Reportajes

Seapunk: un vodevil hipster en la realidad virtual

Luchas de egos, delfines rosas y net.art: nos sumergimos en la triste historia del último ‘trend’ surgido de la red

¿Qué es el seapunk? Detrás de este movimiento caprichoso y underground tenemos una estética gráfica lo-fi basada en palmeras y delfines, colores verde turquesa y esmeralda, diseñadores hipsters, DJs con pintas chungas y apropiaciones por parte de estrellas como Lady Gaga y Rihanna. Si quieres saber más del último culebrón para modernos, lee.

Según Pantone, el color de 2013 es el esmeralda. Quizás sea pura coincidencia, pero es el mismo tono que hemos visto lucir en sus cabelleras a muchas celebridades mayores y menores –desde Katy Perry a Miranda Makaroff– en los pasados meses. Es el mismo tono de tinte que lucen Zombelle (Shan Beaste es su nombre legal) y su compañero de apartamento en Chicago, Albert Redwine. Éste es también productor bajo diferentes alias y co-responsable junto a Zombelle de Coral Records Internazionale, la plataforma editorial que se ha encargado de promover el seapunk como género musical desde hace poco más de un año. Sin embargo, el término que nació como un hashtag en el verano de 2011 no sólo funciona como un incipiente estilo musical de dudoso futuro y difícil acotación, sino que se ha extendido como una ola por el universo 2.0 para acuñar toda expresión gráfica que rinde tributo al net.art de los noventa con guiños a la biología marina. Desde gifs animados con delfines rosas a camisetas tie-dye con símbolos yin-yang, en los últimos meses ha habido una predisposición por bautizar como seapunk cualquier cosa que nuestro cerebro interpretara como rave, noventero y subacuático.

En su vertiente visual, este meme hecho etiqueta es más fácilmente delimitable. Recoge el testigo de, por ejemplo, el arte web que M.I.A. creó ex profeso para el lanzamiento de su último álbum “// / Y /” en 2010. O de las irreverencias en html del colectivo Hijasdeputa.tv. La recuperación de la estética rave noventas o la conversión de todo este universo visual de Dreamweaver primigenio en prendas de vestir también ha inundado los circuitos alternativos de la moda (véase sino las propuestas de Roberto Piqueras, María Ke Fisherman o Shallowww, por nombrar tres marcas sin siquiera movernos de la geografía española). En definitiva, cada vez que vemos a alguien reunir en su apariencia cualquier vestigio de ciberpunk, cualquier homenaje al imaginario visual de internet, cualquier traza de tinte azul verdoso en su pelo, podemos afirmar con seguridad: “eso es seapunk”. Es precisamente lo que pensó cualquier persona familiarizada con el término el día que Rihanna pisó el plató de Saturday Night Live para interpretar “Diamonds”. No fue necesario que la cantante se calzara unas Buffalo o se coloreara el pelo en tonos turquesa; bastó con proyectar palmeras giratorias, delfines rosas, columnas griegas y símbolos monetarios girando detrás de sus músicos. El seapunk acababa de aterrizar en el mainstream. Se había acabado la broma.

"Mercantilizar con el término seapunk y hacer de él una fuente de ingresos puede ser respetable hasta cierto punto"

¿De qué broma estamos hablando? ¿Es toda esta moda producto de la ironía hipster, el sarcasmo viralizado y la exaltación de la procrastinación? La respuesta varía dependiendo de quién sea preguntado acerca del tema. Y es aquí, precisamente, donde la historia del seapunk toma tintes belicosos y se convierte en una lucha no sólo por reivindicar la creación del término, sino también por convertirlo en nuevas formas de expresión –musicales, por ejemplo–, captar la atención de los medios y, finalmente, monetizar el meme. Exprimir hasta el último dólar que pueda dar, bien sea en forma de CD-R, de vinilo con limitada tirada o fiesta en una cochambrosa fábrica abandonada de Chicago.

Mercantilizar con el término seapunk y hacer de él una fuente de ingresos puede ser respetable hasta cierto punto. Es la amoral ley de la oferta y la demanda dentro de la tendencia la que determina tu éxito en esta empresa (con la inestimable ayuda de las caprichosas modas). Sin embargo, esta historia también tiene mucho de egolatría digital y vanidad 2.0, de copar titulares, blogs y editoriales, de ser considerado algo más que el enésimo artista de la era Tumblr. De trascender los 15 minutos de fama de Warhol y ser alguien en el democratizado y sobreexpuesto mundo artístico actual.

Rastreando la web en busca del origen del seapunk, uno se encontrará en repetidas ocasiones con la presencia de Shan Beaste y Albert Redwine –Zombelle y Ultrademon respectivamente–, esos dos jóvenes afincados en Chicago de tez blanquecina y pelo verde con pinta de vivir pegados a las pantallas de sus MacBooks. Aparecen en prácticamente todos los artículos que ha escrito la prensa acerca de esta moda. También participan en la quinta entrega de la serie de documentales “H∆SHTAG$” auspiciada por Red Bull Music Academy como los fundadores del seapunk. Como decimos, aparecen en prácticamente todo lo que se ha dicho y/o escrito del seapunk, menos en un artículo publicado en el blog de Noisey. Esta pieza está escrita por Lil Internet y Lil Government, el bando enfrentado a Zombelle y Ultrademon en esta peculiar opereta del universo digital.

En la entrada de Noisey se explica paso a paso cómo nace y se expande la etiqueta. Resumiendo: a principios del verano de 2011, Lil Internet –personalidad de Twitter y DJ neoyorquino, recientemente conocido por ser el productor de “Yung Rapunxel”, el último single de Azealia Banks– tuitea acerca de un sueño, uno que incluía una chaqueta de cuero con percebes en vez de tachuelas, una chaqueta “seapunk”. El concepto se convierte en hashtag y empieza a generar bromas entre un grupo de personas. Personas afines que quizás no se conozcan en la vida real pero que comparten inquietudes a través de sus anchos de banda. En ese grupo, además de los dos bandos ya señalados, están Unicorn Kid y el/la responsable de la publicación Supersuper! Magazine. Ultrademon convierte este corrillo en un grupo privado de Facebook. Mientras, el hashtag continúa dejándose ver por Twitter, con contribuciones de Azealia Banks o la DJ Venus X.

Del brainstorming de ese grupo privado surge el primer artículo conocido en Supersuper! Magazine, observador privilegiado del fenómeno. La etiqueta se traslada a Tumblr y el blog de Mishka también se pregunta en qué consiste este nuevo término. Mientras, Albert Ultrademon Redwine decide crear Coral Records Internazionale para dar salida a las creaciones musicales de “la pandilla seapunk”, a la cual se suman también Teams, Slava y Le1f. Mientras, en una dimensión con mucha más visibilidad pública, Nicola Formichetti viste a la Gaga de oscura sirena para la revista Visionaire, mientras que Soulja Boy inaugura su marca de ropa Ocean Gang vinculando su imagen al universo marino. Aunque personalmente estoy convencida de que Soulja tomó como referencia la exitosa marca Pink Dolphin (cuyo logo, oh casualidad, es un delfín rosa, pero su éxito precede al nacimiento del hashtag), los conspiranoicos quisieron ver estrellas copiando ideas de la chavalada de Tumblr. Como ocurre con un tsunami, la ola comenzaba a surcar la world wide web y a crecer conforme avanzaba. Pero con el incipiente auge también llegaron las disensiones.

"Aquellos que creyeron que la broma estaba yendo demasiado lejos y que no se podía transformar un simple concepto en todo un movimiento artístico se desentendieron del asunto"

Mientras que algunos de los primeros acólitos del movimiento no veían futuro más allá de las risas echadas frente a la pantalla inventando un universo submarino de guiños digitales, Zombelle y Ultrademon comenzaron a decidir qué era y qué no era seapunk, así como a promover fiestas con y en el nombre de la etiqueta. Sin embargo, la delimitación ideológica (por llamarlo de alguna manera) no entraba dentro de los planes del resto del grupo primigenio. Aquellos que creyeron que la broma estaba yendo demasiado lejos y que no se podía transformar un simple concepto en todo un movimiento artístico se desentendieron del asunto. Entre ellos Le1f, Teams y los propios Lil Government o Lil Internet entendieron que no había nada de honesto en hacerles creer a miles, quizás millones de chavales around the world, que formaban parte de algo; algo que, en su origen, había sido una broma, una chorrada más con la que perder el tiempo conectado al wifi. O, al menos, así lo venden Lil Government y Lil Internet en la entrada del blog de Noisey: en pos de la honestidad y contra la hipocresía, ellos abandonaban el movimiento –al que preferirían que la gente se refiriera como waverave– deseándole la mejor de las suertes con su flamante incursión en la esfera mainstream. De esto hace ahora un año.

Volvamos al pasado mes de noviembre, a la noche en la que Rihanna pisa el plató de Saturday Night Live envuelta en una nube de gifs e imaginería internetil. Horas después de su actuación, la reina del beef en Twitter Azealia Banks se apresura en lanzar su vídeo “Atlantis”. El clip, dirigido por Fafi (en efecto, la Fafi de Cool Cats, la del street-art, la de toda la vida) comparte la estética de la puesta en escena de Rihanna. Y que otros tantos videoartistas como Jerome de Lol Boys o el propio Lil Internet habían utilizado en 2011… El pasado verano Azealia ya había transmutado en sirena de pelo turquesa y ya había tenido su particular rifirrafe con Zombelle a través de Twitter.

Para entendernos, cojamos como ejemplo los típicos roles de adolescentes en el instituto. Tenemos a la rica, guapa y tonta (Rihanna); a la popular por chunga (Azealia); a la outsider con problemas de autoestima (Zombelle) y a la más lista de la clase, que acaba manejando al resto del grupo con su inteligencia (Lil Internet). La lista y la outsider comparten algo cool. La lista, que también socializa con la chunga (para ganar respeto) le cuenta eso que es tan cool. La chunga se apropia de ello, haciendo enfadar a la outsider, que se revela bajo amenaza de bofetón. Mientras todas se pelean, la información de qué es cool ya ha llegado a la rica y guapa, que puede conseguir lo que sea a base de billetera. Con esto no queremos decir que Rihanna sea tonta o que Zombelle tenga problemas de autoestima. Simplemente reflejar unos patrones de comportamiento en adultos más propios de adolescentes.

Seapunk es también el primer álbum de Ultrademon. No lo edita a través de Coral Records Internazionale, sino de Fire For Effect, otro de sus alias productivos ahora convertido en lanzadera editorial. El disco precede a “Step Into Liquid”, un EP editado exclusivamente en vinilo (500 copias) que, al parecer, se vendieron con bastante premura. Tanto Zombelle como Ultrademon no sólo ostentan el título de padres de la moda, o la escena (aunque ellos no parieran el término seapunk), sino que todo este tinglado está dando sus frutos editoriales. Pero si nos fijamos en todos los implicados en este culebrón de modernos, quizás sean los que peor parados hayan salido. No están trabajando para Rihanna ni para Azealia y sus carreras musicales viven intrínsecamente unidas a un término, el seapunk, que como ola que fue acabará rompiendo en cualquier espigón hasta desintegrarse y volver a ser agua; agua que moverá la siguiente ola. Se preguntaba el mini dcumental de RBMA “Tumblrwave” qué para cuando tus sueños IRL ( in real life) se convierten en una realidad URL. Aquí tenéis una posible respuesta.

* Descubre cómo se plasma el seapunk en el mundo de la moda y la música

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