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"La marca Top Manta quiere sacar de la calle a todos los colectivos marginados"

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Cansados de que no les den soluciones y de que les detengan por vender imitaciones, han buscado su propia salida. Se les agotaron las existencias el día de la presentación.

clara gil

18 Julio 2017 06:00

Aziz es cabezota, muy cabezota. Ha sido deportado en tres ocasiones y ha pasado más de un centenar de días en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). La esperanza de conseguir una vida mejor en España y de ayudar a su familia en Senegal fue el aliciente para que siguiera intentándolo. Lo mismo ocurrió con la marca Top Manta. Él es una de las muchas caras detrás de la idea.

Llevaba tiempo pensando en crear una marca propia, de calidad, con diseños que aunaran sus raíces culturales y las distintas profesiones de sus compañeros de trabajo. Le tomaron por loco al principio. En una Barcelona de grandes firmas, ¿quién iba a querer comprar una marca hecha por manteros?

Él siguió en su empeño, como lo hizo en sus tres años de odisea hasta llegar a la ciudad condal. El resultado: un auténtico éxito que ya tiene lista de espera de pedidos y con el que esperan sacar de la calle a centenares de manteros.

Los manteros existen en el imaginario colectivo como esos chicos negros que se ven a diario vendiendo bolsos o gafas de sol. Cargan cada mañana con bolsas y se calzan con zapatillas para huir más rápido cuando llega la policía. Siempre en grupo, discretos y detrás de una manta, pasan jornadas de 12 horas de trabajo de sol a sol en las que pueden ganar, si se da muy bien el día, unos 30 euros. Tan solo parecen importar cuando llega el verano y no hay noticias en los medios de comunicación.

Ahora, la prensa se ha volcado con su nueva idea. La marca Top Manta representa muchas cosas, pero tiene un objetivo: sacar a los colectivos más marginados de la calle; ayudar a los más de 400 manteros que viven en Barcelona a regularizar su situación y a poder trabajar de forma digna y legal.


La historia de Aziz es una de muchas pero ahora, con la marca Top Marca, esperan que dejen de ser historias anónimas y que la sociedad les vea cómo se merecen. Como personas luchadoras, trabajadoras, con oficios y con el deseo de poder trabajar sin ser diariamente acosados por la policía. Personas que se han jugado la vida para poder acceder a trabajos honrados y legales.



El logo representa su medio de vida —la manta— y su medio de transporte —el cayuco—. La gran mayoría se ve abocada a recurrir a este tipo de embarcaciones debido a las trabas burocráticas impuestas por los países africanos. Por último, las olas. Estas simbolizan las dificultades de atravesar el mar. Es un trayecto en el que muchos han muerto. Pero esa no es la única adversidad que incluye la marca: también a las que se enfrentan una vez que llegan a Europa. Cargados de ilusión se ven golpeados por la realidad que les espera: discriminación, racismo, exclusión y más trabas burocráticas.

En España, tres años de residencia son suficientes para poder optar a un permiso de trabajo. En la práctica, la realidad es otra: un calvario de papeles, documentación y días enteros perdidos de burocracia. Además, en el caso de los manteros, si cuentan con alguna detención policial, las dificultades se multiplican. "Siendo mantero te enfrentas cada día a la policía. O te quitan la mercancía, o te llevan detenido a comisaría. Allí nos abren expediente. Ya estamos fichados y esa "mancha" por intentar buscarnos la vida se convierte en antecedentes", explica Aziz a PlayGround. "Cuando pedimos trabajo utilizan esos antecedentes para denegarnos el permiso. Es el pez que se muerde la cola", añade.

Aziz tiene 33 años. En Senegal, su país natal, empezó a trabajar con tan solo 11 años. La oportunidad de estudiar tuvo que esperar. Primero se dedicó a la sastrería, pero los ingresos no eran los suficientes para ayudar a su familia. Probó suerte en Mauritania, como pescador. Allí ganó algo más, pero la situación política y económica del país se hacía cada vez más complicada. Después de 10 años de trabajo se decidió: quería llegar a Europa. Algunos de sus conocidos le explicaron que en España necesitaban gente para trabajar en el campo y que se ganaba más dinero que en África.

Pero Aziz también sabía que se jugaba la vida cruzando el mar en un cayuco. Su madre le insistió en conseguir un visado para ir en avión, pero en Senegal es más complicado conseguir salir del país con permiso que jugarse la vida en el mar. Reunió a 40 compañeros, ahorraron el dinero suficiente para pagar a los pescadores y abastecerse de comida y emprendió el viaje.

Llegaron a Canarias. Allí les esperaba la Policía Nacional que se los llevó directamente al CIE. Pasados 40 días, a 20 de ellos les metieron en un avión sin decirles adónde los mandaban. Les llevaban de regreso a Senegal y Aziz estaba entre ellos. Sin embargo, continuó intentándolo. A los tres meses se volvió a echar al mar. Sin embargo, en esta ocasión, uno de los policías lo reconoció. Como él, miles de migrantes intentan hasta la saciedad llegar a Europa.

