Reportajes

San Miguel Primavera Sound: la crónica del viernes

El momento de The Cure, pero también el de las bandas heavies, los clásicos del indie y las nuevas bandas que piden paso

En su segunda jornada, San Miguel Primavera Sound deja varios momentos para el recuerdo: la eterna juventud de The Cure, el brutalismo del metal extremo, el pop cándido, el rock para bailar. Todo esto y mucho más lo repasamos aquí.

Decía Kase.O que “en Zaragoza siempre estuvieron los mejores MCs y los mejores grupos heavies”. Cámbiese Zaragoza por San Miguel Primavera Sound, o Fòrum, que es más corto, y tendremos una frase que se corresponde con la realidad. La jornada de ayer fue la de las bandas de metal extremo, con Napalm Death y Mayhem a la cabeza, pero sin duda fue el día de The Cure: llenaron la explanada del escenario San Miguel –más bien la reventaron– y no pararon de tocar hasta exprimir hasta el último hit de su largo repertorio. Pero no fue lo único que vimos. En la jornada del viernes, en Primavera Sound pasó de todo.

Fasenuova (Escenario Vice)

Con su actuación hace un mes en el LEV como referencia más cercana, los asturianos Fasenuova se estrenabas en un gran festival, aunque lo intempestivo de la hora ha mermado el público potencial del bolo. Si en el LEV la pareja de Mieres basó su directo únicamente en el nuevo material que tienen preparado para su siguiente trabajo, en el escenario Vice del Fórum también se han escuchado temas de su “A La Quinta Hoguera”. “Cachito Turulo” o el cierre con “Vamos A Bailar En La Noche” han puesto de manifiesto que el público era escaso pero muy bien avenido, ya que ha aguantado estoicamente los estrujazos de volumen y los desvaríos vocales. Quizás demasiado excesivo de ruidismo y posesión demoniaca para las seis de la tarde en el Fórum; quizás al directo de Fasenuova todavía le falte kilometraje. Sin embargo le sobran ganas, entusiasmo y materia prima. Tiempo al tiempo con ellos. Mónica Franco

Jeff Mangum (Auditori Rockdelux)

Si un día te diese por viajar en el tiempo y comentarle a una persona de finales de los 90s que habría hostias para ver a Jeff Mangum –ni siquiera Neutral Milk Hotel– en un auditorio para 3.500 personas, seguramente se hubiesen quedado atónito. Y esto con otros tantos grupos del cartel, pero será el signo de los tiempos. Como era de esperar, el ex líder de NMH apareció sólo en el escenario acompañado tan sólo de sus guitarras. Empezó con “Oh, Comely”, una de sus canciones más largas, acaso para dar tiempo a que el público pudiese entrar en la sala sin perderse más de la cuenta. Su set acústico, acompañado por un sonido inmejorable, convirtió al concierto en delicatessen. No se echaron en falta los vientos de algunos de sus temas y todo sonó mucho más limpio que en los discos. Ofreció un corto repertorio de once canciones entre las que no faltaron los puntos álgidos de su obra magna, “In The Aeroplane Over The Sea” (brillante agresividad la de “Two Headed Boy”) y cortes de “On Avery Island” (estupenda “Gardenhead / Leave Me Alone”). Como no podía ser de otra manera, los asistentes, muy respetuosos en todo momento, respondieron con vítores y aplausos cada estocada del trovador, que salió por la puerta grande. Álvaro García Montoliu

Dirty Beaches (Escenario Pitchfork)

Alex Zhang Hungtai subió al escenario como salido de West Side Story (pitillos negros, camiseta blanca, gafas de sol y peinado engominado) y acompañado de un guitarrista para defender su peculiar cruce entre la herencia del rock de los 50s y el espíritu de Suicide. Enfrente, un público que buscaba desperezarse tras una intensa primera jornada. Lo consiguió solo a medias. Empezó algo disperso y con un sonido demasiado atenuado teniendo en cuenta que la visceralidad que requiere su propuesta. Incluso la magnífica “Lord Knows Best” sonó algo descafeinada. A medida que avanzaba el concierto subió la intensidad, en gran medida gracias a los chispazos de actitud desafiante de Hungtai pero aún así todo acabó resultando excesivamente plano. Franc Sayol

Rufus Wainwright and his Band (Escenario San Miguel)

Cansado de estar solo con su piano durante la gira de presentación de “All Days Are Nights: Songs For Lulu”, Rufus Wainwright ha querido, con ocasión de “Out Of The Game”, hacer todo lo contrario. Prescindiendo de la teatralidad de drama queen de sus inicios, ahora va de sobrio y capitanea una banda mucho más seria que de costumbre. Ni de lejos fue el mejor concierto que ha ofrecido por nuestras tierras (prueba de ello es que no se soltó con un monólogo surrealista de los suyos), aunque la razón está clara: gran parte del repertorio se centró exclusivamente en sus últimas composiciones, que no han tenido un gran calado que digamos, incluso entre sus más acérrimos seguidores. Tampoco se llegó a entender por qué cedió el micrófono a su oronda corista en “I Don’t Know” y el piano a Teddy Thompson en “Saratoga Summer Song” cuando, precisamente, son dos temas que compuso Kate McGarrigle, su fallecida madre. Pero lejos de encontrar sentido a esto, lo único que queremos saber es quién diseñó esa ‘discreta’ indumentaria que lució para la ocasión. Sergio del Amo

Girls (Escenario Mini)

Aunque siguen generando opiniones encontradas (el viejo ‘los amas o los odias’), nadie podrá negar el crecimiento como banda de Girls (sobre todo en comparación con su primera aparición en el festival en 2009). Acompañados de tres espléndidas coristas, su sonido se mostró más potente y compacto que nunca. Véase la majestuosa interpretación de “Vomit” y su imponente crescendo como ejemplo definitorio. Del mismo modo, y aunque esto sea más subjetivo, nadie puede echarle en cara a Christopher Owens su capacidad de transmitir emociones. Y es que sobre el escenario se muestra con la misma honestidad que lo hace en sus discos. Es obvio que no han inventado la sopa de ajo pero que manejando referencias tan conocidas y recurrentes sus canciones suenen tan personales solo se consigue con una personalidad fuera de la común. El resto lo pone un setlist en el que equilibran con acierto aportaciones de sus dos álbumes y en el que cada canción cumple con su propósito sin estridencias; mientras “Laura”, “Honey Bunny” o “Lust For Life” son las más coreadas y bailadas otras como “My Ma”, “Love Like A River” o “Hellhole Ratface” (con la que concluyeron) sirven para demostrar que aún tienen margen de crecimiento. FS

I Break Horses (Escenario ATP)

Victoria Legrand está con un cabreo de tres pares de cojones. De la nada ha resurgido un nuevo pelazo a reivindicar y una voz igual de cautivadora que la suya. Se trata de Maria Lindén, la principal figura de esta formación sueca que ayer consiguió el más difícil todavía: mejorar con creces sobre el escenario las canciones de su debut “Hearts”. Algunos minutos después del concierto acusaron al técnico de sonido de inepto, pero donde me hallaba piezas como “Winter Beats” (una de las mayores obsesiones shoegazer del pasado año) o “Wired” sonaron vigorosas, jodidamente cautivadoras y con un engranaje sorprendente si se tiene en cuenta que hace relativamente bien poco que perdieron la virginidad en el campo del directo. Revelación total. SdA

Lower Dens (Escenario Pitchfork)

