Reportajes

Sónar 2010: a fondo

Sónar

Ha pasado un año y por fin hemos vuelvo a pisar la hierba artificial de Sónar de Día. Una vez más, los sueños electrónicos se tiñen de verde en la cálida Barcelona, que ayer amaneció nublada, barrida por la brisa, bañada en temperaturas suaves que nos ayudaron a vivir mejor la experiencia Sónar. El éxito de público impidió estar en primera fila en todos los conciertos, pero nos colamos como pudimos entre la maraña de gente para explicaros cómo lo vimos.

Red Bull Music Academy (SónarDome)Ese eurito de más que nos hacen pagar por la bebida que te da alas en los clubs bien merece la pena si uno piensa que está siendo invertido en el mecenazgo corporativo más prolífico de la música contemporánea. Los showcases de la Red Bull Music Academy acostumbran a ser siempre un nido de propuestas desconocidas en el que ahondar durante el resto de la temporada. Este año el funcionamiento ha sido el mismo, desde el principio con Noaipre hasta el final con Robot Koch. El gallego inauguraba el escenario con fuerza, quizás demasiada para la hora que era, pues pilló al público algo desprevenido. El que más bailó, fue el propio artista. La nota excéntrica de la tarde la ponían Teri Gender Bender y su pandilla de momias ensangrentadas; los mejicanos eran la oferta más rockera del menú y pendía de un hilo cómo iba a sentar su sonido entre el público. Pero el público acabó encantado y entretenido con los arranques de locura de Teri, que bajó desprovista de micro para cantar e incordiar un poquito “a pie de campo”. A mitad de jornada, Kool Clap tuvo dos horas para deleitar con una sesión cargada de groove, electro y funky con la mirada puesta en los ochenta. Las mezclas del francés sentaron de maravilla al cuerpo, que después de unas horas ya estaba preparado para los bailes frenéticos. Y éstos llegaron en la recta final, de la mano de Ango. Un tipo con una infalible puntería para seleccionar y mezclar temas; del dubstep al r&b, del crunk al dub minimalero, Ango acabó con “ King Of Africa” de Douster, una ovación absoluta y, seguramente, unos cuantos nuevos fans. MF

Pete Tong ( SónarVillage)Nada mejor para hacer la digestión que una buena dosis de house de ese que anima a sudar como un puerco y lucir nuestras gafas de sol más trendy creyéndonos que estamos en un garito ibicenco. Pete Tong –o lo que es lo mismo, Lord Of The Dance; cada día se parece físicamente más a Paul Oakenfold, es algo muy misterioso– es un perro viejo en esto de animar los saraos, así que, como era lógico, su paso por el Sónar Village fue lugar de peregrinaje para los fieles hooligans de su parroquia. Tiró por el camino fácil, las cosas como son. Durante su set de dos horas se avistaron pocas sorpresas: aquello parecía un refrito de ese house de radiofórmula que tan buenos momentos nos da en las maratonianas travesías en coche. Para muestra un botón: “Sun Raising Up”, de Deux –sólo faltaba un pódium para que cantara Rebeka Brown–, una remezcla del “U Can Dance” de Hell –para ver a Bryan Ferry tendremos que esperarnos al sábado– e incluso el “Waka Waka” de Shakira. Pero parece que a nadie le importaba la linealidad de su set. Pocas veces se ha visto un Sónar Village tan hedonista y concurrido a esas horas. SdA Speech Debelle (SónarVillage)Tras el oleaje de aceite de coco y house veraniego facilón con epicentro en Ibiza de Pete Tong, Speech Debelle se disponía a ejecutar su debut, “ Speech Therapy”. El cambio se hizo difícil de digerir para la mayoría del público, que venía de emular a Pocholo durante dos horas de bombo truchón. La propuesta de la londinense calmó los ánimos y sentó los culos desde un principio. Sin embargo, no toda la culpa de esta frialdad en el ambiente la tiene el locutor de BBC Radio 1; el combo batería, contrabajo y guitarra acústica supone una ganancia en calidad para la música de la rapera, pero no supo encontrar el feedback con un público mentalmente preparado para el baile. Todo demasiado jazzy para un escenario grande, al aire libre y a plena luz del día. No obstante, Debelle no bajó la guardia ni un momento, aprovechó todos los parones entre temas para lanzar latigazos al público y desplegó su verso con mucha más fuerza y virulencia que en el disco, incluso con cierto acento jamaicano, pero con el mismo desparpajo. “ The Key” o “ Go Then, Bye” sonaron desnudas sin esos detalles que les aportan brillo en el álbum, pero mucho más cargadas de empuje. Speech Debelle en su versión más hardcore rap. En definitiva, un buen concierto en una mala localización. MF Caribou (SonarDome / Red Bull Music Academy) Una pesadilla para claustrofóbicos, pero una delicia para los oídos. Para entrar en la carpa de Red Bull Music Academy hacía falta armarse de un machete y cortar brazos para ir abriendo camino, pero una vez dentro el infierno masificado lo olvidabas y te concentrabas en una de las maneras de hacer pop más fascinantes de los últimos meses. Vale, Dan Snaith le ha copiado la voz a Arthur Russell e igualmente lucha por hermanar la música popular con la vanguardista, pero lo hace con una candidez y un acierto en las melodías que enamora tanto en disco –¡qué grande es Swim!– como en directo. Valió la pena estar ahí, aunque pareciera que estábamos en un ascensor en el que hubiera entrado demasiado gente: empezó Caribou con “Leave House”, un antídoto contra los malos días, y con la ayuda de sus tres músicos consiguió que algunos olvidáramos que allí no se podía ni estar ni respirar. Quien se fuera, que se fastidie: los momentos especiales hay que lucharlos, hay que merecérselos. RF

