Reportajes

Tanned Tin 2010

Castelló de la Plana 28 ? 31 de enero

Por Half Nelson.

Tras las vicisitudes acerca de las fechas y el lugar de celebración (se anunció y se canceló un Tanned Tin 2009 para Noviembre en Valladolid) el Tanned Tin se repliega en Castelló, sede de pasadas ediciones, y se consolida en un año de crisis generalizada imponiendo su marca como garantía por encima del estricto valor de los artistas programados y sacrificando parte de su arriesgado carácter de “descubridor” de artistas al jugar la carta de los valores seguros ya conocidos sin renunciar a intentar dar la sorpresa con nuevas bandas de difícil pronóstico. Por ello, el festival, que ha congregado a un total acumulado de 1.100 personas en el total de sus sesiones, mantiene su “cercanía y la capacidad de generar momentos únicos” –tal como destaca a modo de resumen Jesús Llorente, co-director del festival y fundador del sello Acuarela– y también la comodidad de un coqueto y moderno teatro que, si nada se tuerce, albergará de nuevo en enero la edición de 2011. Allí estaremos.

Jueves 28

McEnroe “Un sueño hecho realidad”, así calificaba Ricardo Lezón, cantante de los getxotarras McEnroe, su participación en esta edición del Tanned Tin. Asistentes como público en diversas ocasiones, Lezón y los suyos abrieron el festival y pagaron con un mal sonido la toma de contacto, pero enseguida se afianzaron y empezaron a dejar constancia de la (mucha) valía de sus canciones. A partir de “Cuando suene”, sus lánguidas canciones discurrieron con fuerza y precisión (¡¡qué grande es “El alce”!!) con la testimonial incorporación de Olivier Arson ( The Folding and the Point) en el tramo final. Un dulce debut.

Lacrosse La consabida energía melódica y coral de estos suecos no consiguió levantar al público de las mullidas butacas más que al final de su pase, pero sí que la todavía fría audiencia coreara, palmeara y jaleara a gusto. No es para menos, ya que himnos como “We are kids” hacen bailar hasta al más endiosado gafapasta, mientras que la espectacular diadema de Nina Wähä (una cabeza de ciervo, nada menos) contrastaba con la pretendida seriedad contenida en su segundo LP “Bandages for the Heart”. Quizás habría resultado aún más efectivos en otro momento más avanzado del festival.

David Thomas Broughton Tras Lacrosse, la performance del cantautor de West Yorshire pareció un frenazo. Con su guitarra y multitud de pequeños gadgets (desde el pedal de loops hasta unas molestas alarmas pasando por una grabadora con sonidos pregrabados), desgranó y descompuso sus propias canciones, cada vez más interesado en la performance que en la canción propiamente dicha. Repitiendo gestos obsesivamente (la mano por la barba y los cabellos como si sufriera el ataque de una marabunta de hormigas), quitándose el jersey sin dejar de cantar, tirando la guitarra… el inglés fue añadiendo humor y un extraño sentido del espectáculo a una voz mucho más allá de las comparaciones con Antony Hegarty.

Dean & Britta Reconozco que aproveché el pase de Arborea para salir a cenar, pero no me siento culpable porque aún he de encontrar a alguien que no se durmiera durante su concierto. Con las energías renovadas, vimos como quizás Dean Wareham y Britta Phillips también habrían tenido cenar algo antes de subir al escenario. Fríos y desangelados, despacharon con poco garbo las canciones de Luna (destacó una “Travelling Light” especialmente dubitativa). De acuerdo, el repertorio tampoco era especialmente energético, pero Dean Wareham debe recordar que Luna era un grupo de muy buenos instrumentistas y que todo intento de autohomenaje debe partir de un standard de máxima autoexigencia.

The Wave Pictures El trío inglés de Dave Tatterstall es el grupo ideal para un festival: divertido, animado, con grandes canciones y siempre chispeantes. Además, el propio Dave cumplía veintisiete años y aprovechó para dejar unas lucidas reflexiones ( “Jimi Hendrix murió con mi edad y yo todavía no he conseguido nada de lo que él hizo…”). Aunque tocaron bastantes canciones nuevas y hasta Johnny Helm (batería) sustituyó a Dave para cantar “Sleepy eye” no se puede objetar nada a su triunfo, salvo que echamos de menos el placer de corear una vez más himnos como “I love you like a madman”. Giant Sand vs. Johnny Cash “At St. Quentin” ¡¡Un diez!! Los que apreciamos a Howe Gelb siempre tenemos que andar perdonándole su dispersión en directo: le gusta hablar, lanzar comentarios banales (o no) que le vienen a la mente mientras está tocando. Muchas veces son geniales locuras, pero otras se pierde él (o nosotros) en los mares de la traducción y la química se pierde. Puedo decir que nunca había visto a Gelb tan concentrado como en su pase en el Tanned Tin. Preciso con la guitarra, correcto en la voz (ya hace años que sabíamos que no era Johnny Cash) y acertado en los comentarios ( “este vídeo se grabó en la TV danesa en 1971, cuando nacieron los miembros de esta banda” danesa, por cierto). Respetuoso con el homenajeado (volvió al escenario tras el bis con “Ring of Fire” para que no se apagara el vídeo de Cash que acompañó su actuación: “ahí está todo: Cash, June Carter, Carl Perkins…”) e increíble en la dirección musical de sus habituales acompañantes daneses, entre los que destaco a la vocalista femenina Sille Krill y no sólo por lo guapa que era.

Aidan Moffatt¡Qué poco necesita el escocés para dar un gran concierto! En Arab Strap apenas los arpegios de Malcolm Middleton, con los Best-Ofs tan sólo unas simples líneas de bajo y guitarra y unas bases programadas. Un auténtico curso de literatura inglesa lleno de guiños sexuales, sarcasmo socarrón y frases geniales (los Wave Pictures y David Thomas Broughton no podían evitar carcajearse entre el público). Sin necesidad de alzar la voz ni (casi) la vista el de Falkirk recitó algunas de sus grandes canciones ( “The last kiss), nos preguntó si teníamos niños ( “entonces empiezas a temer al futuro”), nos felicitó las navidades (con retraso o por adelantado) y se despidió con varios acapellas que nos clavaron a la silla.

Viernes 29

No puede haber quejas ante la amplitud y calidad del nuevo recinto escogido para las “matinales” del Tanned Tin. La Sala Opal dentro del complejo del Casino del Grao de Castelló cumple a la perfección con un pequeño escenario y un buen sonido pese a los techos altos aunque se nos haga extraño ver a artistas tan minoritarios actuar con un fondo de yates a sus espaldas. Lo que no debe ser de recibo es que la propia organización castigue a esos artistas contraprogramando un ruidoso catering a muy buen precio que deja desierta la platea y a los artistas con la incómoda sensación de estar tocando en una convención. El holandés Josef Van Wissem se escapó al ser el primero y así sus complicadas interpretaciones al laúd de piezas barrocas que interpreta al derecho y también al revés creando potentes efectos circulares pudieron ser respetuosamente seguidas por la mayoría. Mucha menos suerte tuvo Jason Urick cuyo ambient generado por ordenador y basado en samples tanto de field recordings como de otros músicos (en su disco “Husbands” hay hasta de los Bee Gees) fue castigado con la indiferencia (y con el ruido de los platos). Hasta Sir Richard Bishop tuvo que competir con el catering por lo que había que estar muy atento para no perderse sus fraseos improvisados a la guitarra, donde colaba influencias flamencas y clásicas vía “Concierto de Aranjuez” y hasta versionó el “She loves you”de The Beatles. A él se unieron Josef Van Wissem y Buck Curran de Arborea para tributar un pequeño homenaje a Jack Rose (de Pelt) recientemente fallecido. Ya con el público debidamente alimentado, Matt Elliott y su fiel Chris Cole ( Manyfingers) como Third Eye Foundation DJs combinaron hip hop, ragga jungle y R&B en un inteligente repaso a la electrónica negra de bajas revoluciones que llegó hasta Burial ( “Archangel”).

Ecstatic Sunshine Ya de nuevo aposentados en los cómodos palcos del Teatro Principal nos sorprendió, por incoherente, la propuesta de los estadounidenses Ecstatic Sunshine. Los de Baltimore son trío de guitarras tratadas electrónicamente, pero en Castelló sólo apareció uno de sus miembros por lo que se le acumulaba el trabajo de tocar la guitarra y modular el sonido con innumerables efectos que no conducían a nada.

Thee, Stranded Horse

Yann Tambour, en cambio, si que tiene claro lo que quiere hacer. El francés desmontó Encre para lanzarse a la aventura de la exploración de la kora africana y de ella extrae hermosas cadencias y melodías sobre las que canta principalmente en inglés como si de un simple cantautor folk se tratara. Su maestría con el instrumento es tal, hasta toca la guitarra simultáneamente en ocasiones, que es capaz de acelerar los punteos hasta dejar boquiabierto al personal, sin perder ni una pizca de sensibilidad ni sacrificar los poliritmos que el instrumento le permite. Uno de los grandes momentos del festival.

Picastro Lo que podía haber sido un concierto interesante se convirtió en un desastre por la pobrísima prestación vocal e instrumental de Liz Hysen. Acompañada por Nick Storring al chelo, la Hysen nos aburrió con su tono monocorde y poco dotado que mataba unas composiciones de folk atormentado y melodías arcaicas. Lamentablemente, la cosa tampoco mejoró cuando dejó la guitarra y se pasó al piano.

Callers

Aunque sólo sea por contraste, los brooklynitas Callers estuvieron mucho mejor. Trío de rock disonante con la voz, más educada y mejor, de Sara Lucas que dejó un regusto jazzístico a su repertorio. No se trata de un grupo especialmente innovador, lo suyo es una especie de jazz-rock modernizado tras la escucha de los discos de Tortoise a lo que se añade la voz llena de recursos de la Lucas. Brillante ejecución, pero objetivos poco claros.

Luke Haines Luke Haines no dejó de disculparse por no venir acompañado de una banda. Solo con su guitarra, tuvo que admitir una y otra vez que sus canciones sonaban mejor con un grupo completo y se interrumpió para explicar acordes y dobles sentidos. Queda ya poco de aquel artista fiero y arrogante de los años del britpop, aunque no le duelen prendas en basar buena parte del repertorio en sus añejos hits ( “Klaus Kinski”, “Lenny Valentino”, “Leeds United”¸ “New French girlfriend”, “Child psychology”, Lenny Bruce” o la más reciente “Born at the end of Waterloo line”) que siempre es mejor reverdecer con los (ácidos) textos en la mano.

Robin Guthrie La tomadura de pelo del festival. Escondido en un rincón para que las proyecciones (bastante new age) fueran las protagonistas el ex Cocteau Twins alardeó del delay de su guitarra y no dejó de ofrecer insulsos pasajes instrumentales que podían haber servido como base (y quizás lo hayan sido) a decenas de canciones de su antigua banda. Pero sin una estructura coherente y, sobre todo, sin una voz sobrenatural como la de Liz Frazer, aquello no fue más un rancio ejercicio de autosimulación.

Third Eye Foundation Con un complejísimo entramado de cables y conexiones que unían cuatro laptops y multitud de otras fuentes ( drumpads, pedales, chelo, mandolina, filtros de voz…) Third Eye Foundation se transformaron en un laboratorio sónico que extraía un magma aparentemente caótico (los ritmos quebrados se aceleraban o desaparecían) sobre el se incorporaban todo tipo de elementos. Como en un gigantesco puchero la música de Matt Elliott y sus secuaces ( Yann Tiersen cayó del cartel a última hora por enfermedad de un familiar) se diluía y mutaba frente a nosotros sin perder su aspecto fiero y electrónicamente traqueteante en el que se reconocían pedazos de temas ya conocidos (las melodías del disco “Drinking Songs”) que nos llevaban de la mano por el trance de la repetición hasta el clímax final que rozó en drum’n’bass y que nos dejó las cervicales deshechas después de tanto headbanging. Otro de los grandes momentos del festival.

Sleep Whale Después del subidón de Third Eye Foundation los tejanos Sleep Whale cerraron incomprensiblemente la segunda jornada con su sonido a medio camino entre el folk espacial y el post rock planeador. Pese a algunos momentos intensos, dieron sensación de espesor, de falta de ideas propias (su idea de clímax es pasar de Tortoise a unos Animal Collective apocados) y de suficiente inventiva para solucionar brillantemente los cambios de registro dentro de un mismo tema.

Sábado 30

De nuevo en las matinales de la Sala Opal, donde por cierto no había ni un solo cartel que anunciara el festival que se estaba desarrollando, esta vez los artistas disfrutaron de más público por lo que la platea no quedaba desierta en cuanto empezaba a servirse el buffet. Abrió el show de cabaret indie de Ching Chong Song, que dio la sensación de ser un grupo de academia (por su gran nivel instrumental y escénico), pero todavía más centrado en la interpretación que en el desarrollo de sus propias composiciones. Eso sí, sin duda Julie LaMendola fue la mejor cantante de todo el festival. Les siguió Jamie Stewart ( Xiu Xiu) en solitario tras la salida de Caralee McEllroy hacia Cold Cave. Menos rompedor que en otras ocasiones, el californiano alternó momentos tranquilos que obligaron a llamar a atención a los que no dejaban de hablar con otros de pura disonancia. Finalizó Joe Pernice solo con su guitarra, quien apareció con un aspecto personal algo desmejorado. Realizó un pase en progresión que crecía mientras solucionaba unos pequeños problemas con el monitor, así, el final fue muy celebrado con temas propios y una buena dosis de versiones como “Tell me when it’s over” (Dream Syndicate), “I go to pieces” (Del Shannon) o “Butcher’s tale”( The Zombies). See of Bees

