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“El adulterio es algo que tengo que hacer ahora; cuando sea mayor, será imposible"

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La infidelidad, como nunca antes te la habían contado

Kiko Amat

10 Marzo 2015 11:38

(Recientemente nos propusimos llevar a cabo un estudio sobre la infidelidad. El objetivo era analizar y comprender las complejas aristas que envuelven este proceso. Lo que sigue es el testimonio que Sujeto #3, mujer de 37 años, le transmitió a Kiko Amat. Puedes leer las anteriores entregas de esta serie aquí y aquí)

«Hace un año y medio me fui de fiesta con alguien que estaba de visita: fuimos a un concierto, luego salimos a bailar y una de mis amigas se besó con un chico. Al cabo de un rato ella vino y me soltó que no creía que fuese a funcionar, porque a él le gustaba yo. Yo dije: “es un viejo, pero qué dices” [ríe]. Además, yo estaba en una relación de 14 años; o sea que nada. Finalmente cogimos un taxi juntos los tres, me acompañaron a mi casa, ellos iban por el camino besándose en el coche, y yo llegué a pensar: “ojalá que mi amiga no suba a este tío a casa, joder”. La cuestión es que al final subieron los dos, y mi amiga me convenció para que me guardase su teléfono, que era un tío muy majo, de verdad. Mi novio estaba durmiendo en la habitación de al lado, y yo aquella noche me emborraché muchísimo.

»La misma noche, después de irse, él me mandó un link con música, por whatsapp (porque habíamos estado hablando de música), y yo le contesté diciendo que me había gustado. Buenas noches. Nada más.

»A la mañana siguiente me llamó para ver si nos veíamos para un café. Yo accedí, pensando que él era soltero (pues se había besado con mi amiga en el bar, no lo olvidemos) [ríe]. Y de repente me soltó algo de su mujer y tres hijos. Oh. Le dije que no me lo imaginaba para nada [ríe]. Empezaron a haber cafés, mails (whatsapp no, porque sus hijos están siempre cogiéndole el móvil) hasta que un día me invitó a un vermú, y allí ya empezó el asunto. Todo esto, los preliminares, duraron un mes y medio. El verano pasado.


Yo tengo un novio y un marido. Es estupendo. Sale a cuenta



»Lo nuestro se convirtió en algo regular. Como suele decirse, hubo química [sonríe]. La primera vez que nos fuimos a la cama estuvo bien. Aquello no era algo que yo quisiera o que esperaba que sucediese en mi vida. Pero de ahí, dale, quedamos otra vez, y luego otra vez... Claro, no siempre fue tan super-bien. Una vez intenté acabar con ello, le dije que esto era sensacional y me gustaba mucho pero yo no podía continuar así, con una vida doble. Aquel intento duró tres días [ríe]. Él también ha intentado alguna vez dejarlo, porque perdía mucho tiempo y creía que tenía que dedicarle esos sentimientos que tenía conmigo a su mujer... Yo me quedé destrozada, pero lo entendí, y le dije que adelante. Esto en concreto duró cuatro días [sonríe amargamente].

»Fue todo muy natural desde que empezó. En un primer momento, era él el que venía siempre por mí. Aparecía a media tarde en mi trabajo para que hiciésemos un café, siempre me invitaba a cosas, nos veíamos cada día. “Qué pesado, este tío” (me decía yo los primeros días). Luego ya nos pusimos al mismo nivel. En nuestro caso los dos sacamos de esto lo que queremos sacar. Nadie sufre más o menos, las vidas son distintas y los problemas son distintos, pero estamos a la par.

»Yo había tenido adulterios de una noche, cosas sin importancia. Por lo que me dice, a él le había sucedido lo mismo. No habíamos tenido nunca un... ¿Cómo decirlo? Un amante fijo.



»La logística de algo así es muy complicada. Ni por su parte ni por la mía hemos compartido esto con nadie, así que es totalmente secreto. La planificación es muy chunga. Hay hoteles por horas, esa es una de las cosas que hacemos. Él trabaja por su cuenta y controla sus horarios, y yo trabajo media jornada. Tengo flexibilidad. Así que un día quedamos a medio día, yo puedo no ir a trabajar, y lo vamos haciendo así. Él tiene sus hijos, yo también tengo, y los dos tenemos pareja. Y vamos hablando por mensajería. No estamos a solas regularmente, pero digamos que nuestros encuentros son bastante frecuentes.

»A mí el adulterio me ha ocasionado lo contrario que desamor con mi pareja. Yo venía de un embarazo, con un niño muy pequeño, todo el tema sexual con mi marido me costaba, era un poco complicado... Así que todo esto fue como un renacimiento. Con mi pareja llegó un momento en que no podíamos tener relaciones satisfactorias, lo hablábamos y no mejoraba, y mi amante fue quien me sacó de toda esta bruma del post-embarazo. En general ha mejorado mucho todo con mi pareja, sexualmente también. Porque tal vez con lo que está sucediendo y te está pasando te vuelves más paciente con el marido, más cariñoso. O también podría ser porque simplemente estás contento y satisfecho en general, y eso contribuye a la situación en casa.


