Reportajes

Tormenta contenida de Kim Gordon e Ikue Mori en su concierto en Madrid

La componente de Sonic Youth ofrece su perfil más experimental en La Casa Encendida

Kim Gordon visitó Madrid aprovechando el impasse de dudas que rodea a Sonic Youth (¿siguen? ¿no siguen?) y ofreció un concierto centrado en su faceta más experimental y ruidosa junto a su colaboradora Ikue Mori, aunque sin hacer sangrar los tímpanos en ningún momento.

De la expectación por ver a Kim Gordon en Madrid tras ese “impasse” con Sonic Youth no hay ninguna duda: las entradas se agotaron sólo unas horas después de salir a la venta. Y sí, ojo, hablo de Kim Gordon como principal reclamo porque parte de los asistentes ni habían oído hablar de Ikue Mori ni de ese “SYR 5” publicado por ambas junto a DJ Olive hace seis años. Si Gordon ha servido para que más de uno se acerque a ese disco o a DNA (grupo en el que militó la japonesa), bienvenido sea.

Pero a los que íbamos: ese breve concierto (apenas 45 minutos) en La Casa Encendida fue para el público fiel y respetuoso que se acercó a escuchar a Gordon y Mori (el silencio casi absoluto se agradeció en una actuación que no fue precisamente complaciente). Pese a que el aforo estaba completo, apenas había más de dos centenares de personas que parecían saber que no iban a asistir a un desmadre sónico y ruidista, y menos aún al típico set propio de festivales y grandes recintos.

Con algo de retraso, Mori y Gordon salieron a escena entre aplausos. Apostada tras un ordenador, Ikue Mori jugó el rol de figura hierática mientras manejaba el sonido más electrónico del set. A Kim le tocó (o eligió, en realidad) ser el centro de atención, armada con una guitarra eléctrica, varios pedales y su voz como único acompañamiento. Los bailes a los que nos tiene acostumbrados en Sonic Youth brillaron por su ausencia y las pocas veces en que se movía por el escenario era para trastear con la guitarra acercándola a micrófonos y altavoces o para columpiarla ante el público: pocas palabras (apenas algún que otro gracias) y hermetismo (salvo alguna que otra sonrisa dirigida a Ikue Mori) fueron las notas dominantes. Pero Gordon y Mori no estaban allí para ser simpáticas ni ganarse al público con gestos fáciles, sino para abordar un repertorio aparentemente improvisado, sin concesión alguna a la nostalgia y a años luz de las victorias fáciles. En su lugar, el dúo optó por recrear una atmósfera hipnótica y ruidista a base de capas de sonido con la propia voz de Kim Gordon grabada in situ y con largos solos de guitarra que iban a una aparente deriva sónica. En más de una ocasión rozaron el ruido por el ruido, ya sea como catarsis o provocación, pero la cosa quedó en una tormenta contenida en todo momento, tal vez porque el momento y el lugar no invitaran a más, tal vez porque ésa sea la forma más radical de plantearse un concierto cuando de dos de las reinas del ruido se espera una buena ración del mismo.

Impresiona la compenetración de Gordon y Mori, que pese a no llevar un setlist ni intercambiar ni una palabra, pese a jugar al despiste y a la improvisación, está claro que llevan un concierto preparado al milímetro, en el que se da un entendimiento entre ambas que pocas veces se produce en escena, y menos aún cuando no está escrito sobre el papel lo que se va a hacer.

Lo fácil, lo terriblemente fácil, habría sido tocarse el repertorio de “SYR5” o atacar incluso alguna canción de Sonic Youth, pero no hubo nada de eso. En su lugar optaron por la deconstrucción melódica, por las capas de sonidos envolventes y por dar un protagonismo casi absoluto a la voz y a la Fender de Kim Gordon, en un concierto sorprendente, lleno de clase y de savoir faire. Corto, sin duda, pero intenso y muy especial.

Fotografías de Carolina Velasco.

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