Reportajes

San Miguel Primavera Club, la crónica del sábado: el gran fiestón psicodélico

Tercer día del festival en Barcelona, dominado por las actuaciones de Ariel Pink's Haunted Graffiti, Mark Lanegan y los inclasificables Deerhoof

En la última (¿y quizá definitiva para siempre?) jornada de San Miguel Primavera Club nos encontramos con gratas sorpresas: Deerhoof, Mark Lanegan, Mac DeMarco. Una noche dominada por la psicodelia y las canciones sólidas que cierra el festival con gran dignidad.

Fotografías por Noelia Rodríguez

Concluyó San Miguel Primavera Club anoche en Barcelona y Madrid. La pregunta es: ¿y ahora qué? Si nos atenemos a los mensajes que ha ido difundiendo la organización en los últimos días, y al desarrollo accidentado de esta edición, parece que ya no nos vamos a reencontrar más con este evento invernal, hermano pequeño de Primavera Sound: nos cuentan que por momentos había más policía que público en el Matadero de Madrid -la psicosis post-Madrid Arena en su máxima y más patética expresión-, y la pérdida de la sala Apolo en Barcelona ha restado calor a la división catalana, que no se ha sentido del todo cómoda en su peregrinación entre Arteria Paral·lel y el Sant Jordi Club. Por suerte, Apolo reabre esta semana y las noches de Nitsa en la sala Atic habrán sido sólo una anécdota. Pero en lo artístico hay que reconocer que el balance ha sido notable con momentos de altísima excelencia como las dos horas en el infierno con Swans. Anoche pudimos ver a Toy, Deerhoof, Mark Lanegan, Ariel Pink, Antònia Font y muchas bandas más en un cierre dignísimo a un festival que echaremos de menos (si finalmente sucede lo peor, que esperemos que no).

Toy (Sant Jordi Club)

Los londinenses, muy melenudos todos ellos, demostraron desde el primer minuto de su actuación de anoche, con un krautrock arrollador, por qué son una de las revelaciones de la temporada,. Pero la contundencia de su sonido hizo que éste se viese deslucido en un entorno como el del Sant Jordi Club, que de nuevo demostró que en cuanto a acústica tiene mucho que mejorar (la estridente “Kopter”, eso sí, salvó la cara). Recuperaron su primer sencillo, “Left Myself Behind”, la carta de presentación con la que se dieron a conocer a mundo, ocho minutazos de ritmos motorik con mucho músculo. Hay quien les compara con The Horrors, no sin acierto, pues ambos apuestan por un registro sonoro parecido, pero lo que Toy ganan en pulso lo pierden en un sonido algo plano, con poca capacidad para la sorpresa, excepto la dulzona y arrebatadora “My Heart Skipped A Beat”. Para ayudar a entrar en ambiente emplearon un juego de luces que dio mucha vida y que recordó, entre el humo, a la portada de su disco de debut. Les falta un gran hit como “Sea Within A Sea”, pero con “Dead & Gone” pueden ir tirando con muchísima dignidad. Álvaro García Montoliu

Deerhoof (Sant Jordi Club)

Como cabía esperar, los californianos Deerhoof, unos habituales del festival (aunque no venían desde 2008), aportaron su dosis de irreverencia como iconoclastas que son, rompiendo todas las reglas del juego. De la ferocidad de canciones como “Giga Dance”, pasaron por números más melosos como “I Did Crimes For You” o la pegadiza “Panda Panda Panda”, en la que más se permitieron improvisar, hasta los sonidos afrocubanos de “The Trouble With Candyhands”. Igual que su música, sus atuendos no defraudaron, pues todos ellos iban con prendas decorados con borlas. Pero quien se llevó el premio gordo fue el guitarrista principal, con una camiseta de chorreras imposibles. En la escasa hora de duración que tuvo su concierto dio tiempo para repasar un buen puñado de hitos de su extensa discografía y que Satomi Matsuzaki deleitase con sus divertidos bailes otakus en “Breakup Song”. Una pena que el batería se empeñase, sin demasiado éxito, en comunicarse con el público en castellano. Rompió un poco el ritmo a una actuación que precisamente andaba sobrada de eso. Aunque escuchar a alguien en el lavabo silbar una de sus melodías tras el directo confirmó que su música había calado hondo dentro de nuestros cerebros. AGM

Ariel Pink’s Haunted Graffiti (Sant Jordi Club)

Lo de Ariel Pink y sus Haunted Graffiti es como si John Maus se dejase de majaderías y tocase con una banda. Lo que tampoco quiere decir que sea mejor ni peor, pero más empaque sí tuvo. Desgraciadamente, como ocurrió en Mark Lanegan, decidieron poner el volumen demasiado alto, lo que sumado a la ya citada mala acústica del Sant Jordi Club y el lo-fi del grupo, su sonido quedó algo deslucido en cortes como “Early Birds Of Babylon”. Él estuvo más comedido que otras veces, con el punto justo de histrionismo, pese a la habitual indumentaria estrambótica, que esta vez constó de pantalones rosas, pañuelo azul pastel y gafas de sol hortera. Acertaron, pues, los encargados de iluminación con unas luces que aportaron una atmósfera entre decadente y demodé. Repasó medio “Mature Themes” antes de acordarse de las canciones más antiguas. Y fue después cuando el concierto despegó del todo gracias a “Menopause Man”, “She’s My Girl” y, especialmente, “Round And Round”. Una pena que le diese por tocar la atmosférica “Nostradamus & Me”, cuyos siete minutos aburrieron un poco. Sólo si la hubiese cambiado por “For Kate I Wait”. AGM

Mark Lanegan Band (Sant Jordi Club)

Desde el inicio, cuando vimos esa iluminación baja y esas indumentarias todas de riguroso negro, sabíamos que íbamos a asistir a una ceremonia de rock solemne, cavernoso, a veces con más nervio (por ejemplo, “Gray Goes Black”) y otras más introspectivo (esa versión que regalaron del “Devil In My Mind” de Smoke Fairies). Mark Lanegan y su banda apostaron por subir el volumen al máximo, algo que se notó muchísimo en cortes como en la cañera “Quiver Syndrome” o la animada “Hit The City”, que para ser uno de sus grandes hits, llegó quizá muy pronto. La técnica del grupo fue perfecta salvo un fallo técnico sin demasiada importancia que abortó uno de los temas. Los momentos electrónicos del nuevo álbum funcionaron muy bien, especialmente en la casi industrial “The Gravedigger’s Song”. También sacó a lucir su increíble voz rasgada en temas como “One Hundred Days”, como no podía ser de otra manera hizo un homenaje de piel de gallina a sus venerados Leaving Trains con “Creeping Coastline Of Light” y sorprendió con un cover de “Hangin’ Tree” de Queens Of Stone Age que levantó mucho la moral. AGM

The Vaccines (Sant Jordi Club)

Sin entrar a valorar qué aporta o deja de aportar la propuesta de The Vaccines a la música actual, la actuación de los ingleses ha sido, para quién firma, el dinero peor invertido de todo el festival Primavera Club. Quizás no ha sido así en términos económicos, pues hay que reconocer que el Sant Jordi Club se veían bastante copado en comparación con cómo luciría más tarde, en The Field. Pero la actuación de los de Londres ni ha sorprendido ni ha enganchado ni ha hecho despeinarse a aquellos que, más tarde o más temprano, han dejado caerse por un FIB circa 2005. De hecho, sonrojaba un poco la euforia de algunos de los presentes, que superaba con creces las ganas que les han puesto los propios músicos. A ver, no hay que malinterpretar lo dicho: los chicos ya fueron, tocaron y estuvieron; que cobren como todo señor que hace su trabajo dignamente. Sin embargo, hay algo de artificial –de boy-band a là indie rock- en Justin Young y compañía que no mola nada, y el gesto de wannabe punk de tumbar el micro de la batería como despedida sirve de ejemplo. Mónica Franco

Glass Animals (Sala Monasterio)

Atendiendo a que los británicos quieren ser, con sus primeros cuatro temas editados oficialmente en el EP “Leaflings", algo así como la reválida R&B de unos The xx ambientales y sintéticos, la prueba de fuego del directo, con otros tantos temas inéditos para nuestros oídos, resultaba vital para comprender qué futuro les deparará su camino. Podemos estar tranquilos. El repertorio que se traen entre manos para su debut en largo puede que sea mucho menos envolvente y caiga en un armazón más pop (convencional, se entiende), pero gracias a su alquimista búsqueda sonora plagada de instrumentos rarunos (la guitarra con theremín fue una grata sorpresa) Glass Animals siguen manteniendo ese halo experimental que les hace ganar enteros. Aunque eso no quita que la pose de jóvenes atormentados y la timidez que arrastra Dave Bayley, con algo más de tablas, pueda resultar algo más creíble. Sergio del Amo

Mac DeMarco (Sala Monasterio)

Sorpresa de las grandes. Pensábamos que nos íbamos a encontrar con otro simpatizante más de la causa lo-fi de Captured Tracks y, al final, con lo que nos topamos es con un futuro y pícaro nuevo héroe amante del power pop y el desenfreno teen. Acompañado de tres de sus amigos, el canadiense ya dejó claro, nada más arrancarse con una versión acelerada y desgañitada de “I’m A Man”, que gana, y mucho, en las distancias cortas. Hubo momentos sacados del filme "Escuela de Rock", sí, pero lo que primaba por encima de esas honestas e inocentes canciones era una actitud que ya quisieran muchos veteranos de las verbenas rockeras. Con “Still Together” nuestro protagonista se puso más tierno de la habitual creyéndose un seductor crooner de la generación facebookera, pero aun rozando la parodia salió vitoreado por la puerta grande. Nosotros nos lo pasamos pipa viéndoles desde la barrera, y ellos aún más sobre el diminuto escenario. SdelA

Antònia Font (Arteria Paral·lel)

Mucha bici destartalada de atrezzo para hacer más visualmente amena su actuación, pero el concepto sobre el que gira el show (tocar de cabo a rabo las cuarenta mini piezas de ese capricho surrealista del que se vale su último “Vostè És Aquí”) se ve resentido por un cancionero que, ni por asomo, puede hacer sombra a los tótems de “Alegria” o “Batiscafo Katiuscas”. Joan Miquel Oliver prefiere pasar desapercibido posicionándose justo al fondo del escenario, lo cual nos parece bien si eso da cuerda a que sus compinches puedan lucirse. Sin embargo, cuando la acústica de la sala conspira contra el detallismo de los arreglos (desde aquí hacemos un llamamiento para que el Arteria siga siendo un teatro y no una sala con pretensiones musicales) y la sucesión de micro-relatos no están entre lo mejor de su intachable legado, lo que acabamos llevándonos a casa es un agridulce sabor de boca aderezado con algo de pretenciosidad. Les preferimos cuando se ponen más pachangueros, sin duda. SdelA

CLUBBING

Viernes (Sala Àtic) Taragana Pyjarama + Robag Wruhme

El viernes el cupo clubber se cumplimentaba en la sala Àtic con Taragana Pyjarama y Robag Wruhme. El sábado, este cupo lo tenía que llenar la delegación CALOR con Arkestra y Desparrame formando coalición. Pero la falta de un espacio para llevarla a cabo la han pospuesto para cuando Apolo reabra. Y esto último pasará la semana que viene; esperemos que pronto llegue la revancha de Kigo, Mwëslee y compañía. Volvamos a Taragana y Wruhme, dos propuestas del sello Kompakt (a la que hay que sumar a The Field el sábado en el Sant Jordi Club). ¿Es Kompakt un sello a reivindicar a finales de 2012? ¿Es la etiqueta de Colonia la mejor marca para referenciar lo vanguardista que, se presupone, ha de ser la dirección artística de la marca Primavera? Incluso, ¿son Taragana Pyjarama y Robag Wruhme la mejor propuesta para acabar una jornada que ha empezado plagada de pop?

En el caso de Taragana y después de ver su directo, la respuesta es sí rotundamente. El proyecto del danés Nick Eriksen pierde, en vivo, los trazos electrónicos intimistas que convierten sus grabaciones en especiales. En cambio, el sonido gana en contundencia no solo estrictamente sonora, sino de espíritu. Más seria y más creíble. Y es que laptop, teclados y batería trabajan el live con disciplina espartana, aunque no tanta como para coartar la frescura del sonido. Si bien no tienen el dinamismo de Delorean, los daneses dejan sensaciones parecidas a las que irradian los vascos en sus conciertos. Bailables sí; exhaustivos no. Grata sorpresa la de Taragana que hubiera sido más disfrutable a horas menos intempestivas. A Robag Wruhme le tenía por uno de esos alemanotes de Kompakt que, después del bluf del minimal a mediados de los 2000, había renovado sus votos musicales con cosas más, digamos, elegantes. Aunque el recuerdo de los Wighnomy Brothers me trae sonrisas, también hace regresar conceptos como parkineo o botellón en la curvita. La cuestión es que el set de Wruhme ha ido por derroteros globeros, “marronísticos”, más propios de una noche Cadenza en Panorama que de una sesión nocturna de un festival como el Primavera Club. Casi abriendo su tiempo en cabina con la pilluli “Geffen” de Barnt, la estética de la selección ha venido marcada por el minimal pasado de rosca y por las mezclas estiradísimas y perezosas, desmarcándose tristemente de la clase que la actuación de Taragana Pyjarama había impuesto minutos antes en la sala. La única coartada para este fail: lo intempestivo de la hora y dos Jagger con Red Bull. MF

Sábado – Sant Jordi Club

The Field

Los cambios drásticos de público entre actuación y actuación te enrarecen el cuerpo. Y el que se ha producido entre The Vaccines y The Field ha sido muy drástico; aunque los problemas de logística de esta edición del Primavera Club pueden disculpar que los ingleses y la propuesta de Alex Willmer fueran seguidos. Si uno de los artistas dentro del pantone Kompakt que ha creado el line-up del festival merecía pisar el escenario, ése era The Field, y a pesar de haber pasado por Barcelona hace unos meses, en el Primavera Sound. Allí su grandiosa actuación pasó algo desapercibida por solaparse con John Talabot. Así que se agradece y mucho tener otra oportunidad para sentir en directo las maravillas viajeras en forma de loop. Las ideas loop y trance unidas pueden causar aprehensión, a priori. Pero la brillantez de Willmer a la hora de construir su live –el acompañamiento instrumental, los tiempos y el crescendo de los tempos, la selección y las transiciones- hace que cambie tu concepto, tanto del trance como de la loopedelia. Tanto es así que a los diez minutos de actuación el arropado público de Sant Jordi Club ya hervía. MF

James Holden

James Holden para cerrar” es una puntillita comentando un festival que siempre queda bien, que luce. “¿Te acuerdas de aquel Primavera Club, el que cerró James Holden? Sí, el que les chaparon el Apolo…” es, en realidad, como nos referiremos al Primavera Club 2012 con el tiempo. Pero al final James Holden estuvo ahí, cuando las horas, el cansancio y el alcohol trabajan por ralentí. Cuando mejor sientan las rarezas technoides, los chorreos de arpegios y el descoyuntar del ritmo. Porque aunque el inglés cambie de tracklist, sigue aplicando la misma fórmula de esquizoide medicado que le ha funcionado siempre y le funcionará mientras en el mundo haya nostálgicos del “The Sky Was Pink”. A todo esto, no pongo la mano en el fuego a que Holden fuera la persona que estaba en el escenario. Una línea de focos blancos apuntando a las retinas del público impedía esclarecer si se trataba del de Border Community, incluso saber si los de al lado eran tus colegas o los vecinos de corrillo. Cosas que una puede transigir a las cinco de la mañana. MF

Aquí puedes ver todas las fotos del evento.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar