Reportajes

San Miguel Primavera Sound, jueves

Un largo repaso a un puñado de conciertos memorables

San Miguel Primavera Sound, jueves

Lo que ha sucedido con la tarjeta chip para poder consumir en las barras del festival de San Miguel Primavera Sound 2011 no es agradable para nadie. Ni para el cliente, por supuesto, que durante muchas horas lo tenía imposible para acceder a un merecido vaso de cerveza, ni mucho menos para la organización. Maldita informática, que muchas veces te soluciona la vida y otras veces te la complica más de lo que merece. Al final, solución salomónica: retorno del dinero depositado en los chips –un gesto que honra y ennoblece a Primavera Sound–, aceptación de cash a cambio de líquidos, y hoy será otro día. Más allá de eso, el festival tiene pinta de culminar este año otra edición masiva e histórica. El recinto del Fòrum es inabarcable, obliga a caminar distancias tremendas entre escenario y escenario –al final del día, leído en Twitter, un comentario que nos ha hecho gracia: “the flaming feet” [los pies ardientes]–, pero siempre con una gran satisfacción: la de comprobar que el nivel musical está siendo altísimo y que, allí donde estés, tus pasos han valido la pena. Así vimos la jornada de ayer, y así te la contamos.

Emeralds (Escenario Pitchfork)

Hieráticos, concentrados y, extrañamente, apoyados por el público: con el sol todavía cayendo a plomo sobre la costa, Emeralds tenían ante ellos una concentración de gente ligeramente por debajo a la de Triángulo de Amor Bizarro y su C-86 puesto al día en el escenario principal. Manejando el concierto en diferentes fases –algunas más ambient para ir encontrando el tono, otras más descaradamente Tangerine Dream, que pareciera que iba a sonar allí el “Rubycon”, un tramo final de ruidera– el trío de Ohio dejó alto el pabellón neo-kosmische. Exactos en el despliegue de sintes, colorista Mark McGuire a la guitarra, valió la pena llegar tan pronto. Mario G. Sinde

Moon Duo (Escenario Ray-Ban)

Él tiene un look a lo Larry Charles –con menos quilos en el cuerpo– y ella parece imposible que pueda hacer tantas cosas con el teclado mientras la melena le tapa la cara. O sea, al principio parece como si no te los quisieras creer. Pero a medida que van construyendo con paciencia su space-rock, Moon Duo se vuelven convincentes. Se les notan las influencias a millas de distancia –a ratos, cuando se ponen monolíticos, pensamos en Spacemen 3; cuando la música se hace más circular asoman los homenajes al rock alemán de los 70, principalmente Neu!–, per para ir entrando en calor, sobre todo si uno se hace la ruta experimental del festival, fueron un buen aperitivo. MGS

Cults (Escenario ATP)

Cults lo tenían casi todo ganado de antemano. Media parroquia indie habla de ellos, desprenden un encanto adorable y llevan un año con la etiqueta de “Gran Promesa 2011” colgada a sus espaldas. En Barcelona, la semana que su esperado debut salía a la venta, pudieron por fin sacudirse ese sambenito de encima. A sus fans, bien situados en las primeras filas, no les decepcionaron en absoluto. Y al resto, pues le hicieron la gracia suficiente. Estuvieron una pizca más abrasivos que en disco, siempre respetando esa compostura que se marcan, y se les notó muy dispuestos a defender lo poco que tienen, muy preparados para lo que se espera de ellos. Sus canciones, centradas obsesivamente en melodías 60s, ganaron brillo sobre el escenario y provocaron sonrisas sinceras en la platea. Tienen al menos tres enormes: “Abducted”, “Go Outside” y “You Know What I Mean”, los tres singles que les dieron a conocer, los tres que han colocado inteligentemente al principio del álbum y los mejores en directo de largo. Todo ocurrió en un suspiro. Tocaron treinta minutos justitos pero resultaron simpáticos y superrefrescantes en un momento en que aún había problemas en las barras. Una hora más tarde, sentados en los columpios del Escenario Pitchfork, les entrevistaba una cadena de televisión moderna… Cristian Rodríguez

Sufjan Stevens (Escenario Rockdelux – Auditori) Sufjan Stevens (escenario Rockdelux-Auditori) Mi nombre es Sufjan Stevens. Habitualmente hago música folk, pero esta noche lo que veréis es pop cósmico”. Excesivo y estudiadamente teatral. De este modo se presentó Sufjan alzando sus alas en un Auditori que presenció el primero de sus dos conciertos en el marco del festival. Como bien advirtió tras “Seven Swans”, lo que pudo verse durante dos horas fue la mutación del (hasta entonces) cantautor folk en un entertainment pop. Repasando prácticamente en su totalidad su último “The Age Of Adz”, Sufjan, presidido por una banda fluorista y proyecciones de serie B, chocó con sus fans más puristas. Pero lo que pudo verse fue la genialidad personificada. Divertido, parlanchín y sin pudor alguno a la hora de desquebrajar su identidad (sólo hacía falta ver como seguía las coreografías de sus coristas), dio un paso firme para afianzarse como uno de los artistas más importantes del siglo. A lo largo de “Impossible Soul”, esa opereta sinfotrónica, el respetable no pudo frenar el impulso de abandonar sus butacas, acercarse al escenario y bailar a su son antes de que “Chicago” pusiera fin a un show mágico que se mantendrá en las retinas del público por mucho tiempo. ¿Uno de los conciertos del año? La duda ofende. Sergio del Amo

The Fresh & Onlys (Escenario Pitchfork)

La programación comandada por Pitchfork este año parece la preferida por la mayoría. Aunque el sonido del recuperado escenario de la placa fotovoltaica se mezcle un poco con el del grande, ayer vimos buenos conciertos allí. Entre lanchas, yates y veleros navegando al ladito, los degustadores de rock añejo no quisieron perderse a The Fresh & Onlys, una de las sorpresas mejor tapadas del momento. Los de San Francisco tienen madera de especiales. En escena suenan soberanos y demuestran que son uno de esos pocos ejemplos de pop-rock no guiado por las modas ni los momentos. Lo suyo es atemporal y muy auténtico. Bien alineados en el centro del escenario, sus grandes canciones hicieron saltar salpicaduras de surf, derrapes garage y esquirlas psychobilly. La voz del cantante (por cierto, un poco despistado) la saturaron con reverb y un poquito de delay para acrecentar la densidad atmosférica. En casi todos los temas, la jugada logró el efecto deseado, tanto en los dardos más pop ( “Waterfall”) como en aquellos más opacos que acaban cayendo del lado de Crystal Stilts. Al final del concierto, como una recompensa, la cerveza llegó a las barras y tuve la sensación de que la noche empezaba a tomar forma. CR

Seefeel (Escenario ATP)

Durante años, estuvimos suspirando por su regreso y que ese regreso se materializara en un directo a la altura de sus discos en estudio. Finalmente, Seefeel volvieron. No los Seefeel orginales, pero al menos con Sarah Peacock –quién, si no, iba a hacer las partes vocales– y Mark Clifford, que en directo es quien lidera. Y finalmente les tuvimos ante nuestras narices con su muro de sonido líquido y, por momentos, nos arrepentimos de haber pedido una segunda oportunidad: les crujía todo el backline, parecía más un ensayo que un concierto. Hubo que tener paciencia y al final se arregló todo, su post-rock primigenio adoptó una forma más concisa y emocional y Seefeel ganaron enteros. Eso sí, ni rastro de los mejores momentos de “Quique”. Regular en conjunto; en ese aspecto concreto, mal. MGS

Big Boi (Escenario Ray-Ban) Big Boi (Escenario Ray-Ban) Si bien “Sir Lucious Left Foot: The Son Of Chico Dusty” fue uno de los álbumes mejor valorados de 2010, la inclusión en cartel de Big Boi sonaba a riesgo y experimentación por parte de la organización. ¿Puede un artista de rap americano con cabida en MTV llenar un gran espacio del Fórum? La respuesta es sí. Pese a no estar hasta la bandera, el escenario Ray-Ban lucía un lleno transpirable (respetando espacios vitales) y se fue acercando al abarrotamiento según avanzó el espectáculo. ¿Significa esto que el rap es muy bien recibido entre el público tipo? No lo tengo tan claro. Pero lo que sí se puede afirmar es que Patton plantea su directo de manera que pueda agradar a viejos fans de Outkast, a los que se subieron al tren con su último trabajo y a gente que no consume rap pero gusta de sus maneras. La fórmula consiste en combinar su último material –la épica “General Patton”, que abrió la primera tanda de temas de “Sir Lucious…”, o el cierre empalmando “Tangerine” con “You Ain’t No DJ”– con un repaso escueto pero exhaustivo de la discografía de Outkast. El entusiasmo con el que la multitud recibió “Ms. Jackson” o la nostalgia noventera de “ATLiens” significaban el particular motivo por el cual cada uno de los presentes quería ver al de Atlanta. Paradójico y divertido fue que los momentos de feeling más unánime se dieron con los temas más genuinamente southern: “Kryptonite” y “Fo Yo Sorrows” sacaron el hustler que todos llevamos dentro. Mónica Franco

Public Image Ltd. (Escenario Llevant)

Uno de los estilos más mimados siempre por el festival, el post-punk, contaba este año con varios tótems de altura. Si Pere Ubu están llamados a protagonizar el momento arty y oblicuo de la jornada de hoy, los PiL de John Lydon se retorcieron anoche como unas buenas vísceras intoxicadas de dub. Yo había oído de todo sobre lo que me iba a encontrar: que si están mayores, que si suenan tan bien como los Sex Pistols de hace tres años, que si traen unas guitarras estéticamente feísimas, que si siempre han sido un poco rollo… Mientras me dirigía al lejano Escenario Llevant, me di cuenta de que no sabía lo que me esperaba de ellos. La suya se presentaba como una de esas reuniones jurásicas que pueden resultar tanto un fiasco como un triunfo. El caso es que la cosa cuajó y, al igual que Suicide, los firmantes de “Metal Box” estuvieron a la altura de lo que esperaba. Ante un público mayoritariamente adulto y masculino, sacaron de sí lo mejor que tienen, la seminalidad. “This Is Not A Love Song”, más oscura que de costumbre, la dilataron todo lo que pudieron. Cuando sonó “Albatross”, a la que le sajaron la intro, me di cuenta de que Bradford Cox estaba justo a mi lado, bostezando. De repente, miré el reloj: hora de Glasser. Salí pitando como un bazoka. Después me contarían que allí aún quedaba munición: el hooligan de Lydon salió y acabó mostrando cómo se escupen los mocos por la nariz. CR

Oneohtrix Point Never (Escenario ATP)

Daniel Lopation sufrió de la misma circunstancia que Seefeel: un escenario adaptado a un sonido pop y un set up pensado para sonar dentro de una burbuja. Hubo que sufrir crujidos y cortes de nanosegundos en su flujo de ambient pesado, que no por breves se hacían menos incómodos. Y aún así, Oneohtrix Point Never fue de lo mejor visto / oído ayer: su aproximación a la new age de trasfondo ruidista es tan seductora como en los álbumes, consigue crear esa capa atmosférica de protección y aislamiento del mundo, con el material de “Returnal” como ingrediente principal. Debe volver, pero tiene que ser en una sala pequeña que resuene como el interior de un útero. MGS

Glasser (Escenario Pitchfork)

Muchas ganas de ver a Glasser. Empieza extremadamente björkiana y me veo venir desde el principio que ese maldito parecido pueda jugarla malas pasadas. Me encuentro con John Talabot y me confirma que sí, que el show que Cameron Mesirow trae esta noche no es el que mejor le sienta. No ha venido con banda, sólo ella y su novio de Van Rivers & The Subliminal Kid (Fever Ray, Massive Attack, Blonde Redhead). Estoy convencido de que la chica tiene canciones mejor escritas que las de su reflejo en el espejo Bat For Lashes, pero lo que me viene a la cabeza al verla en directo es el sonido de su fabuloso álbum. Y eso no es buena señal. Exceptuando “Home”, casi todos los temas sonaron despojados de esas cascadas de ritmos tribales que viste “Ring” y se quedaron colgados de algún sitio extraño, como si no lograran trasladar la laboriosa producción del álbum al directo, como si dejaran escapar por algún sitio sus modernísimas maneras de acercarse al pop de altos vuelos. Y a ella, aunque se comportó como una princesa, se la notaba un poco sobreactuada. No pude evitar que me fastidiara un poco. Ahora, a ver lo que hace Merrill Garbus el sábado. CR

Grinderman (Escenario San Miguel) Grinderman (Escenario San Miguel) Era mi primer concierto en Primavera Sound, y tenía a Nick Cave agitándose de un lado para otro a lo largo del enorme escenario San Miguel, como si fuera una viscosa y depredadora serpiente macho, con su melenita de pelo liso, vestido elegantemente con camisa blanca y traje negro. Warren Ellis, que parece un brujo con esa barba de la que estaría orgulloso hasta Robbie Coltrane, era quien le proporcionaba el músculo a Cave manteniéndose a su izquierda. Hicieron el bruto lo suficiente, patearon culos con energía, y mientras sonaba “Get It On” Cave se bajo hasta el nivel del público antes de que la canción dibujara un final furioso y abrupto. A partir de ahí, temas conocidos como “Heathen Child” ayudaron a que se mantuviera el tono vigoroso. Y cuando llegaron los momentos más lentos fue cuando empecé a recordar qué buenas son también las canciones de los Bad Seeds, canciones que, anoche, no hubo ninguna posibilidad de disfrutar. Sian Haestier

The Walkmen (Escenario Pitchfork)

Exceptuando lo poco que oí de Caribou (magistral), he aquí mi mejor concierto de la noche del jueves. La apoteósica demostración de que The Walkmen son gigantes, uno de esos grupos infinitos que no te acabas. Actualmente viven su mejor momento. Suenan brillantes, estilizadísimos, muy lejos de cuando les vi por última vez en Benicàssim atacando versiones de R.E.M. Con pasos de bailarina, se han convertido en una banda menos violenta pero mantienen su gallardía de siempre. Se han depurado al máximo, se han imbuido de géneros como la exótica y hoy suenan tan imponentes y elegantes como una cortina de salón. La prueba: éxitos antiguos, demostraciones supremas como las de “Angela Surf City” y “Juveniles”, o el glorioso tema nuevo que tocaron. Desde el primer momento hubo aplausos generosos en un Escenario Pitchfork cargado de buenas vibraciones. La clave está en que su rock plateado, aunque desconcertante y resbaladizo, también está borracho de una ilusión que Hamilton Leithauser contagia con poderío. Se le notaba muy feliz y seguro dentro de su traje beige, como uno de esos líderes que ya no se encuentran (alguien a mi lado dijo Rod Stewart). Nos agradeció haberle elegido a él frente a Nick Cave, que tocaba arriba a la misma hora y a quien nadie pareció echar de menos. “¿Qué hacéis por aquí cuando no hay festival?”, preguntó casi al acabar. Echarte de menos Hamilton, echarte de menos. CR

Glenn Branca (ATP stage)

Desde la altura de las gradas superiores del anfiteatro del escenario ATP se divisaba la imponente y discordante orquesta de seis músicos dirigida por Glenn Branca, el que fuera el profesor de guitarra de Thurston Moore: los riffs insistentes recordaban a Fugazi en su etapa más lacónica e introspectiva, o incluso a los Sonic Youth de mediados de los 90. Branca daba la espalda al público, meneaba las caderas y desató un discurso minimalista apoyado por una banda curtida que sabía cuándo aumentar la velocidad y subir el tono de las guitarras en hirientes tonos agudos: parecía como un capítulo de “Glee” comisionado por ATP. Como mucha otra gente, sacrificamos unos cuantos minutos de Grinderman para disfrutar de un show mucho más profundo y un sonido mucho más traslúcido. A la vez, en un formato accesible para difundir un tipo de música que ha sido importante –demos gracias a la organización del festival, siempre cumpliendo su misión de poner en contexto a todas las bandas que nos gustan– y conseguir que la difícil música avantgarde cobre un nuevo sentido. SH

Interpol (Escenario Llevant)

A medida que avanzaba el festival, aparecían los grupos mejor vestidos sobre los distintos escenarios. The Walkmen, traje y corbata; Interpol, como siempre, de riguroso negro 80s. Tirando de grandes éxitos –su trayectoria de años y discos ya les permite ser “festivaleros” y concentrar en una hora lo mejor y más conocido de su obra–, se metieron a los fans en el bolsillo a las primeras de cambio (se jugaron la carta “Say Hello To The Angels” muy pronto y les salió una mano ganadora). El sonido, bueno y adecuado para su post-punk de reminiscencias góticas. Son algo dramáticos, pero notamos el corazón un poco más pequeño durante varios minutos MGS

Das Racist (Pitchfork stage)

Es imposible evitar hacer paralelismos con Beastie Boys, y no sólo porque el grupo lo conformen tres rappers. De igual manera que los adorables Beasties, Das Racist son una banda que se siente bien siendo de tíos y para tíos, y eso a pesar de que se sentía un fuerte sentido de lo femenino –mezclado con fases de poder y energía– en su show. Un show que está montado sobre ritmos muy duros pero que, a la vez, esconde construcciones simétricas, líneas de bajo que te harían doblar la rodillas y elementos de dancehall y R&B que funcionan muy bien para interpretar versiones a cappella de canciones famosas (¡Tina Turner!) y posturas de yoga en el escenario. Escuchar los beats y moverse al mismo tiempo era una experiencia fantástica; una pena que el volumen del sonido no fuera más alto para poder seguir también las letras. Su música se convirtió en una fiesta, épica aunque diminuta, como dibujar guitarras de aire ante un micro desconectado: me recordaba a los conciertos de hip hop a los que iba en Manchester a mediados de la década pasada: modestos y entusiastas. Se merecen que les levantemos el pulgar: moló. SH

Suicide performing First LP (Escenario Ray-Ban)

Asistir a un concierto en el que se revisita uno de tus discos favoritos de la mano de unos carcas que en su día ya eran unos elementos, tiene tantas papeletas para convertirse en un momento inolvidable como para instalarse en tu cabeza cual cochambroso recuerdo. Por suerte, con Suicide pasó lo primero. El suyo fue un concierto muy difícil y cañero, como la catarsis de (antaño) My Bloody Valentine o como el de uno de esos artistas doom que ninguno de tus amigos soporta. Competían en horario con Interpol y Caribou (los que no iban preparados, claro, acabaron marchándose), no obstante hicieron callar bien las bocas de todos los fanáticos que allí aguantamos estoicamente. Alan Vega salió vestido con chándal negro y gorra de fuego. Daba tumbos por el escenario y a veces se encendía un cigarrillo. Su figura es de las que asusta de veras, y daba hasta cosa escuchar “Cherie” susurrada por sus ancianísimos labios. Martin Rev tocó los teclados con el puño, en plan fist-rock, mientras se proyectaban detrás imágenes de calaveras. Radicales y sangrientos como una matanza de cerdo, se permitieron pasar de su lado más dreamy. Fue Suicide a pelo. “Rocket U.S.A.” sonó irreconocible. “Che” demencial y comunista. “Frankie Teardrop”, menos virulenta que la original, cuadró mejor con el resto del repertorio. Y se saltaron “I Remember”, ¿¿por qué?? El público pidió más dolor a berridos y en el bis se regalaron con el caramelo envenenado de “Keep Your Dreams”. Por cierto, mención de honor para el realizador de vídeo: lanzó unas imágenes del público en trance que lo decían todo. CR

Salem (Escenario ATP)

Era una buena oportunidad de ver en directo a Salem y la curiosidad por despejar las incógnitas que planteaba la ejecución de “King Night” se notaba entre el público del escenario ATP. La preparación del montaje retrasó el concierto (para más inri), así que para cuando el trío de Michigan subió al escenario algunos ávidos e intoxicados feligreses del oscurantismo ya se tiraban de los pelos. Aunque no fuéramos capaces de especificar, todos podíamos concebir el directo de Salem como una nube de sus atmósferas infectas acompañada de la pesadumbre de sus cajas de ritmo clavándose en tu esternón. Qué sorpresa nos llevamos todos cuando Jack Donoghue empuñó el micro y se metió en el papel de MC ciego de codeína. Deslució mucho el hecho de que el sonido estuviera muy bajo, suponemos que a causa del embarazo de Heather. Ella también empuñó el micro en un par de ocasiones. Sin embargo, su voz apenas se apreciaba entre las superposiciones de notas sostenidas. El volumen fue subiendo conforme iban repasado el tracklist de su debut, mientras la parroquia observaba –la mitad estupefactos, la otra mitad con la mirada perdida– como los tres miembros emergían de una nube de humo artificial. Y cuando todo empezaba a rodar, en parte gracias a la versión sui géneris del “Better Off Alone” con Holland al micrófono (versión muy semejante a la que hiciera Lonewolf hace unos años), los tres miembros salieron del escenario como si allí no hubiera pasado nada. Tan desconcertante como una historia de brujas, y ahí es donde se encuentra la gracia, siempre y cuando la quieras encontrar. MF

Gold Panda (Pitchfork stage)

Le vi hace tres meses en el nuevo local del East London, XOYO. En Primavera Sound estaba más elevado en el escenario, y tengo la sensación, además, de que su set fue algo así como su coronación como músico. Los ritmos programados se superponían en capas complejas de percusión que formaban una telaraña de beats, en crecimiento sin descanso, para dar paso a melodías y armonías accesibles para el oído del público indie en la onda. Por momentos, me recordaba a Boards Of Canada (si estos quisieran tocar en directo, como hace una década, cuando hacían aquellos sets hipnóticos). Gold Panda mostró su lado más electro, entrabancado y meticuloso. Las fases basadas en la superposición de samples me recordaban a Mr Scruff, pero no es lo mismo en el fondo: allí escuchamos algunos de los mejores sonidos del festival. Si Gold Panda aún no ha llegado a la cima, entonces es que está en camino. SH

The Flaming Lips (Escenario San Miguel) The Flaming Lips Hay dos tipos de conciertos de The Flaming Lips: aquel en el que les sale todo bien y aquel en el que no les sale todo bien. En la primera versión, se convierten en la mejor banda en directo del mundo (a nivel de espectáculo). En la segunda se acercan. Ayer tuvimos una versión intermedia de ambas opciones: hubo globos, hubo sensación de que te estaban celebrando un cumpleaños, aunque con un material –el de “Embryonic”– más pesado que el de “The Soft Bulletin”. Ojos gigantes, sensación de querer ser unos Pink Floyd en miniatura, burbuja trasportable –al más puro estilo Peter Gabriel– con Wayne Coyne dentro: comunicaron felicidad, a pesar de reivindicarse aún más como una banda de rock sinfónico con tics dudosos. MGS

El Guincho (Escenario Llevant)

Para servidora, la actuación de El Guincho fue una de las más gratas sorpresas de la noche. La única vez que lo había visto en directo, creo que Pablo Díaz-Reixa todavía no tenía claro cómo trasladar la energía de su música en vivo, además de no saber muy bien cómo presentar sus canciones de “Alegranza” y “Pop Negro” sin que la diferencia estilística de ambos discos partiera el ritmo del público. Anoche, sin embargo, El Guincho sonó tan contundente que por momentos parecía una sesión de UK Funky de radio pirata londinense. Apareció acompañado de cuatro muchachas armadas con hula hoop, muy en la estética de Canada, y dos coristas apoyando la propuesta en segundo plano. El canario ha añadido bombo y cajas de ritmos a las versiones de estudio; el resultado es tan efectivo que hasta el escenario rebosa esa euforia clubber propia de un set de discoteca. Bastaron los dos primeros minutos de concierto con “Kalise” cabalgando hacia su clímax para que al público se le inyectaran los ojos de histeria y sus piernas no respondieran más que al ritmo. La intensidad no bajó ni con las canciones más relajadas de su último “Pop Negro”. “Guetto Fácil” mutaba en 2-step mezclado con folklore latino, mientras que “Soca Del Eclipse” lucía como si Addison Groove le firmara un remix. Ni siquiera la efectividad de “Bombay” sobresalió en comparación con el resto del repertorio, que terminaría con “ Antillas” dilatando y repitiendo subidones. Manos arriba, esto ha sido una auténtica locura. MF San Miguel Primavera Sound

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