Mi amante me soltó "te quiero". Yo me quedé como si nada. Él quedó fatal



»El tema de la culpa funciona así: mientras estoy con Él, y sé que no estoy robando tiempo de estar con mi familia, no siento ninguna. Pero cuando eso sucede, aunque sea solo en mi cabeza (cuando estoy en mi casa y pienso en lo otro, por ejemplo), entonces sí me siento traidora. Es un mal momento. Y la parte de llegar a casa después de verme con Él tampoco es la mejor. Tienes que incorporar otro personaje en ti.

»La vida familiar de mi amante solo me inspira curiosidad mórbida. Él y yo hablamos mucho, y charlamos de sus hijos, sé de su mujer, sé dónde viven... Alguna vez lo he visto con sus hijos y fue una cosa muy bonita, no me afectó para nada. En alguna ocasión, y si la conversación deriva demasiado hacia su mujer, le digo que no es necesario, que no me interesa. Pero no por celos, particularmente. No siento celos. Yo tengo un novio y un marido. Es estupendo. Es el mejor de los mundos. Lo pasas mal a ratos, pero la cuenta final es positiva. Sale a cuenta. Si un día me arrepiento o me pillan, entonces me vuelves a entrevistar [risas].

»No tengo esperanzas de futuro con esto. La verdad es que soy muy feliz con mi marido. Nuestra vida familiar, una vez superado el tema de la cama, es genial. Aquel era nuestro único problema, y se solucionó cuando yo conocí al otro. Mi marido es el hombre con quien quiero compartir mi vida, estoy super-contenta con él. Pero he visto en algún momento que todo esto no era suficiente. Asimismo, mi amante y yo no funcionaríamos como pareja. No porque sea un mal tipo, todo lo contrario. Es genial también, me gusta mucho y lo respeto. Es solo que lo nuestro no es esto, no va de convertirnos en pareja. Lo nuestro es el adulterio [carcajada]. Y está muy basado en el sexo, aunque existan momentos de ternura y tal.



»He sido infiel otras veces y no servía de nada. Borracha, para luego despertar y decirme: “¿de qué coño ha servido esta mierda?”. Lo de ahora es otra cosa. Pero ojo: tampoco es que se haya transformado en amor. Lo del “amor” es un tema tabú. No lo hablamos. Llevando un año y medio con mi amante, que es bastante, yo ya dije un día que no le veía futuro: que nos pillarían y estaríamos jodidos, que nos enamoraríamos y estaríamos jodidos... Que estaríamos jodidos de todas formas. Y él me dijo: “¿De qué hablas, de amor? OK. Pues hablemos solo de sexo” [ríe]. Sin sentimientos. Hace un tiempo salimos juntos de noche por pura casualidad, en un encuentro cósmico de esos que suceden muy raramente (porque nuestra situación familiar nunca lo permite), y nos emborrachamos y mi amante me soltó —de la nada— “te quiero”. Me quedé como si nada, y Él a su vez se quedó fatal, pero a mí no me preocupó. Estas cosas pasan. Que necesites decir algo así. Y, eh, un poco de amor sí que hay; de lo contrario no aguantarías todo este tiempo.

»Si no existiese algo de amor no pasarías nunca por algo así. Porque a esto le tienes que dedicar mucho tiempo y mucha energía. No es fácil. A veces es agotador. Pero me he dado cuenta de una cosa: en esta vida te acostumbras a todo. A todo. Yo jamás creí que sería capaz de llevar una vida doble. Y escuchaba a gente que vivía así y me decía: “cómo puedes”. Pues puedes. Joder. Puedes y te adaptas y sigues y estás enganchado. Mi vida es mejor con Él. Es así.


Me he dado cuenta de que soy super-buena mentirosa. He desarrollado técnicas



»Siguen habiendo momentos de hartazgo, pero siempre recaemos y volvemos a empezar. Él siempre repite algo que para mí es crucial: que con nuestras familias ya tenemos que mentir un montón (porque tienes que mentir mucho; es una putada pero es así), así que en lo nuestro no puede caber ninguna mentira. Porque no hace falta. Que lo tengamos todo muy claro, que no nos cortemos a la hora de decir si algo va mal.

»Yo no le veo final a esto. Es imposible predecirlo. Pero ahora mismo te digo que estoy muy contenta. A pesar de la logística, y a pesar de lo de mentir, que es una mierda... Por otra parte, me he dado cuenta de que soy super-buena mentirosa [ríe]. He desarrollado técnicas. Por ejemplo: nunca invento nada de la nada. Si hago algo con mi amante, tiene que tener alguna base real, geográfica o lo que sea. Porque entonces resultas más convincente.



»Pero también te digo una cosa: mi marido no es muy observador, y no sospecha nada, pero si fuese observador, o sospechara algo... Hace mucho tiempo que me habrían pillado. Yo en su sitio, si me parara a pensar, lo vería un poco obvio.

»Llevamos mucho tiempo juntos, mi marido y yo. Llevamos tanto tiempo juntos, y empezamos a salir tan temprano, que si a él le pasara lo que a mí, creo que yo lo entendería. Esto lo hago porque en su día no hice lo que tenía que hacer. Y antes que él solo tuve novios largos. Esto es algo que tengo que hacer, porque más adelante nunca podré. 

(Según se lo contaron a Kiko Amat)


Nunca volveré a tener esta oportunidad de experimentar un noviazgo adolescente. Y así estoy




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