Sounds of Switzerland presented by Mx3.ch and SSR [Round Table Knights / Tim and Puma Mimi / Larytta] (Sónar Village)Suiza no es un país muy querido últimamente (échenle la culpa a la derrota de la selección española en Sudáfrica). Sin embargo, la rabia contenida contra el chocolate y el reloj de cuco se esfumó al ver en acción al dúo Round Table Knights: a base de house, dub refinado, funk y ritmos calipso –han publicado hace poco un EP que se abusaba de las melodías afrocaribeñas–, confirmaron que lo suyo son las mezclas sin subidones a los que aferrarse. Muy diferente fue la propuesta de Tim and Puma Mimi. La japonesa Puma Mimi, famosa por actuar vía skype, decidió para la ocasión deleitarnos con su presencia en el Sónar retroalimentando la fascinación por lo flúor en una versión pocket –y más exótica– de Yelle. Pop electrónico naíf –¿o era hip hop globalizado?–, una manzana electrificada, un megáfono –a falta de vocoder, como en el caso de “Aquarium”– y buenas dosis de diversión fue lo que nos ofrecieron este trío que está pidiendo a gritos que DFA pique a la puerta de sus casas. Atrás no se quedaron Larytta, que venían a presentar “Difficult Fun”: africanismo, hip hop, beats machacones y pose rapsoda que dejaron un buen sabor de boca. Por ahora, le perdonamos la vida a Gelson Fernandes. SdA

Cluster (SónarComplex)A pesar de su reputación y estatus de gran icono pionero del krautrock, el dúo alemán no generó demasiadas expectativas en su visita: apenas consiguió llenar medio aforo de un SonarComplex que habitualmente se queda pequeño cuando aterriza en su escenario algún referente con empaque dentro del territorio más experimental y arriesgado del programa del festival. Y de los que empezaron el show quedaron más bien pocos al final del set. El problema del directo de Cluster es que la pareja lleva su idea del ambient a un territorio monocorde, frío, clínico y mecanizado que apenas incide o afecta al oyente, no se distingue en ningún momento la experiencia del directo. El sonido es técnico, oscila con armonía y coherencia y planea con decisión sobre el público, pero no hay nada en su manera de desarrollarse y expresarse que genere emoción, empatía o incluso rechazo. Para mi gusto, su propuesta parece algo apolillada, desfasada y predecible, se ha quedado antigua. Ambient políticamente correcto. JP Broadcast (SónarHall) La puesta en escena de los actuales Broadcast confirma las sospechas que ya apuntaba su última grabación: los británicos se han decantado para disponer su directo, de manera clara, firme y decidida, por la hauntología, tal y como entendemos este concepto sonoro-visual hoy en día. Proyecciones de bosques, crepúsculos lunares, efectos visuales de aires setenteros, estética retro y sumisión absoluta al blanco y negro. El sonido, litúrgico, ceremonial, en espiral, brumoso, deliberadamente menos pop de lo que en ellos era habitual, y la presencia escondida, velada, de una Trish Keenan que en su show actual renuncia todavía más al protagonismo escénico para camuflarse entre la neblina sonora. A los veinte minutos la gran mayoría de espectadores que abarrotaban el Hall empezaron a desfilar hacia la salida, quizá necesitados de un clima más acorde con el espíritu lúdico y festivo de la tarde barcelonesa. Mal cuerpo generalizado. Misterioso, perverso y fascinante como el humo negro de “Lost”. JP Robot Koch (SónarDome / Red Bull Music Academy)

El productor alemán y cabecilla del sello Robots Don’t Sleep tenía preparado un show polivalente, dividido en dos partes. La primera más soft, acompañado de la vocalista mexicana Grace, una habitual poniendo voz, sensualidad y un toque humano a esa virguería de máquinas que es la música del berlinés. Las atmósferas mágicas, el eco de la voz de Grace –tan cercana en formas y textura a la de las vocalistas de garage bonito– y esos pequeños toques jamaican que se cuelan entre los beats secos de Robot Koch ayudaron a vencer el cansancio del último concierto del día. “ Blind” o “ Brujeria” caldearon un ambiente ya de por sí tórrido después del bolo de Ango, pero algo más vacío a causa de las coincidencias en horario de Broadcast y Elektro Guzzi. Sin embargo, nuestros cuellos todavía no sabían la crujida a la que serían sometidos cuando el alemán comenzó a pinchar, ya sin la compañía de su cantante en el escenario. A partir de ese momento, todo se volvió más metálico, robótico e impetuoso en un set que se alargó con razón y con justicia un par de canciones. Con un uso ostentoso de los graves y mucho wooble, Robot Koch ofreció un set donde el dubstep sucio y cortante y el glich-hop crujiente y galáctico acabaron llenando del SónarDome de enfermos del bass. MF

Elektro Guzzi ( SónarComplex)

Si Kratftwerk no hubieran sido robots nos encontraríamos con los austriacos Elektro Guzzi. El planteamiento es sencillo: una formación de rock clásica –bajo, guitarra y batería–, sin necesidad de loops o pre-grabados, que es capaz de tejer un punzante y atmosférico techno minimal de ese que hace levitar al más pintado sin necesidad de psicotrópicos o dudosas ayudas externas. La teoría es cuanto menos sugerente, pero era de vital importancia verlos en acción para comprobar si encima de las tablas perdían un ápice de la esencia de su álbum debut. Gracias a Dios, eso no ocurrió. Lo que se presenció en el SónarComplex podría considerarse, cuanto menos, de apoteósico. Para los incrédulos, una cámara no le quitó el ojo de encima al batería Bernhard Breuer, que aporreaba los bombos y llevaba el compás de sus compinches, aferrados a sus pedales para fraguar los efectos sonoros. Como venidos de otra galaxia, Elektro Guzzi nos demostraron que el techno con alma existe, no es un mito. El público vibró con la maestría técnica y, lógicamente, la abrumadora ovación que el trío se llevo no hace más que afianzar a la banda como una de las sorpresas mayúsculas de Sónar (por ahora). SdA

