Reportajes

Sónar 2012: la crónica del viernes

De los cubos de Amon Tobin al carisma creciente de Lana del Rey: repaso a un segundo día de festival cargado de sorpresas

Otra jornada a rebosar en Sónar: llenazo de día, con el house y la experimentación como sonidos bandera, y momentos para el recuerdo por la noche, con el show de Lana del Rey (dándolo todo) y los momentos de histeria clubber del final. Segundo día de éxitos en el festival.

Sónar ya ha superado su ecuador, ha vivido un viernes interesantísimo en todos los frentes –con una mezcla entre ocio tranquilo y experimentación proactiva en el espacio diurno del CCCB, donde han brillado John Talabot, Mouse On Mars y Jacques Greene–, y ha estallado por fin con la gran fiesta del primer Sónar de Noche en Fira Gran Via de L’Hospitalet, donde Hawtin, Murphy y Fatboy Slim nos han hecho bailar, James Blake nos ha hecho temblar, Lana del Rey ha puesto a su público a llorar (de emoción) y los shows de Amon Tobin y Squarepusher casi nos arrancan las órbitas oculares de cuajo. Así fue, así os lo contamos.

1. Sónar de Día

Raisa K (SónarDôme)

Pese a venir auspiciada por la institución que regenta el SonarDôme, esto es la RBMA, Raisa K no es ninguna polluela recién licenciada de la Academy. En ella recaen las responsabilidades a los teclados en Micachu & The Shapes y también en la banda que gira con DELS (vamos, que la chica tiene tablas). Y a pesar de haber cosechado cierto éxito con esta banda en el pasado, Raisa decidió pasar por ese Gran Hermano docto de la música electrónica, lo que indica que esta chica es puro ansia didáctica y curiosidad. Algo que casa perfectamente con el enfoque experimental y polifacético de su proyecto en solitario. Junto a sus dos músicos, se ha subido al escenario sembrado de instrumentos para derramar un sinfín de sonidos e influencias extrañamente bien avenidos. Math-rock, EBM, folk, world music: todos ellos han desembocado en una marcianada que ha sentado de maravilla a esas horas del mediodía y en la que incluso ha habido hueco para un momento acid con el House-O-Matic de DJ Deeon. Una propuesta interesante y disfrutable incluso para aquellos a los que la música de Micachu & The Shapes les sobrepasaba de tan variopinta. Mónica Franco

Psilosamples (SónarVillage)

Uno de los activos de la marca Sónar que más se ha respetado a la hora de exportarla a otros lares –Ciudad del Cabo, São Paulo, Tokio– es el descubrimiento y promoción de talentos locales. Así es como el brasileño Zé Rolê ha llegado a Barcelona con su proyecto Psilosamples. Su “Mental Surf” es la versión doméstica y electrónica de la fusión con profundas raíces brasileñas que realizaban Som Imaginário o Azymuth hace unas décadas. Doméstica pero no domesticada, puesto que con sus plug-ins convierte en fosfatina los samples de música tradicional que usa, la mayor parte de su estado, Minas Gerais. Pero en un SonarVillage gocho y perezoso, con cuerpos semidesnudos tomando el sol en su césped artificial y eructando sangría y caipiriñas, el minero tiró de su lado más amable y dejó a un lado el feísmo digital de sus arreglos y, quizás por el idioma, los samples de programas televisivos, cosa que agradó al público pero quizás bajó el nivel: de música electrónica con sabores brasileños ya tenemos suficiente. No en vano, todas estas referencias tan pintorescas y ese punto abrasivo hicieron que el propio Simon Reynolds hablara de su hit “Homem do Rá” como la respuesta brasileña al hypnagogic pop. Con todo, una muestra de talento considerable. Dani Relats

Trevor Jackson (SónarVillage)

De un DJ con una maleta tan insondable como Trevor Jackson siempre cabe esperar que sepa amoldarse a cualquier tipo de situación pero, sin embargo, ayer no fue el caso. Y eso que la psicodelia luminosa de acento krautrock de Psilosamples le había servido en bandeja la posibilidad de una sesión planeadora que empezara a poner en movimiento un por entonces aún semi-letárgico SónarVillage; se notaban los efectos de la noche anterior y la gente parecía más ocupada en buscar un rincón de sombra que en bailar. Sin embargo, el británico optó por una selección de tintes oscuros que empezó con dub de ecos lejanos para luego adentrarse de pleno en terrenos de techno gaseoso dominado por texturas espesas y difuminadas. Más allá de la calidad de los tracks (algo que se da por descontado con un selector de olfato tan refinado como Jackson) el problema fue que la estética excesivamente borrosa no acabó de empastar con el marco. Tampoco ayudó el sonido enfangado que ha sido la tónica dominante del escenario SónarVillage (sin duda uno de los aspectos a mejorar del festival). A pesar de que escapadas a géneros como el reggae aportaron dosis de frescura, el set acabó resultando un tanto decepcionante, sobre todo si se tiene en cuenta el potencial de Jackson como selector. Franc Sayol

Supersilent feat. John Paul Jones (SónarHall)

La buena entrada que presentaba el Hall del CCCB, a pesar de la hora tempranera, todavía en pleno frenesí laboral, claramente indicaba que la presencia de John Paul Jones, músico inquieto de largo recorrido conocido mayoritariamente por su actividad como bajista de Led Zeppelin, suponía un gancho mediático y popular de primer orden que favorecía e incrementaba las expectativas. Ya en el escenario, su rol en el mini ensemble de improvisación, dark jazz y avantgarde propuesto por Supersilent tenía una importancia relativa, por mucho que el combo noruego dejara en sus manos y sus cuerdas buena parte del protagonismo de la velada. Supersilent y Jones transitaron por terrenos de free-jazz abrupto y desafiante y ambient oscuro en un show de digestión lenta y dificultad considerable. Pero aquellos que consiguieron abrirse paso por la angosta jungla de drones tenebrosos, líneas de bajo esquizofrénicas y estructuras indefinibles encontraron uno de los momentos más intensos de la jornada. David Broc

Austra (SónarVillage)

Si ayer hablábamos de la importancia de la voz en grupos como When Saints Go Machine, con Austra ocurre tres cuartos de lo mismo. Katie Stelmanis es una cantante prodigiosa, como ya demostró en su notable debut del año pasado, “Feel It Break”. Sin embargo, en las primeras dos canciones su voz quedó absorbida por unos poderosos graves. Podías imaginarte que llegaba a registros altos, pero nunca disfrutar de ellos como se merece. El público tuvo que intervenir y ella se dio por aludida, así que a partir de “Lose It” pidió que el técnico subiese su micro y ya la cosa mejoró ostensiblemente. Fue en cortes como “The Villain” donde mejor exhibió su formación operística, algo que remachó con una gesticulación muy teatral. De nuevo se demostró que el SónarVillage –o su público– es todo terreno. A priori la dark-wave de los canadienses encajaría mejor en escenarios cerrados, pero la respuesta ante la irrupción de cualquier bombo siempre fue bien agradecida por los asistentes. Imaginamos que también ayudó, a algunos, una puesta en escena que tiraba hacia lo freak circense (¡la madre que trajo a las coristas!). Álvaro García Montoliu

Esperit! (SónarComplex)

Una de las constantes en la carrera musical de Mau Boada es su capacidad para depender de sí mismo para sacar adelante cualquiera de sus ideas y proyectos musicales. El ejemplo más extremo y elocuente de esto es Esperit!, su última aventura, que ayer defendió con mucha entidad y convicción en el SonarComplex. Fiel a la idiosincrasia de este proyecto personal, el músico catalán sacó a escena su paleta de instrumentos y opciones expresivas, arropado por un juego de proyecciones ad hoc, y se guisó él solito un set completo a base de folk tripado, ambient psicodélico y minicanciones hipnóticas sin más pretensiones que las de dejar fluir y esparcir las inagotables ideas de su autor en una propuesta muy particular. Puesta en escena sobria y minimalista, y no sólo por el concepto de hombre orquesta generando por sí mismo todo un universo musical, para darle empaque y mucho sentido a una idea que tiene vida y vigencia más allá del dormitorio y el estudio casero. D B

Daniel Miller (SónarVillage)

Sónar siempre trae a los mejores DJs, ya sea por trayectoria o por ser verdaderos conocedores de la música. Daniel Miller no llegará jamás a los niveles de popularidad de Richie Hawtin –ni se lo propone– pero de música sabe un rato. Desde 1978 capitanea uno de los sellos más prestigiosos, Mute Records, y por eso mismo, con una trayectoria tan larga y variada se hacía impredecible adivinar por dónde iban a ir los tiros. De hecho, ni él mismo lo sabía, como admitió recientemente, aunque el hecho de pinchar justo después de Austra debería haberle facilitado las cosas. Empezó con un techno de cariz minimalista que progresivamente fue virando hacia lo melódico. La cosa no se salió demasiado del guión de cualquier pinchadiscos del montón: que si ahora subo el bombo, ahora lo bajo, ahora os meto un rollito tribal para volveros a todos del revés y vuelta a empezar. Una decepción para todos aquellos quienes confiaban que su sabiduría hiciese de éste un set para gourmets o, por lo menos, un repaso a lo bueno y mejor de tan legendaria discográfica. AGM

Mouse On Mars (SónarHall)

Había ganas de que los siempre juveniles Jan St. Werner y Andi Toma presentaran su último trabajo, ese excelente LP llamado Parastrophics. Con un inicio dramático estilo banda de rock –crescendo épico curiosísimo con mucha niebla artificial y sonido de carreras de automóviles–, Jan y Andi salieron a full, acompañados por el mazas de su baterista Dodo Nkishi, los tres entregadísimos ordeñando y aporreando como si les fuera la vida: no cabe duda, es un directo. Pero lo que parecía el gran aliciente del bolo se tornó un gran lastre: los tres músicos tocaban a la vez, no respetaban silencios, pisoteaban el espacio que pudieran tener los temas (y en el disco lo hay). Aquello, en lugar de una exposición razonada de ideas musicales, donde se escucha y se responde, parecía un Sálvame de Luxe con los tertulianos más bocachanclas vociferando unos sobre otros. No sólo les perdió su horror vacui, sino el formato musical que emplearon en el live, adaptando su sonido a tendencias musicales más que discutibles: a ratos parecían un grupo de Ed Banger, incluso Modeselektor, la cadencia en que envolvían sus temas fue siempre la misma y el bajo definitivamente lo olvidaron por el camino: tan sólo frecuencias medias distorsionadas. Skrillex no se sentiría del todo incómodo escuchándoles. Con todo, temas como la absurda “Baku Hipster” –imagínense un moderno de Azerbaiyan: ¿tendrá bigote irónico?– sonaron tan marcianas como en el disco y el final trucha de “Seaqz” fue doblemente gratificante: por subir el tempo radicalmente y por ser el final. DR

Jacques Greene (SónarVillage)

Lo bueno de la amplitud del SonarVillage es que si eres fan, siempre encuentras huecos para estar en las primeras filas. Desde ese punto, el sonido del directo que ha ejecutado Jacques Greene era bastante decente. Me dicen que más allá de la décima fila no ha sido tan bueno. Lo cual afea mucho uno de los lives preparados con más cariño que ha visto quien firma. Con su inseparable escudero Ango y una cacharrada analógica despampanante, Jacques Greene ha ido sirviendo sus temas, siempre acudiendo a las máquinas para darles un giro diferente. Desde los himnos facturados en su EP “The Look” (aprovechando la Roland, ha empezado con una versión de “Tell Me” muy parecida al remix que hizo Kingdom) hasta el inédito “Prism”, intercalando los temas editados en su sello Vase. En ellos Ango ha demostrado que con una calidad vocal discreta te puedes meter al público en el bolsillo a base de feeling. Distinción, originalidad y el balance perfecto entre momentos de baile y transiciones melosas en clave R&B. Si por mi fuera, le doblaba el caché y le petaba el rider de paletillas de Guijuelo. MF

John Talabot (SónarHall)

Segunda prueba de fuego para John Talabot en el terreno del directo y, de nuevo, superado con nota altísima. Esta vez tocaba adaptarse a un escenario más pequeño, recogido, oscuro y lleno hasta la bandera. Pero no hay ningún obstáculo que nuestro MVP particular no pueda sortear. Riverola y su compañero de sello Pional se repartieron las tareas vocales y de percusión del mismo modo que ocurrió en su reciente pase por el San Miguel Primavera Sound. El set fue el mismo, pero los visuales ganaron presencia y empaque, al situarlos en una pantalla justo detrás del dúo. Poco a poco, y nunca mejor dicho, fueron desgranando las mejores canciones de su estreno en largo, ƒ in”, un sensual house de beat lento. Dotaron a la voz de mucho más protagonismo que en el disco, especialmente en ese comunal cierre que fue “Destiny” –móviles bien en alto– y en los gritos asilvestrados, casi desesperados, de la enigmática “Oro Y Sangre”. Puede sonar atrevido, pero los centenares de personas que se congregaron en el SónarHall –muchos se quedaron fuera– fueron testigos de la consolidación de uno de los mejores talentos patrios electrónicos que ha dado este país en muchos años. AGM

Peaking Lights (SónarComplex)

Tremenda cola para acceder al SonarComplex minutos antes de que Peaking Lights iniciasen su concierto. Nada nuevo en las citas más tardías de las jornadas diurnas del festival, pero señal inequívoca de que la propuesta del dueto norteamericano se ha erigido en uno de los grow ups de los dos últimos años. En directo conservan el encanto lo-fi que transmiten sus discos, ese sonido casero y algo polvoriento, pero en ningún momento renuncian a la seriedad y fiabilidad de su propuesta, que mantiene ese embrujo de dub-pop evanescente y melodías envolventes que les ha convertido en un secreto a voces del underground electrónico estadounidense. Indra Dunis y Aaron Coyes se valen ellos solos para recrear con mucha fidelidad el universo onírico y litúrgico que consiguen en el estudio, y el marco del Complex ayudó a cimentar y fortalecer el sentido de la atmósfera y la melancolía confortable que guía sus composiciones. Fueron de menos a más y, lo más importante, consiguieron que no echáramos de menos nuestra cama y nuestros auriculares, hábitat natural para disfrutar de su música. DB

Nina Kraviz (SónarDôme)

El Sónar de este año está petado de maromos. Literalmente. A los hechos me remito: colas kilométricas en los lavabos de hombres, mientras que las colas para las chicas son mucho más llevaderas para las no entrenadas en los ejercicios de Kegel. La diferencia de género se palpa en cualquier rincón, pero hay que ver de qué manera se ha acentuado en la actuación de Nina Kraviz. Los aromas a macho cabrío, a charco de cerveza y a sudoración politoxicómana han recibido a la rusa, que lo primero que ha hecho ha sido avisar de que era su cuarto live. Y el que avisa no es traidor. El directo ha empezado sonando turbio (una lástima por “Ghetto Kraviz”, que ha sido la segunda canción del set, para deleite de la parroquia), aunque ha mejorado hacia la segunda mitad. Se comenta que ha tenido problemas en la prueba de sonido. Pero a las braguetas henchidas que me rodeaban les ha dado absolutamente igual cómo sonara. Encima del escenario Nina estruja más su sex-appeal que su equipo, y la fórmula funciona para los menos exigentes porque, de guapa que es, hipnotiza. Y para lo buena que está, no canta tan mal, como ha demostrado hacia el final de la actuación. Pero para los más exigentes este directo pasa justito el aprobado. Más house y menos morritos, por favor. MF

2. Sónar de Noche

Amon Tobin (SónarClub)

Los cubos. Los malditos cubos. No sé si las ideas que se han presentado este año en el Sónar como la máquina de espejos de Daedalus o el casco neuronal de Masaki Batoh formarán parte del ocio del futuro o pasarán a la historia como ideas pintorescas de una tecnología obsoleta. Tampoco sé si los hologramas de artistas muertos seguirán cobrando millones de dólares durante mucho tiempo. Lo que sí que sé es que con la crisis de la industria musical hay cada vez más propuestas pioneras que nos sugieren cómo puede ser el entretenimiento del futuro. Entre ellas, la visualización de “ISAM”, sin duda alguna el álbum más difícil de Amon Tobin. Confieso que a veces me viene grande, con todos estos ruidos tan monolíticos: un disco que no gustará a fans de la música electrónica, pero sin embargo sí que puede agradar a seguidores del metal más industrial o el rock progresivo. Pues bien, en el escenario aparece una construcción cúbica de color blanco, una de cuyas unidades es la cabina en la que opera el músico paulista, la mayor parte de las veces tapada. Sobre la estructura se proyectan imágenes en movimiento que interaccionan con la geometría de los cubos: de galaxias, de una ciudad, de máquinas industriales con pistones monstruosos que nos aplastarían como una hoja de papel. De hecho, estos últimos ilustran a las mil maravillas el significado de los mamporrazos que son leit motiv del tema “Piece Of Paper”. La pantalla tridimensional en la que mora el músico como si fuera una crisálida con todo su alrededor moviéndose puede dar lugar a muchas interpretaciones, pero lo que es cierto es que el placer visual y el asombro que nos produce son colosales, extraordinarios. Tobin intercaló en su concierto una minisesión de DJ suculenta en la que pinchó drum’n’bass aceleradísimo a lo Bad Company y medios tiempos hip hop blindados, momento en el que los chicos de V Squared Lab Studio con sus visuales casi no le pudieron pillar. DR

Lana del Rey (SónarPub)

La expectación en el masificado SonarPub hablaba por sí sola. Horas antes de su debut en España tuve la oportunidad de hablar con ella y me confesó que estaba realmente acojonada ante esta actuación (en breve podrán leer la conversación completa). Tenía motivos de sobras para ello. Este era su primer show en un festival, ese territorio en el que se dejan ver tanto los fans como aquellos más reacios al fenómeno que ha puesto patas arriba el pop de corte más melodramático. Ante este panorama sólo podían ocurrir dos cosas: o bien emulaba la desgracia acontecida durante su performance en Saturday Night Live o se venía con todo. No había espacio para las medianías. No obstante, gracias a los astros, al final ocurrió esto último. Cautivó con su naturalidad (repartiendo besos entre las primeras filas emuló el poderío de las folclóricas, cual Isabel Pantoja), con su saber estar en el escenario y el atino de su voz. Nada chirrío y se creció como nadie. Acompañada de un cuarteto de cuerda, un pianista y un guitarra, temas como “Blue Jeans”, “Born To Die” o “Million Dollar Man” sonaron desnudas, sin ningún atrezzo de beat, manteniendo la sustancia jazzística con la que fueron pensadas. Más allá de presentarnos dos piezas inéditas (cogimos al vuelo el título de “Body Electric”), lo más destacable fue cómo bordó “Video Games” y consiguió que todo el mundo, sobreponiéndose a los pelos como escarpias (y los lloros de los talibanes más sensibleros en las primeras filas), ejerciéramos como coristas de esta noche de excepción. Lana del Rey nos enamoró y dejó claro que puede cantar jodidamente bien. Revelación total no, lo siguiente. Nos ha ganado de mala manera y la esperamos con impaciencia en breve. Más allá del personaje hay demasiado talento, por mucho que a algunos les pese. Sergio del Amo

James Blake DJ (SónarPub)

Toda la contención y la preocupación por cuidar el tono que muestra en sus grabaciones en el estudio deviene en libertad y despreocupación máxima cuando toca encarar una sesión de DJ. James Blake quizás despierta mucho más interés en su vertiente de artista que se propone defender a uñas y dientes su directo, con sus propias canciones, pero lo que hizo ayer en Sónar en calidad de DJ estrella no fue moco de pavo, todo lo contrario: arrancó su set con pinceladas de post-dubstep acelerado y musculado y poco a poco fue enriqueciendo el repertorio con destellos de R&B retocado, ragga o incluso hip hop. Todo a su bola, bien mezclado y desarrollado y planteado con una naturalidad envidiable, la de alguien que pincha y enlaza sin prejuicios ni limitaciones de ningún tipo pero con un encomiable sentido de la coherencia y la fidelidad a una serie de coordenadas sonoras cien por cien identificables. DB

BBC Radio 1 presents Jack Beats, Annie Mac & Simian Mobile Disco (SónarLab)