Con su ayuda, consiguió que le mandaran a un CIE de Madrid. Desde allí llegaría a Barcelona donde tenía a unos conocidos. De eso hace ya 7 años y medio. En ese lapso de tiempo, Aziz volvió a ser deportado y, de nuevo, regresó a España.

Durante 7 meses buscó trabajo. Conocía algo el idioma, pero no lo suficiente. Ninguna empresa quería contratarle porque no tenía papeles y él se negaba a vender drogas o a robar. Finalmente conoció a dos jóvenes manteros. Le prestaron algo de dinero y así comenzó a ganarse la vida.

La historia de Aziz es una de muchas pero ahora, con la marca Top Manta, esperan que dejen de ser historias anónimas y que la sociedad les vea como se merecen: como personas luchadoras, trabajadoras, con oficios y con el deseo de trabajar sin ser diariamente acosados por la policía. Son personas que se han jugado la vida para poder acceder a trabajos honrados y legales.

"La marca Top Manta persigue el derecho a una vida digna y a conseguir un puesto de trabajo desde la legalidad", explica Aziz. "El Ayuntamiento se comprometió a crear puestos de trabajo, algo que desde nuestro sindicato agradecemos. Sin embargo, han sido muy pocos los compañeros que han conseguido trabajo en la chatarrería o en Mercabarna. Por eso nos aliamos todos formando un sindicato para hacer frente a una problemática que afecta a centenares de personas migrantes", asegura.


El Sindicato de Manteros se formó en 2015. Cansados de esperar a que el Ayuntamiento les ayudara, ellos mismos decidieron autogestionarse para buscar soluciones reales. Se apoyan entre ellos, a modo de asamblea, igual que hacen cuando llegan a Europa. "Si un compañero llega y no tiene nada con lo que vivir, se le deja dinero y se le acoge en casa. Una vez que vaya consiguiendo ingresos, ayuda a los que no tienen", añade Aziz. De forma similar funciona el sindicato.


"La marca Top Manta persigue el derecho a una vida digna y a conseguir un puesto de trabajo desde la legalidad. El Ayuntamiento se comprometió a crear puestos de trabajo, algo que desde nuestro sindicato agradecemos. Sin embargo, han sido muy pocos los compañeros que han conseguido un puesto de trabajo. Por eso nos aliamos en un sindicato para buscar soluciones reales"



Se reúnen, se apoyan, toman decisiones y luchan para conseguir sus objetivos, siempre de manera colectiva. Por eso su marca es la antimarca. No pretende individualizar a quienes la consumen. Tampoco buscan colaborar con grandes marcas. "Precisamente, uno de los puntos que desde un principio queríamos erradicar era dejar de vender productos de marcas que explotan a sus trabajadores", asegura Aziz. También es una marca social que busca colaborar con los pequeños comerciantes, los que han perdido todo, los marginados de la sociedad.


"Desde el principio queríamos encontrar una vía que no implicara vender productos de marcas que explotan a sus trabajadores"



"No solo queremos ayudar a nuestros compañeros, también a los pequeños comerciantes que han visto cerrar sus tiendas por la crisis y los colectivos más marginados. Queremos formar un proyecto colaborativo donde todo aquel que quiera crear una sociedad mejor sea bienvenido".

El sindicato espera, con la comercialización marca, sacar de la calle a más de 450 manteros que viven en Barcelona. "Con las ganancias que vayan entrando, queremos alquilar un local donde poder vender nuestros diseños, pero también donde poder ejercer nuestros oficios, que son muchos". Como Aziz, muchos de los jóvenes que llegan han trabajado en distintos sectores. Hay desde fotógrafos hasta pescadores.

De momento, la cosa pinta bien. Ya tienen varios pedidos y, lo que en un principio pretendía ser una simple muestra para dar a conocer la marca, terminó por ser un verdadero éxito."En la rueda de prensa que dimos para dar a conocer nuestra idea, las muestras eran tan solo para visualizar la marca, no para vender. Sin embargo los asistentes quisieron comprarnos todos los productos. No sabíamos ni a qué precio venderlo", explica Aziz entre risas. "Nos fuimos a casa sin muestras porque las vendimos todas".

A la espera de llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento, el Sindicato plantea ahora cómo abordar los pedidos entrantes y dónde venderlos de forma legal. "Queremos que sea un diseño propio, de calidad, algo que nuestros atletas en Kenia puedan utilizar para competir. Pero para eso necesitamos buenos materiales, máquinas de coser, un local propio y todo el apoyo del que podamos disponer".

El camino para conseguirlo no va a ser fácil. Tampoco lo fue llegar hasta a Europa. Quizás las cabezonería de jóvenes como Aziz consiga que finalmente veamos a la persona que está detrás de la manta y no al objeto al que se les ha ligado para poder ganarse la vida.



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