Antes de Sea of Bees actuó Kristofer Aström, pero como me lo perdí sólo puedo pedir disculpas. El trío californiano se articula en torno a la guitarra y la voz de la extraña Julie Baenziger. Digo extraña porque pese a cantar perfectamente en inglés parecía incapaz de usar esa lengua (ni ninguna otra) para expresarse entre canción y canción generando más de un momento surrealista entre el patetismo y la comicidad. Pese a todo, su folk algo saltarín y sus melodías frescas no eran especialmente innovadoras, pero dejaron un recuerdo simpático y buen sabor de boca.

Richard Buckner

El cantautor californiano (aunque con aspecto de rudo hombre de las montañas canadienses) dio toda una lección de cómo mantener el interés en un género tan áspero (y tan recurrente en este festival) como el del cantautor en solitario. Creando sus propios loops de guitarra sobre los que desata su voz (cercana, aunque más grave, a la de Will Oldham) y cuidando las melodías con una exquisitez casi pop, Buckner mezcló folk, vanguardia, pop y acid rock (esas letanías circulares) en un concierto brillante que lo corona como uno de los grandes.

The Wowz

Ayudados por los miembros de Ching Chong Song, a quien ellos echaron una mano por la mañana, este trío neoyorquino (acogido un poco por los pelos en la etiqueta “antifolk”) defendió sus tres LPs con soltura y gran aceptación, pero a mi me parecieron, igual que sus amigos, una banda de academia, sin eso tenga que ser algo estrictamente peyorativo.

DD/MM/YYYY

Este quinteto de Toronto podría pasar como una replica afortunada de Animal Collective (loops de batería y voces virginales), pero en directo sale a la superficie su vena rockera y se acercan a los aspavientos psicodélicos de unos primitivos Faith No More. Fue una pena que por cuestiones de horarios de vuelos tuvieran que adelantar su pase (inicialmente ellos debían de cerrar los conciertos en el Teatro Principal) ya que su dinamismo y actitud (bastante gamberra) eran ideales como fin de fiesta.

Dean Wareham plays Galaxie 500

Lo ya comentado acerca del pase de Dean & Britta podría aplicarse aquí de nuevo con la agravante de que Galaxie 500 son una de las bandas míticas de la independencia estadounidense de los ochenta. Es obvio que Dean Wareham escribió esas canciones y que tiene todo el derecho a seguir interpretándolas como le venga en gana, pero podría pedir a sus músicos que se expriman un poco más y que respeten un legado que les supera. Mis peores sospechas se confirmaron con una “4th of July” muy acelerada y atropellada, pero debo reconocer que el nivel subió a medida que la banda parecía asentarse y el propio Wareham parecía arrastrar a sus compañeros. Ya a partir de “Blue Thunder” me dejé llevar por la nostalgia, disfruté hasta el final con la mítica versión de “Ceremony” (Joy Division) y (casi) me reconcilié con Wareham.

Savage Republic Otro superviviente de los años ochenta estadounidenses es Bruce Licher. Al parecer, el culto creciente hacia sus Savage Republic le ha hecho reformar la banda (aunque con diferentes miembros) y plantearse nuevas giras y proyectos. Así, se presentaron en Castellón como un cuarteto dispuesto a combinar art-rock, post-punk y contundencia escénica (bien representada por un abollado bidón de gasolina que aporrearon de lo lindo) dejando de lado cualquier tentación planeadora.

L’Altra

Indudablemente, su intercambio de posiciones en el cartel con DD/MM/YYYY perjudicó a los de Joseph Costa (y a los que nos quedamos hasta las tres de la mañana para verlos). Su música siempre frágil no es la receta indicada para cerrar un festival, pero es que además la música de L’Altra ha evolucionado mucho (y mal) desde sus primeros LPs en el sello Aesthetics a principios de los 90. Más convencionales y planos, no hubieran desentonado a mitad de la noche, pero a última hora resultaron mortales y plomizos.

Domingo 31

Último vermouth con música en la Sala Opal como cierre definitivo del festival con un gran Castanets que no dudó en afirmar que “mi música es para la noche y ahora es de día”. Lo mismo podría decirse de unos Mi and L’Au adictos a las novelas góticas y de unos The Clientele que acabaron prácticamente haciendo un showcase de su último LP “Bonfire on the Heath” mientras Alasdair MacLean nos deseaba “que disfrutéis de la paella” para sonrojo de un servidor. Por lo menos, The Joe K Plan cerraron irritando unos cuantos tímpanos.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar