Reportajes

Steve Reich

Una introducción a su obra

Steve Reich

Por Javier Blánquez

De todos los compositores que identificamos con la escuela minimalista americana de la segunda mitad del siglo XX, Steve Reich (Nueva York, 1936) es quien mejor resume la excelencia de un movimiento crucial para entender el desarrollo de la música posterior –desde la culta/académica a la popular–. Hay compositores que han alcanzado un nivel más alto de celebridad –Philip Glass, con quien Reich compartió trabajos esporádicos en sus primeros años, cuando intentaban abrirse paso en la escena avantgarde y bohemia del Lower East Side– y otros a los que se les reconoce un estatus de culto de mayor solidez –Tony Conrad, LaMonte Young, Terry Riley–. Reich es, sin embargo, quien ha permanecido con los años en un privilegiado punto intermedio: respetadísimo en la esfera culta, ganador del último premio Pulitzer de música por “Double Sextet”, e igualmente idolatrado por artistas del rock –de Sonic Youth a David Byrne– y la electrónica.

La música de Reich representa fielmente la estética minimalista –notación agrupada en racimos de pocos elementos, repetidos y variados insistentemente durante minutos, dando esa sensación ya familiar de economía de recursos y efecto hipnótico–, sin olvidar el aderezo exótico –Reich ha introducido en numerosas ocasiones elementos de la música del sudeste asiático, principalmente el gamelan de Bali– ni tampoco una vocación urbana y un swing que, de una forma muy peculiar, le equipara a titanes de la música americana de la primera fase del siglo pasado como Gerswhin.

Steve Reich es una de las grandes figuras de la próxima edición del festival Sónar. Junto al Grup Instrumental bcn216 y Synergy Vocals, participará en el concierto de apertura, que se celebrará en el Auditori de Barcelona y que constará de un programa compuesto por su obra más difundida, “Music For 18 Musicians”, y la pieza hace poco galardonada con el Pulitzer, “Double Sextet”. Su discografía es extensa –comprende, por ahora, más de 50 álbumes que reúnen diversas grabaciones, propias o ajenas, de un repertorio del que una buena parte aún permanece inédito– y sigue engrosándose día a día con rutina de workaholic. Sin voluntad de ser exaustivos, pero sí orientativos, proponemos una pequeña guía para que, quien sienta la curiosidad, empiece a bucear en las apasionantes aguas de Steve Reich.

“Drumming” (1971)

La primera grabación de “Drumming”, dividida en cuatro partes y de casi dos horas de duración, corresponde a la época en la que Reich ya empezaba a abrirse paso como compositor en un downtown neoyorquino extraordinariamente receptivo a la vanguardia pero todavía cruento con los compositores jóvenes. En la cuenta del hombre de la gorra ya había un par de discos, como “Live / Electric Music” (1968) y “Four Organs / Phase Patterns” (1970), donde ya estaban presentes algunos rasgos característicos de su estética: la cara B de su primer vinilo, por ejemplo, la ocupaba por completo “It’s Gonna Rain”, prodigio minimalista compuesto únicamente con la voz de un predicador, grabada durante un sermón, y repetida y reordenada durante 18 alucinantes minutos de tape music superados, más tarde, en la versión mejorada “Come Out”. En “Drumming” lo que amanece es la vocación rítmica de Reich: tres marimbas (su instrumento fetiche), ocho tambores electrificados, tres glockenspiels y voces que tejen un inagotable bucle con fases de máxima aspereza y minutos gozosos.

“It’s Gonna Rain”

“Drumming”

“Six Pianos / Music For Mallet Instruments, Voices And Organ” (1974)

Dos obras tempranas, grabadas en multitud de ocasiones –las primeras, en el catálogo de Deutsche Grammophon–, pero fundamentales en el desarrollo del estilo de madurez de Reich: lejos de la rudeza ocasional de “Drumming”, en estas dos partituras el ritmo prima sobre la armonía pero con el piano y el xilófono como instrumentos principales, casi entendidos como kits de percusión sobre los que se suspende la habitual voz de soprano angelical que encontramos en la mayoría de sus obras –y, por debajo, las finas líneas de vientos (oboes, básicamente) que ayudan a que toda la pieza se deslice con suavidad–.

“Six Pianos”

“Music For 18 Musicians” (1978)

Hay dos versiones distintas (y grabadas por su propia mano) de la que es la auténtica obra maestra de Reich: la original, editada en ECM y en vinilo, comprende poco menos de una hora; la segunda, regrabada en 1998, ocupa toda la extensión de un CD en versión alargada, aún más subyugante que la primera. Minimalismo de altísimo calado, “Music For 18 Musicians” comprende todo el lenguaje desgranado por Reich en piezas sueltas en una sola unidad majestuosa en la que una idea económica –ciclos repetidos de muy pocas notas– se organiza y modifica en infinitas variaciones gracias al intercambio de papeles y turnos de los 18 músicos del ensemble. Los primeros minutos y los últimos resultan ser muy diferentes entre sí, pero las transiciones constantes dan la sensación de que no ha pasado nada, que se ha estado inmerso en un único juego armónico. La influencia de “Music For 18 Musicians” en el techno ha sido crucial –aquí está, resumida y depurada, la idea de “loop”–, pero más importante aún es la consecución de Reich de una obra infinita, que podría ser tocada sin descanso sin perder, jamás, un ápice de belleza.

“Music For 18 Musicians. Pulse”

“Sextet / Six Marimbas” (1987)

En los años posteriores a “Music For 18 Musicians”, Steve Reich consolidó su prestigio y se acabaron los años de penurias económicas. Así, entra en una fase rica y productiva en la que entra a formar parte del equipo Nonesuch como artista de referencia y que facilitará su tránsito no forzado a la esfera popular. De entre las obras de este periodo de tranquilidad, “Sextet” y “Six Marimbas” se convierten en dos puntos de referencia. Como ocurrió con su colega Philip Glass –y, en general, con todos los minimalistas, incluidos la mayoría de ingleses–, la estética de Reich comenzó a cerrarse en recursos predecible –“Sextet” es, una vez más, la apuesta por el grupo de músicos reducidos; “Six Marimbas” su búsqueda incesante de la felicidad por la percusión, siguiendo la máxima de John Cage, “percussion music is revolution”–, pero a progresar mucho en profundidad.

“Sextet”

“Different Trains / Electric Counterpoint” (1989)

“Different Trains” está interpretada por el Kronos Quartet, por aquel entonces el más radical de los grupos de cámara de la música contemporánea americana, y con el que todos los compositores minimalistas, tarde o temprano, fueron estableciendo sinergias positivas. Dividido en tres movimientos – “America. Before The War”, “Europe. During The War” y “After The War”–, suena a la música que debería haber utilizado Lars Von Trier en el comienzo de “Europa”, siguiendo el recorrido mesmerizante por las vías de un tren en camino hacia lo oscuro, por su simultaneidad de cuerdas tenebrosas y loops de voces que luego volverán a aparecer, maximizadas, en “City Life”. “Electric Counterpoint” es aún más minimalista, pues la base es una guitarra –la del jazzman eléctrico Pat Metheny lanzado a una espiral de repetición de casi 15 minutos y a diferentes velocidades– y requiere una técnica prodigiosa. La melodía principal de la versión de Metheny fue la que samplearon The Orb en la intro de su hit ambient-house “Little Fluffy Clouds”.

“Electric Counterpoint II & III: Slow & Fast”

“The Cave” (1995)

En su momento, “The Cave” apareció como una de las obras más radicales e insólitas del repertorio de Reich, por no decir la que más. La razón es sencilla: se trata de una ópera apoyada en las proyecciones diseñadas por la videoartista Beryl Korot. En la breve historia del minimalismo americano la idea de una ópera no era descabellada –las habían compuesto y representado con éxito John Adams y Philip Glass ( “Nixon In China”, “Einstein On The Beach”, etc.)–, pero en el caso de Reich llegó en una fase avanzada de su producción, sin previo aviso y sin continuación. Por tanto, aportación rara y peculiar: junto a las grandes obras maestras languidece, y como ópera es abrupta y centrada en un tema oscuro, la figura del patriarca hebreo Abraham y la alianza de Yahvé con el pueblo de Israel, a partir del texto del “Génesis”. En disco –ocupó un doble CD– es difícil disfrutar de “The Cave” por la falta de apoyo visual, decisivo en el total de la obra. Habría que verla en teatro; por desgracia, apenas se representa.

“The Cave”

“City Life” (1996)

La edición de “City Life” –álbum que, en realidad, era la reunión de tres piezas: “Proverb” (pieza coral con el Theatre Of Voices como entente protagonista), “Nagoya Marimbas” (resumen en cuatro minutos de toda su música para percusión) y la titular– significó un repunte de prestigio para Reich tras la tibia acogida de “The Cave” y varios años sin escribir una obra significativa. “City Life” es un fresco del bullicio de la gran ciudad en la que diversos sonidos tomados en la calle –voces, cláxones de coches– se imbrican en un tejido sonoro de piano, xilófonos y vientos, muy dinámico en el ritmo y rico en texturas. Quizá sea casualidad o no, pero “City Life” apareció en paralelo a la explosión de la escena illbient en Nueva York, que integraba sonidos urbanos entre vaharadas de dub y electrónica ambiental. Posiblemente, fuera el espíritu de los tiempos, la de la Gran Manzana en su apogeo orgulloso cinco años antes del 11-S.

“City Life Part 1: Check It Out”

“Reich Remixed” (1999)

Tras muchos años de sospecha, por fin la constacación: la aristocracia electrónica de finales de los 90 rindiendo tributo en forma de remix a Steve Reich. Como era de esperar, el volumen se saldó con altos y bajos, muy buenos remixes junto a otros de factura discreta. No siempre ha sido un buen negocio poner en el mismo plano a los compositores cultos con los DJs, por mucho que haya puntos de contacto, pero en cualquier caso la apuesta de Nonesuch se saldó con un notable: acertadamente, se recurrió más a nombres del trip hop, el ambient, el illbient y el aislacionismo que no a gente del bombo a negras. Entre los participantes, nombres gordos como Coldcut, Andrea Parker, DJ Spooky, Nobokazu Takemura y Howie B.

Andrea Parker, “The Four Sections”

“Double Sextet / 2x5” (2010)

Sobre “Double Sextet”, nos remitimos a lo publicado en la columna Cocooning de septiembre del año pasado. Decíamos ayer que la obra mereció el Pulitzer de 2010 y que mostraba a un Reich “en plena forma dentro de un estilo consolidado: la precisión rítmica, el uso de marimbas y de la técnica del phasing que ya había quedado insuperable en ‘Music For 18 Musicians’ y ‘City Life’, que son la base cromática de una pieza que no va a sorprender, pero que sí va a gustar porque es como Reich de bolsillo y para todos los públicos”. En el álbum editado por Nonesuch, además, se incluía una segunda composición nueva, “2x5”, “la prueba definitiva, quizá, de que a estas alturas a la música de Reich no le sientan bien los cambios, pues ‘2x5’ pretende ser más rockista –hay dos guitarras eléctricas, lo interpreta el ensemble Bang On A Can–, aunque viene a ser lo de siempre pero con un acabado extraño, como una revisión menor de ‘Electric Counterpoint’”.

“Double Sextet I. Fast”

Steve Reich actúa en Sónar Barcelona (concierto inaugural) el 16 de junio a las 20.00h, en el Auditori de la ciudad. Entradas a la venta aquí . PlayGround es media partner de Sónar Steve Reich, leyenda viva de la música contemporánea y minimalista supremo, es uno de los grandes nombres de Sónar 2011. Antes de que llegue el momento del concierto, nos acercamos de manera somera a su obra más lucida.

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