A Lower Dens ya les pudimos ver hace año y medio en el Moog cuando vinieron a presentar su debut, “Two-Hand Movement”. Y aunque lo cierto es que éste y su reciente “Nootropics”atesoran más o menos la misma calidad, el hecho de que pudiesen picotear entre lo bueno y mejor de cada uno de ellos hizo que el concierto de ayer por la tarde se pudiese vivir mucho mejor. Bien cargados de reverb, como marca la norma, la suya fue una narcótica y perezosa dosis de un buen puñado de géneros como el krautrock, la psicodelia, folk y new wave. No sería una bravuconada decir que podrían pasar por ser unos Deerhunter con vocalista femenina. “Brains” es su “Nothing Ever Happened” y, como tal, fue recibida calurosamente, lo que evidenció que ahora ya han podido llegar a un público mayor. La pieza se convirtió en una fantástica odisea progresiva rematada con un apéndice ( “Stem”). Una buena experiencia hipnótica y hechizante para despedir la tarde. AGM

Harvey Milk (Escenario Vice)

Justo antes de iniciar su actuación, Creston Spiers, líder de Harvey Milk, se salía por la tangente: “No sé muy bien qué hacemos en este escenario si nosotros somos una banda de blues rock”. Ironías al margen, el grupo dejó claro en los 40 minutos de show por qué estaban incluidos, precisamente, en la selección de bandas de metal que este año el festival ha incorporado a su programa. Veteranos representantes del sludge metal norteamericano, Harvey Milk juegan en la liga de los revisionistas empedernidos de Black Sabbath, y en directo su mazacote de bajo, guitarra y batería suena robusto y tieso como un bloque de cemento. No les acompañó el sonido, ensuciado por la corriente de aire que atravesaba el Escenario Vice, ni el público, escaso y más expectante que interesado, pero intentaron contrarrestar sus contrariedades con el oficio y la serenidad que imprime su largo recorrido en la escena. David Broc

The War On Drugs (Escenario Pitchfork)

The War On Drugs juegan con ventaja respecto a otras bandas contemporáneas pues cuentan con un vocalista que se ha ganado, a pulso, comparaciones con Bob Dylan y otros cantautores de similar calado y época. Pese a ello, Adam Granduciel no parece querer recrearse en la autocomplacencia. Sí, su voz se ilumina en el directo, pero no quita el protagonismo a otros instrumentos. De hecho, se le ve más cómodo manejando su guitarra. Así el resultado final mezcla una sección rítmica robusta y animosa, con sintetizadores palpitantes y unos muros de sonido que en ningún momento llegan a confundir o molestar. Gustó especialmente que estirase como un chicle “The Animator” a partir de un drone de guitarra y trompeta o que recuperase la clasicorra “Taking The Farm” de su debut, “Wagonwheel Blues”. AGM

Liturgy (Escenario Vice)

La actuación de Liturgy sirvió para confirmar la teoría de que en el universo black metal hay mucha trampa y cartón. Si bien en disco el grupo de Brooklyn expone ideas interesantes y elementos de choque en el contexto de la actual escena norteamericana, tan discutibles como revulsivos, la puesta en escena de sus canciones flirtea con un amateurismo impropio del estatus que han alcanzado en los últimos años entre los críticos. En el caso de su visita barcelonesa, el problema ya no sólo fue el difuso y sucio sonido que proyectaron los bafles del Escenario Vice, sino más bien la sensación de que su discurso anda sobrado de pretensiones y falto de intensidad, de que en su despliegue hay más cálculo y premeditación que emoción e inmediatez. El directo de ayer fue el de un grupo difícil de creer, atractivo en su planteamiento, pero decepcionante en su ejecución. DB

Big Star’s Third (Auditori Rockdelux)

Se antojaba histórico, y vaya si lo fue. No sólo era una ocasión única para poder disfrutar del siempre a reivindicar icónico “Third/Sister Lovers” de Big Star, sino para poder ver en un mismo escenario a artistas de órdago como el líder espiritual de Wilco, Jeff Tweedy (el primer ovacionado de la noche al romper el fuego con “Kizza Me”), Mike Mills de R.E.M.(que no soltó la guitarra ni para entonar la grandiosa “Jesus Christ”), el Yo La Tengo Ira Kaplan (en “O Dana”) o el nerd por excelencia, Alexis Taylor de Hot Chip, que, aparte de tocar la pandereta durante las primeras canciones de este sentido homenaje, nos hizo tocar el cielo mientras cantaba “Nightime”. Puestos a escoger dos momentos para el recuerdo me quedaría con la merecidísima ovación que Django Haskins se llevó tras bordar “Holocaust” o ese “Thank You Friends” que todos juntos entonaron como si de un “We Are The World” se tratara mientras agotábamos las baterías de nuestras cámaras fotográficas. La sonrisa con la que todos salimos del Auditori hablaba por sí sola. Histórico no, lo siguiente. SdA

The Cure (Escenario San Miguel)

La última (que a la vez fue primera) vez que vi a The Cure (en el FIB de 2005) me sorprendió la solidez de una banda, que ya lleva más de 30 años sobre los escenarios. Han pasado siete años más y demostraron que siguen en plena forma. Pero lo que pocos podían esperar es un concierto de tres horas sin un solo momento de flaqueza como el que ofrecieron ayer. La re-incorporación de Roger O'Donell (y por ende el regreso de los teclados a sus directos) es, se mire como se mire, una gran noticia. Con él, las canciones ganan en profundidad y pueden permitirse sets quilométricos como el de anoche en el que no faltó prácticamente ningún hit, de “Pictures Of You” a “In Between Days” y de “Just Like Heaven” a “Friday I'm In Love” (que, como dijo Robert Smith, “siempre suena mejor los viernes”) pasando por el colofón con “Boy's Don't Cry”, pero en el que también hubo espacio para recuperar cortes menos conocidos para regocijo de los fans. Todo ello con un sonido impecable, en el que sobresalía la base rítmica que tejían Jason Cooper y un inconmensurable Simon Gallup. Sobre ella, un Robert Smith pletórico demostró que, a los 53 años, sigue conservando todo el carisma de niño raro con corazón romántico y una privilegiada capacidad vocal. Fue uno de los conciertos más multitudinarios que ha acogido el Primavera Sound y uno de los pocos al que el adjetivo de “histórico” no le viene grande. En resumen; impagable. FS

Sleigh Bells (Escenario Pitchfork)

Aunque parece que Derek E. Miller corta el bacalao en el estudio, el directo es cosa de Alexis Krauss. La chica, consciente de que es una de las grandes bombas sexuales del indie, apareció con su vestimenta habitual: chaqueta de cuero con tachuelas y shorts descoloridos que dejaban más bien poco a la imaginación. Salió al escenario y chocó la mano con su compañero de batallas, para después atacar con “True Shred Guitar”. El problema de su propuesta es que aunque efectivamente suenan más alto que, pongamos, Mayhem, esto no significa necesariamente que suenen bien. Porque te pusieses donde te pusieses te venía una bola inhumana de sonido que engullía tímpanos por doquier. Hubo a quien esto gustó, pero es una pena que en canciones como “Born To Lose” la voz de Krauss fuese casi imperceptible. Para acrecentar más la suspicacia, los beats los llevaban pregrabados (muy a lo The Kills), e incomprensiblemente los dos guitarristas desaparecieron del escenario en “Kids”, donde se suponía que sonaban guitarras. Así, sólo quedó encomendarse a la vocalista, toda una show-woman con su despliegue de movimientos y gestos macarras para provocar al personal. AGM

Napalm Death (Escenario Vice)

Después del bajón protagonizado por Liturgy, la aparición de los británicos Napalm Death puso patas arriba el Escenario Vice. Impactante comprobar cómo una banda con más de 30 años de trayectoria todavía es capaz de reavivar y revigorizar su repertorio con semejante derroche de furia y agresividad y con un sonido imponente. A su lado Liturgy parecía un grupo primerizo ensayando en su garaje. Presentaban “Utilitarian”, notable último álbum, pero quisieron integrarlo en una selección de piezas de toda su carrera que ayudó a redondear su apabullante concierto. Pasan los años para todos nosotros, pero no para esta soberbia banda inglesa y su incansable cantante, Mark Greenway, que ayer volvió a ejercer de ejemplar frontman de grupo de metal. DB

Wavves (Escenario Mini)

Con el espacio del todo desangelado a causa del campamento de gente que seguía viendo a The Cure en la otra punta del mastodónitco recinto, algunos se preguntaban cómo saldría Nathan Williams al escenario después de aquel desastroso debut que realizó en el San Miguel Primavera Sound del 2009. En aquella ocasión el californiano, puesto de éxtasis y tranquilizantes hasta las cejas, entró en cólera y cavó su propia tumba. Pero en esta ocasión, aunque esperáramos con morbo malsano otro sonado drama escénico, se comportó y acabó el concierto en condiciones. Con su insultante pose tan bien estudiada, Nathan se llevó algún que otro vasazo lanzado por algún insensato del público mientras entonaba las bazas más agradecidas de su “King Of The Beach” y algún que otro recuerdo de su debut como “So Bored”. Aunque lo mejor, de calle, fue esa versión tan enorme del “100%” de Sonic Youth que se sacaron de la patilla e hizo que, esta vez sí, Wavves se fueran al backstage con la ovación del respetable. SdA

Dirty Three (Escenario ATP)

Con las gradas a rebosar y el foso ídem ha acabado el ATP tras el paso de Dirty Three. Brazos en el aire, éxtasis sónico, ovación con entrega de un público que se ha ido enganchando poco a poco al concierto. Porque en los primeros compases de la banda el panorama era completamente diferente: lleno pero muy a medias –The Cure monopolizaba la atención de la mayoría de los asistentes al festival en esos momentos– y cierta extrañeza en las caras de quienes se habían acercado al escenario. Sin embargo, Warren Ellis ha mandado a tomar por culo a The Cure, dando por inaugurada una serie de guiños con los que se ha metido en el bolsillo hasta el último escéptico. La paulatina transformación de ruidos improvisados sin ningún tipo de patrón a crescendos rítmicos a base de batería, violín y un bajo saturadísimo de volumen han hecho el resto para que se viviera un auténtico trance salvaje en clave rock. MF

Mayhem (Escenario Vice)

Pasadas las doce de la noche el tema de conversación en el Primavera Sound no era el concierto de The Cure, sino las cabezas de cerdo que colgaban de ganchos de carnicería en el escenario que estaban a punto de ocupar los noruegos Mayhem. Una vez más se impuso el talento innato de los grupos de black metal para el escándalo, la controversia y el marketing de efectos inmediatos. Claro que una vez empezaron a atacar uno de los repertorios más abrasivos que ha dado del género el atrezzo escénico pasó a un merecido segundo plano en beneficio de una propuesta sonora que reivindica el black metal de la vieja escuela. Sin coartadas experimentales, directos al fondo de la cuestión, irresistiblemente demoníacos, Mayhem sonaron vivos y exultantes, ajenos a su desubicación festivalera, y se fueron de ahí con los deberes hechos: uno de los mejores conciertos de esta edición. DB

M83 (Escenario Mini)

Colocar a M83 a las puertas de la madrugada fue todo un acierto. Y es que, como todos los que habían asistido a algún concierto reciente de la formación liderada por Anthony Gonzalez, la organización sabía de antemano que eso iba a convertirse en un torrente donde la épica desatada pasa por encima de los matices. Abrieron con “Intro” y pronto se vio a lo que iban. Guitarrazos aplastantes, arpegios hipnóticos, ritmos reforzados y, claro está, el público entregado. El francés (quién, por cierto, parecía realmente emocionado con la respuesta de la audiencia) es consciente de que, disco a disco, el espectro de su público se ha expandido y prefiere pasarse por exceso que por defecto. Incluso canciones en su origen más delicadas como “Graveyard Girl” acaban inundadas en mares de épica a medio camino entre el shoegaze y el trance que convierten sus conciertos en una suerte de rave pop en el que los subidones se acompañan con palmas a la vez que se jalean los estribillos. El conjunto, reiteradas arengas a “Barcelona” incluidas, quizá pueda echar hacia atrás a aquellos que busquen algo más que puños en alto y interpretaciones vocales vehementes pero teniendo en cuenta el contexto funcionó a las mil maravillas. Y si encima “Midnight City” suena tan exultante como lo hizo (extático solo de saxo incluido) ya no hay vuelta atrás para la catarsis colectiva. FS

The Drums (Escenario Ray-Ban)

Desde la primera visita de The Drums al Primavera Sound en 2010, muchas cosas han cambiado para los de Nueva York. Primero fue el hartazgo por parte de sus miembros del brillante silbidito de “Let’s Go Surfing” –uno de los ganchos infalibles si quieres captar público en tus directos–; luego el abandono de uno de sus guitarristas. Por último, un segundo disco en el horizonte que tenía que significar que la banda era capaz de sobrevivir a su propia fama de principiantes. “Portamento” ha demostrado que los chicos de The Drums han hecho los deberes en el estudio. Y esa evolución se nota encima de las tablas. Jonathan Pierce ha cambiado el cóctel alcohol más medicamento por un nuevo porte mucho más sofisticado que incluye bailes a lo Boy George, pose andrógina y seriedad. Mucho más sereno pero igual de carismático, Pierce ha desplegado sus encantos centrándose en el último trabajo de la banda, dejando claro que pueden permitirse el lujo de hacer esperar a su público 20 minutos para empezar a tocar. Han subido a primera. MF

Codeine (Escenario ATP)

Con los últimos rastros de “Pea”, tema de despedida, fuimos muchos los que tuvimos un escalofrío: el sueño de ver a Codeine en directo se había esfumado y, con él, esta sensación de momentánea felicidad que nos invadió tras habernos reencontrado con ellos tantos años después. El trío norteamericano se ciñó al guión, tal y como esperábamos todos los que nos acercamos al Escenario ATP, pero menudo guión. Intachable en su recreación de los dos álbumes que publicaron en vida, el grupo supo dominar a la perfección el tempo de las subidas y bajadas de intensidad, brindó el mejor repertorio posible a sus seguidores y nos sumió a todos en un estado catatónico, ya no sabemos si por los efectos devastadores de su discurso, si por la certeza de estar asistiendo a un momento histórico o si por la meticulosidad y el rigor con el que estos esquivos iconos del slowcore todavía hoy manejan las riendas de su carrera. DB

SBTRKT (Escenario Pitchfork)

En pocos meses SBTRKT ha pasado de orbitar en los sub-mundos bass a abrazar un público cada vez más indie-friendly. Observando su directo la transición cobra todo el sentido del mundo. Y es que el británico sabe hacer crecer sus canciones por la única vía que tienen los directos electrónicos de poder seducir a un público que vaya más allá de la muchachada clubber; el factor orgánico. Con Aaron Jerome reforzando los ritmos de la mayoría de los cortes a la batería y con un Sampha estelar tanto en tareas vocales como en los teclados, esa fue la primera gran batalla que ganaron anoche. La segunda fue el conseguido equilibrio entre la faceta más pop de su propuesta y los momentos más abiertamente pisteros. Y es que aunque a priori uno podía pensar lo contrario, la contención es uno de los grandes aciertos del directo (lo fácil hubiera sido recurrir a un drop tras otro). En otras palabras; se podía bailar sin que resultara cargante y se podía corear sin dejar de mover los pies. Un gran triunfo. FS

The Men (Escenario Vice)

The Men recogían el testigo en el Vice tras una larga ristra de bandas entre las que se encontraban salchichones como Napalm Death o Mayhem. Ahí ya solo quedaban los rescoldos del gran incendio y la posibilidad de mantenerlos encendidos. Pero era imposible avivar la llama. Y menos para una banda que no despierta más que polémica y opiniones encontradas cuando se intenta emitir juicios de valor. Sin embargo, en ese momento a nadie parecía importarle mucho quién estuviera encima del escenario. De hecho, nadie parecía importarle una mierda si los de Nueva York están condenados ad infinitum por haber vivido del hype. Ni frío, ni calor. Ni chicha ni limonada para el rock que bebe de todo –de Velvet Underground, de Motörhead o del postcore melódico– y no bebe de nada. Un bolo meramente protocolario en clave rock and roll. MF

The Rapture (Escenario San Miguel)

Una vez disueltos LCD Soundsystem, The Rapture son ahora la gran banda de DFA Records. Por eso y porque su último disco, “In The Grace Of Your Love”, les ve en un estado de forma comparable al de cuando empezaron hace casi una década, la cita en el San Miguel era esencial para esas almas con ganas de escuchar uno de los crossovers más elegantes que existen en este momento entre electrónica y rock. Hubo para todos los paladares: números con genoma funk como “In The Grace Of Your Love” (guiada por un espléndido bajo); gamberros trallazos dance-punk como ese himno generacional que es “House Of Jealous Lovers” y “Echoes”, rejuvenecida gracias a “Misfits”; momentos de épica bien controlada ( “Sail Away”); y doble ración de sintetizadores en “Miss You” para crear un armazón electrónico que desencadenó en el desenfreno piano-house, saxo incluido (ayer fue su noche), de “How Deep Is Your Love?”, con la que consiguieron que todo el mundo brincase como si no hubiese un mañana. AGM

Death In Vegas (Escenario Mini)

La inmensidad del escenario Mini empezó a dejar huecos de aire con la desbandada general tras el concierto de M83. Y de esos huecos empezó a surgir ese “mood” colectivo en el que se mezcla cansancio, insolación, alcoholismo, desnutrición y ganas de pitorreo. Movimientos pélvicos cerveza en mano esperaban el comienzo de Death In Vegas, que se hicieron de esperar más de la cuenta. Y llegaron con algunos flecos en el sonido pero con su nítido aporreo de la Simmons levantando el espíritu de la parroquia. De agradecer fue también el montaje de luces del bolo, el primero con cierta historia que servidora ha visto en lo que llevamos de festival. Y pese a que el retraso en el horario nos hizo abandonar el escenario tras la segunda canción, aquello pintaba a lascivia en bucle, ciento y poco bpms y globazo de lásers verdes. ¿Qué más se le puede pedir a un viernes a las tres de la mañana? MF

AraabMUZIK (Escenario Pitchfork)

Uno puede tener dos motivaciones principales para querer ver en directo a AraabMUZIK; una es la musical, inspirada por su primer álbum “Electronic Dream”, en el que Abraham Orellana le daba otra vuelta de tuerca al crunk en particular y al hip hop instrumental en general. La otra motivación primordial era ver cómo se desenvuelve en el live un auténtico virtuoso de la MPC; uno de esos especímenes a los que admirar por su velocidad mental y digital (de dedos). La segunda motivación ha quedado saciada de sobras. No sólo gracias a las pantallas que mostraban un primer plano de sus dos MPC, sino también a un desarrollo del directo plagado de cambios de ritmo, perfectos para mostrar cuán lejos están los límites de este tipo a la hora de manejar sus máquinas. En la parte musical, sin embargo, ha habido ciertas pegas. Quizás el entorno festivalero haya hecho que la balanza de géneros se haya decantado por el dubstep guarro y cargado de wobble, buscando el gancho de la masa. Se lo hemos perdonado por los momentos en los que ha desempolvado el álbum; pero sobre todo por haber rescatado el “Eyez” de Digital Mystikz para uno de los samples. MF

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