Reportajes

No tengo voto, pero sí tengo voz

Seis personas sin derecho a voto opinan sobre su ciudad, Barcelona

Fotos y gifs de Guillem Sartorio

36.016.031 personas van a poder votar en las elecciones municipales del próximo día 24 de mayo. Parecen muchas, de hecho es la mayor parte de la población española. La política local, sin embargo, influye en todas las persona que viven a diario la ciudad. También en las que faltan en esa cifra.

Hemos querido hablar sobre la ciudad con adolescentes y migrantes que no tienen derecho a voto. Pero sí voz.

Esto es lo que piensan de su ciudad, Barcelona.

Hay mucha contaminación, demasiados coches

Jabedislam, 15 años, estudiante. Vino de Bangladesh con su familia hace 9 años. Barcelona le agobia: "Hay pocas plazas para jugar, y en las que hay está prohibido. Siempre viene la policía y nos dice que no podemos”.

Asegura que la crisis ha marcado la vida de su familia: “ Mi padre no tiene trabajo, tengo dos hermanos y no sé si podré seguir estudiando.

Me gustaría que todo volviera a ser como antes, sin recortes y sin crisis”.

No tenemos suficiente dinero para pasarlo bien

Aida, 15 años, estudiante. Su madre le contagió el amor por el heavy y el rock. La política le interesa más bien poco: "He oído hablar de partidos nuevos como Podemos, pero no me fío”.

En general le gusta su ciudad, pero le parece cara: “Si yo fuera política repartiría más el dinero”.

Cree que su barrio, el Raval, ha cambiado mucho: “Me gustaría ir más segura por la calle. La policía no ayuda, vigila cosas que no tienen importancia”.

¿Si me gusta Barcelona? Cuando vine en el 95 sí, porque había trabajo. Ahora no

Singh Kuldip, 58 años, sin trabajo. Singh Kuldip es sij, la religión mayoritaria en la región hindú del Punyab. Tiene 58 años y llegó a la ciudad hace 20, aunque ahora vive en L’Hospitalet de Llobregat. “Vengo a Barcelona cada día, qué voy a hacer si no tengo trabajo”.

Nos invita a que vayamos a su templo Gurudwara Gurdarshan Sahib, en el Raval, donde se llegan a reunir hasta “1.200 personas cada domingo”.

Hay demasiada policía. El centro es aburrido, no hay nada que hacer

Carmen, 15 años, estudiante. Carmen está pasando la tarde con cuatro amigos en una plaza del barrio donde vive, el Raval. “No me gusta la gente que se dedica a robar y la delincuencia”, dice esta estudiante de 3º de ESO.

Aunque a veces va a otros barrios y Barcelona le parece divertida, el centro turístico no le atrae: “Hay museos, ¿pero quién va a ir a eso?”, apunta por detrás uno de sus compañeros.

Yo no quiero mejorar mi vida, quiero que todos tengamos una buena vida

Abdulai, 42 años, recoge chatarra. Lleva 9 años en España y 4 en Barcelona. Lo encontramos pintando su carro con los colores de la bandera de su país, Senegal: “Mi carro es una gran ayuda, me da de comer”.

Abdulai, pescador de profesión, vive en el barrio la Mina, un lugar complicado para conciliar el sueño: "Hay mucho lío de noche, no es un barrio tranquilo”. Le acompaña Malik, compatriota y vecino, que asegura que aquí sufre más que en Senegal: “Pagamos por la residencia y no sirve de nada. No hemos venido para hundir Barcelona, vemos la ciudad como nuestro país”.

Ambos creen que lo más urgente es la falta de trabajo: “Los políticos dicen que van a cambiar las cosas y mañana estamos peor. No tienen palabra”.

Me han pedido la documentación un montón de veces y a un español de mi edad no se la piden

Sammar, 16 años, estudiante. “¿El que está ahora de alcalde se presenta otra vez? Al Trias sí que le conozco, a los otros no”, nos dice Sammar, que se ve demasiado joven para pensar en política.

Tiene 16 años y vive en el Raval.

Se queja del tráfico de drogas y de discriminaciones racistas de la policía, mientras su amigo Cristóbal asiente. Ninguno suelta su tabla de skate.

No votan... todavía

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