Reportajes

Luces y sombras de la cesárea en España

La tasa de cesáreas en nuestro país supera los límites establecidos por la OMS, ¿pero qué significa esto?

(Las imágenes que ilustran este artículo pertenecen Christian Berthelot, a su serie de fotografías que muestran el primer segundo de vida de los bebés)

María está embarazada. Lo sabe desde hace tan solo unos minutos, cuando el test que aún sostiene con las manos le dio positivo.

No es algo que le haya sorprendido; de hecho, ya lo intuía. Las células que ahora crecen en su vientre conformarán el que será su segundo hijo en dos años, por lo que el cosquilleo de esas primeras semanas de gestación no le quedaba muy lejano.

María está embarazada, y también está llorando.

Aunque ella deseaba ampliar su familia, todas las dudas y el miedo del mundo han asaltado ahora su cabeza. El motivo de sus miedos es que, a pesar de que su anterior embarazo fue fabuloso, el parto fue horrible.

Doloroso tanto a nivel físico como mental: sin haberlo querido, sin aparente necesidad, su parto se volvió una evitable cesárea que la dejó traumatizada.

¿Pero para qué sirve una cesárea?

El de María no es un caso aislado, aunque eso tampoco quiere decir que su experiencia sea lo normal en un parto por cesárea. Lo que parece que sí se ha normalizado en los últimos años es la tendencia a mantener elevada la tasa de este tipo de intervenciones en nuestro país y también a nivel global.

A mediados de 2015, la prensa volvía a hacerse eco de un dato que lleva años preocupando a los especialistas: por mucho que en los últimos 20 años la tendencia haya sido decreciente, en España, el número de cesáreas anuales sigue siendo mucho más elevado del recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Mientras que la OMS pide que el número de nacimientos por cesárea no supere el 10 o el 15%, según los datos facilitados por el Ministerio de Salud en 2013, la tasa española es del 21%.

Aunque la OMS llame cada año la atención de las autoridades, el proceso de concienciación es muy lento, y en muchos centros de salud públicos, pero sobre todo privados, se sigue haciendo la vista gorda, promoviendo este tipo de intervenciones.

Desde la asociación El parto es nuestro piensan que el aumento de cesáreas en España tiene una explicación clara. Según nos cuenta Nuria Otero, su vicepresidenta, “se debe, en primer lugar, a la concepción del embarazo y el parto como una enfermedad, como un acto médico”.

Para Otero estamos en un momento de la historia en el que el embarazo se ha convertido en una patología que hay que controlar e intervenir. “Cualquier intervención en un parto, por mínima que sea, conlleva, en general, más intervenciones y más control”.

Las palabras de la vicepresidenta de esta asociación de profesionales y usuarias que busca mejorar las condiciones de atención de las mujeres y niños durante el embarazo, parto y posparto en nuestro país, llevan a pensar de nuevo en la historia de María.

María, decíamos, está asustada ante su segundo parto. El primero no fue para nada como lo había planificado. Y aunque ella es consciente de que algo como un nacimiento no se puede prever del todo, sí sabe que hay ciertas negligencias que pueden y que deben evitarse.

“Cuando se acercó el final del embarazo tenía bastante claro que no me daba ningún miedo parir naturalmente, y que me parecía la mejor manera de tener a mi hijo. Cada cual escoge la suya, la mía era esa: cero intervención, ir al hospital lo más tarde posible y que me dejasen a mi ritmo. Si el único precio que había que pagar para evitar intervenciones era soportar el dolor, ningún problema, yo era capaz de soportarlo.”

Lo que para ella había empezado como un parto normal, fue convirtiéndose en algo cada vez más medicalizado y dirigido.

Algo mecánico, nervioso, deshumanizado. Como si los sanitarios tuvieran más prisa por sacar a ese niño —completamente sano y con las constantes vitales correctas, pero simplemente rezagado— que los propios pacientes.

Como señalaba Nuria Otero, el parto de María estaba a punto de convertirse en una intervención controlada e innecesaria. Su embarazo, que estaba llegando a término, ahora era más parecido a "una enfermedad".

A propósito del crecimiento de este tipo de intervenciones, la vicepresidencia de El parto es nuestro explica así sus razones para creer que la sanidad pública y privada se está excediendo:

“Realizar una intervención quirúrgica mayor, sin una indicación médica real, atenta contra el juramento hipocrático. Las cesáreas son operaciones que salvan vidas cuando están indicadas, pero cuando no lo están ponen en riesgo a la mujer y al bebé, de manera completamente innecesaria”.

Para los profesionales, entonces, hay momentos en los que la cesárea está absolutamente indicada: cuando el parto vaginal pueda significar un riesgo, como en los casos de un estrés fetal o de que el bebé se encuentre en una postura complicada, cuando hay embarazo múltiple, cuando la madre haya sufrido abusos o vivido algún tipo de situación traumática, o cuando existe alguna enfermedad determinada que pone en peligro a la madre y al hijo.

Pero entonces, ¿por qué se practican tantas cesáreas?

En este punto, algunos podrían considerar que el caso de María también fue debido a la mala suerte, a una sucesión de calamidades y negligencias médicas, o hasta a una complicación en el último momento, incluso si no estaba del todo justificada.

Lo que pasa es que más allá de lo que a ella le ocurrió aquella noche de hace 2 años, lo que verdaderamente preocupa a los profesionales y a las asociaciones como El parto es nuestro es que de un tiempo a esta parte la tendencia a programar las cesáreas y a practicar "partos a la carta" es cada vez mayor.

“Un parto es impredecible”, dice Nuria Otero. “Puede ocurrir cualquier día de la semana a cualquier hora. Las cesáreas no, tienen fecha y hora predeterminada, y a no ser que sean de urgencia, no suelen caer en domingo a mediodía.”

Entre los motivos de esta "moda", los profesionales barajan distintas hipótesis.

Para algunos, el aumento de las operaciones se debe a una demanda de las propias pacientes, quienes advertidas del dolor que pueden sufrir en un parto vaginal, de los posibles desgarros y secuelas, ven en la cesárea un procedimiento seguro y limpio.

Un testimonio que nos llegaba al email de la redacción de PlayGround, de hecho, decía lo siguiente: "A mí me pareció una experiencia buenísima, cómoda y fácil. ¿Para qué generarme dolor, si podían evitarlo y si en realidad yo vería a mi hijo en seguida?"

Otra fuente nos lo cuenta así: "Me la hicieron con epidural, y os digo algo que no creo que nadie os diga: mola. No pierdes la sensibilidad, solo la sensación de dolor. Como cuando te sacan una muela: no notas el dolor, pero sí los movimientos. Yo podía incluso mover un poco los dedos de un pie, no pierdes totalmente los impulsos nerviosos. Eso es molón, en serio. Ya sé que el parto natual es mejor, pero a mí la cesárea no me traumatizó nada."

Además de los partos a la carta, hay quienes aluden a cierta presión económica.

O como señala Rosa Bellido, doula y terapeuta menstrual asentada en Málaga, "quizás no haya ningún beneficio económico específico, pero sí es posible que debido a la presión social, la cantidad de pacientes y la disminución del personal, exista una mecanización de un proceso natural que requiere unos tiempos y pautas diferentes para cada mujer. Es por ello por lo que, más que económico, el beneficio es práctico".

Una opinión que comparte Nuria Otero, de El parto es nuestro, “si no se patologiza la atención al parto, destinando recursos de más en cesáreas no necesarias, se podrían utilizar para mejorar las instalaciones o contratando más personal, invirtiendo en lactancia materna, formando al personal existente…”

¿Pero salen a cuenta? ¿Y quién se beneficia de estos datos?

Según la Red Española de Costes Hospitalarios en España cada parto con cesárea sin complicaciones cuesta 3.984 euros —con complicaciones puede alcanzar los 4.796 euros de media— mientras que un parto vaginal cuesta 1.758 euros, y 2.152 en el caso de complicaciones.

Contemplando estos datos de 2009, la pregunta que a uno se le viene a la mente no es otra que: ¿de verdad salen a cuenta las cesáreas? Y si la respuesta es que no, ¿acaso hay alguien que esté beneficiándose de estas estadísticas?

Para la antropóloga Sarah Lázare Boix existen varios puntos clave a los que atender antes de lograr una respuesta. Como experta en este campo, decidimos charlar con ella:

P: ¿A qué crees que se debe el crecimiento de la práctica de cesáreas en España?

R: Creo que tiene que ver con el momento en el que se encuentra España respecto al modelo de atención a la maternidad.

Como otros países europeos, vivimos un período de tránsito entre un modelo de asistencia biomédico al embarazo, el parto y el postparto que estaba basado en el riesgo, que medicalizó demasiado estos procesos como después hemos comprobado, y ahora se está adaptando a un nuevo paradigma en donde el foco está puesto en la fisiología y en lo que ésta puede conseguir por sí misma.

P: Pero si la OMS exige que reduzcamos esta práctica, ¿por qué seguimos excediendo sus recomendaciones?

