Reportajes

San Miguel Primavera Sound: la crónica del sábado

Del éxtasis con Beach House a la energía en bruto de Justice, una jornada de contraste entre la calma y la furia

Concluyó la tercera jornada del Fòrum en Barcelona, y por tanto San Miguel Primavera Sound ha llegado a (casi) su final en su edición 2012. Balance: 150.000 asistentes y un nivel artístico plenamente satisfactorio. Repasamos los conciertos de anoche.

El balance oficial del festival, a la espera de que se celebren los conciertos de esta noche en el espacio gratuito de Arc de Triomf, es prácticamente idéntico al de 2011: 150.000 personas repartidas en cinco días de conciertos –con una media de 40.000 visitas de jueves a sábado en el Fòrum, según datos de la organización–, que viene a significar que San Miguel Primavera Sound sigue siendo un festival de primer orden internacional y el más concurrido de todos los que llevan, implícita o visible, la etiqueta indie. La edición 2012, por tanto, ha sido positiva y en la última jornada se acabó de completar el cuadro de los mejores momentos con actuaciones tan esperadas como las de Beach House (grandes suspiros), Justice (enormes sudores), Saint Etienne (aluvión de hits) o The Weeknd (¿la decepción?). Ahora ya lo que toca es recomponerse y pensar en la futura edición 2013, en la que ya se ha confirmado que no habrá escenario Auditorio.

Veronica Falls (Escenario Mini)

En noviembre, en el marco del Primavera Club, dejaron constancia de que para ser unos principiantes se defendían en directo con una seguridad que asustaba. Y ayer mismo volvieron a hacer lo propio en un escenario que, pese a su magnitud, no se les quedó grande. Los británicos no sólo se conformaron con interpretar su gozoso álbum de debut, sino que también quisieron premiar al entregado público a aquellas horas de la tarde con esa reciente “My Heart Beats” que es de presuponer que formará parte de su segundo largo. Los irresistibles duetos armoniosos de Roxanne Clifford y James Hoare, la sucia locura garagera de “Come On Over” y, en definitiva, el temple del que presumen pese a ser unos críos recién salidos de la cáscara del huevo, fueron motivos suficientes como para sentenciar que tenemos Veronica Falls para rato. Sergio del Amo

Lisabö (Escenario Ray-Ban)

Hay ocasiones en que es imposible escapar del tópico y los lugares comunes. Lisabö es uno de estos casos en los que por mucho que intentes disfrazar tus palabras y buscar subterfugios para huir del guión, tarde o temprano acabas llegando al mismo sitio: no hay un grupo igual en el panorama musical nacional. Si hubieran programado a la formación vasca el viernes noche, entre Liturgy y Napalm Death, seguramente no se hubiera notado tanto la diferencia de voltaje entre unos y otros. Una vez más estuvieron impecables: la doble batería marcaba el tempo e imponía la pauta, y las guitarras en ebullición afinaban el trote, tensión y distensión, sístole y diástole, ahora te pego un hachazo ahora dejo que te recuperes, dominio absoluto de la situación. La intensidad por bandera, principal remedio contra la uniformidad y los parecidos razonables que existen entre sus canciones. Que sean los otros grupos ‘duros’ del festival los que se pongan a rueda. Si pueden. David Broc

James Ferraro (Escenario Pitchfork)

James Ferraro salió acompañado de un escudero (botella de vino en ristre) y en media hora confirmó que es uno de los talentos más privilegiados de la experimentación actual. Tocaron únicamente dos “canciones” pero fue una de las experiencias más gratificantes del festival. En la primera tejieron un hipnótico collage de ritmos insistentes y melodías exóticas que se alargó durante más de 15 minutos. La segunda empezó con ecos de new age para evolucionar hacia una cascada de pads colosales aderezados con vocales rebajadas de pitch a lo witch-house. Si, tan sui generis como suena pero sin embargo funcionó. Y es que sin que la mayoría de asistentes supiera con certeza lo que se iban a encontrar nos acabamos topando con una de las mejores actuaciones que se han podido ver en el segmento de tarde del festival. Franc Sayol

Kings Of Convenience (Escenario San Miguel)

Muy mal le tienen que ir las cosas a Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe para que la caguen en directo. Básicamente, porque ellos dos y sus guitarras son los únicos pilares sobre los que se sustenta su sencillísima formula folk. Al igual que ocurrió hace un año con Fleet Foxes, lo suyo era carne de Auditori, de apagar los móviles y dejarse llevar por el encanto del momento. Pero la sorpresa mayúscula fue cuando, nada más poner sus escuálidas figuras sobre el escenario, el público estalló con un recibimiento más propio de los cabezones de cartel nocturnos. Con “I Don’t Know What I Can Save You From” el respetable se quedó sin yemas en los dedos, al igual que ocurrió con “Failure” o esa festiva “ I’d Rather Dance With You” que se guardaron para los minutos finales. La multitud fan estaba más que encantada. Así que no voy a ser yo el que diga que me aburrí soberanamente pese a las ovaciones. SdA

Forest Swords (Escenario ATP)

Ocho y media de la tarde-noche. Sábado. Ojeras a lo Jordi Pujol. Gente fundida como si hubiera coronado el Mount Ventoux a 35 grados y sin avituallamiento. Momento para sentarse y recuperar el aliento: Forest Swords. Ya en plena acción se nota que la propuesta sonora de Matthew Barnes funciona mejor entre cuatro paredes, y a poder ser las del dormitorio. El pop hipnagógico no parece hecho para las grandes aglomeraciones y los espacios abiertos, y aun así el británico supo defender con firmeza su discurso. Con la ayuda de un laptop y un espléndido juego de proyecciones Barnes escupió beats cuadriculados, ambient-noise y pop etéreo mientras se perdían las últimas pistas de luz solar. Concierto de apalanque, bien trabajado, algo desangelado en su arranque pero en progresión ascendente. DB

Atlas Sound (Escenario Pitchfork)

Atlas Sound no se hizo un Minneapolis en el Primavera Sound, pero su directo estuvo lleno de sorpresas. La primera llegó al principio. Sencillamente ataviado con cazadora y pantalones vaqueros y armado con una guitarra y una armónica deleitó con un “clásico de la música americana”, “Your Cheating Heart”, original de Hank Williams y versionado por artistas como Ray Charles o Elvis Presley. Inmediatamente después ofreció una larga introducción embrujadora que acercó al público al sonido habitual de su proyecto como solista. Emergió al cabo del rato una “Te Amo” que puso la piel de gallina al respetable. Tan compenetrado estaba uno con esta experiencia que cuando recitó “I’ll pretend you are the only one” y apuntó al gentío con el dedo pensabas que la estaba cantando expresamente para ti. Sus canciones mutaron sobre el escenario: “Shelia” sonó menos melódica y dulce, para ofrecer un lado áspero, y el de Atlanta trasteó con “Modern Aquatic Nightsongs”, introduciendo subidas, bajadas y parones y lanzando gritos desesperados. Se mantuvo su prodigioso uso de los efectos de guitarra y despidió varios de los cortes con loops arrojados hacia el público con atronadora potencia. Como siempre, estuvo muy amigable, con algunas frases brillantes (interrumpió “Walkabout” para exclamar como un niño pequeño: “Look, a ship!” o advirtió: “Chicos, no toméis MDMA, no podréis tener hijos”). Genio y figura. Álvaro García Montoliu

Beach House (Escenario Mini)

Era uno de los momentos más esperados del festival y se cumplió el pronóstico. Ni el desamparo del mastodóntico escenario Mini (está claro que no era el marco más idóneo, pero igual de evidente es que cualquier otro escenario, San Miguel aparte, se les hubiera quedado pequeño) supuso un impedimento para lo que fue una de las indiscutibles cumbres emocionales de la edición de este año. Como de costumbre, la puesta en escena de Beach House fue de lo más austera; Alex Scally sentado a la guitarra, un batería y Victoria Legrand y su melena asalvajada en el centro. Rodeándolos, un minimalista pero efectivo juego de luces que jugó a favor del factor embrujo que tan bien dominan. “Wild” fue la puerta de entrada a un setlist que, en su mayoría gravitó entre el reciente “Bloom” y “Teen Dream”. La segunda fue “Norway” y el público ya estaba completamente rendido a sus pies; muchos ojos entrecerrados y bailes circulares que destilaban regocijo. A lo largo de todo el concierto, sonaron impolutos y cristalinos, con un sonido más grande que nunca y con una Legrand estelar que volvió a demostrar que posee una de las voces más evocadoras del pop contemporáneo. Cayeron “The Hours”, “New Year”, “10 Mile Stereo”, “Myth”... y la ensoñación no se rompió ni un solo segundo. Así hasta finalizar con una inconmensurable “Irene” que, por si había alguna duda, corroboró que el trono del dream-pop contemporáneo tiene inquilino para rato. FS

Demdike Stare (Escenario ATP)

Bien ideada la programación del escenario ATP de ayer: justo después del baño de nebulosa y gas sonoro que nos propuso Forest Swords llegaba el turno de Demdike Stare, héroes de la hauntology incluso cuando esta etiqueta ya ha dejado de ser mediáticamente golosa. Nueva dosis de relajo y banda sonora acondicionada para recuperarse del tute. Pero a diferencia del concierto de su predecesor, que fue una etapa llana sin sobresaltos, este fue mucho más traicionero, con tramos de falso llano y repechos inesperados que le inyectaron más intensidad y tensión al show. Repitieron puesta en escena –otro magnífico juego de proyecciones, laptop presidiendo la mesa, solemnidad–, pero sus canciones tienen más misterio, aristas y profundidad. No fue difícil caer bajo su embrujo, con largos y fascinantes drones de ambient sabiamente deconstruidos con pinceladas de dub y techno volátil. Si me preguntan, uno de los mejores momentos de todo el festival. DB

Real Estate (Escenario Pitchfork)

Cuando anunciaron a Real Estate para el escenario Pitchfork me dio un pequeño vuelco al corazón. Su folk delicado y cálido requería de una ubicación como ésa, no excesivamente grande y casi a la orilla del Mar Mediterráneo. Desgraciadamente, en el concierto de ayer noche faltó un elemento: el sol. Este directo a última hora de la tarde –se me ocurren esas siete y pico a las que colocaron a Fleet Foxes el año pasado– podría haber resultado genial, con un poco de calor y una placentera brisa marina. La propuesta resbaló en los números más recatados, aunque la culpa no fue de ellos, sino del chismorreo habitual del público. Se notaba que había ganas de propuestas más movidas como Saint Etienne o Chromatics, que tocaban inmediatamente después. Con todo, los de New Jersey, muy compenetrados en todo momento, solucionaron solventemente la papeleta con algunos de los temazos de su segundo álbum, “Days”, canciones todas ellas propulsadas por un esqueleto instrumental atmosférico capaz de superar cualquier contrariedad. AGM

Saint Etienne (Escenario San Miguel)

Aunque es evidente que en cuanto a tirón comercial Saint Etienne no tienen nada que hacer con Björk, que finalmente el trío londinense se hiciese con el slot de cabezas de cartel del sábado –aunque sea accidentalmente– se puede interpretar como un acto de justicia histórica ante una banda infravalorada, a veces incluso menospreciada. Los fans llevaban días angustiados por la afección de garganta que sufrió Sarah Cracknell, lo que les obligó a aplazar su concierto de Londres del pasado lunes. Pero la vocalista apareció tan radiante como siempre (y nunca mejor dicho, porque llevaba un traje de lentejuelas que a pocas le sentaría tan bien como a ella, más su inseparable boa blanca colgada del cuello). Lo suyo fue un ir y venir de atrás en adelante en el tiempo. Retrocedieron tanto que una parlanchina Cracknell introdujo “Nothing Can Stop Us” con un: “ Ésta es la primera canción que canté con Saint Etienne, así que os podéis imaginar que es una de mis favoritas”. También rescataron “Mario’s Café”, que hacía tiempo que no tocaban en directo. Las nuevas ( “DJ”, “Tonight”, “I’ve Got Your Music”…), todas ellas arrolladoras, aguantaron perfectamente aunque se enfrentasen cara a cara con hits inmortales como “Who Do You Think You Are” o “Only Love Can Break Your Heart”. La única pega a este guateque europop, que el sonido no estuviese siempre a la altura. Especialmente porque llevaban una corista de acompañamiento que aportó más bien poco y un guitarra al que no se le oía demasiado con el despliegue sintético de Pete y Bob. AGM

Shellac (Escenario ATP)

Minutos antes de la actuación de Shellac estoy en la zona de prensa. A mi lado, un tipo un tanto extraño, con pinta de formar parte de la crew que acompaña a los artistas, me pregunta qué hago y qué voy a ver en ese momento. Le respondo que Shellac y me advierte, después de comprobar que es la primera actuación que veo en mi vida, de lo extremadamente buena que es la banda de Steve Albini encima de un escenario. En efecto, en el espacio del escenario ATP no cabía ni un alma, y es que el paso de Shellac por anteriores ediciones del festival ha dejado huella. Los de Chicago dominan el triunvirato guitarra–bajo–batería de maravilla; y lo han puesto de manifiesto esta noche, mientras al menos 20 de las primeras filas de público se han dejado los tobillos saltando al ritmo de la banda. Ejecución impecable de los highlights de la discografía de Shellac para uno de los mejores ambientes que se han visto en esta edición del Primavera Sound. Muy disfrutable. MF

Chromatics (Escenario Pitchfork)

Caminando por la zona de público del escenario Pitchfork me di de bruces con un tipo ataviado con la cazadora que luce Ryan Gosling en “Drive”. Para matarlo, vamos. Pero esa imagen definía bien la tremenda expectación que levantó ayer la actuación de Chromatics, reflejo directo del todavía hoy imparable efecto “Drive”: lleno hasta la bandera y entrega absoluta del respetable al son de sus nuevas canciones. Tres consideraciones del bolo: primero, difícil sonar mejor en ese escenario; segundo, en directo su propuesta gana punch y efusividad, como si sus canciones hubieran consumido clembuterol y EPO para incrementar su dinámica y viveza; y por último, qué derroche de personalidad, haciéndose más suyas que nunca “Running Up That Hill”, de Kate Bush, y “Hey Hey My My”, de Neil Young, y defendiendo con convicción de grupo grande su disco-pop noctámbulo. Menudo triunfo. DB

Hype Williams (Escenario Vice)

Los que los habían visto en el pasado Sónar ya sabían que los directos de Hype Williams están más cerca de los rituales que inducen al trance que a una actuación musical al uso. En comparación con esa actuación, sin embargo, esta vez sonaron mucho más consistentes (dentro de su implícita dispersión, se entiende). Escondidos detrás de una intensa descarga lumínica dominada por un torrente de flashes epilépticos, Dean Blunt e Inga Copeland protagonizaron uno de los momentos más extrañamente turbadores del festival. Empezaron con proclamas rastafaris y lo que siguió fue una bacanal lisérgica ante la cual cualquier intento de categorización resulta en vano. Del ruidismo desatado pasaban a las melodías de cuna, y del ambient crepuscular al pop opiáceo pasando por el dub enfermizo. Todo ello tejido con graves retumbantes, ritmos dislocados y digresiones vocales deformadas. El resultado fue que, sin saber muy bien lo que estaba pasando, el público acabó inducido y completamente embelesado. FS

Wild Beasts (Escenario Ray-Ban)

Mira que es difícil trasladar al directo su sonido, pero lo bordaron. A Hayden Thorpe el falsete le corre de forma natural por las venas. Y ese contrapunto de gravedad vocal que pone el agradecísimo Tom Fleming, con su inseparable gorrito, casó a la perfección durante el concierto como la otra gran pieza del rompecabezas. Nada más arrancar con “Bed Of Nails” los británicos dejaron claro que lo suyo es pura precisión. Rescatando aquel “The Devil’s Crayon” de su debut “Limbo, Panto” y poniéndonos los pelos de punta con una fabulosa interpretación de “Loop The Loop”, la banda se llevó a todos de calle. Guste o no, juegan en otra liga: la de la hipersensualidad sonora. Aunque, pensándolo fríamente, también contribuye a ello el propio Thorpe, que año tras año nos alegra más la vista. Pueden volver tantas veces quieran porque estaremos siempre en las primeras filas. SdA

The Weeknd (Escenario Pitchfork)

El arranque de The Weeknd fue como caerse de la bici nada más empezar una etapa: por mucho que te recuperes ya estás tocado. A los pocos segundos de atacar “High For This”, bajón de tensión y adiós luz y sonido. El detalle del público coreando el final de la canción con la ayuda del batería tuvo su gracia, pero ese sobresalto pasó factura al debut de Abel Tesfaye en España. Ya de regreso, le bajaron el volumen y el sonido se convirtió en una piedra en el zapato del público y quizás también del propio grupo. Al canadiense le secunda una banda correcta, que intenta trasladar al directo la singularidad estética y expresiva de las mixtapes, pero no acabo de entender la insistencia en maltratar al personal con devaneos rockeros totalmente fuera de tono que poco o nada tienen que ver la esencia musical del proyecto. Esos guitarrazos no tenían sentido alguno: más cerca de Lenny Kravitz que de Drake, un horror. Por su parte, en vivo Tesfaye queda plenamente al descubierto: no sólo no es capaz de recrear con precisión algunos agudos y algunas partes vocales de sus lanzamientos, sino que sencillamente no llega y en ocasiones desafina. Y así, la singularidad y personalidad que da alas a sus canciones originales queda en entredicho en una puesta en escena menos sutil, de brocha gorda y agujeros negros, que puede catalogarse como de preocupantemente mediocre. Y el repertorio, bien elegido pero mal traducido en el escenario, se ve incapacitado para salvar el naufragio. La mayor decepción del festival. DB

Yo La Tengo (Escenario Mini)

Solvencia podría ser la mejor palabra para describir el paso de Yo La Tengo por esta edición del Primavera Sound. Y es que repetir por cuarta vez en el mismo festival y que te toque llenar uno de los recintos más inhóspitos y bastos del mismo sin apenas despeinarse tiene cierto mérito. No obstante, ambiente relajado, sin aspavientos ni desenfreno para un concierto que, pese a su profesionalidad, destacó por su estancamiento. Sólo “Sugarcube” marcó la diferencia con el resto del tracklist allá por el final de la actuación. ¿Está el público barcelonés harto de ver a Yo La Tengo y más a altas horas de la noche? Podría ser probable, pues en la inmensidad del escenario Mini solo pareció saltar la chispa a la altura de los bises. MF

Justice (Escenario San Miguel)

A nadie se le escapa que Justice se han aprendido al dedillo el “manual de instrucciones” de Daft Punk. Y en este caso no hablamos ya en términos musicales sino a la hora de desarrollar una carrera. Aunque es evidente que su huella en la historia de la música electrónica no puede compararse con la que han dejado Bangalter y De Homem-Christo, los franceses saben que con una idea con gancho y un directo apabullante se tiene mucho ganado en cuanto a electrónica para masas se refiere. Da igual que, como ocurrió con los hombres de los cascos, su segundo disco no haya estado a la altura de lo esperado; se encendió la cruz al son de “Genesis” y se desató el fervor entre las almas danzantes. Lo que siguió fue también según lo esperado; una descarga sin tregua de riffs exaltados, bajos aplasta estómagos, ritmos bombeantes, filtros y subidones que se tradujo en una de las audiencias más exaltadas que se han visto en la edición de este año. En esencia, su directo sigue siendo el mismo que presentaron hace ya 5 años (con la mayoría de repertorio centrado en “Cross” pero convenientemente remozado (valga el detalle de Gaspard Augé tocando el piano en “D.A.N.C.E.”) para que siga causando estragos. Y es que aunque no acabe de quedar muy claro hasta que punto se trata de un “directo” (de nuevo, los paralelismos con Daft Punk) suena rematadamente gigante. FS

Cadence Weapon (Escenario Adidas Originals)

Por ser uno de los productos con menos atención masiva por parte de medios y crítica, la de Cadence Weapon estaba llamada a ser una de las actuaciones interesantes de la noche. El MC canadiense llegaba al Primavera tras editar “Hope In Dirt City”, su último trabajo y la base primordial de su directo esta noche. Con la única compañía del DJ –que por cierto forma parte del equipo de Grimes encima del escenario– el canadiense ha salvado los muebles a base de espíritu y de las ganas que le ha puesto la mayoría del escaso público congregado en el escenario Adidas. Incluso ha sido más aplaudible la actitud del público, perdiéndose The Weeknd, que la propia del artista. En general, repertorio de corte comercial y mucha reminiscencia a la festividad de los noventa y el old school para aguantar el chaparrón. MF

Washed Out (Escenario Pitchfork)

Por culpa de Ernest Greene nos hemos tenido que comer con patatas a un sinfín de ‘wannabes’ que se creen lo puto más sólo por aumentar las fielas esa etiqueta a la que llamamos chillwave y que anteriormente sólo se explotaba como hilo musical de ascensores y terrazas de gin tonics para carteras adineradas. Sí, iba con la recortada de feria a cuestas dispuesto a disparar a bocajarro contra el estadounidense, pero al final me tuve que tragar mi propia bilis. Si cada vez que oyes “Within And Without” no puedes disimular tus bostezos, la cosa cambia radicalmente en directo. Lejos de seguir creyéndose el enésimo héroe (cansino) de la música de dormitorio, el nuevo estatus de Greene ha hecho que ahora se pasee con una demoledora banda de acompañamiento que inyecta todo el ritmo y el baile desenfrenado que sus trabajos sólo explotan a medio gas. Con “Echoes” o “Far Away” yo me dejé el alma bailando. Los prejuicios están para desquebrajarlos. SdA

Jamie xx (Escenario Vice)

Si existe a día de hoy un showcase de baile hedonista que esté a la última y que haga bailar por igual, ese es el del sello escocés Numbers, con Jackmaster y DJ Oneman a la cabeza –aunque el último ha cancelado esta noche por enfermedad–. Bueno, pues si ha de existir el warm-up perfecto para el espectáculo de Numbers, encuentro poquísimos nombres más adecuados que el de Jamie Smith aka Jamie xx. El portentoso miembro de The xx se ha hecho un nombre en el panorama de club gracias a su exquisito eclecticismo a la hora de plantear sus sesiones. Sin embargo, esta noche ha parecido estar más centrado en salvar el momento y sacar el espíritu bailable de la manera más fácil posible. Sesión prácticamente ofrecida al cuatro por cuatro fácil, sin más sorpresas estilísticas que un inmenso “Music Sounds Better With You” de Stardust y algún momento memorable dedicado a su álbum “We’re New Here”. MF

LFO (Escenario Mini)

En la incómoda lejanía del escenario Mini se perpetraba esta noche una de las vueltas a los escenarios más esperadas por la parroquia techno. LFO, con Mark Bell, tomaba las tablas de nuevo como consecución lógica del vigésimo aniversario de “Frecuencies” y su reedición. Si bien la ocasión bien merecía unos fastos grandiosos, la hora y el momento quizás no han beneficiado a que el paso de LFO por el Primavera haya quedado en la memoria colectiva. Sin embargo, en el apartado musical no ha habido nada que reprochar. Buen sonido, ácido a raudales y contundencia para quien quiso y supo disfrutar al máximo de un fin de fiesta por todo lo alto. Volver a escuchar “Freak” hizo reavivar mil memorias de noches de fiesta en esta ciudad para la que suscribe; por las caras que vi alrededor, me temo que no fui la única. MF

Neon Indian (Escenario Ray-Ban)

Cabe aplaudir a la organización la decisión de poner a Neon Indian a las tres de la madrugada. Especialmente porque a esas horas el cuerpo de los indies necesitaba electrónica de baile fácilmente digerible, que no les exigiese pensar mucho y fuese directa al grano. Y tal y como ya demostró la banda tejana en el Primavera Club 2009, de hacer bailar a la gente saben un rato. Las claves del éxito: un repertorio que supo combinar los mejores momentos de ambos álbumes (aunque “Era Extraña” no está a la altura del debut, contiene hitazos como “Polish Girl” o “Hex Girlfriend” que anoche sonaron a gloria bendita), un frontman, Alan Palomo, con tantas ganas de marcha como el público (hasta se animó en varias ocasiones con un español perfecto) y un imponente juego de iluminación. Eso sí, aunque la teclista es puro amor, echamos en falta los pelazos del antiguo guitarrista, Ronnie Gierhart. AGM

Pional (Escenario Vice)

Sin duda este ha sido el festival de los retos para Pional. Tras acompañar a John Talabot en su estreno en directo, el madrileño tenía la difícil papeleta de cerrar el festival en competencia con Scuba y el showcase de Numbers. A eso se le sumaba que probablemente su electrónica de matices y regusto pop quizá no sean lo más adecuados para un público que, a esas horas, lo que pide es jarana sin pausa. Aún así, logró convocar a un buen número de (entusiastas) asistentes que pudieron comprobar su creciente soltura sobre el escenario. Cantando en directo y aporreando kits percusivos, alternó las composiciones que le han dado a conocer como “In Another Room” (que no había tocado nunca en directo), “We Have Been Waiting For You” o “Where Eagles Dare” con hasta cinco cortes inéditos. La guinda la puso una particular versión del “Crazy In Love” de Beyoncé con la que acabó de ponerse a la audiencia en el bolsillo. Si por su producciones ya se podía intuir el enorme potencial de este joven productor su más que convincente directo hace que no haya lugar a dudas; el futuro le pertenece. FS

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