Reportajes

A Taste Of Sónar 2011

Calentando Londres

A Taste Of Sónar 2011

Por Mónica Franco

Si el año pasado la presencia de MF Doom hizo que las entradas de A Taste Of Sónar volaran en un par de días, este año no había en el cartel la presencia de ningún superventas de tirón contrastado y, en cierto modo, eso se acabó notando el desarrollo de la velada organizada por el festival barcelonés en tierras inglesas: la plaza de Roundhouse no acabó de coger tono hasta bien entrada la tarde-noche, cuando saltaron al escenario los portugueses Buraka Som Sistema. Pero se acabó llenando. Hubiera ayudado a que el aforo se saturara mucho antes que el line-up predominantemente británico que actuaba en la sala contigua, auspiciada por Red Bull Music Academy, se hubiera trasvasado a la sala principal: MJ Cole, por ejemplo, consiguió que se llenara hasta los topes.

A medida que iban llegando los momentos decisivos de la noche, el Roundhouse de Camden iba ganando color. Costó un poco, también es cierto: ni Braiden, el miembro de la familia Rinse FM, ni el representante español de la noche, Noaipre, pudieron atraer mucho público a primera hora. El primero pasó el trámite con su particular eclecticismo –dentro de las lindes de la actualidad musical con sabor british, sin centrarse en un solo estilo de todo el derivado– a la hora de escoger su maleta; el segundo se vio en la misma tesitura que en el Sónar de 2010: desplegando un directo basado en las estructuras del grime y del UK funky, ritmos con sentido a primera hora de la madrugada, como había quedado patente hacía un par de días en la fiesta C.A.L.O.R. Madrid ante un público mucho más fiel. Pero no a primera hora o a última de la tarde, cuando el público está todavía cogiendo temperatura o haciendo tiempo para ver al siguiente artista. El gallego consiguió que la falta de público no afectara el resultado musical de su directo; sin embargo, los allí presentes no acabaron de superar la pereza de la primera hora y se ciñeron a acompañar con ligeros movimientos el grime 8bars del miembro de Arkestra.

El desconocimiento del gallego o la especialidad de su directo podían haber sido los motivos de la perplejidad –seguida de una cierta pasividad– por parte del público. No obstante a Noaipre le siguió el rapero DELS, que jugaba en casa y había hecho una buena pretemporada con su single “Shapeshift”, y el de Big Dada tampoco animó una plaza ya mucho más llena y con la intención de pasarse por el Roundhouse para ver cómo se desenvolvía el rapero sobre un escenario. Lo cierto es que la propuesta es buena. DELS se sube a la tarima con un par de chicas que le tocan el teclado, le hacen los coros o le puntean un bajo, además de un batería al estilo ?uestlove. Pero el resultado final pierde enteros debido a lo mecánico de la propuesta. Cuando los MCs se empeñan en hacer directos con músicos en vez de con un DJ, tienen que ser conscientes de que conectar la energía de estos con la propia y, a su vez, con la de los allí congregados en un asunto peliagudo. Al final el asunto quedó falto de rodaje o con poco sentimiento. Eso sí, con la certeza de que DELS y su banda llegarán al Sónar Barcelona con toda una primavera de bolos a sus espaldas y eso mejorará el resultado. DELS A Taste Of Sónar 2011

Buraka Son Sistema podrían servir de ejemplo para DELS y sus músicos a la hora de saber cómo unir la energía del amplio grupo de personas que se suben a la vez a un escenario y conectar con la multitud congregada bajo las tablas de madera. Los portugueses fueron el superventas de cartel y eso se notó mucho en cómo lucía la espectacular circunferencia de la sala principal del Roundhouse. Los cortes de ese maravilloso “Black Diamond” (Enchufada-Fabric, 2008) siguen animando a un muerto, a pesar de que ya tienen más de dos años, y forman el groso del tracklist del directo de los embajadores del kuduro. Si bien se muestran generosísimos en energía –el ir y venir de los miembros de la banda por el escenario, el constante movimiento de los percusionistas acompañando sus golpes (hasta el DJ no para quieto ni un segundo), incluso la presencia sorpresiva de otros artistas, en esta ocasión se trató de Roses Gabor– no lo fueron tanto con sus nuevas canciones, de las que sólo se sacaron una de la mochila, un poco a lo trámite burocrático, para deleitar a un público que sigue entregándose al máximo con las mismas canciones desde tiempo ha y que no busca ni exige otra cosa que no sea pasar una hora larga de diversión dando saltos y moviendo el culo al ritmo del kuduro, da igual si la canción es de 2006 o es de 2011.