Ryoji Ikeda presents Spectra (SónarGrec-Teatre Grec de Barcelona)Mientras me acercaba al Teatre Grec, pensaba: “bah, esto es sólo un rayo de luz”. Pero había que estar cerca de la luz, no lejos, para apreciar la belleza de la instalación Spectra de Ryoji Ikeda. No sólo la música que acompaña las torres de luz es pura e hipnótica, sino que amplifican la sensación de traspaso espiritual que sientes cuando te paseas entre los focos y te notas cubierto de rayos: como el agua y el aire, la simple sensación de luz a tu alrededor relaja, eleva o ayuda a reflexionar sobre cuestiones abstractas con una profundidad inesperada. Igual todo esto es un rollo místico, no sé. Lo que sí puedo asegurar es que “Test Patterns”, el concierto con el que Ikeda acompañó la torre de luz de Spectra, es tan agresivo como “Dataplex”: proyecciones geométricas, glitches que golpean como flechas, electrónica que te golpea como si fueras un saco de arena e Ikeda un boxeador rabioso. Mereció la pena subir la montaña. RFSónar 2010 está bordeando la locura. Si estáis ahí ya sabéis de qué hablamos: el mar de público inunda todos los espacios (diurnos y nocturnos). Nos desborda la energía. ¿Se apunta a un éxito de convocatoria? Pronto lo sabremos. Lo que sí es seguro es que la entrada en juego de los escenarios nocturnos ha relanzado la experiencia a una nueva dimensión. Por ahora, lo que toca es hacer un repaso de la jornada que será recordada como aquella en el que LCD Soundsystem ocuparon el escenario principal de Sónar de Noche, lo llenaron y volvieron locas a miles de personas. O aquella en la que Mary Anne Hobbs programó el showcase (casi) perfecto. Así lo vimos.

RBMA: The ladies evening (SónarDome)Si algo ha caracterizado siempre a la escena electrónica es la escasa presencia de mujeres. Sin embargo, es un hecho que, año tras año, va siendo menos notable. Buena prueba de ello era la programación del viernes del SónarDome. La primera dama en hacer acto de presencia fue la gallega BFlecha para ofrecernos un espectacular directo. Ovacionada antes de acabar cada tema, la fémina de Arkestra demostró que no le faltan fans (la carpa estaba notablemente llena para la hora que era) y que se desenvuelve a la perfección en el directo, a pesar de tener que cantar y controlar sintes y demás maquinaria. Lucrecia Dalt fue la siguiente en ocupar el stage. Armada con la pedalera fabricada por su padre, una guitarra y un laptop, hipnotizó a un público abundante y concentrado. Todavía quedaban por llegar dos grandes nombres de la escena beatmaker. Primero Pursuit Grooves, con un directo electrizante, cargado de bass oscuro y aderezado con samples soulful (entre ellos, “ Cherish The Day”, de Sade). Sin embargo, el momento cumbre se vivió al ritmo de TOKiMONSTA. Entregadísima, conectando con el público y muchísimo más grimy y oscura que en sus producciones, la angelina se marcó una sesión antológica en la que cupieron producciones propias, ajenas y momentos totalmente “comercialoides” –incluso sonó 50 Cent y su “Ayo Technology”–. GoldieLocks, la última lady de la tarde, estuvo correcta, tirando más de soul que de bass, pero empequeñecida por el torbellino de set que se marcó TOKi. MF Nedry (SónarVillage)Del escaso material que rula por la red de Nedry, es mítico el directo que grabaron para “ Huw Stephens introducing…”. Al fin y al cabo, fue esa performance la que les otorgó protagonismo en la escena musical y era la única referencia con la que contábamos para juzgar el directo del trío. Sin embargo, la experiencia adquirida en estos meses, en los que han girado por las islas británicas, se ha notado. Y el SónarVillage se ha encontrado con un directo vibrante, dinámico y muy empático. Mucho más dado a la improvisación que en la sesión para BBC Radio 1, los ingleses y la japonesa adobaron los temas de “ Condors” con momentos de ambient brumoso, atmósferas profundas e incluso broken beats sucios y cortantes. La voz de Ayu, que tanto recuerda a la de Björk, no casa para nada con su actitud en el escenario: a pesar de tener que estar pendiente de su voz y de generar los loops con una pedalera, la japonesa baila, salta, grita, se ríe… Lo vive al cien por cien, transmitiendo ese espíritu a un SónarVillage muy lleno, ocupado en su mitad superior por muchos fans que han cantado de seguidillo los temas con más tirón de la banda. “ A42” puso los pelos de punta a los asistentes, pero sin duda alguna, el éxtasis llegó con “ Condors” y ese final cargado de noise a base de fricción de guitarras. MF

Aufgang (SónarHall)Quieres odiar a Francesco Tristano y Rami Khalifé. De verdad. Tocan tan bien el piano, con tanta elegancia, con tantísima imaginación que es imposible no sentir una envidia que te corroe las tripas cuando oyes cómo pasean sus manos por el teclado y edifican escalas capaces de elevarte el espíritu. A Aymerich Westrich también le quieres odiar porque domina los resortes de la batería, pero su labor en Aufgang es más oscura, no luce tanto como lo que hacen los dos pianistas de manos de oro. Sin embargo, no hay Aufgang sin Aymerich: todo el esqueleto del concierto recae en él, asume su tarea con humildad y sostiene rítmicamente piezas tan asombrosas como “Barock” o “Sonar” para que Francesco y Rhami se luzcan. Conciertos así son de los que te reconcilian con la música entendida como una mezcla de pasión y cerebro: nunca sabremos qué hubieran hecho los grandes genios de la música clásica si en sus tiempos ya estuviera inventado el techno, pero la complejidad de Aufgang, el nivel de abstracción brutal que implica mezclar música antigua y Detroit, invita a soñar que habría sido algo como esto. Todavía me dura el asombro. RF

bRUNA + Bradien (SónarComplex)La coincidencia de horario con Aufgang me mata, pero consigo hacer equilibrios y juegos de manos para ver un buen trozo del concierto de bRUNA, un productor al que se señala como lo más especial de la música electrónica hecha en Barcelona. Juega en casa y el ambiente es familiar en SónarComplex: público que sabe a lo que viene. Y ahora lo comprendo todo: la música es preciosa, concisa y emocionante. Las melodías emanan como energía que te carga las baterías del corazón, y me atrae la manera sencilla y honesta que tiene este muchacho para pasar del ambient gaseoso a la IDM al estilo de Boards Of Canada. Por momentos se le escapan los bombos, pero los mantiene siempre bajo control. Y el sonido es nítido, ideal para sumergirse en algo tan precioso. Una grata sorpresa, como también lo fueron Bradien, grupo de pop lateral al que se le da muy bien poner en un mismo plano texturas del post-rock con sonidos microscópicos de las corrientes experimentales. Si así suena la música electrónica de Barcelona, admito que me he hecho fan. RF

King Midas Sound (SonarHall)Una cosa quedó clara ayer en el CCCB: el directo de King Midas Sound sacrifica la sutileza, el detalle y el perfeccionismo sonoro del estudio para armar una bola de ruido jamaicano que ayer puso el Hall del recinto barcelonés patas arriba. Buena parte de culpa de este cambio notorio entre el álbum y el live show la tiene un Kevin Martin que, en el fragor de la batalla del escenario, saca a pasear su latido más contundente, protuberante y radical y cuelga su bata de laboratorio, quién sabe si para utilizarla en otra ocasión. El productor, impecablemente ayudado por su tándem de vocalistas, echó el resto con un amasijo de ritmos densos, bajos vigoréxicos y ecos incesantes y martilleantes, e instaló en la mente la sensación de estar encerrados en el sótano humeante de un edificio cualquiera de una megalópolis futurista. En el balance artístico de Sónar, el de King Midas Sound ya pelea como serio candidato a convertirse en uno de los conciertos del festival. JP

New Young Pony Club ( SonarVillage)La puesta en escena de New Young Pony Club planteaba unas cuantas dudas: ¿tiene Tahita Bulmer, cantante y líder de la banda, madera de frontwoman? ¿Hay vida y grupo más allá del hype y de los dos o tres singles de turno? ¿Puede subsistir la formación ahora que la fiebre nu rave ya es un vestigio del pasado? La vocalista británica, así como sus acompañantes, en especial la batería, Sarah Jones, contestaron a alguno de los interrogantes. Por ejemplo, el de la capacidad de Bulmer para mantener la intensidad y la atención del público, uno de los puntos fuertes del combo. Aunque a NYPC les faltan canciones y recorrido, la verdad es que ella se carga a la espalda el peso de su discurso y la apuesta le sale relativamente bien, con una actitud entre desafiante y muy segura de sí misma que no deja indiferente, más allá de los aciertos y desaciertos, que los hay, de su discurso musical. El grupo tiene un directo eficiente, correcto, todavía algo deslavazado y amateur, pero en el contexto del Sónar y de un Village condescendiente al máximo su propuesta cumplió expediente con holgura. JP

Delorean (SónarVillage)Es imposible no encontrárselos en los festivales, y teniendo en cuenta cómo se las gastan en el aclamado “Subiza”, estaba claro que Delorean estaban llamados a actuar y a triunfar en el Sónar, y más teniendo en cuenta que ahora tiran descaradamente por el rollo balearic y han abandonado las reminiscencias post-punk de sus inicios con BCore. El SónarVillage no se les hizo grande. A este paso no nos debería extrañar que en futuras ediciones formen parte, por méritos propios, del plantel nocturno del festival, el destinado a los cabezas de cartel con solera. Obviamente, las composiciones de su último largo –junto al aclamado EP “Ayrton Senna”– conformaron la base de su repertorio en exclusividad. Ni “Real Love” ni “Stay Close” pasaron desapercibidas. Encima del escenario son una banda con la maquinaria engrasada cuyo sonido no dista en exceso de su labor en el estudio –a excepción de “Deli”, en la que el micro de Ekhi Lopetegui brillaba por su falta de decibelios–. Como colofón, John Talabot dio la cara y se sumó a la banda para interpretar ese caramelo llamado “Sunshine”. Aun habiéndose animalcollectivizado, Delorean puede mirar fijamente a los grandes nombres del pop electrónico. SdA

Nosaj Thing (SónarHall)

A primera vista, Jason Chung parece el cocinero del restaurante asiático de tu barrio. Carisma, glamour y aura artística, más bien poca. Así, ¿cómo es posible que un personaje en apariencia gris, de look freak y nerd, consiga auspiciar un show musical y visual tan contaminante, poderoso, emocionante y sorprendente? La respuesta a este enigma, ayer en el Hall del CCCB. Una mesa, un cacharro y un brillante juego de luces le bastan y le sobran a Nosaj Thing para certificar que su propuesta viaja mucho más allá de la fiebre nostálgica post-Dilla que asociamos en buena medida al fervor mediático que ha despertado la llamada escena de beats de Los Ángeles. Chung contradice el espíritu horizontal del subgénero y en directo sabe cómo armar un conjunto de beats, melodías y efectos que demuestran mucho punch, nervio y músculo. Ninguna queja. Complementa el andamio sonoro un vibrante juego de luces y efectos visuales, de exquisito gusto estético, que le imprimen ritmo y dinamismo al contenido. JP

AIR (SónarClub)Por mucho que AIR maquillen y embadurnen su show con una puesta en escena colorista, ambiciosa y efectista, espectacular en su concepción y presentación estética, con luces de neón, juegos visuales multiformes y disposición épica, su directo actual, referido a términos de estricto sentido musical, sigue aquejado del mismo mal endémico de siempre, del estigma que les ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria, independientemente del brillo y la inspiración de sus álbumes en estudio: AIR encima de un escenario son profunda y rematadamente aburridos, tediosos, monótonos y pesados. Como si salieran a adormecer al personal a propósito, a conciencia, ayer ni tan siquiera lograron salirse del guión, incorporar algo de sangre y músculo, ante la masiva presencia de público que llenaba el SónarClub y el contexto en que estaban inmersos. Una vez más, y ya van unas cuantas a lo largo de los últimos diez años, la actuación de la banda gala acabó en bostezos indiscriminados, charlas espontáneas y abandono paulatino de la parroquia. De rebote, los grandes beneficiados de la espantá, los británicos Hot Chip, colapsaron el SónarPub. JP

Hot Chip (SónarPub)Los que hayan acusado a Hot Chip de haber perdido sustancialmente su esencia electrónica se van a tener que retractar. Alexis Taylor y los suyos, con un álbum como “One Life Stand”, ya venían con los deberes hechos de casa. Empezaron con “And I Was A Boy From School” –una apuesta segura, podría decirse– y tiraron de la facilona base machacona y el bombo amplificado –he aquí “Over And Over”, donde su mítico riff de guitarra desapareció por arte de magia– para contentar a todas las sardinas en lata que nos congregamos en el SónarPub. De las baladas que campan por su último largo, ni rastro –lo mismo con su cover del “She Wolf” de Shakira, que en algunos otros shows se han atrevido a interpretar–. A pesar de aprobar llevados por la vorágine etílica de muchos de los asistentes –si no, es imposible explicarse por qué se llevaran una de las mayores ovaciones con “I Feel Better”–, el carisma de Taylor y los suyos encima del escenario se encuentra a años luz de lo que sus álbumes transmiten. Y ya no digamos si los comparamos con el savoir faire del capo de DFA. SdA

Mary Anne Hobbs presents Joy Orbison + Flying Lotus + Roska (SónarLab)Había momentos en que padecía por el suelo. Temía que en cualquier momento se agrietara y nos tragara a los que estábamos ahí, celebrando la increíble capacidad de mutación del dubstep. Cómo azotaban esos bajos: Mary Anne Hobbs cuando pincha no tiene piedad de nuestros estómagos y lanza cañonazos de wobble capaces de dejarnos doblados. Con el último tema de su set – track I.D., please!, justo el anterior al “PClart” de Kavsrave– dejó a más de uno con la boca abierta, combinando épica de banda sonora de película de superhéroes y dubstep salvaje. Joy Orbison le tomó el testigo entre aplausos y reverencias, y no falló: se decantó más por el house que por el dubstep líquido, aunque no pudo evitar autocitarse con “The Shrew Would Have Cushioned The Blow” y, ya al final, cómo no, con “Hyph Mngo” a modo de firma y colofón. Flying Lotus tiene un problema, si se me permite decirlo: se toma demasiado en serio su manera de producir y abusa del jazz, con lo que su avant-hip hop se aproxima peligrosamente, por momentos, a un territorio adulto que no le conviene. De todos modos, Roska vino a resarcirle con el mejor funky house que he escuchado en mi puta vida. Este showcase de Hobbs debería durar dos días, esta dosis ya no me sube. RF

LCD Soundsystem (SónarClub)Nunca nos ha defraudado James Murphy, pero lo del viernes en el SónarClub sólo puede calificarse de cum laude. Para muchos de los presentes aquello olía a despedida –he aquí la única apreciación negativa del asunto–, de modo que era una cuestión obligada rendir tributo a los enormes LCD Soundsystem. Durante una hora demostraron por qué se han ganado a pulso ser una de las bandas generacionales de culto de la última década. Murphy, detrás de esa imagen de anti-ídolo que a primeras puede desprender, es el carisma personificado. Pudiendo haber tirado de un repertorio centrado en su excelente “This Is Happening”, la banda premió a sus fans con ese arsenal de hits que desde hace cinco años nos han puesto en bandeja. Desde “Daft Punk Is Playing At My House” pasando por una más que celebrada “Tribulations”, pusieron el broche final con una anárquica “Yeah” que fue un chute de éxtasis puro en vena. Hacía mucho tiempo –demasiado incluso– que un servidor no disfrutaba como un niño pequeño viendo un concierto. De modo que lo único que puedo decirle al señor Murphy –en nombre de las miles de personas allí presentes– es darle las gracias por existir. SdA

Plastikman (SónarPub)Destella la luz blanca, y parece que haya aterrizado un platillo volante. Es la invasión de los sentidos por parte de un Plastikman que busca con todas sus fuerzas el perfecto show techno: luminotecnia agresiva, números en las pantallas, una cortina de LEDs protegiendo sus máquinas, y un sonido esquelético y básico para acabar de sacar humo de todos los pies. La pista está llena: Richie Hawtin lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a demostrar que cuando se trata de hacer bailar a la gente él es infalible. La ejecución del material de Plastikman –acid, techno, redobles y minimalismo, la vieja fórmula de “Sheet One” y “Musik”– es fiel por una parte a los postulados originales –es decir, 808 desglosando el ritmo en una cascada de golpes y platillos, 303 sembrando esporádicas semillas ácidas–, y por otro lado los reactualiza con más compresión, claridad y efecto bombástico. No me suena tan básico y esencial como cuando descubríamos el techno, y este show de Plastikman tiene algo de colección de efectos para estimular los sentidos por la vía rápida y fácil –la parte final, pura percusión sin control, fue una locura–, pero también os voy a ser sincero: a mí me hizo bailar y me puso la piel de gallina. Una de dos: o soy muy impresionable o Hawtin es dios. Me decanto por lo segundo. RF

The Sugarhill Gang (SónarLab)No necesitan presentación, ellos son los hacedores de “ Rappers Delight”, los pioneros del hip hop, los primeros en triunfar comercialmente con un género que, a finales de los setenta, se ceñía al underground neoyorquino. Y, a pesar de haber vuelto a la palestra recientemente de la mano de Bob Sinclar, lo que todos esperábamos era una auténtica sesión de rap añejo propiciado por la fórmula clásica, antes de que apareciera el sampler: alguien a los micrófonos y banda funk. Éramos muchos los que esperábamos, pues la curiosidad de ver a unas leyendas vivas del rap propició un lleno absoluto en el SónarLab. Lo que no era tan de esperar es que la propuesta más old school de la noche tuviera más energía que muchos de los pipiolos del line-up. El Gang es consciente del amplio espectro que ocupa su público. Son condescendientes con las masas y añaden una retahíla de hits de ayer, hoy y siempre. Sonó Michael Jackson, sonó House Of Pain e incluso se atrevieron con un tema salsero sobre el que deslenguarse. A pesar de tirar de material ajeno para enfervorecer a la audiencia, el trío tampoco se olvidó de los temas que les hacen grandes. Muy predecible fue el final con “ Rappers Delight”; sin embargo, los primeros compases de “ Apache” fueron la locura colectiva, culminando a lo grande un espectáculo que fue en todo momento sinónimo de diversión. MF

Booka Shade (SónarPub)Dieron el salto a la fama con un debut celebradísimo en un momento en el que el minimal invadía las maletas de los DJs. Sin embargo, el dúo formado por Walter Merziger y Arno Kammermeier ha retomado su esencia para manufacturar “ More!”, un álbum fiel a sus principios artísticos. Pero esta fidelidad tiene un inconveniente: se extiende a la ejecución del directo, lo que convirtió la actuación de la pareja en “otro live más de Booka Shade”. Llegaban al escenario tras el paso del veterano Dixon, que impuso el bombo monótono y el oscurantismo (en el buen sentido de la palabra). Así, los primeros golpes de electrohouse ahuyentaron a parte del público, lo que dejó el aforo en el punto perfecto: si los bailes son frenéticos, hay que respetar el espacio vital. Merzinger y Kammermeier tiraron en todo momento de su material más comercial. Que sí, que los alemanes hacen un house electroso muy cuidado en detalles, de calidad superior a la media. Hacer uso de la batería electrónica siempre les ha ayudado a conseguir esos matices de superioridad. Pero utilizar la misma estructura de bombo durante los sesenta minutos largos de actuación y la falta de riesgo a la hora de elegir el repertorio empobreció el espectáculo. Claro que la gente bailaba, pero a las cinco de la mañana, si ataras a la gente a una silla, tampoco podría estarse quieta. MF

2 Many DJ’s / Carte Blanche (DJ Mehdi & Riton) (SónarClub / SónarPub)Poco puede decirse de 2 Many DJ’s a estas alturas que no se ha haya dicho anteriormente. Los belgas fueron los culpables de alimentar ese refrito en el que cualquier estilo musical –por muy mainstream que fuera– tenía cabida en las cabinas. Para la presente edición de Sónar se nos presentaron con un show en el que proyectaban carátulas animadas de los discos que, in situ, estaban mezclando. ¿Cuántas veces nos hemos quedado algo moscas en la pista de baile sin saber qué estábamos bailando exactamente? Pues dicho y hecho. Esta cuestión, estrictamente didáctica, resultaba de lo más divertida: la multitudinaria marea de gente que allí se reunió pudo bailar el “Kids” de MGMT, un himno como “Love Is In The Air” de John Paul Young o el “Hey Boy Hey Girl” de nuestros queridos Chemical Brothers. Ellos son puro entertainment para las masas y lo saben. Bien diferente fue el desembarco de Carte Blanche, que bajo el auspicio de Ed Banger pusieron patas arriba el SónarPub con ese house carne de la escuela de Chicago y a cuatro platos. Las mandíbulas, a esas horas, andaban a sus anchas. Así que lo mejor que podía hacerse era retirarse a tiempo teniendo en cuenta que la maquinaria del Sónar ya vuelve a arrancar. SdAEs oficial: Sónar de récords. El festival barcelonés no sólo se ha afirmado en la primera posición en la liga mundial de grandes eventos que giran alrededor de la música electrónica, sino que ha superado su propio techo de participación situándose en la cifra de 100.000 asistentes durante tres días en los que nuestros oídos y ojos han tenido que hacer horas extraordinarias. Sónar 2010 cierra su balance con un superávit de talento, emoción, fiesta y actuaciones para recordar. Os contamos como vimos la tercera y última jornada sin perder ni un segundo más.

Moodymann (SónarDome-Red Bull Music Academy)Nos hizo sudar, aunque eso es algo que a Moody le va incluido en el sueldo. Una sesión suya sin calor, sin negritud y sin pegada soulful no sería una sesión, sino una estafa. Pero el de Detroit no falla nunca, y se puso tras los platos para desparramar toda la clase que lleva dentro. No es uno de los grandes del techno por casualidad. Tampoco es uno de los productores más veteranos de la Motor City por azar. Moodymann se mantiene fiel a una manera de hacer – loops de soul incrustados en un armazón de techno lo-fi– y la lleva hasta las últimas consecuencias. Su exhibición de técnica y criterio en el escenario programado por Red Bull Music Academy fue total, mezclando producciones propias y, lo que a muchos nos ganó por completo, una batería de clásicos del soul recóndito y el funk suave –y mucha música disco lujosa– que él ha sampleado en algún momento de su dilatada carrera. Un homenaje a sus raíces y a su filosofía, un artista que merece todo lo bueno que se diga de él. RF

Bomba Estéreo (SónarVillage)El deber me llamaba y tuve que interrumpir mi deseadisima siesta para ver a los colombianos Bomba Estéreo. Al tercer día de festival, la necesidad de sueño ya es considerable; una tampoco tiene muy buen despertar, así que, por mucha fuerza y energía que desprendiera el espectáculo, a mí no me daba la gana bailar. A pesar de mi karma negro, he de reconocer que lo de Li Saumet es tirar con fuerza del espíritu de la gente y lo demás son tonterías. El que sí bailo y de lo lindo fue el publico del SónarVillage, abarrotado per se (el sábado fue más evidente que nunca que el recinto se empieza a quedar pequeño) y no por verdadero interés de antemano en ver a la banda. Saumet consiguió contagiar de cumbia y rimas a su audiencia; incluso hizo subir el escenario a unas cuantas muchachas para una exhibición de champeta, uno de los ritmos que, junto con algo de reggae, algo de pop y la cumbia como hilo conductor, conforman el sonido del grupo. Propuesta divertida, desfogada y fresca, pero no más interesante que otras cosas que se hacen hoy en día en Latinoamérica. Bomba Estéreo no dejan de ser un intento de Carlos Vives readaptado al siglo XXI. Música para “verbenear”, festejar un rato y arrimar la cebolleta. MF

Necro Deathmort (SónarHall)Casi de tapadillo, desapercibidos en un programa al que este año le faltaba alguna pincelada más de post-metal y vanguardia ruidosa, Necro Deathmort no dejaron indiferentes a los que se acercaron al SónarHall, ayer convertido más que nunca en una cueva temible y acongojante de mal rollo. Su discurso musical no tiene muchos secretos, pues apela a una revisión bastante predecible y asimilada del doom-metal con una variación, el uso de beats contundentes como soporte rítmico, pero la manera de ponerlo en práctica despierta más curiosidad e interés. Con la única ayuda de un laptop, algún cacharro de efectos y una guitarra, disposición escénica en las antípodas de la ortodoxia, la pareja británica levanta una neblina de drones de ruido negro y breaks en espiral que se complementa con muy buen criterio por un juego de visuales de claras reminiscencias expresionistas que ayuda, y de qué manera, a acentuar la sensación de miedo y pavor. Todo a oscuras, claustrofóbico y amenazante: el momento black del festival. JP

Uffie (SónarVillage)La niña mimada de Ed Banger, esa misma que ha tardado cuatro años en parir “Sex Dreams And Denim Jeans”, tomó el Sónar Village convertida en toda una señorona con ínfulas de diva. Ella se quiere, y mucho. Aquellos que le seguimos la pista desde aquel “Pop The Glock” –que cerró su show, estaba cantado– seguimos recordando cómo se las gastaba cuando, estando preñada, la chica sentía una anómala fascinación por revolcarse por el suelo. Por aquel entonces se enorgullecía de ser un ave nocturna etílica. Lo que hace unas horas pudo presenciarse, sin embargo, fue del todo diferente. Ahora, Uffie demuestra tener más tablas –en el escenario le ayudaban un DJ y un teclista–, pero por desgracia pocos de los allí presentes conocían el nuevo repertorio de la estadounidense. El populacho pedía caña –es decir, electro sucio–, pero hasta que “Robot Oeuf” no hizo acto de presencia la indiferencia se mascaba en el aire. Toda una lástima, desde luego, ya que gracias a la grandeza del arsenal de productores que han confeccionado su álbum, el repertorio de la veinteañera es la mar de digno. Si el concierto hubiera acontecido hace cuatro años, la reacción habría sido diferente. SdA

The Slew festuring Kid Koala (SónarHall)Otra vez con las aglomeraciones, la saturación, los codazos y la mala hostia en general. El concierto del proyecto de Kid Koala junto a Dynomite D volvió a poner de manifiesto que la ubicación en el corazón de Barcelona le viene justita a los aforos que se alcanzan en el festival año tras año, sobre todo los sábados. Por no hablar de las colas; ni en diez años de ejercicios de kegel hubiera conseguido semejante “tono” muscular vaginal. Era obvio que el SónarHall se llenaría: poder ver seis platos acompañados de guitarra y batería encima de un escenario no ocurre muy a menudo. De hecho, era la primera y única actuación del tándem en Europa. Kid Koala y compañía desplegaron esos temas de banda sonora para documental inédito de Jay Rowlands, todos construidos a base de virtuosismo DMC, scratches de locura, guitarras setenteras –Myles Heskett no ha tenido que variar el estilo de su formación, Wolfmother– y la frescura que aporta una batería en directo para construir las bases de las canciones. El abarrotadísimo SonarHall permaneció más atento a los movimientos de las manos de los dos DJs que a mover el cuerpo. Daba igual, cualquiera de las dos cosas era altamente disfrutable. Y de este detalle se desprende el toque de atención: un par de cámaras enfocando a las mesas y un par de pantallas no hubieran estado de más. Porque el verdadero espectáculo estaba en la técnica. MF

Roxy Music (SónarClub)Muchas eran las dudas que rondaban por mi cabeza horas antes de que Bryan Ferry, Phil Manzanera y Andy Mackay se subieran al escenario. La última vez que Roxy Music tocaron en Barcelona, servidor no había ni nacido. De modo que, ante la posibilidad de poder presenciar en directo el renacimiento de una de las bandas capitales de lo que se etiquetó como art-rock, no me lo pensé dos veces. Tristemente, no todo el mundo pensó igual: no hubo un lleno total. Pese a todo, el mayor interrogante de este asunto era saber si la banda daría la talla. No son unos chavalines, que digamos. Gracias a Dios, con “Re-make/Re-model” nada más empezar –con Ferry al piano durante el primer minuto– Roxy Music demostraron que el paso del tiempo no les ha hecho perder ni un ápice de la efectividad escénica que antaño demostraban. Con traje negro y camisa blanca –las corbatas se las olvidó en casa– Ferry ejerció de dandy: es la clase en persona. Aún con esas, el formato del festival les jugó una mala pasada. Su actuación, que a priori tenía que ser de una hora pelada, se alargó a una hora y veinte minutos, pero se dejaron en el tintero piezas clave como “More Than This” y “Avalon”. Sin embargo, esa recta final con “Jealous Guy”, “Virginia Plain”, “Love Is The Drug” y “Do The Strand” valió su peso en oro. Respaldados por una banda que incluía un saxofonista, una violinista y un dúo de negrazas coristas, Roxy Music dio una clase magistral de saber estar. SdA

Jónsi (SónarPub)Como si de un guión cinematográfico se tratara, la presentación en directo del debut en solitario de Jónsi dibujó un crescendo sonoro y emocional de gran magnitud que logró un objetivo importante: dejar atrás el recuerdo de Sigur Rós por unos cuantos minutos y plantear nuevos retos e inquietudes en su carrera. Tenues, ambientales y pausados, los primeros minutos provocaron que el concierto arrancara desde abajo, con sigilo y melancolía templada, a ritmo lento y contemplativo. Y poco a poco, siguiendo un patrón brillante y perfectamente pautado, el islandés y su banda, respaldados por una bonita puesta en escena, apretaron el acelerador, arrojaron mucha luz y destaparon el tarro de las esencias pop de un “Go” que, encima del escenario, incluso gana consistencia y magnificencia, como si el test del directo le beneficiara. El recorrido finalizó con un clímax instrumental, emocional y visual de los que dejan huella y calan muy hondo en el balance general del festival y, de rebote, en el cómputo de los mejores conciertos del año. JP

Dizzee Rascal + Caspa featuring MC Rod Azlan (SónarClub)Con retraso, con su habitual pose desenfadada y desafiante, con una imagen de su careto presidiendo las pantallas del SónarClub, Dizzee Rascal, respaldado en los platos por un DJ Semtex que horas antes había rajado a gusto de Barcelona en su Twitter, salió con la intención de darle a la sin hueso sin parar durante una hora larga. A piñón. El leit-motiv del concierto era, por motivos obvios, su último disco, “Tongue N Cheek”, y por ello la tónica general del show se decantó por la vertiente más frenética, bailable y gimnástica de su propuesta, que acentúa aún más si cabe la sensación de chapa lírica que deja en el oyente el MC británico cuando agarra el micro. El escenario del SónarClub quizá se quedó grande para una puesta en escena y un planteamiento tan austero, minimalista y limitado: acrecentaba la sensación de que ahí faltaba gente o sobraba espacio, pero ni con esas se frenó un Rascal especialmente motivado, cafre y bruto que salió de ahí escopetado, sobre ruedas. Literalmente. Para complementar su derroche de saliva, detrás de él apareció Caspa para confirmar el golpe de estado mediático y popular del dubstep, coronado por fin en el SónarClub, con su repertorio de bajos temblorosos, graves molestos y beats contundentes. JP Fuck Buttons (SónarLab) Nada más empezar tuve un orgasmo con “Surf Solar”. En directo suena igual que el álbum –me refiero a que primero burbujean los ruidos espaciales y luego entra ese bombo trance que desgarra músculos–, pero suena con una amplificación de muchos más decibelios que se percibe en la boca del estómago. Creedme cuando os digo que experimenté sensaciones fisiológicas que nunca antes imaginé que fueran posibles. Fuck Buttons hacen cosquillas en la inteligencia, y sus primeros minutos fueron un crescendo de los que marcan territorio como una meada de perro: demostraban quién mandaba aquí. Luego se me bajó la hinchazón en la entrepierna tras unos minutos de divagación y oleadas espaciales con efectos de distorsión, pero el cortocircuito cerebral seguía ahí. Cuando ya atacaron “Olympians”, directamente, me revolqué por el suelo de gusto: que me vaya al infierno si miento cuando digo que éste ha sido el jodido mejor concierto que he visto en Sónar 2010. RF

Matthew Herbert’s One Club (SónarPub) Matthew Herbert tiene que publicar tres discos este año –en eso se parece un poco a Robyn–, y uno de ellos es “One Club”, construido a partir de sonidos grabados en el espacio vacío del Robert Johnson de Frankfurt. Aún no he escuchado el disco y no sé en qué se parece a lo que ofreció en el SónarPub, pero si se acaba pareciendo ya nos podemos ir preparando para un experimento raro y oblicuo a la manera de su otro alias para minorías, Radioboy. No sé si acabé de entender bien lo que hacía Herbert: colocó una tienda de campaña en el escenario, se puso tras el sampler y comenzó a repartir una música de baile con groove inexacto, poco feeling e intenciones lejanas al populismo. Incluso diría que es el show más pintoresco que le he visto nunca, y son unos cuantos, porque tras salir de la tienda y tocar botones, acabó subido a una escalera. Visto lo visto, resultará que el disco bueno es “One Pig”, el grabado a partir de sonidos porcinos. Creo que ha enloquecido o me estoy haciendo mayor para tolerar según qué excentricidades. RF

Lucky Me Showcase ( American Men, Machinedrum, Lunice , The Blessing, Eclair Fifi & John Computer) (SónarLab)Antes de empezar a hablar del gig, ¿dónde coño esta Zomby? Era poco probable que fuera el misterioso cuarto miembro de American Men (el trío había anunciado un invitado para la ocasión), y así fue: Zomby no apareció. El cuarto miembro fue, finalmente, el batería Robbie Cooper y el resultado de su aportación fue una especie de post-rock mezclado con sintes fluorescentes, marca de la casa LuckyMe. El invento era interesante, pero no funcionó entre el público, que acabó migrando a otros escenarios. La perdida de ambiente en el Lab la erradico en un abrir y cerrar de ojos Machinedrum y su directo; corto pero intenso. Este tipo es igual de bueno produciendo que mezclando; y en ambas facetas se aprecia que es neoyorquino, da igual que lo que salga de sus maquinas sea glitch hop, dubstep o fidget house, todo lleva la esencia primigenia de Detroit, Chicago o Baltimore. De la caída de cartel de Mike Slott si que estábamos debidamente avisados. Y fue su sustituto, Lunice, el verdadero sorpresón de la noche. DJ, productor, bailarín, MC y liante: todo eso fue Lunice, no sólo durante la hora que duró su set, sino el resto del showcase. La que lio en el SónarLab a base de mega hits (Beyonce, Rihanna, Brandy, Cassie, Soulja Boy, Lil Wayne... ¿veis por donde iban los tiros?) anclados a una apisonadora de bajos fue una partida de cuello en toda regla. The Blessings empezaron con mal pie por problemas de sonido y volumen, pero con el mejor de los feelings. La culpa la tiene esa maravilla de versión de “Go Girl!” de Ciara, que abrió el set. Para echar el cierre a la representación glaswegian, la niña de la casa, Eclair Fifi, junto con John Computer Hudson Mohawke con una máscara de dinosaurio– en un set a cuatro platos que paso de los beats gordos al acid house noventero con pasmosa facilidad. Niñatos de Glasgow, muchas gracias por existir. MF

Chemical Brothers (SónarClub)Ir a un show de los Chemical Brothers debería estar recetado por todos los dietistas del mundo. Más que nada porque resulta imposible no eliminar, como mínimo, dos kilos de una tacada ante tales entes de la electrónica zapatillera. La excusa de su visita respondió a la presentación de su último largo, “Further”, un álbum en el que el dúo ha tirado por lo seguro obsequiando a sus feligreses con un nuevo ejercicio de techno y subidones infinitos de esos que todos ansiamos. Apoyados por los excelentes visuales diseñados para la ocasión por los habituales Adam Smith y Marcua Lyall –piezas de videoarte que no tienen nada que envidiarle a las que pueden encontrarse en el MOMA–, el SónarClub se llenó hasta los lavabos. La imagen desértica del resto de escenarios hablaba por sí sola. Aunque la primera parte del show se centró en los temas de “Further”, a partir de “Hey Boy Hey Girl” comenzaron a desengrasar hits como “Out Of Control” o “Believe”. A pesar de que la sombra del play/stop siempre estará presente en sus actuaciones, los Chems son una leyenda viva de la electrónica. Pocas veces nos han defraudado, y éste no ha sido el caso. Con diferencia, nos han dejado marcado en la retina su show visual más apabullante. Por ello, siempre son y serán una apuesta segura. SdA

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