R: Me parece preciso destacar que el porcentaje de cesáreas que la OMS estima del 10-15% es un dato que surgió hace 30 años a raíz de la Declaración de Fortaleza de 1985. A veces me pregunto que si, de igual modo que demandamos evidencia científica lo más actualizada posible, no deberíamos pedir lo mismo para el porcentaje estimable de nacimientos por cesáreas.

P: Entonces, si a eso le sumamos el elevado coste que supone esta operación para un hospital público. ¿Quién sale ganando? ¿Hay algún tipo de compensación económica por parte del estado?

R: Ciertamente, practicar una cesárea es más caro para el sistema público que el parto fisiológico. Y seguramente es verdad que se ha gastado más dinero en cesáreas del que era necesario.

Como decía, somos herederos de tres o cuatro décadas en donde la cesárea se había normalizado en demasía. Pero no creo que en ningún caso haya una promoción de la misma desde la instituciones en la actualidad.

Yo conozco mucho mejor la realidad en Cataluña porque es mi ámbito de estudio, pero creo que las iniciativas y protocolos que han ido surgiendo a nivel estatal, autonómico y hasta local no promueven la cesárea, sino que promueven el parto normal.

Otra cosa es que la materialización al 100% de las nuevas guías y recomendaciones todavía no se haya conseguido, cosa que también es cierta, y que quede todavía mucho trabajo por delante.

La promoción de la cesárea, por los datos de los que dispongo, es un fenómeno que ocurre más habitualmente en las clínicas privadas, donde por otro lado también parece que se ponen más facilidades para las mujeres que desean tener una cesárea "a la carta".

Sobre las ayudas estatales, al contrario, se ha dado dinero a los hospitales precisamente para que acondicionaran sus protocolos a la promoción del parto normal. No obstante, es verdad que no todos los hospitales se han querido embarcar en este proyecto con la misma intensidad ni el mismo espíritu.

Y ahora, ¿qué debemos hacer?

María está embarazada de su segundo hijo y, a veces, sólo de pensarlo, le da un vuelco al corazón.

En su primer parto, todo se complicó, y acabó sometiéndose a una operación que, además, le dejó muchas secuelas.

 “Tuve que hacer rehabilitación bastante tiempo, casi año y medio, porque se me infectaron los puntos, tuve seroma, adherencias, la lesión del fórceps... Por suerte encontré a una comadrona en mi Centro de Salud que casi se lo tomó como una misión personal. Creo que la parte física y la mental se fueron curando a la par. Se iban ayudando la una a la otra.”

Lo que María pide para el nacimiento de su segundo hijo, es un trato más humanizado, más cercano, más íntimo y por supuesto menos doloroso.

A este respecto, son muchas las iniciativas que distintas asociaciones de profesionales o madres están tomando para que los hospitales tengan en cuenta sus deseos y sus reclamos.

En las últimas semanas, por ejemplo, se creó una petición de Change.org en la que distintos ciudadanos de León exigían a su hospital principal que contemplara y promoviera las cesáreas humanizadas.

En su texto de presentación, las promotoras de esta propuesta lo pedían así:

“Quiero ser yo quien decida si quiero tener a mi pareja a mi lado o no, quiero ser yo quien decida si quiero hacer el piel con piel con mis bebés o no, y no quiero que nadie decida por mí.”

Sobre este tipo de iniciativas y sobre la humanización de la cesárea preguntamos a Nuria Otero, de El parto es nuestro, quien nos dijo lo siguiente:

“Preferimos llamarles “cesáreas respetadas”. Una cesárea respetada es, en primer lugar, una cesárea necesaria, para la madre, para el bebé o para ambos. Sea de urgencia o programada, es aquélla donde la mujer sigue teniendo la capacidad de decidir, de acompañamiento, de información, de piel con piel inmediato…”

Y para la antropóloga Sarah Lázare Boix también hay algunas consideraciones que se deberían tener en cuenta a partir de ahora:

“La cesárea debería poder semejarse, en la medida de lo posible, a un nacimiento normal, y huir de que sea únicamente un trámite quirúrgico. Para empezar, debe ser posible que las mujeres puedan redactar un plan de cesárea o que los planes de parto incluyan un apartado específico para que las mujeres puedan comunicar sus deseos en caso de cesárea”

En resumen, más información.

Más capacidad de decisión para la madre.

Más calidez en los procedimientos.

Y, sobre todo, más trato personalizado.

Sólo de esta manera será posible aproximarse a las recomendaciones de la OMS.

Pero también, y lo que es más importante, evitar complicaciones y por lo tanto las denuncias que tanto temen los médicos y profesionales, así como crear una red de apoyo poderosa que permita que el parto signifique precisamente eso: traer luz al mundo, y no por ello rodearnos de sombras.

Tags: , ,

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar