Reportajes

San Miguel Primavera Sound 2011, La contracrónica.

Contracrónica mitómana desde el hotel de los artistas

Vistas desde el hotel de la organización al recinto del Fòrum.

La recepción del hotel Princess el jueves 26 a las 14:00h. funcionaba a plena actividad. Llegaban artistas por doquier y mientras esperábamos a que se nos asignase una habitación pusimos el oído en la charla que mantenían Moon Duo. Con el plano del San Miguel Primavera Sound 2011 en mano empezaban a echar miradas furtivas al itinerario que seguirían como el resto de los mortales. “Esto es mejor que trastear con el móvil arriba y abajo”, comentaban. Que se lo digan a la organización, que llevaba semanas peleada con Apple para colgar la aplicación oficial del festival con horarios y demás que finalmente no llegó a salir. Ya en el restaurante, aparecieron Madeline Follin y Brian Oblivion de Cults, jovencísima pareja que horas más tarde ofrecerían un solvente recital que les consolidaría como una de las sensaciones de la temporada. Ambos, encantadores, y ella más lozana, pero igual de irresistible, como se presenta en las fotos promocionales.

Mientras esperábamos al ascensor, vemos que de uno emerge la figura inconfundible de Jarvis Cocker –resulta que su habitación se encontraba a tres puertas de la nuestra–. Toda la simpatía que habíamos encontrado antes con los neoyorquinos se fue al traste cuando el manager del líder de Pulp se negó a que nos tomásemos una foto con él porque “estaban liados con el check-in”. Más agobios sufrieron segundos después cuando la tarjeta llave no les funcionaba y tuvieron que llamar a recepción tras unos minutos peleándose con ella. Pequeñas y caprichosas ironías del destino. Lamentablemente, no pudimos sonsacarle ninguna pista sobre la actuación que iba a ofrecer al día siguiente, pero sí estuvimos al tanto de si montaba, o no, alguna fiesta desenfrenada, ahora que se ha divorciado de su mujer, la estilista de moda Camilla Bidault-Waddington. Ningún ruido sospechoso. Sea como sea, parecía que alguien de ahí arriba quería que nos topásemos constantemente con él, pues ya de madrugada volvimos a verle entrar en la habitación acompañado de una preciosidad pelirroja. Sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Se dice que a Jarvis Cocker se le vio menear el trasero con la muchedumbre en el espectáculo que montaron Of Montreal. No estuvimos para atestiguarlo, por desgracia, pero a quien sin ningún género de dudas pudimos ver fuera de las tablas fue a Paul Banks, líder de Interpol. Apenas había gente a su lado; nadie se percató de su presencia. Pero ahí estaba él viendo a Salem, lo que nos lleva a la gran pregunta: ¿es fan del witch house? ¿Veremos alguna colaboración bizarra en breve? ¿O más bien estaba en el ATP porque más o menos venía a ser el que le cogía más cerca del escenario donde acababa de tocar? Mientras nos hacíamos todas estas preguntas (ya saben, nos lo imaginábamos más en The Flaming Lips, por ejemplo), se metió entre la gente y nunca más supimos de él.

Desde la última planta del hotel las vistas son espectaculares y pudimos ver lo enorme que es el recinto del Primavera Sound. Pero lo peor de todo llegó cuando nos dimos cuenta de que el Escenario Llevant estaba más lejos de lo que en principio temíamos. Nuestras piernas se adolecieron más tarde. Casi peor que recorrerse toda la Tierra Media para llegar a Mordor. Nuestra ubicación también devino en punto estratégico o atalaya, si quieren, para ver la multitud que se congregó para presenciar la final de Champions League o para observar las colas que se formaban para entrar en el Fòrum, intercambiar pulseras o conseguir las acreditaciones.

Mucho rato no quisimos quedarnos en la habitación, teniendo a escasos metros tamaño parque de atracciones indie. La piscina era un hervidero de grupos jovencitos que actuaban en escenarios como el ATP o el Pitchfork, pero que no pudimos discernir sobre quiénes podían ser. Ya saben, mucho caucásico con un tono de piel blanco nuclear y desgarbada figura. Y muchos de ellos con camisetas de grupos que no estaban en el Primavera Sound pero que perfectamente encajarían: Herman Dune, Daniel Johnston, Casiotone For The Painfully Alone, etcétera.

Sorprendió mucho el atuendo de Rodrigo, líder de Triángulo de Amor Bizarro, por el bañador rojo Adidas que se gastaba en el concierto. Pero le perdonaremos no sólo porque actuó a las seis de la tarde, sino porque horas después nos lo encontramos en la zona VIP ya con pantalones largos y con una camiseta de “The Legend Of Zelda”, de la que nos mostramos fervientes admiradores. No esperábamos menos de alguien que tituló a una de sus canciones “Super Castlevania IV”. Y hablando de ese coto privado para artisteo y enchufados, había una gigantesca pancarta con una camiseta con el nombre de Pedro San Martín, recientemente fallecido bajista de La Buena Vida, con el número 10. Efectivamente, un sobresaliente para la organización por acordarse de una de las figuras clave del indie español.

Ya el viernes abrimos la persiana nada más despertarnos para volver a deleitarnos con las vistas del mar. Estuvimos atentos a ver si un yate amarraba cerca del Escenario ATP en plan autorreferencia total de la banda Tennis, como nuestro compañero Sergio del Amo se aventuró a solicitar en las previas al evento de esta misma página. Pero nada, el matrimonio formado por Patrick Riley y Alaina Moore no llegó por mar, sino por tierra, tal y como nos explicaron cuando nos los encontramos saliendo de su habitación en nuestra misma planta para ir a comer. Estuvimos charlando un rato con ellos sobre el concierto que darían cinco horas después (nos adelantaron que tocarían dos canciones nuevas de un disco que ya están preparando) y bromeamos con ellos sobre esta loca idea náutica. “Buscamos un barco y un punto de amarre, pero sería muy estrambótico, ¿no? Tampoco descartamos la idea de llegar a Europa cruzando el Atlántico, pero nos pareció demasiado descabellado”. Buen sentido del humor matutino para una pareja adorable. Ya de madrugada nos topamos con el batería, que tenía una cara de extremo sueño. No le culpamos, nosotros teníamos calambres en las piernas de tanto andar.

En el comedor volvemos a cruzarnos con uno de los grandes atractivos musicales de la jornada del viernes, Ariel Pink, aunque sin sus Haunted Grafitti. Excéntrico como sólo él sabe serlo, lucía su característica melena larga rubia acompañada por unos zuecos y calcetines a todo color. De andares lentos y con pose un poco jorobada, tras hurgar entre sus bolsillos en busca de los tickets de comida durante un buen rato, no dudó en repetir la riquísima hamburguesa que había en el bufé. Todo ello acompañado por una copa de vino blanco y cerveza. El rey del pop hipnagógico no nos dejó ni mucho menos indiferente.

Antes hablábamos del caprichoso destino azotando a Jarvis Cocker y su tropa para entrar en la habitación de hotel. Pues bien, algo mismo le pasó a quien esto escribe mientras veía a M. Ward. Un miembro de PlayGround se desplazó hasta el hotel a tomar aire y se encontró a Bradford Cox y al resto de Deerhunter. Y uno, que es fan hasta la médula de los de Atlanta, lloró abiertamente por no poder estar ahí. Al menos de recuerdo quedó una dedicatoria en una servilleta, una foto y saber que Cox es un tipo tierno (pareció lamentarse mucho por que un servidor que no estuviese), consciente de que el papel que desempeña como líder de una banda con repercusión también le implica unas obligaciones de cara a sus seguidores, y él las cumplió con creces y mucho cariño. Un genio dentro y fuera del escenario.

A la mañana siguiente, y con la lección bien aprendida nos planteamos nuevos objetivos. Ya hemos insistido infinitud de veces en estas páginas que somos fervientes admiradores del carismático batería de Yuck, Jonny Rogoff. Pues bien, después de recorrernos las entrañas del hotel, nos los encontramos en plena y loca sesión de fotos. En un descanso asaltamos a la banda, les transmitimos toda nuestra devoción y les preguntamos sobre su nuevo videoclip, “Get Away”. El melenudo músico nos confirmó lo que imaginábamos: lo que bebe es aceite de oliva virgen y no otro líquido de similar color.

Y aunque el sábado el tiempo, a primera hora, no acompañaba para ir a la piscina, para allá que nos fuimos por ver si podíamos cazar a alguien más. Nada, completamente despoblada, pero nos sorprendió que en el iPhone apareciese la red “Gary Olson’s MacBook”. El músico, aunque no venía con sus The Ladybug Transistor, forma parte de la banda de Comet Gain, que ya actuaron en el Poble Espanyol el miércoles y que en unas horas lo harían en el Parc Central del Poblenou. Buscamos por cada rincón, pero no lo encontramos.

Mientras esperábamos al ascensor (a las 3 de la tarde tenían más tráfico que la Avinguda Diagonal en hora punta), coincidimos con Merrill Garbus de tUnE-yArDs, que ponía cara de pocos amigos. Normal, a veces la espera llega a los tres minutos. Aguantamos el tirón porque teníamos el presentimiento de que en el lobby habría movimiento. Y vaya si lo hubo. Volvimos a encontrarnos a Daniel Blumberg, líder de Yuck, que estaba charlando con un Odd Future. El rapero estaba sentado en el hueco de una extraña mesa cuadrada en una pose imposible y, lo mejor, con unos shorts de leopardo. Rompió un huevo duro para desconcierto del personal y aceptó que le hiciésemos una foto en tal extraña situación no sin antes gritarnos: “¡Necesito un puto trabajo!”. Con la vitola de gran promesa del rap, ¿para qué demonios querrá otro? Poco después apareció otro miembro del colectivo angelino exclamando: “¿Dónde está el restaurante? ¡Quiero comer!”. Todo un espectáculo ya en el hotel. Imaginen lo que hicieron ya de madrugada en el Pitchfork.

Y así, después de una rápida cena en el descanso de la final de la Champions en la que apenas pudimos ver tres Odd Future más, concluyó nuestra estancia sin más encuentros afortunados. Contentos por haber alimentado nuestra mitomanía, pero lamentándonos por no haber podido comprobar si PJ Harvey lleva faldas tan cortas como en las fotos promocionales; por no toparnos con Nick Cave para decirle que el bigote le sienta mejor; o no haber podido dar la lata a Animal Collective para rogarles que se dejasen las experimentaciones para el estudio y que en el concierto nos brindasen una “Grass”, o un “I Think I Can”, o un “Chocolate Girl” o algo. PlayGroun es media partner de San Miguel Primavera Sound

Vistas desde el hotel de la organización al recinto del Fòrum.

Crónica miércoles: Buenas sensaciones en el Poble Espanyol (y un presagio) Crónica jueves: Un largo repaso a un puñado de conciertos memorables

Crónica viernes: El día en que volvieron Pulp y otros hechos sobrenaturales

Crónica sábado: La sobriedad de PJ Harvey y la felicidad del fútbol Crónica domingo: A morir, matando

Cults Con Cults.

Triangulo de Amor Bizarro Con Rodrigo de Triágulo de Amor Bizarro y su camiseta de The Legend of Zelda.

Tennis Con el adorable matrimonio Tennis.

Nos sorprendió que el rey del pop hipnagógico hablase un muy buen español.

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