Extasiados con los portugueses y cogiendo aire, la mitad del público se quedó en la plaza de Roundhouse esperando la llegada de The (motherfucking) Gaslamp Killer, que resultó ser el otro gran atractivo de la noche para el público. El angelino goza de buena fama en la ciudad del Támesis. Sin embargo, otros tantos de los allí presentes prefirieron recogerse en la sala contigua, donde Tiger & Woods, Axel Boman y Benji B habían estado aportando su granito de arena a la velada, para disfrutar de una leyenda viva de algo tan genuinamente londinense como el garage: MJ Cole. Con el padrino del género, los autóctonos se ponen chovinistas y nostálgicos. Al final, al público de GLK le sobró espacio para relamerse con la técnica del angelino, que todavía conserva las formas y maneras de su faceta de turntablist y las pone en práctica cada vez que se sube a un escenario. Mientras que a los que prefirieron deleitarse con el padrino del garage les faltó mucho espacio para hacerle justicia a la figura tras los platos a base de bailes.

Servidora prefirió deleitarse con Cole y dejar The Gaslamp Killer para el Sónar barcelonés. Al final, el deleite no fue tanto. Apenas cayeron dos perlas de breaks nerviosos y facturación post noventas. MJ Cole se ciñó a pinchar cosas que podían haber pinchado unas horas antes Braiden o Benji B; se ahorró parafernalia, sacó el Ableton y tiró de todo lo que las promos y las tiendas digitales le dan de sí como melómano. Aunque fuera una decepción no encontrarse con la maleta de este hombre cargada de plásticos de garage golden era y white labels, lo cierto es que los ánimos a esas horas ya estaban lo suficientemente arriba como para que la buena música bastara para ponernos a todos una sonrisa en la cara.

De esa guisa abandonamos el lugar a la medianoche. A pesar del arranque tímido en la tarde-noche, no se sabe qué es lo que tiene el Sónar que siempre acaba, por pitos o por flautas, arrancando sonrisas y satisfacción a los allí presentes. Su primo pequeño londinense no podía ser menos. Con la luna más cerca de la Tierra que ningún otro día del año, salimos por la puerta de la espectacular circunferencia de Roundhouse. Nos vemos en Barcelona dentro de dos meses.

A Taste Of Sónar 2011 Estuvimos el sábado en la fiesta A Taste Of Sónar en el Roundhouse londinense, y aquí te la contamos. El arranque fue tímido (Londres es una ciudad difícil), pero el final fue apoteósico, al más puro estilo Sónar.

A Taste Of Sónar 2011

Por Mónica Franco

Si el año pasado la presencia de MF Doom hizo que las entradas de A Taste Of Sónar volaran en un par de días, este año no había en el cartel la presencia de ningún superventas de tirón contrastado y, en cierto modo, eso se acabó notando el desarrollo de la velada organizada por el festival barcelonés en tierras inglesas: la plaza de Roundhouse no acabó de coger tono hasta bien entrada la tarde-noche, cuando saltaron al escenario los portugueses Buraka Som Sistema. Pero se acabó llenando. Hubiera ayudado a que el aforo se saturara mucho antes que el line-up predominantemente británico que actuaba en la sala contigua, auspiciada por Red Bull Music Academy, se hubiera trasvasado a la sala principal: MJ Cole, por ejemplo, consiguió que se llenara hasta los topes.

A medida que iban llegando los momentos decisivos de la noche, el Roundhouse de Camden iba ganando color. Costó un poco, también es cierto: ni Braiden, el miembro de la familia Rinse FM, ni el representante español de la noche, Noaipre, pudieron atraer mucho público a primera hora. El primero pasó el trámite con su particular eclecticismo –dentro de las lindes de la actualidad musical con sabor british, sin centrarse en un solo estilo de todo el derivado– a la hora de escoger su maleta; el segundo se vio en la misma tesitura que en el Sónar de 2010: desplegando un directo basado en las estructuras del grime y del UK funky, ritmos con sentido a primera hora de la madrugada, como había quedado patente hacía un par de días en la fiesta C.A.L.O.R. Madrid ante un público mucho más fiel. Pero no a primera hora o a última de la tarde, cuando el público está todavía cogiendo temperatura o haciendo tiempo para ver al siguiente artista. El gallego consiguió que la falta de público no afectara el resultado musical de su directo; sin embargo, los allí presentes no acabaron de superar la pereza de la primera hora y se ciñeron a acompañar con ligeros movimientos el grime 8bars del miembro de Arkestra.

El desconocimiento del gallego o la especialidad de su directo podían haber sido los motivos de la perplejidad –seguida de una cierta pasividad– por parte del público. No obstante a Noaipre le siguió el rapero DELS, que jugaba en casa y había hecho una buena pretemporada con su single “Shapeshift”, y el de Big Dada tampoco animó una plaza ya mucho más llena y con la intención de pasarse por el Roundhouse para ver cómo se desenvolvía el rapero sobre un escenario. Lo cierto es que la propuesta es buena. DELS se sube a la tarima con un par de chicas que le tocan el teclado, le hacen los coros o le puntean un bajo, además de un batería al estilo ?uestlove. Pero el resultado final pierde enteros debido a lo mecánico de la propuesta. Cuando los MCs se empeñan en hacer directos con músicos en vez de con un DJ, tienen que ser conscientes de que conectar la energía de estos con la propia y, a su vez, con la de los allí congregados en un asunto peliagudo. Al final el asunto quedó falto de rodaje o con poco sentimiento. Eso sí, con la certeza de que DELS y su banda llegarán al Sónar Barcelona con toda una primavera de bolos a sus espaldas y eso mejorará el resultado.

Buraka Son Sistema podrían servir de ejemplo para DELS y sus músicos a la hora de saber cómo unir la energía del amplio grupo de personas que se suben a la vez a un escenario y conectar con la multitud congregada bajo las tablas de madera. Los portugueses fueron el superventas de cartel y eso se notó mucho en cómo lucía la espectacular circunferencia de la sala principal del Roundhouse. Los cortes de ese maravilloso “Black Diamond” (Enchufada-Fabric, 2008) siguen animando a un muerto, a pesar de que ya tienen más de dos años, y forman el groso del tracklist del directo de los embajadores del kuduro. Si bien se muestran generosísimos en energía –el ir y venir de los miembros de la banda por el escenario, el constante movimiento de los percusionistas acompañando sus golpes (hasta el DJ no para quieto ni un segundo), incluso la presencia sorpresiva de otros artistas, en esta ocasión se trató de Roses Gabor– no lo fueron tanto con sus nuevas canciones, de las que sólo se sacaron una de la mochila, un poco a lo trámite burocrático, para deleitar a un público que sigue entregándose al máximo con las mismas canciones desde tiempo ha y que no busca ni exige otra cosa que no sea pasar una hora larga de diversión dando saltos y moviendo el culo al ritmo del kuduro, da igual si la canción es de 2006 o es de 2011.

Extasiados con los portugueses y cogiendo aire, la mitad del público se quedó en la plaza de Roundhouse esperando la llegada de The (motherfucking) Gaslamp Killer, que resultó ser el otro gran atractivo de la noche para el público. El angelino goza de buena fama en la ciudad del Támesis. Sin embargo, otros tantos de los allí presentes prefirieron recogerse en la sala contigua, donde Tiger & Woods, Axel Boman y Benji B habían estado aportando su granito de arena a la velada, para disfrutar de una leyenda viva de algo tan genuinamente londinense como el garage: MJ Cole. Con el padrino del género, los autóctonos se ponen chovinistas y nostálgicos. Al final, al público de GLK le sobró espacio para relamerse con la técnica del angelino, que todavía conserva las formas y maneras de su faceta de turntablist y las pone en práctica cada vez que se sube a un escenario. Mientras que a los que prefirieron deleitarse con el padrino del garage les faltó mucho espacio para hacerle justicia a la figura tras los platos a base de bailes.

Servidora prefirió deleitarse con Cole y dejar The Gaslamp Killer para el Sónar barcelonés. Al final, el deleite no fue tanto. Apenas cayeron dos perlas de breaks nerviosos y facturación post noventas. MJ Cole se ciñó a pinchar cosas que podían haber pinchado unas horas antes Braiden o Benji B; se ahorró parafernalia, sacó el Ableton y tiró de todo lo que las promos y las tiendas digitales le dan de sí como melómano. Aunque fuera una decepción no encontrarse con la maleta de este hombre cargada de plásticos de garage golden era y white labels, lo cierto es que los ánimos a esas horas ya estaban lo suficientemente arriba como para que la buena música bastara para ponernos a todos una sonrisa en la cara.

De esa guisa abandonamos el lugar a la medianoche. A pesar del arranque tímido en la tarde-noche, no se sabe qué es lo que tiene el Sónar que siempre acaba, por pitos o por flautas, arrancando sonrisas y satisfacción a los allí presentes. Su primo pequeño londinense no podía ser menos. Con la luna más cerca de la Tierra que ningún otro día del año, salimos por la puerta de la espectacular circunferencia de Roundhouse. Nos vemos en Barcelona dentro de dos meses.

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