Reportajes

Rustie, el subgrave y el paroxismo

El hombre de “Glass Swords” actuó por primera vez en directo en España el pasado viernes. Así lo vimos.

Rustie ofreció su primer directo en España el viernes pasado en Barcelona. No acompañó de todo el sonido ni el horario, pero asistimos a una experiencia memorable que, en otro contexto, habría sido histórica.

Supongo que cuando se anunció que habría concierto de Rustie en Barcelona para presentar Glass Swords, nadie se imaginó que el muchacho de Glasgow vendría con una banda de músicos, o ni siquiera con algún acompañante testimonial. Si alguien lo pensó así posiblemente se llevara un chasco: se suponía, y así fue, que el live del artista que firmó el mejor disco del año pasado –puedo conceder el matiz “disco electrónico”, aunque es un inciso innecesario– sería una presentación estática vía laptop en la que la fuerza de la música tendría que ser el único motor de la fiesta. Cuando llegamos allí –allí es el Hall de CaixaFòrum en Barcelona– nos encontramos con una disposición minimalista: un pequeño escenario con grandes altavoces y varios subwoofers de los que brotó la música en estado crudo. No hubo más espectáculo que ese: Rustie iba con su gorra ladeado, su rictus serio, unas gafas de pasta y una camiseta con la ilustración de un lobo. El resto, sonidos que surgían del laptop y se procesaban con un controlador.

Rustie comenzó con una introducción de ruidos y bajos gordísimos que hacían pensar en lo mejor. Acto seguido atacó con “Cry Flames” –un corte que puso la acústica a prueba; se resentía con el exceso de eco– y se despachó a continuación con una sucesión de temas nuevos. No esperábamos este festín de novedad, y si esto es lo próximo que tiene preparado Rustie para planchar en Warp –o donde sea–, ciertamente estaremos ante otro disco memorable: sintes ondulantes, a toda velocidad, construidos a partir de frenazos y acelerones imposibles, bajos macizos y acordes jazz que recordaban al mejor Joker.

El segundo tramo del concierto fue más reconocible, y precisamente por eso se comenzó a agitar el público, sobre todo a partir de “Dreamzz” y “Hover Traps” y llegando al paroxismo con “Ultra Thizz”, que mereció un saludo a gritos que Rustie correspondió alzando su cerveza y brindando. Así acabó el concierto, tocando techo. Con otra acústica, en otro entorno, a otra hora que acercara la experiencia al club, más que al museo, seguramente habría sido una experiencia inolvidable. Tal como nos lo sirvieron, y tal como quedó, el primer concierto de Rustie en España se quedó –que no es poco– en acontecimiento memorable.

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