Así como el sonido de algunos escenarios diurnos ha sido uno de los puntos flacos del festival, es justo decir que en el apartado nocturno el despliegue técnico del festival brilla con todo su esplendor. Buena prueba de ello es el imponente sonido del Sonar Lab, que permite estar bailando a varias decenas de metros de la cabina, rodeado de miles de personas, y sentir la presión sonora como si de un club de techo bajo se tratara. Con un marco como este no es de extrañar que propuestas basadas en el torrente enérgico como las de Jack Beats arrasen con cualquiera que se ponga por delante. El dúo formado por Niall Dailly y Ben Geffin puso la directa desde el inicio y se centró en su característica combinación de house de tintes verbeneros con colosales líneas de bajo wobbly a cada cual más exaltada. Evidentemente no estamos ante adalides de la sutileza pero es, con un soundsytem de estas características, es difícil resistirse a sus embestidas de graves enardecidos.

Annie Mac pareció empezar más comedida, escorándose hacia los ritmos rotos pero pronto retomó el camino de sus predecesores a base de house facilón que sonaba a una actualización de la pulsión jacking chicaguera desde una perspectiva UK. Apoyada por unos visuales algo pobres (parecía una animación del Real Player con el logo de la BBC revoloteando por encima), la DJ de Radio 1 hizo valer su condición de exalta masas con esporádicas proclamas micro en mano. Hits como el “Percolator” de Cajmere o el “212” de Azealia Banks pusieron el resto para que SónarLab entrara definitivamente en ebullición. A partir de ahí su sesión se convirtió en una sucesión de subidones estridentes y ritmos corpulentos que, de nuevo con el valor añadido del imponente sonido del escenario, resultaron de lo más efectivos para provocar el delirio general. Y es que a pesar de los evidentes tintes populistas de su propuesta, llegados a ese punto de la noche no era cuestión de bajar el pistón.

Si hasta el momento la aplastante presión sonora había llevado en volandas las sesiones de Jack Beats y Annie Mac, Simian Mobile Disco se quedaron a medio camino. Y es que el sonido del directo del dúo británico resultó demasiado pantanoso y falto de brillo, hecho que provocó que acabara perdiéndose entre la inmensidad del escenario. Tal y como se esperaba, su actuación fue un repaso panorámico a distintas etapas de la historia de la música electrónica: hubo momentos techno de secuencias obsesivas, borbotones acid, ramalazos rave, house con bajos de corte clásico y guiños al pop como su “Cruel Intentions” con Beth Ditto. A pesar de que su propuesta siempre resulta expansiva y muy acorde con el componente aglutinador del Sónar de Noche, el lastre de un sonido demasiado apagado impidió que su directo fuera tan certero como cabía esperar. FS

Friendly Fires (SónarPub)

Ir a un concierto de Friendly Fires es tirar por lo seguro. Si te encuentras en plena madrugada perdido en la inmensidad de un festival, sin saber muy bien qué hacer, pero con ganas de mover el culo, el trío de St Albans te puede salvar la noche. Y vaya si lo hicieron ayer. De nuevo, demostraron su solidez como grupo, con una propuesta similar a la que exhibieron Cut Copy hace un año en el mismo recinto, pero con muchas más tablas –o, como mínimo, más ganas–. Se notó que en este último año su estatus ha crecido enormemente, pues el SónarPub estaba casi lleno, gran empresa teniendo en cuenta sus dimensiones. Como acostumbra, Ed Macfarlane ejerció de showman total con su habitual repertorio de bailes para encender al respetable y el acompañamiento instrumental volvió a dotarles de un plus de organicidad. Su dance-rock con toques de synth-pop verbenero, ideal para escenarios grandes y abiertos como el suyo, se creció, y las canciones de sus dos álbumes se fueron entremezclando con soltura, acentuando que “Pala” no es ni mucho menos un tropiezo. Sin trampa ni cartón. AGM

Richie Hawtin (SónarClub)

