Reportajes

Mis secretos para no respirar en el fondo del oceáno

Daan Verhoeven, buceador libre y fotógrafo, nos desvela los misterios de este deporte

Después de muchos meses volví a tener el mismo sueño: tengo cuerpo de niña y llevo un bañador de color salmón. Estoy buceando en una piscina y toco el mosaico de una esquina con las dos manos. Cruzo los tobillos, finjo ser una sirena. Entonces, llena de calma, abro la boca y respiro bajo el agua.

Horas después, ya despierta, leía la noticia: “Natalia Molchanova, la leyenda rusa del buceo libre, desaparece en el mar de la isla de Formentera”.

Todos los medios nombraban las mismas tres cifras: Molchanova tiene 53 años, 41 oros mundiales, es capaz de aguantar 9 minutos sin respirar.

Natalia Molchanova.

Empecé a recopilar información sobre el accidente. Un diario local aseguraba que la plusmarquista estaba en un yate, instruyendo a un multimillonario, cuando realizó una inmersión en la zona de Freus, de 100 metros de profundidad.

Molchanova vestía un neopreno, llevaba dos grandes aletas y seis kilos de lastre en su cintura.

Han pasado dos semanas y nadie sabe qué pudo ocurrirle. Tras rastrear un radio de 230 metros, la Guardia Civil ha suspendido su búsqueda y los medios han dado carpetazo a la noticia.

Pero algo ha retenido mi atención: detrás de la muchas fotografías y vídeos publicados de Molchanova está el mismo hombre, Daan Verhoeven. Es holandés, vive en Londres y, además de fotógrafo, es buceador libre.

Daan acepta hablar conmigo a través de Skype. Deja claro que no sabe lo que le ocurrió a su compañera, que la información aún es confusa y que no está dispuesto a especular.

La pregunta me sale brusca, como una burbuja de aire: “¿Es posible respirar bajo el agua?”. Daan sonríe y yo le hablo de mi sueño: “Era una niña, fue muy real, no sé si es posible”.

Un deporte extremo que no tiene que ver con la adrenalina, sino con la calma más radical que uno es capaz de alcanzar

“No, no puedes respirar bajo el agua, pero me ha pasado algo similar. Al abrir la boca, el agua entra entre tus dientes y da esa sensación. Necesitas branquias para respirar ahí abajo. Puede que las tengas, quién sabe”.

Daan también ha tenido el mismo sueño, “quedarte ahí abajo, respirar y seguir”. Es consciente de que el deporte al que se dedica tiene mucho de irreal.

Para empezar, el buceo libre o apnea es considerado un deporte extremo pero no tiene nada que ver con la adrenalina, sino con la calma más radical que puede conseguir el ser humano. En vez de un público ruidoso, hay silencio. En vez de focos y cámaras, el abismo oscuro del océano.

Es una práctica milenaria, tan antigua como la humanidad, pero tiene cada vez más adeptos. Es un misterio.

Daan Verhoeven.

El primer recuerdo acuático de Daan se produjo cuando tenía 5 años. Su padrastro lo arrastró hasta una piscina y él empezó a gritar: “Las grandes extensiones de agua, ya sean piscinas o lagos, tienen energía, demasiado potencial, dan miedo”.

El adulto cargó al niño a sus espaldas, se sumergió. Daan siguió agarrado unos segundos: “Entonces me solté, noté un torrente de agua que me impulsaba hasta la superficie, fue como volar. Ese día, mi miedo se transformó en mi pasión”.

Noté un torrente de agua que me impulsaba hasta la superficie, fue como volar

No volvió a pensar en el buceo hasta mucho tiempo después, a raíz de la conversación telefónica semanal con su padre, Cornelis Verhoeven, un reputado filósofo y escritor.

“Yo estaba en Nueva York. Mi padre se quejaba de estar demasiado ocupado y eso me hizo pedirle que fuera a ver a un médico. Le encontraron unas manchas en el cerebro. Volví a Holanda para estar con él, al cabo de tres meses estaba muerto”.

Foto de Den GC.

Daan estudió para ser editor de libros, quería conservar el legado de su padre, formado por más de 80 obras. Pero la crisis le dejó sin trabajo.

Fue entonces cuando probó con la fotografía, cuando volvió a sumergirse en el agua: “Necesitaba alejarme un tiempo, así que un amigo y yo nos fuimos de viaje a Egipto. El plan era aprender a bucear con bombona, sacarnos uno de esos certificados. No me gustó nada, era incómoda y ruidosa. Para nadar siempre fui demasiado vago”.

En 2005 aún fumaba un paquete de tabaco al día, pero aquello me atrapó. Vi que podía entrenar

Para Daan, lo mejor del viaje fue sumergirse en libertad: “Jugábamos a tirar objetos al agua y medíamos quién llegaba más lejos. Llegué a 15 metros, mi amigo a 16. Volví a tener esa sensación de volar bajo el agua”.

Ocean Men, un documental sobre los apneístas Pipin Ferreras y Umberto Pelizzari, le inspiró para dar el paso definitivo: “En 2005 aún fumaba un paquete de tabaco al día, pero aquello me atrapó: vi que era que un deporte, que podía entrenar”.

Buceadoras Ama.

Mucho antes de convertirse en un deporte, la apnea era pura subsistencia. Las evidencias arqueológicas más antiguas se remontan al 5.400 antes de Cristo, en la edad de piedra escandinava.

Se cree que los Ertebølle vivían a base de marisco y tallaban agujeros en las rocas del tamaño de sus manos. Las civilizaciones que más tarde se asentaron junto a ríos y lagos de agua dulce, como la egipcia, también se sumergían a pulmón para pescar y buscar alimento.

Hace 2.000 años, en Japón, las Ama se convirtieron en la estirpe de cazadoras de perlas más legendaria

Pronto, la resistencia física en las profundidades se convirtió en una peligrosa forma de obtener recursos preciados. En la antigua Grecia, en la isla de Kalymnos, los buzos estaban hasta 5 minutos bajo el agua con pesos de 15 kilos atados al cuerpo para recolectar esponjas naturales.

Surgieron los primeros mitos, como el de Glauco, el humilde pescador al que le salió una cola de pez. Aristóteles fue de los primeros sabios en documentar los dolores y dificultades asociadas al buceo.

En Asia y Oriente Medio aumentó la demanda de tesoros como el coral rojo, las conchas y peces valiosos. Hace 2.000 años, en Japón, las Ama se convirtieron en una estirpe de cazadoras de perlas legendaria.

La guerra también fue una excusa para que los hombres quisieran aguantar sin respirar bajo el agua: en el Imperio Romano existía una unidad de guerra llamado urniatores que se dedicaba a la recuperación de anclas perdidas. Con la ayuda de cañas, vejigas de cuero o esponjas naturales llenas de aire podían llegar a respirar.

También construían barricadas y defensas submarinas, transportaban mensajes y suministros. Sobre todo, muchos hombres rana fueron grandes saboteadores en la antigüedad, perforaban el casco y cortaban amarres de las naves enemigas.

Cuando el comercio marítimo empezó a dominar el Mediterráneo, los apneístas eran contratados para rescatar los tesoros que se perdían en los naufragios invernales. Muchos murieron por la descompresión o la pérdida de conocimiento, pero los supervivientes eran compensados con una buen parte del botín.  

Daan Verhoeven.

Como deporte, el buceo libre es muy moderno. Hay dos disciplinas principales: distancia (Daan llegó a los 100 metros) y profundidad.

Se considera que el fundador fue el piloto italiano de origen húngaro Raimondo Bucher, que en 1949 anunció que iba a llegar a 30 metros de profundidad con una sola respiración.

Más tarde confesó que el motivo había sido una apuesta. Y la había ganado.

Algo parecido sintió Daan cuando empezó a entrenar. Hizo un cursillo introductorio de respiración, se buscó un compañero (este es un deporte individual que nunca debe practicarse en soledad) y se pasó el día en la piscina: 

Empecé a competir sin tener ni idea

“Empecé a competir sin tener ni idea. Fui a Holanda y conseguí aguantar 5 minutos y 2 segundos. Por entonces estaba muy pendiente de las marcas, como todos los principiantes masculinos. Ahora me parece irrelevante”.

Daan consiguió varios méritos deportivos, pero sobre todo se enamoró de la gente que insiste en estar gran parte del tiempo bajo el agua.

Sus imágenes se han convertido en un referente en todo el mundo y son admiradas en el ámbito deportivo (esta es su cuenta de Instagram), ya que el holandés trabaja sin bombonas de oxígeno: todas sus fotografías han sido tomadas a pulmón, a contrarreloj.

Todo es instintivo, ahí abajo no puedo planear nada. Me apasiona mostrar la forma humana bajo el agua, y las luces que la atraviesan”.

Daan Verhoeven.

Para Daan el buceo es algo natural. Asegura que el hombre no está tan constreñido por el agua como creemos los seres terrestres.

De hecho, el buceo libre se basa en unos antiguos reflejos del subconsciente escritos en el genoma humano. Todos los llevamos dentro.

Durante los primeros meses de nuestras vidas existimos en un entorno acuático: los bebés aguantan instintivamente la respiración durante unos 40 segundos, saben nadar. Perdemos esta habilidad en cuanto empezamos a caminar.

Llega un momento que notas una presión, te parece que tienes la necesidad de respirar, pero no es así

Entonces, ¿qué nos impide aguantar ahí abajo? ¿Qué es lo que más nos diferenia de los buceadores que parecen venidos de otro planeta?

El pánico.

"Cuando aguantas la respiración llega un momento que notas una presión, te parece que tienes la necesidad de respirar, pero no es así. Esta sensación no está provocada por la falta de oxígeno: en ese punto, tus niveles están entorno al 98%. Hay oxígeno en tu sangre, en tus órganos, tus pulmones están llenos".

Lo que nos sucede es que no podemos aguantar los niveles de CO2: "Cuando tu cuerpo aprieta, no te está diciendo que necesitas respirar, te dice que necesitas sacar el aire".

Pero cuando lo hacemos, la incomodidad persiste. Esa sensación desagradable es la que los apneístas aprenden a tolerar: "La clave está en la calma, en saber relajarse, tienes oxígeno en el cuerpo". 

Ahí reside el misterio. ¿Cómo superar el miedo a morir ahogado? ¿El miedo a la oscuridad?

La relajación no es un estado místico de la mente, se trata de rendirse a la incomodidad, a la presión del océano.

Es como cuando estás con tu amante en la cama y os estáis abrazando el uno al otro, no sabes cuál es tu pierna y cuál la de tu pareja. En el agua también te diluyes

El mayor temor de Daan siempre ha sido la oscuridad. " A veces buceas y no sabes dónde está tu mano. A 18 metros todo está completamente oscuro, era un reto para mí".

Una canción de Elvis Costello le ayudó a superar ese miedo: "The truth can't hurt you it's just like the dark/ It scares you witless/ But in time you see things clear and stark" ( La verdad no puede hacerte daño, es como la oscuridad / Te da miedo de forma estúpida / Pero con el tiempo ves las cosas claras).

Ahora, cuando se sumerge para ponerse a prueba, suele cerrar los ojos: "Me ayuda a estar verdaderamente concentrado y relajado, dejar de mirar alrededor y pensar qué está pasando dentro de mí. Así no tengo miedo a ahogarme".

Daan Verhoeven.

"A veces puedes sentir el agua fluyendo por tu cuerpo, tu cara, tus manos. Cuando la presión empieza a apretar es como si alguien te abrazara más y más fuerte. Es como cuando estás con tu amante en la cama y os estáis abrazando el uno al otro, no sabes cuál es tu pierna y cuál la de tu pareja. Con el agua pasa lo mismo: si lo haces bien, te diluyes".

La relajación no es un estado místico de la mente, se trata de rendirse

Aunque el buceo libre parezca una disciplina propia de súper atletas con capacidades físicas especiales, y los entrenamientos y dietas para profesionales sean muy estrictos, cada vez más personas se apuntan a las competiciones en piscina y en aguas profundas.

Tienen ínfimas posibilidades de batir los récords actuales, se gastan dinero en participar y en compartir espacio con otras sirenas y neptunos.

Para Daan, lo que atrae a la mayoría de la gente es la una sensación de libertad. Los buceadores abandonan la tierra, el ruido y el tiempo, las obligaciones y hasta el peso su propio cuerpo para dejarse abrazar por un universo azul. Al mismo tiempo, están más dentro de sí mismos que nunca.

Es como cuando estás en la azotea de un edificio muy alto y sientes el impulso de saltar

"Uno de mis momentos favoritos es cuando mi cuerpo se hunde. Dejas de esforzarte, de nadar, poco a poco te notas más pesado. Es como cuando estás en la azotea de un edificio muy alto y sientes el impulso de saltar. En este caso el mar tira de ti, sólo debes relajarte y empiezas a caer".

Puede que el buceo libre consista, sobre todo, en vencer el miedo. Lo extremo es superar los límites físicos del propio cuerpo, pero hacia adentro. Dejar de temer al océano, a los abismos, a la muerte. Pero sobre todo, a los propios deseos. Va por mi, va por todos. 

No temas a tus deseos

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