial de ganado.

El reglamento de Fediaf (The European Pet Food Industry) es mucho más estricto que el americano, y establece límites de antibióticos y químicos permitIdos.

Aun así, algunos casos y estudios como los siguientes indican que la seguridad alimentaria nunca puede asegurarse al 100%.

Hacemos a nuestras mascotas partícipes involuntarias de nuestras inquietudes, ideología y necesidades de consumo

En 2013 estalló el escándalo en el que varios productos congelados de Findus (lasaña, hamburguesa y boloñesa) contenían ADN de caballo en vez de ser 100% vacuno. Por entonces se temió que hubieran restos de un antiinflamatorio nocivo en la cadena alimentaria humana. Más tarde se descartó esa posibilidad, pero la investigación puso de manifiesto que la industria alimentaria es demasiado compleja para ser controlada: Findus UK se proveía de Lasañas elaboradas en Luxemburgo con producto de la francesa Comigel, que a su vez utiliza carne procedente de Rumanía.

El escándalo dejó tras de sí una idea inquietante: si esto ocurre con la comida para humanos, ¿qué cabe esperar de la comida pensada para animales?



Otro ejemplo es este estudio de la organización sin ánimo de lucro The Cornucopia Institute sobre la comida de mascotas, en el que la industria europea admite su fracaso a la hora de medir de forma fiable las cantidades de poligenano, un polímero con propiedades altamente cancerígenas presente en el carragenano, un polisacárido utilizado como espesante y estabilizador en carnes y lácteos.

Alternativas

Así como muchos dueños de mascotas empiezan a apostar por la preparación casera de sus comidas y por volver a los restos de los manjares que elaboran para sí mismos, también empiezan a proponerse alternativas veganas y vegetarianas.

Algunos ejemplos son la web Vegepets.info, o libros como Vegetarian Cats & Dogs.

"Una dieta 100% vegetariana equilibrada y saludable es posible en perros y gatos, eliminando así los riesgos para la salud de las dietas cárnicas y evitando al tiempo la muerte segura de los animales que son añadidos en esos piensos. No debemos olvidar que al comprar alimentos con ingredientes de origen animal, aunque sean subproductos, estamos dando dinero a empresas que comercian con la vida de otros animales", cuenta María Sola.

'No debemos olvidar que al comprar alimentos con ingredientes de origen animal, aunque sean subproductos, estamos dando dinero a empresas que comercian con la vida de otros animales'

Para otros veterinarios, como María Sánchez, los urbanitas estamos personalizando en exceso a nuestras mascotas, alimentándolas sin sentido común y estresándolas.

De alguna forma, las hacemos partícipes involuntarias de nuestras inquietudes, ideología y necesidades de consumo: "En Alemania hay canales de televisión para gatos y perros que se quedan solos en casa. Yo nunca daría pienso vegano a un perro, él no puede decidir. Además, todo pienso está elaborado de forma intensiva, con numerosos químicos y fertilizantes". 

Surgen algunas cuestiones de fondo sin que exista una respuesta clara:

¿Debemos tratar a las mascotas como nos tratamos a nosotros mismos?

¿Y hasta qué punto hay que desconfiar de la industria de la comida para mascotas?

Lo que parece seguro es que los dueños compramos productos para ellos, pero la industria se dirige únicamente a nosotros. Quizá haya que seguir investigando en esa dirección.





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