El incombustible Richie Hawtin reincidió en Sonar, donde ficha anualmente pase lo que pase, para hacer las delicias de sus fans en un set de dos horas que estuvo marcado por su linealidad y por el gran final estilo Plastikman (entre confetis). Escuálido y veraniego como siempre (no se despega de su look con flequillo y tirantes), compensó lo casual ibicenco de su atuendo con una puesta en escena espectacular, inundada de luces y desbordada de efectos. Pocas veces buscó la respuesta del público: Hawtin estaba concentrado, sin interacciones fiesteras, tomándose la sesión más como un puzle en tiempo real que como un pasa tiempo para clubbers: en cabina, un portátil, un controlador y un sampler, para ir montando loops como quien erigen los pisos de un rascacielos. El set empezó con el techno que más le caracteriza, pero rápidamente pasó a un estilo minimal algo más plano que se alargó más de lo deseado y dejó una sensación de que Hawtin no se atrevía a ir más lejos. Finalmente salvó los muebles con 15 minutos finales de techno más cercano al código Plastikman, con la caja de ritmos echando humo. Sergi Brunet

James Murphy (SónarPub)

La prejubilación le ha sentado más que bien el estadounidense. Desde que se despidió de LCD Soundsystem, Murphy ha explotado como nunca su venazo de DJ. Siendo puristas, puede que le falte algo de técnica para enlazar los temas y dominar esa montaña rusa que conforma el genoma de cualquier set. Pero reponiéndose de la macarra sesión que nos ofreció el pasado año (centrada en bajos pesados y techno de garrafón a altas horas de la madrugada), esta vez optó acertadamente por darnos un baño de funk y percusiones house (terracita playera en estado puro) que supo a gloria bendita. Con más canas que nunca, el gran capo mediático de DFA desempolvó su sabiduría en la materia con un DJ set incendiario que invitó al baile desde el primer segundo. Explotó como nunca su carácter más negro y todos respondimos a su llamada. Murphy es Dios. Y más cuando se muestra relajado y está predispuesto a ejercer de maestro de ceremonias de excepción como anoche. SdA

Untold (SónarClub)

Tras la tralla infernal de Richie Hawtin, el Sonar Club se fue vaciando y entró el set del británico Untold. Un chaval holandés altísimo, metrosexual y peinado con raya perfecta estaba armando un gran revuelo saltando y esparciendo a larga distancia el confeti gigantesco del suelo de las primeras filas del recinto. Tenía dos mensajes para mí, con las cuencas de los ojos a punto de salirse: el primero, presentándome a una amiga suya, me dice “she’s fat”, lo cual es una grosería imperdonable, siendo la moza robusta pero de buen ver; el segundo, mirando a Jack Dunning pinchar, comenta: “this is techno music: loud and clear”. Desaparece. Pero sí, tiene razón: Untold es la vuelta a las virtudes clásicas del techno. Nada de distorsión ni cuentos chinos. Mucho espacio. Cada elemento con el volumen que le corresponde: un bajo robusto, con cierta rugosidad, como Basic Channel pero más corpóreo combinado con un estricto 4x4 y sonidos metálicos e industriales. Pocas incursiones al dubstep o a los híbridos de este estilo con el techno –escúchese Hemlock– pero una sesión de postín. Loud and clear. DR

Fatboy Slim (SónarPub)

Fatboy Slim apareció en el SonarPub con un show en toda regla: más que un DJ, lo suyo parecía un circo, y más que la música lo importante era el momento, la comunión con ese sector del público que aguanta hasta el final con entereza, y que disfruta –¡eran las cuatro de la mañana!– el envoltorio que acompañaba al set del extrovertido y veterano DJ inglés. Nos vendió un directo, pero al final fue un set de DJ (o quizá un pre-grabado con todo el morro; con Norman Cook es mejor ser precavido), pero que dispuso todo lo necesario para arrasar como espectáculo: luces estroboscópicas, láseres, brazos homínidos al aire, una gran intro de presentación, música mainstream y entrega exagerada, incluso violenta, y una pantalla gigante con vídeos e imágenes que ayudaban a conformar una locura muy del estilo Fatboy Slim. El recorta y pega incluyó los mejores momentos de su discografía – “The Rockafeller Skank”, “Right Here, Right Now”, “Praise You”, “Bird Of Prey”– con pellizcos de hitazos de radiofórmula, clásicos e ingesta brutal de cerveza. SB

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